Bailadores de Agua Casa de Bolsa por Francisco Ibarra Bravo

Bailadores de Agua Casa de Bolsa por Francisco Ibarra Bravo

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La prudencia aconsejaría no escribir este artículo. Después de todo, una cosa es que esta gente se vea cándida y otra muy distinta que lo sea.

El Gobierno ha decidido volver a jugar el juego de las expectativas. Esta vez sí va. Luego de los estruendosos fracasos de Sicad I y II, con el Simadi la cosa sí va a funcionar. El Gobierno ha creado un sistema marginal de “mercado” para atender a los cuatro gatos que están dispuestos comprar un par de dólares a un precio tres veces superior al Sicad II. Éxito. El problema es que no son cuatro gatos ni mucho menos quieren solo un par de dólares, la potencial demanda de divisas dadas las condiciones actuales es inmensa, quizás millones y millonas.

Que el Gobierno anuncie tamaña mediocridad con bombos y platillos no nos puede extrañar. Está en su ADN improvisar hasta llevar la situación al límite y cuando se alcanzan nuevos mínimos, vuelven a improvisar con alguna otra medida efectista; todo esto mientras que el cuerpo aguante. Uno no puede evitar cada día tenerle más respeto a un pasado que dejó un sistema que todavía tiene pulso pese al estropicio doble apellidado y verde oliva.

Que Merentes y Marco Torres nos quieran ver cara de tontos no es nada nuevo ni sorprendente, no debería ya indignarnos. Otra cosa son los payasos con los que han pretendido amenizar este circo macabro que es la política económica chavista. Esta nueva estirpe de malabaristas del discurso son diferentes a los de los últimos años, son articulados y de buena presencia. Son el prototipo de aquellos que han aprovechado el descalabro del país para sentar las bases de una fortuna personal. Todos sabemos quienes son, en un país de sinvergüenzas estos tipos son los reyes; bueno, virreyes, los reyes usan boina.

Cuando el Gobierno anunció el Simadi, estos individuos bien articulados y mejor conectados salieron al decirnos que el mecanismo es más bueno que el pan. Que deberíamos estar súper contentos, Simadi operaría como un sistema de mercado y que las restricciones serían mínimas, casi imperceptibles. Basta con tomar cualquiera de las declaraciones para darnos cuenta de lo que ofrecían. El tiempo ha acabado por colocar a cada uno en su lugar. La fiesta que ofrecían no apareció. Es probable que algunos de verdad creyesen las tonterías que decían. En Venezuela hasta hace algunos años se negociaban casas de bolsa por montos que superaban lo que se transaba en el mercado de capitales en un año. Todos sabemos para que eran usadas y abusadas estas casas de bolsa. Desear que regresen esos tiempos no los traerá de vuelta.

Lo más dañino de todo este espectáculo no son las mentiras que se dicen; no es ni siquiera el daño actual, es el daño futuro. Estos voceros del sector privado se definen como empresarios. Según ellos florecer a la sombra de favores gubernamentales es emprender. El gran drama en Venezuela es que no llamamos a las cosas por su nombre: a hurtar le decimos “cogerse unos reales”, a tener una bota militar en el cogote le decimos “alianza cívico-militar” y a ser un cazador de renta le llamamos “emprender”. Esta distorsión de lo que en realidad consiste emprender nos acabará costando mucho a futuro, no hablo de la factura de lo que se han “cogido”, sino de la tara que tal comportamiento ha generado. Todo el mundo quiere imitar a estos “empresarios” que de la noche a la mañana han generado fortunas. En los países serios estas aspiraciones se resuelven con la lotería.

Al final la realidad terminará demostrando lo que la mayoría de los economistas dijeron: Simadi es Sicad III. Actualmente no hay, ni el flujo ni el acervo para poder implementar un sistema diferente mientras que se mantengan los tipos de cambio subvencionados; lo peor es que parece no haber tiempo para ensayar nada más. El control de cambio terminará estallando y con él lo poco que queda de la economía nacional. Los emprendedores de circo callan esto interesadamente y se prestan para el juego. Son en realidad los bailadores de agua del Gobierno. En lugar de ser casas de bolsa se deberían llamar a la caza de bolsas.

 

@franibar10

 

 

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