Cuando la tortura no termina con la excarcelación

El 3 de agosto de 2024 *Luis fue sacado de su lugar de trabajo de forma violenta por funcionarios policiales que primero lo confundieron con otro nombre. Lo llevaron al comando de un partido político oficialista, donde fue golpeado y obligado a grabar un video confesando ser parte de una presunta conspiración en la región noroccidental del país, donde vive. 

Se le acusó de supuestamente recibir dinero para quemar una sede política. Su primo también fue detenido ese día por presunta complicidad. “Lo obligaron a que admitieran que ellos eran culpables, que María Corina le había dado 2000 dólares para pagar a los comanditos, y que él suministró los cauchos y gasolina para que quemaran el comando”, contó la madre del joven de 23 años en entrevista con Runrun.es.

Su madre, *Ana, que presentaba secuelas por haber sufrido un ACV recientemente, tuvo una crisis cuando intentó verlo. Le negaron información en varios comandos y hospitales. Fue gracias a familiares de cuerpos policiales que logró rastrear su ubicación. Y allí inició un peregrinar de semanas para poder saber del paradero de su hijo entre traslados sin aviso y ocultamiento de información. 

La excarcelación de Luis tuvo lugar en diciembre de 2024. Tal y como fue su detención, se produjo en condiciones irregulares. El 14 de diciembre, el preso político fue trasladado a la cárcel de Tocuyito, en el estado Carabobo. El día 27 del mismo mes les dijeron a los familiares que tenían que llevar un plato navideño. La señora Ana se emocionó porque por fin su hijo podría ingerir una comida caliente. Él le decía que la comida de Tocuyito era peor que la de Yare III, calabozos por los que también pasó. 

Ese 27 de diciembre hubo mucha gente, incluso, permitieron la entrada de niños. Era tanta la euforia que su mamá tuvo una subida de tensión y fue atendida en la enfermería de Tocuyito. Le dijeron que habría una sorpresa, y es que su hijo por fin sería excarcelado.

La señora Ana salió emocionada del penal y se encontró con su hermano, quien le preguntó por qué los muchachos no habían salido con ella. Al cabo de unas horas, supieron por otros familiares que a los jóvenes excarcelados los estaban dejando en el terminal Big Low Center, de Valencia. Sin avisar a sus familiares, solo los dejaban allí varados, a la intemperie. 

Después de llegar al terminal de pasajeros y dar vueltas alrededor, Ana se pudo encontrar con su hijo. Finalmente, había sido excarcelado. “Esa fue la alegría más grande de mi vida, el 27 de diciembre, cuando a mi hijo lo liberan”, manifestó. 

Perseguido tras la excarcelación

*Luis fue excarcelado con régimen de presentación cada tres meses en Caracas. Pero la persecución no paró tras salir de la cárcel. Ya no tenía un hogar donde vivir, porque la casa que tenía su madre era del gobierno y se la desvalijaron, les quitaron la bolsa del CLAP y tampoco querían venderle la bombona de gas.

“La casa donde yo estaba la compré por 400 dólares. Era una casa del gobierno. Me dicen que la habían expropiado. Yo consulté y me dijeron que no se podía hacer nada, porque esas casas del gobierno se la podían dar ellos a quien les diera la gana. Yo compré esa casa y yo no sabía que no me pertenecía”, relató su madre.

Luis y su mamá se mudaron a casa de su abuela, pero allí la situación era compleja. El tío del joven no quería que estuvieran allí “porque estaba perseguido por la policía y por el gobierno”. Entonces, decidieron moverse a otra residencia que estaban cuidando, cerca de donde vivían inicialmente. Allí estuvieron durante cuatro meses.

Pero una persona involucrada en la detención de Luis siguió acechandolos. Tuvieron que mudarse otra vez. “Mi hijo tuvo que cambiar de trabajo. Ahora, está en una cauchera, pero la mudaron para otro lado”, contó.

“Los policías iban a dar allá (al trabajo de Luis) y le quitaban dinero para no molestarlo. Mi hijo me decía, ‘mami, no digas nada’. Nos tenían amenazados”, agregó la mamá del joven.

Esa situación los obligó a retornar a la casa de la abuela de Luis, porque en la que estaban la vendieron, pero él no vive tranquilo. Le dice a su mamá que no puede dormir con la luz apagada. Las enciende y pide dormir acompañado, porque teme estar solo. “Yo no quiero estar más nunca en la oscuridad”, dice Luis cada noche.

Su mamá siente que él no le cuenta todo lo que vivió en prisión. El expreso político ha tenido que acudir a terapia psicológica por las secuelas emocionales que le dejó el encarcelamiento arbitrario, y ahora la persecución, de la que sigue siendo víctima.

La mamá del joven fue despedida de su trabajo en un hospital universitario después que él fue detenido. Ahora, apenas sobrevive limpiando casas algunos días de la semana. El golpe emocional, físico y económico ha sido fuerte para ellos. Y todavía no termina.

En un informe publicado a finales de febrero de 2025, Amnistía Internacional denunció que los presos políticos siguen viviendo “un calvario” cuando son excarcelados: muchos deben presentarse frecuentemente a tribunales, lo que dificulta su reinserción a la vida cotidiana. A ello se suma la “vigilancia y el acoso”, tanto contra ellos, como contra sus familiares.

“Las casas de algunos han sido objeto de allanamientos arbitrarios, y en otros casos -los familiares- han recibido amenazas anónimas por su activismo. La represión no se limita a los presos, sino que también afecta a quienes alzan la voz por su liberación”, alertó Amnistía Internacional.

También desde ese mes, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos ha denunciado que algunos excarcelados son víctimas “de persecución y acoso” por parte de individuos y funcionarios que participaron en sus detenciones.

“Como consecuencia, muchos se han visto obligados a abandonar sus hogares para evitar la angustiante situación de sentirse vigilados o perseguidos, así como el temor constante de volver a ser encarcelados”, alertaron, mientras calificaron estas acciones como una continuación del “terror de Estado” contra la población.

La desaparición y la búsqueda

*Luis, quien sigue siendo hostigado aún excarcelado, padeció durante meses las vejaciones de un sistema de justicia que vulnera los derechos humanos. Y también su madre, quien experimentó varias vejaciones por tratar de estar cerca de su hijo.

Cuando fue detenido en agosto de 2024, Luis fue trasladado a un comando de la División de Investigaciones Penales de la PNB. Cuenta su madre que en ese lugar había varios detenidos poselectorales. Otros familiares tenían que pagar para poder ver a sus hijos. Ella, gracias a que tiene familiares que son funcionarios, no tuvo que pagar.

Allí estuvo unos 15 días. Le raparon el cabello y le hicieron usar un uniforme azul. No le permitieron tener un abogado privado. A mediados de agosto, fue trasladado a Caracas junto a otros detenidos poselectorales, sin avisar a sus familiares el lugar en el cual estaría recluido ahora.

“Cuando lo trasladaron, yo quedé mal, yo decía que me estaban robando a mi hijo, me estaban robando a mi muchacho, me lo estaban quitando. Lloré ese día como no tienes idea”, relató la señora *Ana.

A pesar de sentirse devastada y de sus problemas de salud, la señora Ana pidió un dinero prestado, vendió uno de los aires acondicionados que había comprado su hijo y tomó rumbo a la capital con otras madres. Al llegar, estuvieron en la casa de un familiar de uno de los jóvenes detenidos.

Estar sola en una ciudad lejana

Se asentaron en una zona del oeste de Caracas, pero ese lugar, aunque era de un familiar de los muchachos que estaban presos, no les inspiraba confianza porque la propietaria apoyaba al oficialismo. 

“No nos habíamos fijado que ella tenía un altar de Chávez (…) Eran como las dos de la mañana cuando nos dimos cuenta y a las cinco de la mañana nosotros agarramos nuestros chécheres y nos fuimos”, relató la señora Ana.

El grupo de madres salió de ese lugar y fueron recibidas en un convento, también ubicado en el oeste de Caracas. Allí las ayudaron con todo y les sugirieron acudir al Foro Penal,  donde hizo todas las denuncias necesarias para el caso de su hijo. 

Pero la señora Ana seguía sin tener noticias de él. Llegado septiembre, junto a otras madres, acudió al Ministerio Penitenciario, donde le informaron que su hijo estaba recluido en Yare III, ubicada en San Francisco de Yare, estado Miranda. Sintió un alivio enorme porque ya había ido a Tocuyito y Tocorón, y en esas cárceles le aseguraron que no estaba Aunque recibió esa información, al llegar a Yare III, otra vez los funcionarios negaban que Luis estuviera recluido en este lugar.

A mediados de septiembre, la señora Ana salió del convento y fue acogida por un joven militar en su casa, quien la trató como si fuera de la familia mientras ella atravesaba este proceso.

La señora *Ana nunca recibió una llamada de su hijo y le seguían negando que estuviera en Yare III. No fue sino hasta que recibió una noticia de un familiar que es funcionario que le confirmaron que efectivamente, estaba allí recluido. Por fin pudo verlo, pero no abrazarlo, no se lo permitían.

Cuando la autorizaron para llevarle alimentos y otros objetos para su higiene, solo le recibieron un paquete de pan, otro de galletas, una jarrita de agua, crema dental, jabón y un boxer. *Luis no tenía acceso a una buena alimentación mientras estuvo detenido.

Requisas vejatorias

A mediados de noviembre se hizo un primer traslado de presos políticos poselectorales desde Yare III hacia Tocuyito y Tocorón. La señora *Ana cuenta que supuestamente encontraron drogas dentro del penal y allí comenzaron las requisas abusivas hacia los familiares.

Tanto a ella como a otras madres, el director del penal les preguntaba en tono déspota “¿y dónde está María Corina?”, “por culpa de ella es que estos muchachos están aquí”, y así otras frases revictimizantes y denigrantes.

Luego de esos hechos, iniciaron requisas invasivas en Yare III. La peor que experimentó la señora Ana ocurrió el 5 de noviembre. Todavía la recuerda con mucho dolor. “Yo dije que nos estaban violando”, expresó.

Las mujeres tenían que desnudarse y ponerse en posición de parto. “Nos obligaron a abrir nuestras vaginas con nuestras manos para que ellos nos grabaran y nos alumbraran. Eso fue horrible y denigrante. Nos humillaron horrible”, recordó.

Las requisas descritas por la señora Ana incumplen con los Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas, elaborados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que establecen, en su ítem XXI, que las revisiones corporales a privados de libertad y sus familiares deben “ser compatibles con la dignidad humana y con el respeto a los derechos fundamentales”. Y además especifica: “Los registros intrusivos vaginales y anales serán prohibidos por la ley”.

Ella no le contó nada a su hijo en ese momento, porque la visita era custodiada. Fue cuando salió del lugar que se desahogó con otras madres.

“Mi hijo está enfermo”

Además de ser víctima de hostigamiento posterior a su excarcelación, la prisión injusta y las precarias condiciones de reclusión y alimentación por más de cuatro meses dejaron secuelas en la salud de *Luis. Desde enero ha presentado fuertes malestares. Comenzó con una diarrea y dolor abdominal. Le hicieron exámenes y los médicos han pasado por varios diagnósticos, como gastritis y hepatitis.

“En febrero, cuando le hicimos otra vez los exámenes, arrojaron que tenía una supuesta hepatitis. Se hizo el tratamiento y la dieta”, relató su mamá.

Pero el malestar no paró. A finales de marzo, el día de su cumpleaños, Luis reportó que se sentía mal otra vez. Lo volvieron a llevar al médico y le dijeron que seguía con hepatitis. Esto preocupó a su mamá, porque había pasado mucho tiempo ya y él seguía su alimentación al pie de la letra.

Y llegó el Día de las Madres en mayo. Ese día otra vez volvió a sentirse mal y le mandaron acetaminofén. En junio, después del Día del Padre, los malestares persistían. “Yo veía que él se ponía más mal con la dieta y todo”, relató su madre.

A mediados de ese mes, Luis se puso amarillo y lo llevaron al médico de nuevo, en donde le volvieron a decir que tenía hepatitis. Allí fue cuando ella decidió llevarlo con un gastroenterólogo, quien ordenó otros estudios. Le hicieron una tomografía abdominal y una ecografía.

A finales de julio, fueron a consulta otra vez, y el médico decidió tratarlo por una presunta cirrosis hepática aunque ni él ni su madre entienden este diagnóstico ni qué pudo haberlo causado. *Luis tiene los ojos sumamente amarillos y su mamá está preocupada por su salud.

Luis sigue tratando de recuperar una normalidad que se le hace esquiva. Aunque nuevamente puede ver la luz del sol a diario, las secuelas psicológicas de la prisión, el asedio al que ha sido sometido y las dificultades con su salud no permiten que pase definitivamente la página.

*Los nombres de los entrevistados se modificaron para resguardar la identidad de las víctimas

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país

Desde su excarcelación, *Luis ha sido víctima de un constante acecho y persecución por parte de personas involucradas con su detención, situación que le impide olvidar el horror que vivió durante casi cinco meses que estuvo en prisión
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El 3 de agosto de 2024 *Luis fue sacado de su lugar de trabajo de forma violenta por funcionarios policiales que primero lo confundieron con otro nombre. Lo llevaron al comando de un partido político oficialista, donde fue golpeado y obligado a grabar un video confesando ser parte de una presunta conspiración en la región noroccidental del país, donde vive. 

Se le acusó de supuestamente recibir dinero para quemar una sede política. Su primo también fue detenido ese día por presunta complicidad. “Lo obligaron a que admitieran que ellos eran culpables, que María Corina le había dado 2000 dólares para pagar a los comanditos, y que él suministró los cauchos y gasolina para que quemaran el comando”, contó la madre del joven de 23 años en entrevista con Runrun.es.

Su madre, *Ana, que presentaba secuelas por haber sufrido un ACV recientemente, tuvo una crisis cuando intentó verlo. Le negaron información en varios comandos y hospitales. Fue gracias a familiares de cuerpos policiales que logró rastrear su ubicación. Y allí inició un peregrinar de semanas para poder saber del paradero de su hijo entre traslados sin aviso y ocultamiento de información. 

La excarcelación de Luis tuvo lugar en diciembre de 2024. Tal y como fue su detención, se produjo en condiciones irregulares. El 14 de diciembre, el preso político fue trasladado a la cárcel de Tocuyito, en el estado Carabobo. El día 27 del mismo mes les dijeron a los familiares que tenían que llevar un plato navideño. La señora Ana se emocionó porque por fin su hijo podría ingerir una comida caliente. Él le decía que la comida de Tocuyito era peor que la de Yare III, calabozos por los que también pasó. 

Ese 27 de diciembre hubo mucha gente, incluso, permitieron la entrada de niños. Era tanta la euforia que su mamá tuvo una subida de tensión y fue atendida en la enfermería de Tocuyito. Le dijeron que habría una sorpresa, y es que su hijo por fin sería excarcelado.

La señora Ana salió emocionada del penal y se encontró con su hermano, quien le preguntó por qué los muchachos no habían salido con ella. Al cabo de unas horas, supieron por otros familiares que a los jóvenes excarcelados los estaban dejando en el terminal Big Low Center, de Valencia. Sin avisar a sus familiares, solo los dejaban allí varados, a la intemperie. 

Después de llegar al terminal de pasajeros y dar vueltas alrededor, Ana se pudo encontrar con su hijo. Finalmente, había sido excarcelado. “Esa fue la alegría más grande de mi vida, el 27 de diciembre, cuando a mi hijo lo liberan”, manifestó. 

Perseguido tras la excarcelación

*Luis fue excarcelado con régimen de presentación cada tres meses en Caracas. Pero la persecución no paró tras salir de la cárcel. Ya no tenía un hogar donde vivir, porque la casa que tenía su madre era del gobierno y se la desvalijaron, les quitaron la bolsa del CLAP y tampoco querían venderle la bombona de gas.

“La casa donde yo estaba la compré por 400 dólares. Era una casa del gobierno. Me dicen que la habían expropiado. Yo consulté y me dijeron que no se podía hacer nada, porque esas casas del gobierno se la podían dar ellos a quien les diera la gana. Yo compré esa casa y yo no sabía que no me pertenecía”, relató su madre.

Luis y su mamá se mudaron a casa de su abuela, pero allí la situación era compleja. El tío del joven no quería que estuvieran allí “porque estaba perseguido por la policía y por el gobierno”. Entonces, decidieron moverse a otra residencia que estaban cuidando, cerca de donde vivían inicialmente. Allí estuvieron durante cuatro meses.

Pero una persona involucrada en la detención de Luis siguió acechandolos. Tuvieron que mudarse otra vez. “Mi hijo tuvo que cambiar de trabajo. Ahora, está en una cauchera, pero la mudaron para otro lado”, contó.

“Los policías iban a dar allá (al trabajo de Luis) y le quitaban dinero para no molestarlo. Mi hijo me decía, ‘mami, no digas nada’. Nos tenían amenazados”, agregó la mamá del joven.

Esa situación los obligó a retornar a la casa de la abuela de Luis, porque en la que estaban la vendieron, pero él no vive tranquilo. Le dice a su mamá que no puede dormir con la luz apagada. Las enciende y pide dormir acompañado, porque teme estar solo. “Yo no quiero estar más nunca en la oscuridad”, dice Luis cada noche.

Su mamá siente que él no le cuenta todo lo que vivió en prisión. El expreso político ha tenido que acudir a terapia psicológica por las secuelas emocionales que le dejó el encarcelamiento arbitrario, y ahora la persecución, de la que sigue siendo víctima.

La mamá del joven fue despedida de su trabajo en un hospital universitario después que él fue detenido. Ahora, apenas sobrevive limpiando casas algunos días de la semana. El golpe emocional, físico y económico ha sido fuerte para ellos. Y todavía no termina.

En un informe publicado a finales de febrero de 2025, Amnistía Internacional denunció que los presos políticos siguen viviendo “un calvario” cuando son excarcelados: muchos deben presentarse frecuentemente a tribunales, lo que dificulta su reinserción a la vida cotidiana. A ello se suma la “vigilancia y el acoso”, tanto contra ellos, como contra sus familiares.

“Las casas de algunos han sido objeto de allanamientos arbitrarios, y en otros casos -los familiares- han recibido amenazas anónimas por su activismo. La represión no se limita a los presos, sino que también afecta a quienes alzan la voz por su liberación”, alertó Amnistía Internacional.

También desde ese mes, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos ha denunciado que algunos excarcelados son víctimas “de persecución y acoso” por parte de individuos y funcionarios que participaron en sus detenciones.

“Como consecuencia, muchos se han visto obligados a abandonar sus hogares para evitar la angustiante situación de sentirse vigilados o perseguidos, así como el temor constante de volver a ser encarcelados”, alertaron, mientras calificaron estas acciones como una continuación del “terror de Estado” contra la población.

La desaparición y la búsqueda

*Luis, quien sigue siendo hostigado aún excarcelado, padeció durante meses las vejaciones de un sistema de justicia que vulnera los derechos humanos. Y también su madre, quien experimentó varias vejaciones por tratar de estar cerca de su hijo.

Cuando fue detenido en agosto de 2024, Luis fue trasladado a un comando de la División de Investigaciones Penales de la PNB. Cuenta su madre que en ese lugar había varios detenidos poselectorales. Otros familiares tenían que pagar para poder ver a sus hijos. Ella, gracias a que tiene familiares que son funcionarios, no tuvo que pagar.

Allí estuvo unos 15 días. Le raparon el cabello y le hicieron usar un uniforme azul. No le permitieron tener un abogado privado. A mediados de agosto, fue trasladado a Caracas junto a otros detenidos poselectorales, sin avisar a sus familiares el lugar en el cual estaría recluido ahora.

“Cuando lo trasladaron, yo quedé mal, yo decía que me estaban robando a mi hijo, me estaban robando a mi muchacho, me lo estaban quitando. Lloré ese día como no tienes idea”, relató la señora *Ana.

A pesar de sentirse devastada y de sus problemas de salud, la señora Ana pidió un dinero prestado, vendió uno de los aires acondicionados que había comprado su hijo y tomó rumbo a la capital con otras madres. Al llegar, estuvieron en la casa de un familiar de uno de los jóvenes detenidos.

Estar sola en una ciudad lejana

Se asentaron en una zona del oeste de Caracas, pero ese lugar, aunque era de un familiar de los muchachos que estaban presos, no les inspiraba confianza porque la propietaria apoyaba al oficialismo. 

“No nos habíamos fijado que ella tenía un altar de Chávez (…) Eran como las dos de la mañana cuando nos dimos cuenta y a las cinco de la mañana nosotros agarramos nuestros chécheres y nos fuimos”, relató la señora Ana.

El grupo de madres salió de ese lugar y fueron recibidas en un convento, también ubicado en el oeste de Caracas. Allí las ayudaron con todo y les sugirieron acudir al Foro Penal,  donde hizo todas las denuncias necesarias para el caso de su hijo. 

Pero la señora Ana seguía sin tener noticias de él. Llegado septiembre, junto a otras madres, acudió al Ministerio Penitenciario, donde le informaron que su hijo estaba recluido en Yare III, ubicada en San Francisco de Yare, estado Miranda. Sintió un alivio enorme porque ya había ido a Tocuyito y Tocorón, y en esas cárceles le aseguraron que no estaba Aunque recibió esa información, al llegar a Yare III, otra vez los funcionarios negaban que Luis estuviera recluido en este lugar.

A mediados de septiembre, la señora Ana salió del convento y fue acogida por un joven militar en su casa, quien la trató como si fuera de la familia mientras ella atravesaba este proceso.

La señora *Ana nunca recibió una llamada de su hijo y le seguían negando que estuviera en Yare III. No fue sino hasta que recibió una noticia de un familiar que es funcionario que le confirmaron que efectivamente, estaba allí recluido. Por fin pudo verlo, pero no abrazarlo, no se lo permitían.

Cuando la autorizaron para llevarle alimentos y otros objetos para su higiene, solo le recibieron un paquete de pan, otro de galletas, una jarrita de agua, crema dental, jabón y un boxer. *Luis no tenía acceso a una buena alimentación mientras estuvo detenido.

Requisas vejatorias

A mediados de noviembre se hizo un primer traslado de presos políticos poselectorales desde Yare III hacia Tocuyito y Tocorón. La señora *Ana cuenta que supuestamente encontraron drogas dentro del penal y allí comenzaron las requisas abusivas hacia los familiares.

Tanto a ella como a otras madres, el director del penal les preguntaba en tono déspota “¿y dónde está María Corina?”, “por culpa de ella es que estos muchachos están aquí”, y así otras frases revictimizantes y denigrantes.

Luego de esos hechos, iniciaron requisas invasivas en Yare III. La peor que experimentó la señora Ana ocurrió el 5 de noviembre. Todavía la recuerda con mucho dolor. “Yo dije que nos estaban violando”, expresó.

Las mujeres tenían que desnudarse y ponerse en posición de parto. “Nos obligaron a abrir nuestras vaginas con nuestras manos para que ellos nos grabaran y nos alumbraran. Eso fue horrible y denigrante. Nos humillaron horrible”, recordó.

Las requisas descritas por la señora Ana incumplen con los Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas, elaborados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que establecen, en su ítem XXI, que las revisiones corporales a privados de libertad y sus familiares deben “ser compatibles con la dignidad humana y con el respeto a los derechos fundamentales”. Y además especifica: “Los registros intrusivos vaginales y anales serán prohibidos por la ley”.

Ella no le contó nada a su hijo en ese momento, porque la visita era custodiada. Fue cuando salió del lugar que se desahogó con otras madres.

“Mi hijo está enfermo”

Además de ser víctima de hostigamiento posterior a su excarcelación, la prisión injusta y las precarias condiciones de reclusión y alimentación por más de cuatro meses dejaron secuelas en la salud de *Luis. Desde enero ha presentado fuertes malestares. Comenzó con una diarrea y dolor abdominal. Le hicieron exámenes y los médicos han pasado por varios diagnósticos, como gastritis y hepatitis.

“En febrero, cuando le hicimos otra vez los exámenes, arrojaron que tenía una supuesta hepatitis. Se hizo el tratamiento y la dieta”, relató su mamá.

Pero el malestar no paró. A finales de marzo, el día de su cumpleaños, Luis reportó que se sentía mal otra vez. Lo volvieron a llevar al médico y le dijeron que seguía con hepatitis. Esto preocupó a su mamá, porque había pasado mucho tiempo ya y él seguía su alimentación al pie de la letra.

Y llegó el Día de las Madres en mayo. Ese día otra vez volvió a sentirse mal y le mandaron acetaminofén. En junio, después del Día del Padre, los malestares persistían. “Yo veía que él se ponía más mal con la dieta y todo”, relató su madre.

A mediados de ese mes, Luis se puso amarillo y lo llevaron al médico de nuevo, en donde le volvieron a decir que tenía hepatitis. Allí fue cuando ella decidió llevarlo con un gastroenterólogo, quien ordenó otros estudios. Le hicieron una tomografía abdominal y una ecografía.

A finales de julio, fueron a consulta otra vez, y el médico decidió tratarlo por una presunta cirrosis hepática aunque ni él ni su madre entienden este diagnóstico ni qué pudo haberlo causado. *Luis tiene los ojos sumamente amarillos y su mamá está preocupada por su salud.

Luis sigue tratando de recuperar una normalidad que se le hace esquiva. Aunque nuevamente puede ver la luz del sol a diario, las secuelas psicológicas de la prisión, el asedio al que ha sido sometido y las dificultades con su salud no permiten que pase definitivamente la página.

*Los nombres de los entrevistados se modificaron para resguardar la identidad de las víctimas

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país

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