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DDHH Olvidados

«Ser intersexual es cargar una historia de mucho dolor»

Pese a que la ONU emitió una resolución que obliga a los Estados a proteger a las personas intersexuales en abril de 2024, en Venezuela se ha documentado al menos 25 casos de discriminación constante en los últimos seis años, según la ONG Intersex Venezuela

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Joshua De Freitas
Hace 4 semanas

«Apenas nací, los doctores me extirparon los testículos pensando que eran unas hernias», recuerda Julián Parra, de 34 años de edad. 

Parra es un docente universitario de geografía. Un activista, un venezolano. Una persona intersexual. Una persona que, según la ONU, «nació con características sexuales (tales como la anatomía sexual, órganos reproductivos, patrones hormonales y/o cromosomales) que no encajan con los conceptos típicos binarios de cuerpos masculinos y femeninos».

Ser intersexual es pertenecer una comunidad que representa entre el 1,7 y el 2 % de la población mundial, según la Universidad Abierta de Reino Unido. Es nacer con una probabilidad idéntica a la de nacer con los ojos verdes o con el pelo rojizo.   

«Ser intersexual es cargar una historia de mucho dolor, de cargar muchísimas vulneraciones a los derechos humanos», dice Parra.

Los médicos le dijeron a Julián y a sus padres que sufría un «trastorno del desarrollo sexual», un término «paraguas» que cubre las más de 152 variaciones que puede expresar la intersexualidad en un cuerpo. Desde la década de los 90 la ONU ha abogado por los derechos de las personas intersexuales, y en abril de 2024 sacaron su primera resolución para obligar a los Estados a mejorar sus normativas para garantizar sus derechos fundamentales. 

Pero en Venezuela la vulneración continúa. 

«Mi noción como persona intersexual empezó desde muy pequeño: me llevaban a dos hospitales en Caracas para hacerme constantes estudios y evaluaciones médicas, evaluaciones en donde tenía las nalgas frías pegadas a una plancha y las piernas abiertas para que me toquen. Esos son mis primeros recuerdos», rememora. 

A diferencia de otras expresiones de la comunidad sexodiversa, la intersexualidad no se considera como una orientación, una identidad o un género

«Para las personas intersexuales no existe un “closet”. Cuando hablamos de intersexualidad, estamos hablando de variaciones naturales del cuerpo», explica Parra. «Algunas personas pueden pasar toda su vida sin saber que son intersexuales».

Historias resilientes

Desde 2018 solo existe una institución en el país dedicada exclusivamente a la atención y protección de esta comunidad: Intersex Venezuela. Julián es uno de sus fundadores.

Las historias sobre la intersexualidad se encuentran en Venezuela. *Sus protagonistas deben proteger su identidad para evitar las represalias de sus familiares, de sus empleadores, de sus médicos tratantes o del propio Estado*.

Luján*, de 30 años, viajó a España para garantizar su derecho a la salud. Estaba cansado: desde su adolescencia en Venezuela los médicos le tomaban fotografías a su cuerpo y lo publicaban entre sus colegas sin su consentimiento. Luján* es un hombre intersexual y, por ello, tiene unos senos formados en su pecho. También tiene cicatrices de sus múltiples operaciones para encajar en la corporalidad masculina promedio. 

Apenas llegó a Europa se chequeó con una médica y ella le suplicó si podía participar en varios experimentos clínicos. Luján* tuvo que recordarle que la Organización Mundial de la Salud advierte desde el 2015 que ningún doctor puede discriminar el acceso a la salud de los pacientes intersexuales sobre la investigación clínica, mucho menos sin su consentimiento

Bysis* es una mujer intersexual que vive en la región occidental del país. A sus 15 años vio que no menstruaba y acudió al médico. Una endocrina la tildó como un hombre porque le veía mucho vello y escuchaba un tono de voz relativamente bajo «para una mujer». Después de varios exámenes, vio que tenía el cromosoma 46 XY, una de las variaciones de la intersexualidad

La obligaron a hacer varias cirugías, «muchas de ellas sin preguntarme», entre ellas la extracción de gónadas. «Me quitaron parte de mi cuerpo y en mi mente sembraron dudas», dice.

Ella quiso buscar en la religión un escape ante la discriminación en su universidad, las clínicas y su familia. Acudió a una iglesia cristiana. 

En menos de una confesión el pastor le dijo a Bysis* que ella «no debía existir», ya que era «un error de Dios» y que no debería considerarse una mujer. 

Tuvo que acudir a la sociedad civil y recibir ayuda psicológica para comprender que lo que había sufrido es una violación a sus derechos humanos, sobre todo a su libertad de expresión. Que la comunidad internacional ha firmado tres declaraciones: una en Malta en 2013, otra en San José de Costa Rica en 2018 y una desde las Naciones Unidas en 2019 donde se le pide al Estado venezolano que se comprometa a crear mecanismos legales y pedagógicos para proteger e informar a las personas intersexuales. 

Aike* es un bebé de un año que nació con gónadas que revelaban su intersexualidad. Los médicos le aconsejaban a sus padres que la mutilación genital era muy riesgosa: el bebé podía morir por las infecciones y sufriría un desbalance hormonal debido a la extirpación gonadal y sus respectivos tratamientos si se aplicaba antes de los 22 años. Varias universidades extranjeras lo han demostrado en los últimos 10 años

Amnistía Internacional, al menos desde el 2017, vela por la protección y el acceso a la salud integral de las infancias intersexuales

Pero el padre de Aike* quería un varón. 

Tuvo que intervenir una ONG para proteger al bebé de una intervención quirúrgica que ponía en riesgo su vida sin su consentimiento. 

«Yo soy víctima de la mutilación genital. En la mayoría de los casos el activismo nace desde esa experiencia. Pero también existen muchas personas intersexuales que pasan por otras vulneraciones a sus derechos sin pasar por la mutilación genital. Cada historia sobre la intersexualidad es un universo diferente», dice Parra.

Subregistro nacional

Hasta ahora, la ONG Intersex Venezuela ha registrado 25 casos de discriminación a nivel nacional, entre personas intersexuales y sus familiares. «Un subregistro considerable», opina Parra. No existen otras fuentes oficiales para contrastar los datos. 

Para el activista humanitario, estos 25 casos ya dan un panorama de la vulnerabilidad de la persona intersex venezolana. Como en las capas de una cebolla, las vulneraciones originadas por ser una persona intersexual se mezclan con el acceso económico, educativo y a la seguridad

Las personas que ha atendido la ONG están repartidas en al menos 8 estados del país: Lara, Portuguesa, Cojedes, Aragua, Carabobo, Miranda, Distrito Capital y Zulia. Al menos el 76 % (19 personas) se encuentra en un estrato socioeconómico de «pobreza extrema», con un ingreso diario igual o menor a los 3 dólares, y el 56 % (14 personas) se identifica como mujer. 

«La discriminación no ha evolucionado en Venezuela en los últimos años, siempre se ha mantenido igual. Nos han tratado como un “cero a la izquierda”, como personas sin derechos, como personas que deben corregirse. Tanto para una persona intersexual como para cualquier otra el mejor bálsamo para estas heridas es la información. Educarse. Están las ONG a nivel nacional e internacional que prestan el apoyo y las herramientas que debemos tener como personas intersexuales para exigir nuestros derechos», reflexiona Bysis* en una entrevista a Runrun.es.

La ONG Intersex Venezuela advierte que muchas de las víctimas de discriminación y su entorno familiar no tienen los recursos económicos para acudir a médicos especialistas o sufren de rezago escolar. El Observatorio Venezolano de Violencia LGBTIQ+ informa que la comunidad intersexual es una de las más subregistradas por el propio estigma que hay dentro de la comunidad sexodiversa

«La comunidad intersexual existe y resiste. Tenemos otros modos de hacer activismo, uno que no nos exponga a la violencia. A mí me costó muchos golpes, muchos intentos de secuestro, mucha humillación, muchos intentos de violación y mucha agresión poder ser visible y asumirse como uno de los pocos focos visibles de la intersexualidad en Venezuela», dice Parra. 

El fundador de Intersex Venezuela reflexionó que en el país, desde el 2018, se han dado espacios de discusión y formación entre la comunidad intersexual y la comunidad médica, pero «aún falta mucho camino» para que sea una norma.

«En mayo de 2023 recibí varias amenazas de muerte por mi activismo. Cuando fui a Fiscalía a poner la denuncias para que investiguen el caso, me dijeron que no podían hacer nada. Tardaron más de una hora preguntándome qué era yo, qué era eso de la intersexualidad», denuncia Julián. «No han avanzado nada del caso desde entonces».

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