La caída del Faraón - Runrun
Redacción Runrun.es Ene 31, 2011 | Actualizado hace 10 años


Tras treinta años en el poder, es la primera vez que Hosni Mubarak se ha visto en la necesidad de nombrar a un vicepresidente, Omar Suleiman, y todo debido a la desestabilización preocupante no sólo para su gobierno, sino para toda la región, de las manifestaciones sociales que se han generado tras la caída del gobierno de Ben Alí en Túnez. Su negación a nombrar a alguien en este cargo responde indudablemente a la figuración hereditaria que ha tenido en la historia política de Egipto desde la década de los años ´50. Cuando muere Gamal Abdel Nasser en septiembre de 1970 su vicepresidente era Anwar al-Sadat. El 6 de octubre de 1981 con el asesinato de Sadat quien asumió la presidencia fue su vicepresidente Hosni Mubarak.

Desde entonces la herencia dinástica se debatía sobre todo en los últimos años entre algún hombre fuerte de la línea militar o su hijo Gamal Mubarak, quien cuenta con el apoyo del sector económico pero no del más fuerte del país, el militar.

La situación de Egipto dentro de esta oleada de manifestaciones resulta aún más preocupante por su papel mediador dentro de la región, el desencadenamiento político que tendrá en el resto de los gobiernos del Medio Oriente y la desestabilización económica, específicamente los precios del petróleo, que está generando desde ya a nivel internacional.

Egipto ha sido quizás el país que desde su independencia, la cual coincide con la del resto de los países de la región, en marcar la máxima en materia política con el nacionalismo árabe de Nasser y diplomática a partir de Sadat- frente al tema Israel en la región-. Esto ha permitido que a pesar de no ser la economía árabe más fuerte, en la actualidad se considere una pieza clave para el “mantenimiento” de la paz con y entre sus vecinos por su mediación, la voluntad de las potencias extra regionales y estado contendor de fuerzas y movimientos islamistas radicales.

Sin embargo, la realidad social, económica y política del país va en detrimento y habla por si sola para explicar las reivindicaciones de estos últimos días: 30 años de un gobierno autoritario que ahoga a la oposición política a través del marco legal; violación de los derechos fundamentales como el de libre asociación, libre expresión, libre culto, la vida; represión social desmedida; un estado de excepción que se instaura con la Ley de Emergencia en 1981 y que fue sustituida por una legislación antiterrorista luego del 2001; un PIB per cápita de 2.269 dólares para el 2010; una producción petrolera que ha caído desde 1996 de 935.000 (bpd) a unos 685.000 bpd en la actualidad; el 40% de la población gana menos de US$2 al día en Egipto y el 20% menos de US$1.

El futuro en Egipto


El ejército se convierte en la clave del futuro inmediato de Egipto y eso se trasluce con los nombramientos que ha hecho Hosni Mubarak de su nuevo gobierno, tras pedir la dimisión de su gabinete, excepto su propia renuncia. Después de todo su idea de imponer a Gamal, su hijo, como futuro sucesor de la dinastía parece haberse truncado, dando paso a los militares, sector fuerte y respetado por la sociedad egipcia, para la conformación del futuro gobierno en Egipto, tal como se había visto desde la época de Nasser.

El espacio para los movimientos islamistas como la hermandad musulmana es reducido porque a pesar de contar con un trabajo de base social importante, no cuentan con el apoyo, ni del ejército ni de los partidos políticos que hacen vida en el país. El escepticismo ante la posibilidad de un gobierno islámico radical en Egipto es grande, dado que hasta ahora la referencia hacia una sociedad más abierta y democrática no está entre sus metas, y los movimientos islámicos más pro democráticos no tienen mayor respaldo de base y político en el país. El trabajo de los Hermanos Musulmanes se reduce ahora bajo la dirección de Saad Katatni, a apoyar a las nuevas fuerzas del futuro político en Egipto

Opositores políticos más conocidos

Mohamed Mustafa el-Baradei cuenta con el apoyo internacional pero no con la fuerza suficiente a nivel interno para llevar las riendas de un futuro gobierno elegido popularmente. Ayman Nour, líder de la oposición egipcia y al frente del partido El Ghad, se perfila como un fuerte candidato para llegar a un gobierno de transición, fuerza política que lo respalda desde las últimas elecciones presidenciales en 2005. Nour pide ahora que las negociaciones no se lleven a cabo con Hosni Mubarak, pero sí con el ejército.

Video: Mensaje de Ayman Nour

Definitivamente la salida más favorable para Egipto será aquella en la que se permita una transición aceptada por las partes que hoy día cuentan, por un lado con el poder, y por el otro, con el respaldo de la sociedad. Reformas de último momento no sanearan los males de treinta años y tampoco impedirán la caída definitiva del faraón Mubarak.

Adriana Boersner Herrera

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