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El frente amplio, por Laureano Márquez

FOTO: @AcuarelaAriana

 

 

El Aula Magna es el corazón de nuestra primera casa de estudios. Allí, nuestras alegrías y tristezas se han dado cita a lo largo de la historia contemporánea del país. Es un espacio de la democracia y de la libertad, un lugar para la reflexión en todas sus formas. Por ello, su cielo está coronado por las nubes de Calder, porque nuestros pensamientos han de tener altura, nuestros ideales elevación. Un Pastor de Nubes se encuentra uno al salir del recinto, para que quien egresa no olvide -como dice el profesor José Rafael Herrera-  que de allí se sale para ejercer el arduo, duro, pero infinitamente noble, oficio de pensar.

En este “abierto cabildo donde el pueblo redime su voz” como canta nuestro himno universitario, se han reunido esta semana amplios sectores de la vida nacional, en un frente que renueva nuestra esperanza en la Venezuela que merecemos y que vendrá, cuando los veinte bárbaros que se han cogido el país a punta de látigo y machete, para usar la imagen de Miguel Otero Silva, sean desplazados civilmente por  el hombre justo que añoraba Vargas cuando esta república nacía  con el anhelo de la libertad. Creo que de eso se trata el frente amplio y debemos saludarlo con la mejor disposición. En él están importantes sectores de la vida nacional: la academia, las iglesias, estudiantes, empresarios, gremios, sectores venidos del chavismo que entienden  que la hora del cambio ha llegado.

No han faltado las descalificaciones de los guerreros de los 280 caracteres. Ojalá hubiese una fórmula matemática, como muchos ansían, para salir de esta locura. La realidad es que no hay un camino, que tenemos que construirlo en conjunto. La experiencia histórica muestra que cuando vastos sectores de la sociedad venezolana logran ponerse de acuerdo -sacrificando ambiciones en pro del destino común- las tiranía cesa. Tal fue el final de la dictadura perezjimenista.

Sobre estos misteriosos tiempos de desacuerdos globales, me llegó este texto que comparto con ustedes:

Ha nevado toda la noche. He aquí mi mañana:

08:00: hago un muñeco de nieve.

08:10: una feminista pasa y me pregunta por qué no hago también una muñeca de nieve.

08:15: entonces hago también una muñeca de nieve.

08:17: la canguro de los vecinos protesta porque le parece que el busto de la muñeca es demasiado voluptuoso.

08:20: la pareja gay del barrio se queja por qué, según ellos, debí haber hecho dos muñecos de nieve

08:25: los vegetarianos del No. 12 se quejan por la zanahoria que hace la nariz del muñeco: las verduras son comida y no deberían usarse para eso.

08:28: me tratan de racista porque la pareja es blanca.

08:31: los musulmanes de la acera de enfrente quieren que le ponga un pañuelo sobre la cabeza a la muñeca.

08:40: alguien llama a la policía, que envía una patrulla a ver qué pasa.

08:42: me dicen que debo quitar el palo de escoba que sostiene el muñeco, pues podría usarse como arma mortal.

08:45: me preguntan si sé la diferencia entre un muñeco de nieve y una muñeca de nieve, cuando respondo me acusan de “sexista”.

08:52: mi celular es requisado y me llevan detenido.

09:00: hablaba en el telediario, por lo que sospechan que soy un terrorista que aprovecha el mal tiempo para provocar desórdenes públicos.

09:10: me preguntan si tengo cómplices.

09:29: un grupo yijadista desconocido reivindica la acción.

Esto, que alude al clima espiritual que hoy vive la vieja Europa, vale también para esta absoluta inconformidad con todo, que padece la oposición venezolana.

Un poquito de eso que los abuelos llamaban sindéresis es lo que nos falta y para alcanzarla debemos aceptar la invitación del pastor (de nubes), empinarnos por encima de nuestras apetencias y pensar.

@laureanomar

El momento “Amor, tómame una foto”, por Reuben Morales

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No es solo a mí. Le he preguntado a varios maridos y todos padecemos lo mismo: a nuestras esposas no les gustan las fotos que les tomamos. Pudieran ser tomadas con un “iPhone 23” y, sin embargo, no llenarían sus estándares de calidad. Es una rara condición que compartimos todos los esposos del mundo. Es como si al momento de contraer matrimonio y decir “acepto”, se nos atrofiase la zona del cerebro apta para tomar fotos.

Esto siempre sucede de la misma manera. Uno, esposo, puede estar en la situación más relajada de la vida. Digamos que en un monasterio del Tíbet, repitiendo mantras para alcanzar la paz interior absoluta (o acostado en la playa con un trago en la mano), cuando de repente llega a nuestros oídos la siguiente frase: “Amor, tómame una foto”. De inmediato se nos tensa el cuerpo, nos invade el pavor, nos recorre un escalofrío, comenzamos a sudar frío y en nuestra mente solo aparece una frase: “La voy a cagar”. A pesar de eso, uno afronta el chaparrón con dignidad.

Entonces ella empieza: “Mira, yo me voy a poner aquí y tú me tomas varias fotos, rapidito”. ¡Concha de mango! ¡Cuantos más diminutivos use ella al final de la frase, más meticulosas deben ser las fotos! Si no, podría haber divorcio. Sin embargo uno toma el celular, va y se para frente a ella, esperando verla sonreír, pero de repente escucha:

  • ¿Las tomaste?
  • No, amor, estaba esperando que sonrieras.
  • ¡Pero dale! … Empieza a tomarlas, que estoy posando.

En ese momento sale a relucir lo que significa la palabra “foto” para un hombre y para una mujer. Para un hombre, una foto es “un recuerdo capturado por el lente del celular para ser llevado por siempre”. Para una mujer, en cambio, la palabra “foto” se define así: “Soy una modelo de Victoria’s Secret con miles de seguidores en las redes y en este momento estoy en una sesión de fotos para la edición de trajes de baño de la revista “Sports Illustrated” (la cual me está pagando un millón de dólares). Mi misión es arruinarle la autoestima a todos mis seguidores, mostrándoles la buena vida que me doy”.

Termina uno de tomar las fotos y ella dice “Para ver”. En ese momento uno entrega el celular temblando (como si le fuera a dar un pedazo de carne a un tigre hambriento). Ella lo agarra, ansiosa, ve y de inmediato suelta: “¡Amoooor, me cortaste la punta de la uña del dedo anular del pie derecho! ¡Y mira el aire que dejaste arriba!… ¡NO!… ¡Y en ésta salió mi perfil malo!… ¡Cónchale!… ¿Qué te cuesta? ¡Usa el sentido común!”. Claro, solo que el sentido común femenino llevamos siglos investigándolo y al respecto solo hemos llegado a un común sentido de la ignorancia.

Tenga paciencia. Éste episodio se repetirá varias veces hasta que ella, cansada, nos sacuda de allí y escoja la foto “menos fea” que le tomamos. Lo que comenzó como una minisesión para exponer sus bellezas, termina convirtiéndola en un ogro mata fotógrafos.

Amigo soltero, esto será así cuando se case. No puede hacer nada al respecto. En mi caso particular, llevo como 4 años de relación y en todo este tiempo mi esposa solo me ha felicitado una vez por una foto que le tomé (y creo que me estaba trabajando psicológicamente para comprarle un vestido). Definitivamente una buena foto es como el orgasmo femenino: solo pocos lo han presenciado.

Por eso, amigo, cuando usted conozca a esa mujer especial (ésa que le inspira a formar una familia por el resto de la vida), pídale el celular prestado, tómele una foto y de inmediato le regresa el celular. Si al ver la imagen ella dice “¡Ay no, salí fea!”. Cásese, amigo. ¡Usted ha encontrado la suya!

 

@reubenmorales

Cómo escapar de un fanático religioso, por Reuben Morales

FanáticosReligiosos

 

Para huir de ellos, primero es necesario reconocerlos. Comencemos con las fanáticas religiosas. Si se las encuentra, no caiga en tentaciones. Visten faldas cuyo largo llega hasta la mitad de la canilla (mostrando carnita, pero no tanto, pues es pecado). En los pies, calzan tacones tres cuartos o sandalias planas y en el tronco llevan una blusa con bombachas en los hombros. Si una de éstas se le acerca, mirándole a los ojos y con una sonrisita, no se haga la idea de que usted está bueno. Usted solo está a punto de ser la próxima víctima.

En cuanto a los fanáticos religiosos, la cosa cambia. Estos siempre van enflusados, pero con un traje viejo y curtido (y cuando está limpio, parecen haberlo metido a la lavadora). La corbata es de una combinación de colores pavosísimos, como marrón con terracota. En cuanto a las mangas de este saco, siempre encontrará un parche en uno de los codos y además no notará ninguna camisa sobresaliendo por los puños. Eso es porque fanático religioso que se respeta, viste camisa de botones manga corta. En cuanto a sus mocasines, estos están sin pulir y gastados como si los hubiese usado para correr un 10K. Además, dichos personajes llevan de accesorio un portafolio viejo de cuero y un paragua y una Biblia bajo del sobaco (dándole al sagrado texto el olor de la época en que fue escrito).

Otros fanáticos más evidentes son los predicadores de calle. Cuando vi uno por primera vez, pensé: “¿Por qué este señor me regaña? ¿Qué le hice? ¿Y por qué me grita si estoy frente a él? ¿Estará bien? ¿Llamo a una ambulancia?”. Luego alguien me explicó que él buscaba darme la palabra de Dios. Entonces pensé: “¿Será Dios como Hitler?”.

Lo otro característico de los predicadores es su energía al hablar. Cuando predican se ponen rojos y sudan. La cantidad de calorías quemadas en cada prédica debe ser suficiente como para ir a un gimnasio y fundar “La Predicaterapia”. Es más, emanan tanta energía, que si en plena prédica les pegamos cables en las tetillas, podríamos recoger suficientes kilovatios como para dos municipios.

Como ahora ya sabemos identificarlos, veamos cómo huir de los fanáticos religiosos. Empecemos con lo más importante: ¡no haga contacto visual con ellos! Son como los buhoneros. Si los ves a los ojos, te fregaste. Hurtarán cinco minutos de tu vida (si bien uno de los diez mandamientos es “no hurtarás”).

Pero eso aplica solo a los fanáticos religiosos novatos. Los realmente expertos te acorralan en sitios de donde no puedes escapar. Ejemplo de ello son los “toca timbres” dominicales. Ellos me recuerdan una visita que hice a unos familiares en El Tigrito, Estado Anzoátegui. Nos encontrábamos en pleno desayuno, cuando de golpe todos se lanzan al piso, como si hubiese un tiroteo. Exaltado, les pregunté qué pasaba. Ellos me susurraron: “¡Acuéstate y cállate, que están en la puerta y nos pueden ver!”. Nos salvamos de chiripa.

Los otros fanáticos religiosos expertos son los taxistas que llevan música religiosa en el carro. Uno se monta y pareciera escuchar Franco de Vita, pero cuando el carro arranca, uno detalla que la canción en realidad menciona a Dios en cada estrofa. ¡Ya no hay escape! Ante eso, hágase el dormido. Si no, finja una llamada por el celular diciendo lo siguiente: “Ajá… ¿entonces cuál número me juego?… ¿El 666?… ok… ¿Y a cuál caballo le meto?… ¿Al Damián?… ¡Fuego!… Ese caballo es un demonio… No… aquí está haciendo burda de calor… parece un infierno… Sí, por favor… que me prepare arepa con Diablitos… Chao”. El chofer ni le hablará.

De todo esto, puedo garantizarle algo: los métodos aquí expuestos tienen un 99% de efectividad. El 1% restante es para gente que cayó seducida por algún fanático religioso y ahora utiliza jerga bíblica todo el tiempo. Ojalá haya podido ayudarles. Alabado sea el Señor. Que Jesús nos cubra con su manto sagrado misericordioso. Amén.

@reubenmorales

¿Cuánto tardan dos señoras en despedirse?, por Reuben Morales

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De todas las definiciones existentes de la palabra “infinito”, la más exacta es la de dos señoras despidiéndose. Con solo escuchar la frase “Bueno, nos vamos”, una señora inmediatamente activa la carpeta de “asuntos realmente importantes” en su cerebro. Acto seguido busca a su amiga de la reunión, le brillan los ojos de alegría y comienza a hablar de los mejores temas jamás tocados durante las tres horas que llevaba visitando. Es algo como…

 

  • Bueno, amiga, nos vamos.
  • ¡Qué bueno que vinieron!
  • No, vale. Al contrario. Tú sabes que nos encanta venir. Ricardito siempre nos dice lo mucho que le gusta venir.
  • Ay, Ricardito puede venir las veces que quiera. A mí me encanta verlo comer duraznos. ¡Se los come con un gusto!
  • Igual es en la casa. El otro día compré un kilo y se lo comió de una sentada.
  • Así era Bernardo. Bernardo no podía ver un kilo de duraznos porque se los devoraba.
  • Sí… bueno, entonces quedamos en que te llamo mañana. Me saludas a Carmen.
  • Sí, pero llámame porque la señora está esperando que le mandemos los ingredientes de la torta. Que hasta que no se los mandemos, no la hace.
  • ¡Claro! ¡Yo haría lo mismo! ¿Tú has visto a cómo está el kilo de harina?
  • ¿Y el cartón de huevos? Ése sube todos los días.
  • Bueno, pero no hablemos de eso porque ya te vas y no quiero que te vayas con mal sabor de boca. Dale que se va a hacer tarde.
  • ¡Ay, verdad! Las despedidas no pueden ser tristes. Suficiente ya tengo con las despedidas de la familia, que está regada por todo el mundo.
  • Ni me lo digas a mí, que mi sobrina se fue el martes a vivir a Guyana Francesa.
  • ¡¿A Guyana?! Yo pensé que ese país ni existía.
  • No, si te cuento …

Y así hasta el infinito y más allá. Y no les pregunte desde cuándo no se hablan, pues le dirán: “Desde ayer”.

Una señora realmente termina de irse de un sitio es cuando se da alguna de las siguientes situaciones: su niño se da un golpe y comienza a llorar, el marido le pone una bolsa en la cabeza, la amarra y la secuestra o comienza un terremoto. De resto no crea en ningún “chao” emitido por una señora. Esos “chao” llegan a devaluarse tanto, que terminan valiendo menos de un dólar Zimbabuense.

Las señoras lectoras dirán: “Bueno, pero infinito también es el tiempo que transcurre cuando un señor dice ‘me tomo este trago y nos vamos’”. Es cierto. Lo acepto. Pero al menos uno sabe que al terminarse el trago, uno se va. Con ustedes no. Y la despedida se alarga más, cuanta más edad ostentan las señoras.

En mi caso personal, ya he ido planeando una estrategia para evitarme esta situación. En la próxima visita que atienda con mi esposa, entraré a casa de los anfitriones y, apenas nos sentemos, diré: “Amor, nos vamos”. Así hablará de todos los asuntos realmente importantes desde el principio y al irnos, ya tendrá el tanque de temas vacío (si es que eso existe).

Si algún aporte ha de dejar este artículo, es el de alertar a la ciencia sobre el buen uso que podrían dársele a dos señoras despidiéndose. Obsérvese que dos señoras despidiéndose de un carro a otro, son suficientes para trancar dos canales de la autopista en plena hora pico. Dos señoras despidiéndose en la puerta de un ascensor, son suficientes para que los vecinos lo den por dañado. En tal sentido, una escudería de Fórmula 1 podría arruinarle la carrera a su competidor más cercano colocando dos señoras despidiéndose en el pit. Estados Unidos podría retrasar el lanzamiento de un misil de Corea del Norte colocando a dos señoras despidiéndose en Pyongyang. Así mismo, usted tendría el tiempo suficiente para leer este artículo si tuviese al lado a dos señoras despidiéndose.

Bueno, ahora sí… me voy. Nos vemos en 15 días (qué cortas las despedidas de hombre, ¿no?).

@reubenmorales

Teodoro como problema, por Laureano Márquez

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FOTO: David Maris

¿Qué le sucede a este régimen con Teodoro? ¿Por qué tanto ensañamiento? ¿Por qué lo que hace y dice causa tanta urticaria al punto de que hay que demandarlo, prohibirle la salida del país y perseguirle?

Desde los tiempos en que el finado lo aludía sin nombrarlo, cuando hablaba -en general- de “cualquier director de periódico de un vespertino que comienza por “T” y termina con “L”,  de bigotes y lentes que fue varias veces candidato presidencial por un partido de izquierda, de apellido raro, aunque nacido en El Batey”, se notaba el gran problema que Teodoro constituye para este régimen. Él representa todo lo que ellos no son y saben que no pueden ser por no tener catadura moral para ello:  un hombre inteligente, culto, de convicciones, honesto, sincero y con capacidad de rectificación al punto de decir las verdades incluso  cuando la proclamación de estas  no  benefician. Teodoro tiene un historial de vida que quisieran tener y nunca tendrán. Ese es el verdadero problema de Teodoro: les recuerda lo que no son. Por ello hay que arremeter en su contra.

Lo último es declarar su “muerte civil”, decidieron matarle en vida, necesitan pasar la página. ¿Qué será lo siguiente? ¿Una decisión de la ANC declarando que Teodoro nunca existió, que fue “ficción que da a lo inaccesible una proximidad de lejanía”? Un régimen que dilapidó la fortuna más grande de la historia universal, que acabó con la vida de tantos  cuando apenas florecía, que arrastra a un pueblo a la hambruna y a la muerte, sumiendo a una nación entera en el fracaso, declara que Teodoro sufre de demencia.  Creo que tendríamos que dar gracias a Dios desde este periódico,  aunque Teo-doro es a- Teo, ¿ustedes se imaginan que lo hubiesen declarado cuerdo? ¡la suprema raya!

“¿Existen enfermedades y desórdenes nerviosos en una sociedad comunista? Evidentemente que sí. Entonces, habrá delitos que son propios de personas con mentes anormales … En relación a aquellos que se oponen al comunismo, podemos decirles claramente que el estado mental de dichas personas no es normal”.

La frase que antecede es del líder ruso Nikita Khrushchev. Representa bien la mentalidad del pensamiento comunista antidemocrático. El que se opone esta loco, es un enfermo, no es gente, no es humano. Esta convicción autoriza cualquier acción en su contra. Acabar con un gusano no es delito, no perturba la consciencia de nadie porque siempre se encuentran las razones para justificar todo lo que en contra de su insalubre presencia se haga. Hay que recluirlo, tratarlo, exterminarlo, física o civilmente.

Hay gente que por ser dueña temporal de un poder ejercido autoritariamente, se cree dueña del tiempo y del juicio de la historia, “sueña el rey que es rey y vive con este engaño mandando”. Afortunadamente la vida hace su trabajo y va colocando a cada quien en el lugar que merece: algunos como tiranos de ingrata recordación, otros como verdaderos constructores de ideas que trascienden y cambian el mundo para hacer de él un lugar mejor: son los precursores del bien.

Teodoro no necesita que lo defiendan y mucho menos yo. Su alma tiene capacidad suficiente para evadir todas las prisiones, mientras los carceleros quedan encerrados en el laberinto de su incosnistencia moral. A Teodoro lo defiende su vida, su historia. Escribo estas líneas, no por él, las escribo por mí, para decirme a mí mismo que no me quedé callado cuando era menester hablar.

En las acciones de este régimen kafkiano, la invasión de Praga se repite cada día. Ya la historia se encargara de juzgar de qué lado estuvo la demencia.

@laureanomar

Cómo se levanta un choque en Venezuela, por Reuben Morales

Choque

 

El otro día me chocaron. La única razón por la cual no terminé agarrando una rabieta, fue por la cantidad de material que me dio para este artículo. Todo sucedió así (y les juro algo: nada es inventado). Un Corolla busca cambiarse de canal, se lleva a una moto 650, la moto pierde el control y me da a mí por detrás (sí, chinazo). Desde ya les advierto. No choquen contra una moto 650. Aunque ganes el choque, lo pierdes. El carro queda destrozado. Es como chocar con una tanqueta. Ahora entiendo por qué los escoltas usan estas motos. Si se quedan sin balas, pueden tirarle la moto al agresor y listo. De hecho, el Estado Islámico podría hacer su próximo ataque terrorista nada más tirándole motos 650 a la colectividad. Y ya que toco el Islam, pobre de un carro iraní si choca contra una moto 650. Queda listo para lata de refresco.

Pero volvamos al cuento. Acontecido el choque múltiple, los tres implicados decidimos esperar a tránsito. Ese día entendí que la Real Academia Española debería publicar un diccionario Español-Motorizado/Motorizado-Español. La señora del Corolla es una alta ejecutiva. Al ver que choca con un motorizado, llama a un escolta empleado en su compañía. El susodicho llega y más que protegerla, sirve de traductor simultáneo. “Coño, papá, yo venía pasito, pero ella se me lanzó”, dice el motorizado. “Jefa, el amigo dice que venía a una velocidad prudencial y usted cruzó para cambiar al canal rápido sin ver el retrovisor”.

Como yo soy una consecuencia del choque de ellos, ambos deciden ponerme a mí como la OEA del choque. “¿Quién tiene la razón?”, me preguntan. Yo les digo: “El librito dice que los motorizados no deben ir por la división de los canales, pero en la práctica ya eso es ley natural. Esperemos a ver qué dice Tránsito”. Acto seguido llega Tránsito. Dos efectivos en una moto, sin casco, rodando por la división de los canales. Es como un CNE con rectores del PSUV… ¡ah, no!… verdad que eso no pasa.

Al oficial lo dejan botado ahí y de inmediato comienza a tomar medidas para dibujar el croquis. La verdad felicito su habilidad para el dibujo técnico. Lo trazó en un papel especialmente hecho para estos casos: la última página de su libreta de ahorros del Provincial. Es un funcionario digno de admirar. No pide abiertamente para el café. Él va más allá. Insinúa que su cuenta de ahorros es tan insignificante, que la libreta sirve para dibujar croquis de choques.

Posteriormente, el oficial nos retiene los papales a todos y nos pide ir al Módulo de La Trinidad para terminar el trámite. La señora se monta en su Corolla, el motorizado en su tanque de guerra de dos ruedas y el oficial queda ahí. ¿Quién se lo lleva? El más bolsa. El tipo se monta en mi carro, arrancamos, vamos llegando a un cruce para dirigirnos hacia La Trinidad y me dice: “¡No, no, no! Sigue hasta Las Mercedes. Déjame por El Tolón, que hay otro choque allá”. En ese momento hice lo que hace cualquier ciudadano conocedor de sus derechos. Lo llevé. Al dejarlo, le pregunto: “¿Qué hago cuando llegue al Módulo?”. “Pregunta por La Catira”, me dice. Arranco y me voy, pero sintiéndome mal. Se me olvidó dejarle mi chequera para que dibujara el otro croquis.

Pasados unos minutos, llego al Módulo, estaciono, me bajo y veo a una oficial catira falsa con las cejas tan tatuadas, que parece un muñeco de ventrílocuo. “Buenas”, me dice ella con cara seria. “Disculpe, pero me dijeron que preguntara por La Catira”. Ella sonrió con la típica cara de “ese coño ‘e madre le anda diciendo a todo el mundo el sobrenombre que me pusieron desde que me pinté el pelo”. Inmediatamente le pregunto si me puede prestar un baño y me dice: “Está allá. Ve a ver si está abierto”. Voy y está trancado. Me devuelvo, ella me ve la cara de sufrimiento y bajo el protocolo de asistencia al usuario del Instituto Nacional de Tránsito Terrestre me dice: “Bueno, ve pa’ trás, pa’l monte”. Voy al monte a orinar a la orilla de una quebrada, cuidando no resbalarme para no caerme y cuando siento, La Catira me pasa por detrás y se mete en un baño. ¿Por qué pago yo el karma ajeno de quienes tratan mal a los funcionarios?

Pasada una hora, finalmente llega el funcionario que levantó el choque. Llena todos los papeles y me llama: “¡Morales!”. Entro a la oficina y me dice: “Firma ahí y listo, pero dame mil bolos porque la copia la tuve que sacar con mi dinero”. Le entrego un billete de dos mil y le digo: “Pero dame cambio, por fa. Sabes cómo está la situación con el efectivo”. Él me responde: “Berro, chamo, ¿te vas a poner a llorar por mil bolos?”. En mi cabeza pensaba: “¿¿¿Te vas a poner a llorar tú???”. Me quedé sentado ahí con mi cara de Papa Francisco cuando le piden una opinión de Venezuela. En eso el oficial se batuquea, abre su billetera y me dice: “¡Ay, toma tu mil bolos, chamo! ¡Dale ya!”.

Al día de hoy, aún no sé quién ganó el choque entre el Corolla y la moto. Por mi parte, ahora otro funcionario quiere cobrarme cien mil bolívares por el peritaje. Me dice que es una nueva disposición oficial del Instituto. Cuando le pido la cuenta para hacer la transferencia, me da la suya (porque él después y que le pasa el balance a Tránsito). Ahora entiendo por qué es perito. Porque su libreta de ahorros no debe tener páginas disponibles para dibujar un croquis.

@reubenmorales

Ley contra el odio, por Laureano Márquez

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PREÁMBULO:

La ANC conforme a las atribuciones conferidas a sí misma por sí misma y para sí –¿por qué no?–, atendiendo al derecho que le confiere la tramparencia electoral perpetrada en nombre de la soberanía popular, decreta la siguiente ley contra el odio:

Capítulo I: del odio y sus definiciones.

Artículo 1: Se considera odio cualquier expresión de desagrado, indignación o rabia que se manifieste en contra de los redactores de la presente ley y demás líderes del proceso, sin menoscabo de la tirria que estos legítimamente puedan sentir en contra de la nación venezolana, los ciudadanos opositores, los jóvenes estudiantes y cualquier otro colectivo o colectiva, individuo o individua, antibolivarianos o antibolivarianas, analfabetos o analfabetas o cualquier otra plaga que se oponga a nosotros.

Artículo 2: Una respuesta contundente por parte de las autoridades en contra de los escuálidos, pelucones, y otra clase de insectos que manifiesten su desacuerdo en contra de las autoridades de la nación, no será tenida por odio, sino como lógica y proporcionada respuesta a éste y como derecho a la defensa en contra del terrorismo fascista.

Capitulo II: del combate al odio.

Artículo 3: Para combatir el odio reinante por culpa de unos desastados fascistas, majunches o cualquier cachorro del imperio escuálido, desde las alturas del poder promovemos una intensa campaña de amor que se pondrá en práctica por las siguientes vías:

  • Tratamiento con artefactos varios de manera continua y sistemática en la sede los cuerpos de seguridad de todo ser de odio encontrado en las calles manifestando o protestando en contra de la bondad del régimen. Este tratamiento puede que produzca algún dolor, pero se realizará atenido a principios como el amor y la solidaridad. Que cada golpe de afecto que demos lleve el sello distintivo de nuestra bondad.
  • Contención sistemática en las calles de la ciudad –con gases de los buenos y duchas frías a presión– del odio de los manifestantes desalmados, para que entiendan de una vez por todas que el único camino es el de la tolerancia, es decir: deben tolerarnos.
  • En los casos en que sea menester y como aleccionadora muestra de nuestras profundas convicciones de paz y afecto por la humanidad toda, algunas personas serán profundamente apreciadas con perdigones, disparos de advertencia al aire de los pulmones y otras formas de cariño punzo-penetrante que muestren nuestro profundo respeto por la dignidad de la persona humana.

Capitulo III: de la educación en contra del odio.

Artículo 4: Para promover el amor y la lucha en contra del odio, a los niños se les mostrará desde pequeños cadenas y discursos en los que se exprese el cariño y tolerancia que siempre se manifestó a favor de los mamarrachos opositores, incluido aquel bello discurso de “la victoria de m.”

Artículo 5: Se enseñará a los más pequeños imágenes de la actuación de los amables cuerpos policiales, en especial de la nobilísima y honestísima guardia nacional, en la multiplicidad de despliegues afectivos que ha mostrado en contra de los pérfidos malandros adolescentes, sinvergüenzas, vende patrias disociados y golpistas.

Artículo 6: Los programas nocturnos del canal del Estado serán transmitidos en horario infantil para que llegue a esas inocentes criaturas toda la carga de amor que en ellos se expresa.

Artículo 7: Les queda prohibida terminantemente toda forma de discriminación a todo ser inferior que forme parte de la oposición.

Capitulo IV: deposiciones finales

Artículo 8: Las violaciones a la presente ley serán penadas con amables expresiones de afecto expresadas en los sótanos de los cuerpos de seguridad del Estado por parte de nuestros cordiales funcionarios, para ver si los agentes promotores del odio entienden.

Artículo 9: El respeto por la diversidad es el propósito de la presente ley. Por tal razón no importa si la franela roja es manga corta o manga larga, cuello o en “V” o redondo.

Artículo 10: Todas nuestras expresiones de profundo amor, de las que hemos dado debida cuenta en los últimos meses en las calles de todo el país, serán para nosotros guía y orientación espiritual en esta campaña contra el odio.

Dado en el Palacio Federal, antiguo espacio de los desadaptados escuálidos embusteros y ahora terreno fértil de la paz y la tolerancia, con todo nuestro amor amoroso.

¡No volverán, apátridas golpistas!

¡Patria o muerte, que viene siendo lo mismo!

@laureanomar

La cagastocracia, por Laureano Márquez

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Tomás Camba es un joven venezolano que acaba de ganarse una beca para asistir a uno de los campamentos de  ciencia más importantes de la  organización  Stardom Up, en los Estados Unidos. Se fue de Venezuela a los doce años – tiene 14- y han descubierto en él  habilidades extraordinarias para la ingeniería. Tomás  tiene diseños para teléfonos que funcionan con energía eólica, entre otras ideas que han llamado la atención de la gente de ciencia por allá, donde esas cosas importan. Es de esperar que este niño haga grandes cosas en el terreno de la ingeniería. Es nuestro, lo produjimos nosotros, pero difícilmente vuelva, dado lo que se atisba  en el horizonte.

Este país nuestro tiene una increíble capacidad para producir gente talentosa en todas las áreas de la ciencia y las artes, gente que tarde o temprano debe salir del país para triunfar. Somos un semillero de inteligencia que no aprovechamos, porque inteligencia y honestidad son en estos tiempos, la principal amenaza para quienes nos gobiernan. La pregunta su hace ineludible: ¿como en un país que tiene tanta gente brillante los peores siguen en el poder? Federico Vegas habla, en un extraordinario texto escrito en el portal Prodavinci, de la  “cagastocracia”, que él deriva de “kakistocracia”, el gobierno de los peores.

Esta cagastocracia nuestra surge de dos variantes  que   aunan esfuerzos: la extraordinaria incapacidad intelectual y la repugnante condición moral. No es solo, pues, la increíble  habilidad para demoler con absoluta falta de sentido común todo lo que alguna vez funcionó en el país, en un constante  pulso entre  incapacidad y  corrupción -que vienen a ser  los únicos motores que ha encendido el régimen-, sino también el estado de bajeza moral que detentan los líderes de la cagastocracia en su proceder: no existe freno alguno para perversidades de toda naturaleza, para la crueldad y para la violación de cuanto principio ético la humanidad conoce. Estos 18 años de entrenamiento en la ruindad, rinden en estos tiempos sus más acabados frutos.

Me refugio en este joven, repito su nombre: se llama Tomás Camba. Cada vez que por causa suya nombren a Venezuela, será para bien, para que el mundo nos vea como gente inteligente. En medio de esta debacle, seguiré sintiendo que el país que fue capaz de producirlo a él, tiene esperanza y redención, que lo bueno sigue allí, esperando su momento, su oportunidad de brillar, de construir ese país que esta en nuestros sueños, de bondad, inteligencia, desarrollo, cultura y -sobre todo- libertad. Inevitable pensar, cuando se ve el talento juvenil en acción, en todos los que perdieron la vida en estos tiempos, asesinados, tambien en los torturados y encarcelados con saña cruel, por quien no tiene sensibilidad alguna para reconocer lo noble y lo bello.

Me invade la misma angustia de Vegas por la inutilidad de cuanto se escribe. La palabra y los argumentos solo son provechosos cuando queda un rastro de pensamiento en el destinatario. Razón tiene Alberto Barrera cuando señala que más que mediadores necesitamos traductores. Las palabras son cascarones vacíos. En el diccionario del poder, las palabras cambian de significado cada vez que usan, fluctúan, se devalúan también.

Cumplo otra semana con mi compromiso de escritura, ya sin rastro de humor, en espera de la próxima jugada de la cagastocracia que nos rige.

 

@laureanomar