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Venebarometro

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Este año que apenas comienza tiene al menos dos peculiaridades: no habrá elecciones en un país acostumbrado a celebrarlas frenéticamente y a diferencia de muchos que lo han precedido, las expectativas sobre estos próximos 12 meses distan mucho de ser halagadoras. ¿Cómo navegar entonces en esta aguas? Sin pretender abarcar todo lo que puede suceder en un país donde lo impredecible está a la orden del día, acá presento una cartografía mínima de 10 puntos de los principales hitos y/o procesos que pueden orientarnos de cómo será el 2014, que desde su mismo comienzo se antoja en lo político, en lo social y sobre todo en lo económico como uno de los más difíciles de nuestra historia contemporánea.

1.- Elección de la Directiva de la Asamblea Nacional: No debería haber sorpresas. Cabello debería ser reelegido al frente del parlamento en aras de mantener la unidad estratégica en el oficialismo, aunque es curioso que haya sido el mismo Maduro quien anunciara públicamente su fórmula, cuando eso lo pudo haber hecho cualquier vocero en el PSUV. Aunque sea enfáticamente negado, lo anterior nos indica que hubo intentos por producir reacomodos tanto del lado del cabellismo como del madurismo. Será interesante también apreciar cómo quedará la fórmula final de las dos vicepresidencias, aunque tampoco deben esperarse sorpresas: debería quedar igual. En caso de alguna modificación, es conveniente estar atento hacia dónde se desplaza el balance de poder. ¿La MUD seguirá jugando en bloque en el hemiciclo? Es una buena pregunta y al tenor de las intervenciones del 5 de enero, lo tendremos más claro.

2.- Cambios en el Gabinete: Deben producirse más temprano que tarde. Aunque el maridaje entre lo civil-radical y lo militar ha ido cada vez más en beneficio del segundo componente, tampoco es de extrañarse que esa tendencia se acentúe. Es clave observar si se produce algún movimiento sensible en la parte económica (que muy pocos esperan), pero a mí me parece más importante prestar mayor atención a si ocurre algún cambio en la Vicepresidencia Ejecutiva. ¿Será finamente desplazado Arreaza y nombrado algún militar? Eso nos confirmaría lo que ya todos sabemos sobre la verdadera naturaleza y sostén del “Gobierno de Maduro”.

3.- Reacomodos en la MUD: En la Mesa de la Unidad, la situación no es nada fácil. Después de los resultados de diciembre, hay claros y severos cuestionamientos a la dirección política de la oposición desde la Opinión Pública, pero también desde sus entrañas. Desde un cambio en la conducción y de estrategia, hasta de los mensajes y tácticas son los temas que ocupan esa agenda. La MUD enfrenta el desafío de reinventarse e ir más allá de lo que ha sido. Por si eso fuera poco, más entrado el 2014 algo que no faltará será el debate para escoger las candidaturas a la Asamblea del próximo año. Aunque la principal crítica a la MUD –me cuento entre quienes la hacen pública– es su visión electoralista, no es menos cierto que al concluir estos 12 meses eso debería haberse adelantado con un ingrediente adicional, luego de usada la tarjeta unitaria: ¿Cómo es el balance para tener derechos preferentes sobre tal o cual circunscripción? La Oposición de 2010 o de 2012 no será la misma del 2015. ¿Primarias para todos los circuitos? Buena pregunta.

4.- Las medidas económicas: Habrá un ajuste. Eso no es un secreto para nadie: la fiesta del boom petrolero se acabó desde hace ya rato y las cuentas no cuadran. El dinero no alcanza. El modelo está colapsando. Inflación, caída productiva, sequía de divisas, escasez y devaluación están a la orden del día. La pregunta es qué tan rápidas o qué tan graduales serán esas decisiones. Eso nos hablará de cuál es el cálculo político del chavismo. Varias de ellas se han asomado, pero no se han materializado. Hay una maniobra que pocos comentan y que muchos catalogarían como suicida: arreciar con más fiscalizaciones, ocupaciones y estatizaciones. Eso podría ser un cálculo económicamente muy costoso, pero quizás políticamente necesario en Miraflores para “consolidar” la hegemonía. De lo que nadie duda es que habrá consecuencias políticas en función de lo que se decida o no económicamente y eso, lo apreciaremos con mucha nitidez en 2014.

5.- El Estado Comunal: La retórica indica que se avanzará en ese sentido, sin tener claro –al menos públicamente– cuál es el norte. Sólo se habla del número de comunas, pero nada más allá de eso. Lo cierto es que mientras más avance el Estado Comunal más perjudicadas estarán las gobernaciones y alcaldías no afectas. Las competencias y recursos se verán diezmados y los nuevos alcaldes elegidos el 8 de diciembre deberán tomar la decisión si rehúyen al combate político o si se ponen al frente de las demandas de sus comunidades, asfixiadas presupuestariamente. Los liderazgos emergentes podrían salir de esa batalla, si es que algunos se la plantean, a diferencia de 2009 cuando hubo despojos de sedes, puertos, aeropuertos, autopistas y no ocurrió nada.

6.- Diálogo Gobierno-Oposición: Estará íntimamente ligado a lo anterior. Muy probablemente en los primeros meses del año ya esa incógnita estará despejada, me temo que a favor de todos quienes dudaron. Políticamente es inconsistente que el Gobierno no actúe conforme a su naturaleza: la del alacrán.

7.- ¿Salidas Políticas?: Tendrá mucho que ver con lo que ocurra en el seno de la Oposición. Si la situación se vuelve cada más difícil e ingobernable, ¿estará la Oposición en la capacidad de proponer y conducir una salida política a una eventual crisis? En la mesa hay varias fórmulas sobre las que ya se discute, pero antes de eso, habrá que resolver una cuestión de naturaleza filosófica vinculada al centro de dirección política opositora: si se termina imponiendo y consolidando la tesis de “esperar y acumular poder progresivamente” (hasta ahora dominante), es difícil que ocurra un planteamiento constitucional y movilizatorio de esta envergadura. Tampoco es descartable que ese tema pueda fracturar la unidad opositora. Algo de eso ya está ocurriendo.

8.- Más control de medios: La hegemonía comunicacional seguirá profundizándose. El manto de la opacidad y la lógica del “Nuevo Mundo Feliz” seguirá posándose sobre varios reductos que aún permanecen resistiendo a la verdad oficial: será el turno para los medios impresos. Los medios alternativos y redes sociales crecerán en influencia si son bien empleados por la dirigencia. Esa no es una predicción, ya viene ocurriendo desde hace bastante tiempo en Venezuela, sólo que ahora será existencialmente necesario.

9.- Conflictividad Social: Será cada vez más creciente. Las cifras de protestas y reclamos año a año vienen demostrando que lejos de bajar o mantenerse, se incrementan. Sin una estrategia que intente articularlas o al menos darle un sentido superior de lucha social, solo ocurrirá una cosa: serán una aguda expresión de un país que cada día se anarquiza más y más y serán invisibilizadas en la narrativa pública. ¿Un estallido social? Nadie puede pronosticar eso y quien lo haga puede pecar de charlatán, pero sí es cierto que objetivamente hay unas condiciones que deberían encender las alarmas de todos.

10.- Control Social: El Gobierno aplicará más y más fórmulas para controlar socialmente a los venezolanos a pesar de pagar elevados costos, léase: represión. El 2014 será un año para responder con suficientes elementos si el modelo político instaurado en Venezuela desde hace década y media ya avanzó demasiado (o no) y si está en un punto de no retorno (o no). Estos menes nos ayudarán a entender mejor si el venezolano se dejó domesticar y no reclamó ante las múltiples carencias en su vida diaria, o si por el contrario, entendió que la única manera de producir un cambio es luchar contra un modelo que pretende decirle qué hacer o no y controlar su vida.

El 2014 será pues, difícil. Navegaremos en aguas turbulentas. Eso no sorprende a nadie. Quizás terminemos, antes de naufragar, otra vez aferrados a una nueva tabla de salvación de naturaleza electoral. Veremos…

Los invito a que sigamos la conversación en las cada vez más influyentes redes sociales. En el Twitter estoy en @gedgard. Allí, como siempre, estoy a sus órdenes.

 

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Tras la elección del 8 de diciembre, siempre quedan datos curiosos en los reportes del Consejo Nacional Electoral. A continuación, los diez más relevantes que nos dejó la jornada de este domingo:

1.- A falta de unas 50 alcaldías por adjudicar, no hay ninguna “barrida oficial” de ningún partido en ningún estado (no contamos a Vargas, compuesto por un solo municipio). Sin embargo, el Psuv podría llevárselo todo en Cojedes, Delta Amacuro y Yaracuy.

2.- Todo se lo llevó Antonio Ledezma al revalidar la Alcaldía Metropolitana. Esto a pesar de haber perdido en 17 de las 32 parroquias que componen los cinco municipios de la Gran Caracas. Su triunfo en Baruta y la Parroquia Petare del municipio Sucre fue clave.

3.- Ledezma es, por cierto, el alcalde más votado, con más de 709 mil papeletas con su nombre. Si quitamos a la Alcaldía Mayor del análisis, entonces es Jorge Rodríguez, con 478.580 votos.

4.- El número obtenido por Jorge Rodríguez en estas elecciones es increiblemente parecido a 2008, cuando obtuvo 478.396 votos (104 menos que este año)

5.- ¿La victoria más amplia (porcentual) del chavismo? Ocurrió en el municipio Agua Blanca, del Estado Portuguesa. Primitivo Cedeño ganó con el 83,54% de los votos frente al 10,99% de Luis Sánchez.

6.- ¿La victoria más amplia (porcentual) de la oposición? Ocurrió nada más y nada menos que en el municipio Chacao, donde Ramón Muchacho obtuvo el 84,63% de los sufragios contra el 14,39% de Titina Azuaje.

7.- ¿La pelea más reñida? Casi para la historia lo que ocurrió en el municipio Pueblo Llano del estado Mérida, donde Fredis Rondón (MUD) le ganó a Antonio Santiago por ocho (8) votos (2569 a 2561).

8.- Los votos nulos volaron. En Caracas se registraron 61 mil, para duplicar la cifra de 2008. Si sacamos la cuenta comparación con 2012, el numero de votos nulos es mucho mayor.

9.- En el municipio Chacao nunca se ha elegido un militante del Psuv como alcalde.

10.- En total, el PSUV y sus aliados obtuvieron 5.111.336 votos. Los votos no-PSUV (MUD y sus aliados + otras organizaciones políticas) suman 5.268.828 electores

El Mundo

Venezuela Election

 

—Yo conocí a mi esposo en esta fila –dice la muchacha.

Todos los demás nos miramos como tratando de recordar ese momento. Hemos votado tanto en todos estos años que los días de elecciones nos han dado un sentido de fraternidad. Somos como los vecinos que no se conocen pero se saludan de manera casi familiar.

—Fue cuando el referéndum –continúa la muchacha–. Él estaba un poco más atrás. Era mediodía y vino a regalarme una botellita de agua.

—¡En ese tiempo había botellitas de agua! –masculla el hombre que está delante de mí y que hasta ahora ha permanecido con el ceño fruncido, como si no quisiera involucrarse en la conversación.

—¿Es uno alto, con el pelo negro y bigote? –pregunta una señora que siempre viene con paraguas.

—¡Ese mismo es! Ese día terminamos jugando dominó. Y me pidió el teléfono.

—¡Te puso el ojo, mija!

La cola se convierte en una pequeña asamblea, donde las mujeres comentan la anécdota y van sumando otras historias parecidas. Es una suerte de chisme-forum que termina cuando una de las presentes pregunta por el marido.

—Tenemos una bebé de 8 meses –dice la muchacha–. Está un poco resfriada. Raúl se quedó en la casa con ella. Cuando yo termine, voy para allá y él se viene a votar.

Un suspiro colectivo convierte al grupo en un coro de sentimiento maternal. El hombre que está delante propone otra mueca de disgusto.

—Yo más bien me divorcié en esta cola –exclama en voz baja, mirándome de reojo–. ¡Uno pasa tantas horas en esta vaina que termina preguntándose hasta qué sentido tiene la vida!

Una joven que está de estreno, votando por primera vez, nos mira desde la fila de al lado. Sonríe y dice algo sobre la democracia que ninguno de los dos alcanza a escuchar bien. Yo decido usar la mueca 37 y ofrecer una sonrisa ambigua, es un gesto peculiar, un sí pero no o un no pero sí que suele funcionarme en estos casos. El hombre que está delante solo cambia de posición.

—¡Mira esa vaina!

Volteo y veo: tres viejitas en tres sillas de ruedas se abren paso hacia la entrada del colegio.

—¡Este es el centro de votación con más gente de la tercera edad que hay en el país! –refunfuña de nuevo–. ¡De verdad! –añade–. ¡Y no se mueren nunca! ¡Cada vez hay más!

Busco auxilio en el grupo de mujeres que, detrás de mí, continúa con su ciclo de debate sobre las historias de amor y las relaciones de pareja. Ahora están en un capítulo difícil: las manías masculinas insoportables. Apenas terminan de hablar sobre las gotas de orine en la tapa del retrete o sobre la desagradable costumbre que tienen los hombres de no secarse dentro de la ducha y dejar el baño siempre chorreado.

—Si yo tuviera real tendría dos baños –asegura una señora robusta que curiosamente ha venido vestida con ropa de trotar–. ¡Uno para mi marido y otro para mí!

—Y si yo fuera su marido –murmura el hombre que está delante–, tendría dos casas, coño. ¡Una para ella y otra para mí!

Trato de fugarme abriendo el libro que he traído. Es de Leila Macor y se llama Nosotros los impostores. Es una reunión de breves, ingeniosas y muy bien escritas crónicas.

—¿Y qué? –inquiere el hombre que tengo delante–. ¿Encima te vas a castigar leyendo de política?

No me deja explicarle que, en realidad, el libro tiene muy poco de política. El hombre desfonda de una vez todo su mal humor. Critica los partidos, los líderes, las instituciones. Abre el grifo de su desesperanza y deja que su mal ánimo fluya. Yo permanezco mudo hasta que siento que se aferra al punto final.

—Solo no entiendo una cosa –le digo lo primero que se me ocurre, lo único que se me ocurre, quizás–. ¿Por qué entonces estás aquí?

Se queda en silencio unos segundos. Como si la pausa fuera el hueso de un durazno dentro de su boca.

—Porque sé –dice finalmente– que si me quedo en mi casa, mañana o pasado, o dentro de uno o dos años, me lo voy a reclamar. No votar no sirve de nada. No votar da ratón.

Y la fila avanza.

El Nacional

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El régimen, tan en ruinas como el país, intenta un fraude electoral tal vez mayor que nunca antes porque viene de la derrota del 14A. Lo necesita porque sabe lo que todos saben. Chávez hizo todas las marrullerías conocidas, pero tenía su popularidad como amortiguador para las derrotas. Maduro no tiene esos amortiguadores: el golpe de cada hueco en el que cae le repercute directamente en la zona blanda del cráneo y lo deja grogui. Maduro percibe que la pérdida de las elecciones del 8D se traduciría en forma inmediata en clamorosa demanda de renuncia. Por esa razón quien esto escribe votará; pero, por esa misma razón es absolutamente previsible un intento descomunal de fraude. En caso de que las fuerzas democráticas ganen o de que su victoria sea escamoteada, ese difícil tránsito de Nicolás en la cuerda floja a 1.000 metros de altura tendrá que continuar a la misma altitud pero sin cuerda, ni floja ni tensa.

Ante la inminencia de un desenlace y en medio de una situación brumosa, en la que las fuerzas no se distinguen claramente, y en la que los actores se desplazan como borrosas imágenes sin identidades establecidas, la guía y el sentido de la marcha tiene que recaer en los principios. Y la libertad es el objetivo supremo de esta hora en la que la marea totalitaria ahoga el país.

LIBERTAD, ¿DÓNDE ESTÁS?

Hay gente contenta sin duda y con previsible impacto electoral. Un televisor en el lomo, gratis o a mitad de precio, no amarga. Una mesada sin mover una mano que no sea para estirarla puede ser motivo de contento. También hay los que creen que la mala vida se sobrelleva mejor si los demás se arruinan. No faltan los que piensan que allá lejos está La Guaira y que después de las amarguras del momento vendrá algo parecido a la calma, con niños en lectura apasionada de la gesta de Fidel Castro; gruesas campesinas con la hoz blandida, en el disfrute de la recolección manual de ilusiones; y fornidos obreros en el gratificante esfuerzo de confeccionar el socialismo con el martillo emblemático, descerrajando tercas cabecitas burguesas. Todas zarandajas frente a la escasez de azúcar, al precio de la medicina para la tensión alta y al muchacho que yace en el piso porque, inadvertido, caminaba en la vereda de la balacera.

La libertad evoca la posibilidad de crear, vivir sin miedo e imaginar el futuro; es pensar que las bondades de la vida son posibles y dependen del esfuerzo, la preparación y el talento puestos en la obra. La libertad es imaginar el porvenir y tener la opción de construirlo; es confiar en que mañana puede ser mejor que hoy y que hay futuro para cada quien, para los hijos, para los amigos. No es carecer de miedo, pero es tener las armas para vencerlo. No es vivir bajo el imperio del terror sino de la solidaridad.

Hay quienes dicen que una de las dimensiones de la libertad, la de expresión, impera en Venezuela, aunque aporreada. Falso.No es libre porque se la desnuca, aunque sea con guantes. Alguien dirá: “al menos tú escribes en este diario y dices lo que quieres”; esto es cierto, pero es una libertad que me garantizan trabajadores, periodistas, directivos y dueños de un medio de comunicación. No me la garantiza el gobierno sino la firmeza de un periódico. Hay medios que han resistido, algunos han sido tomados a la fuerza, otros se han neutralizado y algunos más han pactado. Por cierto, estos últimos ensalzan la corte de los dialogantes, de los que se hacen los locos frente a los desmanes o se mantienen en la prédica de la equidistancia: como ya se ha dicho en este espacio, se distancian 3 metros de los “radicales” del gobierno para excusar su distancia de 3 kilómetros de los “radicales” de la oposición.

La libertad del columnista es la resistencia del medio de comunicación. Si se quiere apreciar si de verdad hay libertad de expresión hay que mirar hacia los instrumentos que controla el gobierno y allí se ve lo que es su privación. No solo los demócratas están ausentes sino que el propio pensamiento con amagos críticos dentro del oficialismo es perseguido, obstaculizado o impedido. El sistema de medios de comunicación del Estado está diseñado para impedir la libertad de expresión que por su propia naturaleza es plural, crítica y respondona; crece en el enfrentamiento al poder y a sus tendencias expansivas y de control.

UNA CÁRCEL LLAMADA VENEZUELA.

Chávez era un autócrata, constructor de este desastre. Lo hizo con un liderazgo fuerte, al encarnar una confusa mezcla de reivindicaciones y resentimientos, así como la exacerbación de rasgos terribles que se anidan, como dormidos, en las sociedades y que basta que se les manosee para que afloren en la forma de venganzas épicas. Chávez fascinó a muchos ricos y exacerbó en ellos oscuras pulsiones contra el sistema democrático en el marco del cual habían acumulado su riqueza, bien habida en unos casos y en otros no. Más adelante, cuando se afianzó en el poder, desechó a esos compañeros de ruta y escogió al sector informal urbano como su sostén, en estos soliviantó el virus del rentismo cuya apoteosis ha comenzado con los saqueos, el festín de los precios y la perspectiva de una escasez aún más brava que la conocida, promovidos por Nicolás Maduro.

Pero Nicolás no es Chávez. Más bien parece haber sido escogido como el más débil de los sucesores posibles y, sin duda, como una vía para cerrarle el paso a Diosdado Cabello, teniente hinchado de ambición y resentimiento, como se observa en sus gruñidos e imprecaciones. Nicolás pretende disimular su debilidad como sucesor y su carencia de liderazgo con la altisonancia, la insolencia y los ataques despiadados y brutales contra sus oponentes. Maduro ataca como lo hace, no porque sea fuerte sino porque es débil; porque él se sabe acorralado y lanza los manotazos que se conocen. Carece de legitimidad, de legalidad, de sindéresis y de sentido del Estado; mas bien se ha convertido en un fanfarrón peligroso: el guapo de esquina que necesita demostrar una valentía que solo aflora en pandilla y en el innoble ejercicio de cayapas.

Venezuela, en manos de segundones, es rehén para cobrar agravios ignotos mientras se reparten el botín que el azar les deparó y que como toda ganancia repentina e inasimilable se perderá en borracheras, asociaciones delictivas y enriquecimientos inexplicables de los relacionados.

Ante este panorama es otra vez, como cada vez que la historia repica duro, el momento en el cual la libertad convoca. Las fuerzas están desatadas: ni la oposición, ni el Gobierno son el centro de las decisiones; sólo las criaturas ciegas y básicas. El hastío ciudadano no es ajeno a la crisis sino una de sus expresiones fundamentales: me ocupo de lo mío porque lo que ha de ser será. La fuerza que palpita y ruge en el subsuelo puede no ser deseada o buscada, pero es la forma que adoptan las furias para que los responsables de despertarlas paguen su osadía.

 

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-I-

Los cuatro permanecieron en silencio, pensativos. Si alguien los mirara de lejos, tal vez podría pensar que estaban jugando póker. Sentados frente a frente, con los codos sobre la mesa, sin decir una palabra, casi inmóviles, mirándose.

—¿Alguien quiere café? –preguntó el calvo, el que parecía estar de peor humor.

Nadie dijo nada. Los otros tres respondieron con pequeños gestos o muecas. El silencio volvió a instalarse, como si fuera un animal invisible pero enorme, una vaca tendida sobre la mesa.

—No puede ser que no se nos ocurra nada, ¡carajo! –masculló el flaco, el único que estaba vestido con traje y corbata.

La frase tiritó en el aire y luego se desplomó sin peso. La superficie de la mesa también podría verse de esa manera: como un desorden de sílabas caídas, como un patio adonde van las letras que fracasan. Otro silencio más. Una inquieta calma. Hasta que uno de los cuatro se levantó y comenzó a caminar.

—¿Una invasión? –soltó la pregunta a la altura del tercer paso.

—Nadie lo va a creer.

—Además, ya lo hemos usado antes.

—¡Todo lo hemos usado antes!

—Sí. Pero hay cosas que funcionan mejor que otras, vaya. Ya sabemos que la gente no se come el cuento de que los gringos van a venir con sus tanques a formar aquí una piñacera.

Volvió a sentarse. El flaco se aflojó el nudo de la corbata.

—Con la cosa religiosa no nos ha ido tan mal. De pronto nos conviene que aparezca una imagen en algún lado. Ya saben, como cuando un crucifijo llora sangre. Esas vainas siempre resultan.

—Me gusta. También podemos inventarnos uno o dos milagros. Una ciega que ve, un cojo que camina, eso no falla.

—Hay que tener cuidado con la fe de la gente. Nos puede salir el tiro por la culata –sentenció el calvo. Luego salió de la oficina. Volvió a entrar poco después, con un vaso de agua en la mano.

— Yo creo que es mejor armar un operativo y detener a unos chilenos en la frontera. Podemos decir que los contrató la ultraderecha internacional. Que venían disfrazados de Quilapayun, que traían un cargamento de dardos envenenados dentro de unas quenas.

Nadie pareció demasiado entusiasmado con la propuesta. El más viejo se rascó suavemente el bigote.

—Ya hicimos algo similar hace poco.

—¡Desde hace más de diez años estamos haciendo “algo similar”!

—¿Y entonces? ¿Qué nos queda?

Todos volvieron a mirarse, resignados.

—Vamos a tener que seguir con lo de la guerra. Yo no veo otra posibilidad.

—Las encuestas no son claras. Cuando a la gente le duele el bolsillo, no le para mucha bola a las explicaciones.

—Pero hay que insistir. Hay que darle con todo.

—Podemos decir que aparecieron unos documentos desclasificados, algo que suene serio, donde se prueba que la crisis económica sí es en verdad una conspiración.

—Eso no está mal. Podemos poner a Eva en eso.

—No, coño. ¡A ella no se le entiende nada! Cada vez que la oigo, me confundo, creo que es una propaganda de Open English.

—¡Por eso mismo nos conviene! Suena a gringo. Suena a que ella sabe de eso, a que se mete en los archivos del FBI, pues.

Todos asintieron, el flaco tecleó rápido en su computadora portátil.

—¿Qué más? –preguntó después de dar el último dedazo.

Otra pausa larga. Alguno miró su reloj.

—Pues… no sé. Lo de siempre, ¿no? Hay que seguir con las cadenas.

Los cuatros suspiraron hondamente, al unísono. Se miraron desolados.

—La inflación ya está en 45% –dijo el calvo y los miró a todos alternativamente–. ¿Qué quieren? ¿Que salgamos a decir que pusimos la cagada? Vaya, aquí todo está muy claro: o nos compran lo de la guerra o se acabó la fiesta, ¿entienden?

 

-II-

Esto es publicidad. Ya llegó la mejor oferta para estas Navidades. Es un producto novedoso pero con la calidad de siempre, que ya tú conoces. No te dejes engañar. No aceptes imitaciones. Esta sí es la original, la única. Y está a precio de regalo. Llévala ahora y paga después. No dejes pasar la oportunidad. Antes del 8 de diciembre, compra tu guerra ya.

El Nacional

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El pasado jueves los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática para los municipios Chacao, Baruta, Libertador, El Hatillo y Sucre, en compañía del alcalde metropolitano, Antonio Ledezma, suscribieron el denominado “Compromiso por la Seguridad Ciudadana en Caracas”, un acuerdo que constituye una muy buena noticia para los habitantes de la capital.

 

La creación de una mancomunidad entre los 5 municipios que existen en el área metropolitana de Caracas, que venga a facilitar la coordinación de las estrategias y acciones destinadas a combatir el delito en todo el territorio de la ciudad, es una necesidad imperiosa, ya que los delincuentes que actúan en la capital no respetan fronteras al momento de ejecutar sus crímenes.

 

Un aspecto fundamental de este compromiso, es la unificación de las plataformas tecnológicas de todos los centros de atención de emergencias (171) de los municipios del AMC, lo cual permitirá establecer un sistema de comunicación entrelazado y permanente entre las distintas policías municipales de la capital. Con esto, por ejemplo, existirá una mejor coordinación al momento de presentarse una persecución policial en caliente, durante la cual los delincuentes pasen de un municipio a otro tratando de evitar ser capturados.

 

Se establece igualmente la creación del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana, ente que estará destinado al estudio del fenómeno criminal en Caracas y al diseño de las políticas públicas que los municipios del AMC deban aplicar conjuntamente en la materia. Asimismo, se pondrá en marcha un sistema que permita almacenar en una misma base de datos, los registros de todas las personas que sean detenidas por las policías municipales del AMC.

 

En el acuerdo se ratifica también el compromiso de los candidatos por la defensa de las policías municipales del AMC ante las pretensiones centralistas del gobierno nacional. Los alcaldes de la MUD encabezarán la lucha contra el crimen en la capital, y al mismo tiempo le exigirán al gobierno nacional que cumpla con las funciones que le competen en materia de seguridad ciudadana.

 

La inversión en tecnología para combatir el delito, es otro punto clave del acuerdo. Todos los candidatos están comprometidos con la instalación de cámaras de video-vigilancia (acompañadas de la respectiva sala de monitoreo de imágenes), “botones de panico”, sistemas de GPS en las patrullas y modernos equipos de comunicación policial, entre otros elementos.

 

En general, el compromiso contempla decenas de medidas destinadas a garantizar la seguridad de los caraqueños, las cuales se agrupan en 5 ejes estratégicos: fortalecimiento de las policías municipales del AMC; aplicación de la tecnología; prevención del delito y desarme de los delincuentes; participación ciudadana y la creación de la mancomunidad policial. Un requisito esencial para que este acuerdo pueda llevarse a cabo, es que la Mesa de la Unidad Democrática logre alcanzar la victoria en el municipio Libertador, ya que en el oeste de la ciudad es donde se concentra con mayor fuerza la actividad delictiva.

 

Con una tasa aproximada de 122 homicidios por cada 100.000 habitantes, nuestra capital es hoy la tercera ciudad más violenta del mundo. El “Compromiso por la Seguridad Ciudadana en Caracas”, puede contribuir de forma importante a paliar esta situación. El próximo 8 de diciembre, a través del voto, los caraqueños podrán hacer que este acuerdo se haga realidad.

Sendai Zea Nov 01, 2013 | Actualizado hace 6 años

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Bachelet, quien fue presidenta de 2006 a 2010, es la favorita en todos los sondeos para ganar las presidenciales del 17 de noviembre.

La hora de la oposición puede estar llegando a América Latina, después de varios años en los que la mayoría de los partidos en el Gobierno ha ganado elección tras elección y la alternancia en el poder ha estado de capa caída. Los candidatos opositores tienen posibilidades reales de ganar en varias de las convocatorias electorales de los próximos meses. Después del castigo en las urnas que los argentinos le dieron al kirchnerismo en las pasadas elecciones legislativas, el 27 de octubre, en Chile la opositora Michele Bachelet tiene todas las bazas para recuperar el poder para las fuerzas de centro-izquierda.

La exdirectora de ONU Mujeres se presenta al frente de una coalición que se nutre de las fuerzas de la Concertación, la alianza que desde la vuelta a la democracia en 1990 ha ganado todas las elecciones en Chile, salvo las de 2010, en las que el hoy presidente, el conservador Sebastián Piñera, obtuvo la victoria.

El 24 de noviembre los hondureños elegirán a su próximo presidente, además de otros cargos legislativos y municipales, pero los sondeos no aclaran aún si se dará una alternancia en el poder.

El candidato Juan Orlando Hernández, del gobernante Partido Nacional, y Xiomara Castro, esposa de Manuel Zelaya, derrocado de la Presidencia hondureña en 2009, y candidata del opositor Libertad y Refundación (Libre), están empatados en intención de voto, de acuerdo con cinco sondeos publicados el 24 de octubre.

La siguiente cita electoral en América Latina es el 8 de diciembre, cuando tendrán lugar las municipales en Venezuela, un país donde desde 1999 el chavismo está en el Gobierno.

La oposición tiene puestas en esos comicios todas sus esperanzas de ganar poder, después de las cuestionadas presidenciales de abril de este año, en las que Nicolás Maduro ganó por un estrecho margen (1,49 puntos o 200.000 votos) al opositor Henrique Capriles.

El 2 de febrero de 2014 les tocara el turno de elegir presidente a los costarricenses y salvadoreños.

En El Salvador Norman Quijano, de la opositora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), y Salvador Sánchez Cerén, del gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), están, como ocurre en Honduras, en un empate técnico, con alrededor de un 30 % de intención de voto cada uno.

En Costa Rica los opositores no están de enhorabuena. El favorito indiscutible es el candidato del gobernante Partido Liberación Nacional (PLN), Johnny Araya.

El PLN lleva dos presidentes seguidos: Óscar Arias (2006-2010) y Laura Chinchilla (2010-2014).

En la mayoría de los países latinoamericanos el actual presidente es de un partido que lleva varios mandatos consecutivos en el poder.

Es el caso de Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Nicaragua, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Los presidentes de Chile, Panamá, El Salvador, Perú, México, Honduras y Guatemala, por el contrario, ganaron las elecciones presidenciales como candidatos de la oposición.

El caso de Colombia, donde habrá elecciones legislativas en marzo y presidenciales en mayo de 2014, es peculiar, pues tanto el actual presidente, Juan Manuel Santos, como su antecesor, Álvaro Uribe, fueron elegidos por el Partido de la U, pero el segundo hoy en día lidera la mayor fuerza de oposición al primero.

En Argentina, no hay alternancia del poder desde que en 2001 el radical Fernando de la Rúa debió renunciar en medio de una grave crisis y el Partido Justicialista o peronista (PJ) tomó el relevo.

Incluso los opositores que han logrado arrebatar algunos distritos claves al kirchnerismo en las elecciones legislativas del pasado 27 de octubre son en su mayoría peronistas disidentes, como Sergio Massa, que ganó en la importante provincia de Buenos Aires.

En México hubo que esperar 70 años para que un presidente no fuera del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y en Paraguay 61 años para que no fuera del Partido Colorado.

Tanto el PRI como los colorados han recuperado el poder, en el primer caso tras dos gobiernos del Partido Acción Nacional, y en el segundo cuatro después del paréntesis que supuso el gobierno de Fernando Lugo.

El paréntesis del hoy gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, que llegó al poder por una revolución en 1979, va de 1990 a 2007. El resto estuvo siempre en el poder.

Los casos de Bolivia y Ecuador son similares, con dos presidentes, Evo Morales y Rafael Correa, surgidos de movimientos ciudadanos de protesta, que han promovido cambios constitucionales y llevan desde 2006 en el cargo. / Ana Mengotti

EFE / YU

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Al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se le puede acusar de muchas cosas, menos de traicionar el curso de navegación que dejó trazado el fallecido comandante Hugo Chávez Frías. En los seis meses que Maduro completa como timonel, lo está tratando de cumplir, aunque por esa ruta termine dirigiendo a Venezuela hacia un salto al vacío.

Justo hace un año, el 20 de octubre de 2012, Chávez reunió a toda su tripulación, y le dio instrucciones para consolidar el socialismo bolivariano del siglo XXI. En ese Consejo de Ministros, bautizado ‘golpe de timón’, ninguno se atrevió a sugerir una vía alternativa, porque la autoridad del comandante era incuestionable.

Pero ahora que ya no está Chávez, Venezuela es un barco a la deriva porque su actual capitán no solo no ha logrado agarrar el timón, disputado por otros oficiales y maquinistas, sino que se la pasa tratando de equilibrar las cargas para mantenerse a flote, en medio de una tormenta económica que no ha amainado y que pone en riesgo, no solo su mandato, sino la continuidad de la revolución. Hoy muchos en Venezuela no se preguntan si Maduro terminará su periodo, sino cuánto aguantará.
Donde mandaba capitán no manda marinero
Thais siempre votó por Chávez, pero se arrepintió de haberlo hecho por Maduro solo dos meses después de las elecciones. “Perdí el voto”, dijo esta obrera y madre soltera con tres hijos, beneficiaria de uno de los tantos subsidios del gobierno. Como ella, otros chavistas, aunque es imposible saber a ciencia cierta cuántos, están desencantados del presidente, que para muchos es colombiano porque no ha hecho nada para despejar las dudas sobre su partida de nacimiento.
“No se ve aún un desarrollo de su personalidad pública”, dice el analista John Magdaleno. Maduro intenta ser popular ante una base plural y compleja, integrada tanto por radicales como moderados, nacionalistas y procubanos, intelectuales y proletarios.
Por eso es errático, a veces colérico, extremista e incendiario, y luego conciliador, moderado y hasta  cariñoso. Y no es claro si, por ignorancia o por tratar de ser chistoso, ha abusado de los lapsus línguae al referirse a “millones y millonas” de seguidores, a quienes entregaría “libros y libras” porque había que multiplicar el arte, como Cristo multiplicó “los penes” en vez de los panes.
Para sus opositores, Maduro, o Maburro, es un presidente “bruto”, lo que él ha aprovechado para empezar a construir su personaje de “presidente obrero-víctima”, de origen humilde que a pesar de no estar preparado para gobernar, hace lo que puede para salvar la revolución.
Esto genera simpatía entre muchos chavistas como Mindy, una funcionaria que asistió en Caracas a la marcha del año de la última victoria de Chávez. “A Maduro hay que apoyarlo”, dijo, porque desde su primer día como presidente, ha sido perseguido.
Cuando no es la oposición, especialmente Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado, son los intereses capitalistas, confabulados con el imperio norteamericano y el uribismo colombiano los que quieren derrocarlo. Maduro ha utilizado las teorías conspirativas y ha denunciado innumerables planes en su contra.
La captura de dos supuestos sicarios colombianos, y la expulsión de tres diplomáticos estadounidenses que se reunieron con sindicalistas, han sido las ‘evidencias’ que ha presentado para probar que su gobierno está en peligro. Pero muchos las han percibido como cortinas de humo.
Calificado con frecuencia de paranoico, inseguro y débil, Maduro aparece siempre acompañado por su mujer, Cilia Flores, que le pesa como una sombra, así no tenga un papel muy activo en público.
Tampoco le ayuda el gobierno colegiado que lo rodea, en el que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el canciller, Elías Jaua, el vicepresidente, Jorge Arreaza, o el presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, por mencionar solo algunos, son voceros y protagonistas de tantos actos de gobierno como él. Las declaraciones de los miembros del politburo chavista son incluso contradictorias y así no se sabe realmente quién decide. Nada que ver con las épocas de Chávez, cuando el único vocero posible de la revolución era el comandante.
Por otro lado, ese gobierno de ‘compañeros’ ha ayudado a diluir la responsabilidad y eso puede explicar, en parte, cómo en la mayoría de las encuestas Maduro tiene una percepción favorable entre el 45 y el 50 por ciento, a pesar de que  casi el 70 por ciento de los encuestados señala al gobierno como el culpable de los problemas, principalmente la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación y el desempleo. La mayoría cree que, en el corto y mediano plazos, el capitán de ese barco escorado que se llama Venezuela tampoco podrá solucionarlos.
¿Máquinas a todo vapor?
Durante esa reunión de ‘golpe de timón’, Chávez advirtió a sus ministros que una de las mayores quejas del pueblo era la falta de eficiencia. Justamente, una de las consignas de Maduro es “Eficiencia o nada”.  Sus opositores no tardaron en decir que su legado sería la nada.
Para salir al paso de sus críticos, Maduro empezó una gira nacional en lo que ha llamado “gobierno de calle”. Fue a cada estado e hizo tantas promesas de proyectos y planes como pudo y dijo que le “estaba echando un camión” de ganas. La oposición reviró con que le estaba echando “un camión de m…” al país.
Seis meses después, está comenzando la segunda fase del gobierno de calle que consiste en las 3 I: inicio de lo prometido, inauguración de lo construido e inspección de lo que ya existe. Todo esto se transmite por televisión, con frecuencia en cadena nacional, en donde se ve a Maduro en un encuentro con una comunidad, en una planta industrial, en un hospital, tal como lo hacía Chávez, experto en montar shows de una gestión ineficiente, como él mismo lo reconoció antes de morir.
Cuando no está en acciones de calle, Maduro está viajando, ha visitado 18 países desde que fue elegido, o está presidiendo encuentros, conmemoraciones, juramentaciones, y homenajes, a Salvador Allende, al pueblo de Siria, a la Revolución cubana, a los chinos, a deportistas, a cultores y folcloristas.
Y así, transmite la sensación de que gobernar es una permanente puesta en escena para defender valores ideológicos y conceptos como la patria. “No hay una agenda concordante entre lo que hace el gobierno y las expectativas de la gente”, dice el politólogo venezolano José Vicente Carrasquero.
Las expectativas de una mejor calidad de vida se han ido apagando con la permanente crisis eléctrica. A principios de septiembre, se quedó sin luz el 70 por ciento del país, incluida la capital. Muchos caraqueños entraron en pánico, abandonaron sus oficinas, salieron como hormigas del metro, buscaron transporte o caminaron hasta sus casas. La sensación de zozobra de que algo podía pasar reinaba en el ambiente caldeado, porque no pasa un día en que los oficialistas y los opositores no se acusan mutuamente por la situación del país.
Además de los apagones, los venezolanos se ven afectados por cortes de agua y fallas en las comunicaciones. Las colas de horas en los bancos y oficinas para cualquier trámite son tan infames como las que hay que hacer para comprar leche, cuando llega a los supermercados.
Tampoco se consiguen todos los medicamentos para pacientes terminales. Con el inicio de la temporada escolar, los padres saltaron matones para comprar útiles, mientras que los estudiantes de las universidades públicas no tenían certeza de si lograrían empezar clases luego del receso, antecedido por un paro de varias semanas.
Paralizadas también han quedado carreteras por puentes que se caen por falta de mantenimiento, pero también por accidentes de tránsito causados por atracadores en las vías.
Hace un mes, el hampa mostró su peor cara, cuando en vez de socorrer al conductor de un camión cargado de carne desde Colombia, que se estrelló al entrar en la capital, saquearon la comida mientras el hombre moría aplastado en la cabina. En las noches, cuando comienza un toque de queda tácito en varias ciudades, se puede circular libremente pero con miedo  a la delincuencia organizada y a la impunidad con que actúa.
Como la inseguridad sigue siendo el principal problema, Maduro envió a los militares a patrullar las ciudades. El ministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres, afirma que se han reducido los incidentes, especialmente en Caracas, pero el Observatorio Venezolano de Violencia afirma lo contrario. “No han disminuido ninguno de los delitos que monitoreamos.
El secuestro, robo, u homicidio se mantienen”, dice su coordinador, Roberto Briceño-León quien asegura que lo que ha mejorado es la percepción de seguridad de la gente, que quizá se siente más tranquila sabiendo que hay uniformados en las calles.
Maduro también ha optado por darles más poder en áreas estratégicas (ver recuadro militar) como logística, transporte, alimentos, pero no controlan aún los principales temas económicos, que según las más recientes decisiones han quedado en manos de una línea más radical, en consonancia con lo que ordenó Chávez en su ‘golpe de timón’, cuando alabó el trabajo de Jorge Giordani, artífice del sistema estatista y controlador de la actual economía venezolana, y reiteró la necesidad de avanzar en la construcción del modelo socialista y  estructurar el esquema de gobierno comunal. (Ver recuadro económico)
El escenario de mayor confrontación política, por ahora, es el propio Parlamento, donde ya hubo una brutal golpiza, el allanamiento de la inmunidad parlamentaria a diputados y un montaje grotesco para atentar contra la intimidad personal de uno de los hombres de confianza de Capriles.
Allá se definirá en las próximas semanas si el chavismo logrará conseguir al diputado 99, que necesita para que le apruebe la Ley Habilitante que le dé poderes especiales a Maduro para defenderse de la guerra económica y perseguir a los corruptos con los organismos de control, que parecen cada vez más dependencias del Ejecutivo y no garantes de los derechos de los venezolanos.
Como señalan las encuestas, la mayoría de los venezolanos no cree el cuento oficial de que no se consiguen los productos porque  los empresarios los acaparan, pero el gobierno parece empeñado en imponer su propia realidad (ver recuadro mediático) en vez de tomar correctivos que pueden ser costosos políticamente, como una devaluación, sobre todo a menos de 40 días de elecciones locales y en vísperas de Navidad.
El mito de Chávez (ver recuadro mítico-religioso) le seguirá siendo útil a Maduro y al chavismo para no perder  el apoyo de la base chavista, pero también juega en contra de él y de la revolución. Cambiar la carta de navegación sería sublevarse ante los deseos del comandante y Maduro no tiene la legitimidad, el control, o el apoyo para dar su propio ‘golpe de timón’ y evitar que el barco vaya rumbo al abismo económico, con consecuencias impredecibles.
Lo que hace de su permanencia en el poder un drama humano es que Maduro sabe que en caso de un naufragio el capitán se debe hundir con su barco, así nunca haya podido tomar las decisiones para evitarlo.
Sin salvavidas económico
La escasez, la inflación y los apagones golpean a Venezuela. El gobierno afirma que hacen parte de una estrategia de sabotaje.
En ningún otro sector se siente tanto la tensión entre las facciones chavistas como en la economía, lo que a su vez ha incidido en que las decisiones estén paralizadas. “No hay un criterio único en materia económica y cambiaria en el gobierno”, señala el economista y director de la firma Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros.
Al principio Maduro designó vicepresidente del área a Nelson Merentes, de talante conciliador con el sector privado, quien dijo que reactivaría la economía y aligeraría el control cambiario. Pero la inflación anualizada está llegando al 50 por ciento, la escasez sigue sobre el 20 por ciento, las reservas están en los niveles más bajos y el déficit sigue en descubierto.
Si la economía logra crecer dos puntos este año, será mucho. Lo único que aumenta es la disparidad entre el dólar oficial y el paralelo (ocho veces su valor) y la deuda externa. “Estamos en manos de China”, dice José Guerra, exdirector del Banco Central de Venezuela.
Ante esta situación, Maduro dejó a Merentes en Finanzas y nombró en la Vicepresidencia al ministro de Petróleos y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez. Este es más cercano a la línea radical, que parece haberse impuesto en las últimas semanas.  Es la línea favorecida por Chávez en su ‘golpe de timón’, cuando alabó a Jorge Giordani, artífice del sistema de economía estatista, y reiteró la necesidad de estructurar el gobierno comunal.
Maduro culminó un censo de las comunas del país, las cuales ejecutarían el presupuesto local, lo que dejaría a las gobernaciones y alcaldías como cascarones inútiles. Y cuando solicitó la Ley Habilitante, expuso que era para combatir a la burguesía corrupta y a los valores capitalistas que impiden que el modelo socialista se consolide.
Pero nada de eso logrará bajar el costo de la vida ni abastecer los supermercados. Como señalan las encuestas, la mayoría de los venezolanos no cree el cuento oficial de que los productos no se consiguen porque los empresarios lo acaparan, pero el gobierno parece empeñado en imponer su versión de la realidad. Por eso evita tomar correctivos costosos políticamente, como devaluar, sobre todo a menos a 40 días de las elecciones locales y en vísperas de Navidad.
El comandante fantasma
Como si fuera el mesías de una religión, la figura de Chávez es omnipresente.
Hugo Chávez lleva más de siete meses de muerto, pero no ha desaparecido de los medios propagandísticos oficiales y Venezuela se ha convertido en una necrocracia.  La gente compra pequeñas estatuas del líder, que recuerdan las del médico José Gregorio Hernández, y su figura adquiere cada vez más una importancia mítico-religiosa.
El gobierno contribuye con lo suyo. Todas las decisiones de Maduro obedecen a las instrucciones finales de Chávez. Y los actos del gobierno, sin excepción,  homenajean al difunto, el “comandante eterno”, el “gigante” que fue “sembrado”, no sepultado, quien se multiplicó en millones que siguen el legado de su revolución, como padre de la Patria y “segundo libertador”, después de Bolívar. La consigna “Chávez vive, la lucha sigue” fue incorporada en las filas castrenses y una foto gigante con el lema de “Hasta la victoria siempre” fue instalada dentro del recinto de la Asamblea Nacional.
En uno de los episodios más impresionantes de estos seis meses, los empleados de la empresa de comunicaciones, Cantv, decidieron enviarle los dividendos al comandante en el cielo, vía un cheque gigante de cartulina que se elevó sostenido por decenas de bombas rojas en forma de corazón, mientras los funcionarios públicos aplaudían y cantaban en coro “así, así, así es que se gobierna”.
  Esta semana, Maduro anunció la creación del nuevo Viceministerio para la Suprema Felicidad Social.
Chávez canta desde el más allá en los medios gubernamentales, incluso la versión oficial del himno nacional. Su firma está en muchos edificios del gobierno y su mirada estará presente en el tarjetón del partido PSUV en las elecciones de alcaldes del 8 de diciembre. La fecha escogida conmemora un año de su última alocución como presidente, justo cuando designó como sucesor a Maduro.
Capriles y la oposición han llamado a que estas elecciones locales sean un plebiscito contra Maduro. El presidente respondió declarando el 8 de diciembre el día del Amor y Lealtad a Hugo Chávez. El voto chavista quedó convertido así en una muestra de afecto al difunto. El régimen de ese modo manipula los sentimientos de la gente para consolidar el  mito de la gesta invencible de un hombre inmortal.
Buque de guerra
Maduro les ha dado un poder casi ilimitado a los militares.
Los militares ya no solo están en las calles, sino en todas partes. Es paradójico que Maduro, siendo civil, les haya entregado más poder que Chávez, que venía de los cuarteles. Pero puede explicarse como una forma de mantener de su lado a un estamento con apetito de poder y capacidad de desestabilizar al gobierno, como señala la analista militar Rocío Sanmiguel.
La solución de Maduro ante la crisis eléctrica, la hospitalaria y la de las empresas básicas de Guayana ha sido dejarla en manos de militares. Conformó Estados Mayores asesores en los ministerios más importantes, varios de ellos ya en cabeza de uniformados.
Anunció también un banco para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), un canal de televisión y una empresa de carga y logística para ellos. Reactivó las zonas de Defensa Integral, creó un Órgano Superior de la Economía en donde tienen asiento los generales, les aumentó el salario a todas las Fuerzas, prometió repotenciar equipos y armamento y, para completar, creó el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa).
El Cesppa es un organismo de inteligencia y censura, al estilo de los que instauraron las dictaduras latinoamericanas tan criticadas por el chavismo y por Maduro, quien ha sido objeto de un “golpe frío” como advirtió hace poco el director del diario Tal Cual, Teodoro Petkoff, en un editorial: “El presidente está literalmente en manos del Cesppa, y con él, todos nosotros, los venezolanos”.
Por la forma como Maduro les ha ido cediendo terreno, no parecería tener sentido, por ahora, que los militares le den un golpe de Estado, aunque algunos columnistas hayan denunciado ruido de sables. Lo que no es claro es si el presidente está cogobernando con ellos o si ya ni lo están tomando en cuenta para ciertas decisiones, como la de volver a patrullar la zona marítima en reclamación con Guyana y la interceptación de un barco guyanés, que provocó un impasse diplomático en los últimos días.
Pensar que la crisis no entra en los cuarteles, por más prebendas que Maduro les entregue, es absurdo. Como señala el exministro de Defensa y excanciller el general Fernando Ochoa Antich, “durante el siglo XX, en Venezuela las grandes crisis históricas se han resuelto con intervención militar, como una alternativa a la violencia política”.
¿Cuál tormenta?
El control de la información y el peso de los medios oficiales es cada vez mayor.
Si el ciclón no aparece en los medios, no existe. Esa parece ser la teoría del chavismo para enfrentar los problemas del país, por lo que es indispensable controlar cada vez más la información.  Chávez también había encomendado esa misión hace un año cuando insistió en fortalecer el sistema de medios estatales, para ‘convencer’ en vez de ‘imponer’ la revolución. Esta semana la Asamblea Nacional, de mayoría chavista, aprobó recursos adicionales para fortalecer el sistema de medios públicos, que más que informar hacen propaganda y mercadeo político del gobierno y satanizan a la oposición.
El gobierno sigue sancionando a los medios privados con multas y procesos judiciales cuando publican contenidos críticos o sensibles. Hace dos semanas Maduro ordenó a la fiscal general, Luisa Ortega, investigar al diario 2001 por un artículo sobre problemas de abastecimiento de gasolina, que recogía testimonios de ciudadanos y fotos sobre la situación en algunas estaciones. En especial el titular ‘La gasolina la echan con gotero’ provocó la rabia de Maduro, quien acusó a los medios de ‘libertinaje’ de expresión.
En estos seis meses también han ocurrido varios cambios en la composición accionaria de los medios privados e independientes. El canal Globovisión moderó su línea editorial antigobierno con la llegada de nuevos dueños y hay expectativas de lo que suceda con el diario Últimas Noticias, el de mayor circulación nacional, cuyo traspaso a un grupo empresarial más cercano a algunas figuras del oficialismo pareciera que se concretó esta semana.
No solo la censura limita la acción de los medios. La arbitrariedad con que el gobierno permite el acceso a divisas para comprar papel, según el director del diario El Nacional, Miguel Henrique Otero, está afectando la libertad y la pluralidad informativa. Un informe presentado esta semana a la asamblea general de la Sociedad Interamericana de Prensa, da cuenta de un panorama preocupante, pues 40 diarios están afectados por falta de papel y cinco desaparecieron desde agosto.