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Nadie sabe nada, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

El domingo pasado caminaba por la desierta Buenos Aires. Había salido a buscar el desayuno para mis hijos preadolescentes que, tal vez por su edad, tienen un apetito voraz. Pero no solo por los libros (gracias a Dios), sino también por las arepas y las medialunas por igual. Igual les aclaro que la columna de esta semana no es para contarles de los hábitos alimenticios de mis hijos, sino para anunciarles que los últimos días de la prensa han llegado.

Cuando aún estaba en Venezuela, una de las cosas que más extrañaba de Buenos Aires era su pujante industria editorial. Uno podía encontrarse casi en cualquier puesto de diarios no solo los periódicos del día, sino colecciones de los que se les pueda ocurrir: desde botellas de vino, autos antiguos, juguetes y lo que fuera.

Recuerdo que cuando ayudaba a mi primo Vicenzo en su puesto de diarios, los domingos eran una fiesta. La gente llegaba a buscar su Clarín o su Página 12, daba igual; y además se quedaban a charlar con todo el que estuviese en el kiosco. Aquel lugar era mágico, pues además de comprar el diario, podías desde averiguar una dirección hasta encontrar trabajo. También debatías desde cuáles eran las mejores medidas para sacar a la Argentina hacia adelante hasta criticar la alineación de Boca, River, Racing o cualquier otro club en el último partido.

Y justo este domingo, cuando cruzaba la calle entre Corrientes y Medrano, frente a mí vi un puesto de diarios; ahí noté que hace mucho no me detenía en uno. Esta vez no había señores gesticulando airadamente defendiendo su partido político y mucho menos hinchas apasionados hablando de fútbol; solo vi al diariero sentado en su banco, apilando periódicos que nadie compró (ni va a comprar), y que obviamente serán un lastre para su ya maltrecha economía. Eso sin contar que el trabajo de periodistas, correctores, editores, prensistas, y distribuidores terminará, con suerte, en la jaula de los canarios.

¿Qué pasó? Muchos dirán bueno es que llegó el internet, la inmediatez del Twitter asesinó las noticias exclusivas… y algo de eso seguramente hay. Pero creo que pasa algo más: la gente está ¡podrida! de las noticias. Antes de la pandemia ciertamente eramos bombardeados por noticieros 24 horas, programas de opinión y magacines. Pero en el mundo covid-19 el virus letal convive con otro que también mata, pero más lentamente: la infoxicación.

¿Cómo puede matar la información? Pues porque la saturación de malas noticias trae desesperanza, depresión y daños en la salud mental. Ojo, no estoy diciendo que no se informen, pero sí que lo hagan en la justa medida. Sé que desde hace tres columnas no tiro un chiste, pero es justamente porque al estar tan expuesto a las noticias ¿quién tiene ánimos de reírse? Pero bueno, creo que me pasó como a Platón en el mito de la caverna: he visto la luz.

Por lo que he decidido entrar a Twitter una hora en la noche básicamente para ver cómo la gente se putea, y sobre todo cómo defiende banderas que no son suyas solo por moda, para que todos crean que son cool. Además, veo las noticias una hora al levantarme, y el resto del día trabajo, como, y leo, leo mucho.

La verdad quería escribir esto como una excusa para invitarlos a que aprovechen este tiempo para retomar los clásicos, disfrutar las películas y series que les gustan y, por supuesto, que escuchen pódcast, que hay de todas las temáticas y son muy buenos.

Yo les voy a recomendar uno de mis favoritos: Nadie sabe nada, un pódcast de humor que muchas veces toca temas de la opinión pública, pero desde la comedia. En víspera de una nueva cuarentena obligatoria, solo quiero pedirles que nunca olviden que “Reír es la única salida”

Y en cuanto a la pregunta de ¿Qué va a pasar en el futuro con la pandemia? Les digo que no se preocupen, porque es como el programa que les acabo de recomendar: ¡Nadie sabe nada!

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Conversaciones después de los 40, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa

Este año cumplí 40 y me di cuenta de algo. Mantener una conversa con amigos en esta etapa de la vida es muy parecido a viajar en una buseta y escuchar: “¡Una gente linda que me dé los buenos días!… ¿Buenos días?… Hoy les traigo unos ricos y suculentos caramelos…”. En pocas palabras, ya sabes cómo termina la charla.

Así pasa en las conversas a partir de esta edad. Te encuentras con un amigo al cual tienes tiempo sin ver, se ponen al día con las últimas novedades y tu amigo pasa a contarte una anécdota. La cuestión es que esa anécdota ya te la ha contado mil veces y no lo recuerda. Igual se lanza a echártela: “Como la vez que acampé en la playa y se nos apareció un platillo volador…”. Tú lo escuchas mientras piensas: “Ahí va con el cuento que me ha echado mil veces, ¿será que lo interrumpo y le digo? Mejor no, qué pena”. Y para no cortarle la nota, empiezas a actuar interesado, poniendo caras de asombro, como si jamás hubieses oído el cuento.

Termina de echar su historia y entonces te toca contar la tuya. No sabes si quizás ya se la hayas contado, aunque para mantener el disimulo, sigues adelante sin saber si tu amigo te está jugando la misma carta de fingir demencia. Entonces terminas la anécdota y, en honor a la confianza que hay entre ustedes, te sinceras y le dices: “Ya te conté esto, ¿verdad?”. Y entonces tu amigo te dice: “Es como la cuarta vez que me echas el cuento”.

De ahí en adelante, la conversa avanza como si entre los dos leyeran un menú:

– Es como el cuento de la vez que llegué al aeropuerto y se me había quedado el pasaporte.

– Ah, sí… me acuerdo. O como la vez que un primo nos invitó a comer en un hotel y puso toda la cuenta a nombre de unos huéspedes de una habitación.

– ¡Ja, ja!… ¡Sí, que tú mamá luego los castigó! O como el cuento de Queso Amarillo, ¿te acuerdas?

– ¿Cómo olvidar al ilustre Queso Amarillo?

Otra variante de lo anterior ocurre también cuando padres y tíos llegan a una reunión y comienzan a echar su repertorio de cuentos estrella: “¿No se saben el cuento del Fantasma How are you?”. En ese momento, quienes ya han escuchado el cuento mil veces aprovechan para ir al baño, buscar otra bebida o integrarse a otro grupo de la fiesta. Aunque secretamente se ven entre ellos volteando los ojos para arriba. Clave familiar ultrasecreta para indicar “Oootra vez los cuentos de mi papá”.

No obstante, hacemos una advertencia importante para todo aquel mayor de cuarenta que desee contar una anécdota de su pasado: no lo haga frente a veinteañeros. Cada una de sus “proezas” será tan valorada como un celular sin batería y además deberá terminarla diciendo: “Pero entiendan que hacer eso en mi época era todo un escándalo”.

Por ello, toda persona mayor de cuarenta debe ponerse la difícil misión de siempre vivir experiencias para así tener cuentos nuevos. Si usted es de derecha, métase en una marcha de izquierda. Si es vegetariano, vaya a comer carne. Y si es venezolano, como yo, no haga nada. Ya con emigrar o seguir en Venezuela tiene mucho para contar. Confíe en mí y ponga estos consejos en práctica. Si no, le terminará pasando como cuando uno viaja en una buseta y escucha a ese vendedor que se monta diciendo: “¡Una gente linda que me dé los buenos días!”. ¿Nunca les ha pasado?… ¿O ya usé ese ejemplo?

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José Gregorio Hernández, por Laureano Márquez P.

@laureanomar

En el libro que el padre  Francisco Javier Duplá acaba de publicar (Favores de José Gregorio Hernández), encontramos esta referencia de Francisco González Cruz en la que da cuenta de la posición que ante a la pandemia de 1918, la mal llamada «gripe española», fijaron dos médicos de gran prestigio en aquel tiempo: «Los doctores José Gregorio Hernández y Luis Razetti declaran públicamente que lo que está matando a tanta gente no es la gripe propiamente dicha sino el estado de absoluta pobreza y miseria en que viven la mayoría de los venezolanos, mal alimentados y con escasa o ningunas condiciones de higiene, muchos con padecimientos crónicos de paludismo y tuberculosis».

Dice Duplá –y con toda razón– que este mensaje «parece estar cruzando las insondables líneas del tiempo». Ciertamente, la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández se produce en medio de una pandemia que golpea de manera especial a una Venezuela que transita hoy por penurias similares a las constatadas por Hernández y Razetti en 1918: nuestra gente empobrecida, mal alimentada y abandonada a su suerte por la irresponsabilidad de quienes tendrían que protegerla.

Sin embargo, las calamidades que rigen este momento de la historia de nuestra patria no opacarán el trascendente acontecimiento de la beatificación del médico de los pobres. Por el contrario, le otorgan al hecho una significación especial, «como pedrada en ojo de boticario», podríamos decir para usar un dicho popular de origen farmacológico. Venezuela requiere como nunca recordar, frente al auge –que a veces parece no tener fin– de la maldad, la poderosa fuerza del bien.

El Dr. José Gregorio Hernández, como la inmensa mayoría de los médicos de nuestro tiempo, además de un excelente profesional de la salud y un acucioso científico, fue un extraordinario ser humano. Es la grandeza de su alma, y su profunda espiritualidad, la que lo llevó a ser exitoso en su vocación la salud de las personas. Para él, detrás del paciente estaba el ser humano, ese que seguramente está necesitando una dosis de amor y comprensión igual, o tal vez incluso mayor, que la del medicamento que se le prescribe.

José Gregorio Hernández nos da esperanza, nos hace sentir que somos un pueblo que produce gente buena.

Gente que trabaja en silencio por el bien, que se las ingenia para llevar una vida de irrevocable honestidad en medio de las turbulencias de un entorno corrupto e indolente. Por esta razón y por muchas otras, el próximo 30 de abril es un día muy especial para nosotros. Todos hemos crecido con la imagen de este santo de paltó y corbata, un santo con sombrero que, a veces, vemos con bata de médico también en nuestros hospitales, haciendo milagros cotidianos.

En esta misma semana en la cual un informe nos coloca entre los países miserables del mundo, se produce un acontecimiento que nos llena de orgullo: uno de los ciudadanos más ejemplares de nuestra historia sube a los altares. Por gente como el Dr. José Gregorio Hernández y no por otra cosa, es que Venezuela es y seguirá siendo un país rico.

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El water, por Juan E. Fernández “Juanette”

@SoyJuanette

Por allá en el año 2011 trabajé en una agencia de publicidad, y para un tipo acostumbrado a las redacciones de diarios y canales de TV, aquel nuevo empleo fue un nuevo mundo. Allí mi puntualidad y formalidad chocó con los modos de varios de mis nuevos compañeros de trabajo. Y es que en los trabajos que implican creatividad la distensión es muy importante; pero no distender por distender, sino para que aflore la inspiración y generar así maravillosas ideas. Yo en aquel momento no lo entendía. Hoy lo agradezco bastante.

Recuerdo que mi primer conflicto se vino con el horario, pues yo me ajusté siempre a un horario de entrada que era a las 8 a. m. Pero en la agencia las personas comenzaban a caer a eso de las 10 a. m. Ojo, quiero aclarar que no era por flojas, sino porque se trabajaba hasta muy tarde en la noche.

Confieso que a la semana me quería ir a la mierda, pero gracias a mi jefe Alejandro, quien era el director creativo, aguanté las papas y me quedé algún tiempo. Y justo Alejandro tenía una metodología de trabajo algo irreverente que muchas veces lo metió en problemas, pero que al final del día cumplía el objetivo: mantener unido al equipo para alcanzar las metas.

Una de las cosas que hacíamos con Alejandro, y el resto de los compañeros de la agencia, era una sesión de trabajo que se llamaba el “Water C”. Consistía en encerrarnos todos en una de las salas de reuniones y decirnos lo que no nos gustaba del equipo y de algún compañero en específico, esto podía ser incluso algo personal.

El objetivo del Water C era “sacarse toda la mier…” (no voy a escribir mierda dos veces, soy un caballero) es decir, todo eso que no nos dejaba avanzar, para luego dejar que se fuera por la cañería. Y les puedo asegurar que, después de esa confesión colectiva terapéutica, todos salíamos más unidos para afrontar los retos.

Ojalá los políticos del mundo, pero principalmente de nuestro continente, pudieran hacer esto del WC. Al menos a los dirigentes de mis dos países les vendría bárbaro encerrarse; decirse todo lo que tienen para decirse, y ya luego ponerse a trabajar para poder transitar este momento tan terrible que es la pandemia.

En el caso de Venezuela, estoy consciente de que es muy complicado, pues es un país donde se perdieron hasta las formas, y todo se desdibujó. Aunque a muchos les duela, Venezuela es un lugar donde políticamente habitan dos países dentro del mismo territorio.

Por otra parte, en la Argentina, donde nuestros políticos nunca están de acuerdo, aún tenemos leyes, separación de poderes y marco legal para hacer viable la administración de un país… Aunque pensándolo bien, hay una cosa en la que los políticos argentinos sí se ponen de acuerdo: en hacer que la gente se enfrente, en alimentar la maldita grieta. Chicos, mientras sigamos haciéndoles caso en eso, ¡el país se nos va al carajo!

Pido a Dios que nos haga un milagro y logre que los políticos de vocación aparezcan por algún lado, o que al menos los traigan los extraterrestres que, según el cronograma de eventos normales para 2021, llegan a final de año.

De última, y si no pueden traernos políticos honestos y comprometidos en solucionar los problemas de todos, entonces que los extraterrestres nos den ideas para “tirar la cadena” y que nuestros dirigentes ¡todos! (izquierda, derecha, centro, perpendiculares y hasta los paralelos) se vayan por el WC.

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Avise a todes, por Laureane Márquez P.

@laureanomar

Les avise que a partir de ahore, usaré en mis escrites un lenguaje totalmente inclusive. Sin embarge, no deje de preocuparme, que estemes llegande a unos extremes que harán que ya nunca más entendemes de que coñe estemes hablende y llegemes a un punte en que ya no nes comprendemes. Suponge que habré que crear une nueve gramátique y unes nueves regles idiomátiques. Supone une que cuande nes acostumbremes, seré muche más sencille, pere confiese que me cueste.

Por lo pronte, me parece que tendremes que llevar al lenguaje inclusive, inclusive los textes poetiques de otres tiempes. Por ejemple, el poeme de Andrés o Andreína Eloy o Eloísa Blanco o Blanca:

“Pintor nacido en mi tierra, con el pincel extranjero, pintor que sigues el rumbo de tantos pintores viejos, aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros”.

Quedaríe así, más o menes:

Pintor o pintora nacido o nacida en mi tierre, con el pincel extranjero o extranjera, pintor o pintora que sigues el rumbo o rumba de tantos y tantas pintores o pintoras viejos o viejas, aunque la Virgen o san José sean blanques, píntame angelitos y angelitas de color.

Seguramente, más de une esté pensande que estoy exagerande, pero el punte es que, una vez que emprendes une revolución o revoluciona de tal magnitud en el lenguaje, cóme decides cuande parar. Porque muches dirán que con “todes o elles”, no es suficiente y que se debe ir más allá.

Nadie más partiderie de le inclusión que ye. Pero sole dige que hay que tener cuidade, porque podemos terminar con un lenguaje muy inclusive y une realidad muy excluyente. También caer en el engañe de creer que porque hemes ajustade el lenguaje, sole con elle, le realidad he cambiade.

No cree que les académiques de le lengue tampoque estén en contre de la inclusión. No creé que sean unes mechistes redomades. Cree que busquen hacer del idioma alge útil para comunicarnos, incluse para poder construir mejor nuestres alegates en contre de la discriminación y descriminaciona. Así que por favor y por favora, tengemes une poque de sentide común.

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¡Otra vez sopa!, por Juan E. Fernández “Juanette”

@SoyJuanette

Y sí, aquí estamos otra vez como en el primer trimestre del año pasado ¡Palpitando la cuarentena!… No sé si les pasa igual, pero me siento cuando jugaba al Monopolio y llegabas a la casilla esa que te decía “Vuelve a GO”. Pero bueno, ¿qué podemos hacer? Hay que ponerle un poquito de onda.

No quiero convertir esta columna en una de autoayuda, para eso están la de Carlos Fraga y Julio Bevione; pero lo que sí me gustaría es que reflexionemos y veamos qué cosas podemos aprovechar de lo que vivimos el año pasado. Comienzo yo ¿te parece?

El año pasado aprendí que hay cosas que no puedo controlar, que debes tener una novia que viva cerca y también que si se abusa de los Live de Instagram puede ser nocivo para la salud.

Pero además de eso, también aprendí que no se puede prescindir de la cultura porque desde que el ser humano habita la tierra, siempre hemos necesitado de la música, el teatro, el cine, el humor y cualquier expresión que nos ayude a expresarnos. Al menos fue lo que yo aprendí, y muchos otros también, pero lamentablemente los gobiernos y políticos no.

Ojo, acá no estoy diciendo que ahora vayamos todos a un concierto sin cumplir los protocolos o a una fiesta porque “hay que divertirnos mientras se pueda”. Tenemos que ser inteligentes, cuidarnos y cuidar a los demás. Sin embargo, quiero aclarar que no hay que dejarse dominar por el miedo, tenemos que cumplir los protocolos y seguir entreteniendo a un mundo cada vez más presa del pánico y la desesperanza… Claro está, dependiendo del país donde vives. Por ejemplo, si en el país donde vives se acabaron las vacunas, o peor aun nunca llegaron; lo mejor es divertirte a través de Zoom.

Y acá quiero levantar una reflexión para los pibes, que en mi país se les dice “chamos”: todo bien que seas joven y quieras salir hermano, por ahí a ti te da covid y no te jode tanto, pero ¿y si contagias a tu abuelo o a tus padres? Además, no te confíes mucho, pues las nuevas cepas del virus atacan muy fuerte a los jóvenes, así que “ojo al piojo”. En conclusión, los ciudadanos lo único que podemos hacer es cuidarnos.

¿Y qué pueden hacer los gobiernos?

Ya sabemos que es importante resguardar la vida, pero ya está bueno de la retórica tipo: “De una mala situación económica nos podemos salvar, pero del virus no…”. Coincido en que debemos resguardar la vida, pero no solamente de la covid, sino también de otros males consecuencia de la pandemia como: la depresión y otros problemas de salud mental de quienes han sufrido mucho por quedarse sin trabajo, no poder pagar las deudas, en fin, por el “cochino” pero tan necesario dinero.

Sí, ya sé que algunos políticos dirán: “Mal agradecido estamos salvando vidas”, pero la realidad es que esto no es tan así, pues nadie puede quedarse en casa cuidándose, mientras sus hijos no tienen para comer, y mucho menos pueden quedarse en casa si no tienen casa. Obviamente, tampoco eso es excusa para salir sin tomar precauciones contra el contagio, pues si te contagias mientras buscabas la platita ¡tus hijos no solo no tendrán comida, sino que se quedarán sin alguien que los asista!

El llamado es entonces a establecer mecanismo que permitan a las personas mantenerse aisladas, pero también que le garanticen una manera de subsistir. Y esto se logra en equipo, es decir, el Estado y la empresa privada… y para concretar esto, sería genial si los economistas dejan de practicar tanta futurología en los medios, y se ponen a buscar una solución sostenible y sustentable para ayudar a resolverlo.

¿Estamos claros de que solo hablan de capitalismo y comunismo no? Siéntense a pensar, algún otro modelo económico debe de haber ¡Investiguen o invéntenlo!

Sé que muchos están diciendo “Juanette, ¡otra vez sopa!” y sí. Seguramente pase lo mismo que el año pasado, tal vez tengamos que encerrarnos de nuevo, ¿quién sabe? Pero el año pasado no teníamos vacunas por ejemplo… Bueno, sé que ahora tampoco tenemos, es decir ya se inventó, pero los laboratorios hicieron lo que mejor saben hacer ante una nueva enfermedad: dinero.

Ahora pongo en la palestra una idea tonta: ¿Y si los laboratorios liberan las patentes de sus vacunas y así cualquier laboratorio, estado u organización puede fabricar el antídoto para la covid?

Bueno, de tanto escribir la palabra sopa ya me dio hambre, así que nos vemos la semana que viene.

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Reuben Morales Abr 16, 2021 | Actualizado hace 3 semanas
Mi mamá me mima, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa

Ya nadie es monedita de oro, así lo quiera ser. Quise hacer la prueba de que todo ofende con la más inocente frase de nuestra infancia y terminó siendo tan ofensiva, como un sacerdote siendo imagen de una campaña de Unicef. Para demostrarles que esta aseveración ya tiene estatus de Ley Universal, miren cuántas comunidades se ofenden con las frases “Mi mamá me mima. Mi mamá me ama”:

 LAS FEMINISTAS

¡Esa frase la escribió el patriarcado! Claramente es una madre soltera abandonada por un hombre machista y mujeriego que la dejó para ir a mimar y amar a otra mamá.

 LOS MACHISTAS

¿Y por qué “Mi mamá me mima” no incluye a un hombre? ¡El hombre es quien sale a trabajar para que ella se quede mimando al niño! ¡Es una frase sexista, excluyente y no aboga por la igualdad de géneros! Exigimos que se cambie por “Mi papá me pipa. Mi papá me papa”.

 LOS LGBTIQ

¿Y si somos dos papás?

 LOS SOCIALISTAS

Esa mamá lo mima sola ya que el papá está esclavizado por un sistema cruel de producción. El humano debería crecer en un mundo donde lo mimen dos padres que no trabajan porque el gobierno les expropió las empresas.

 LOS PROLACTANCIA

¡No! La madre ama cuando da pecho. Esa frase de seguro fue instaurada secretamente por un laboratorio que produce fórmulas artificiales para hacer a los niños dependientes de los productos empaquetados y llenos de químicos. Cambiemos la frase por “Mama la mama de tu mamá”.

 LOS ANTIVACUNAS

De seguro lo está mimando porque lo acaba de vacunar, el niño se siente mal y le está dando cariños para apaciguar la fiebre. Si no quieres que tu hijo se contagie, ¡no lo mimes de cerca! ¡Quién sabe cuántos virus traes de la calle, madre irresponsable! ¡Distanciamiento social y lavado de manos! ¡Si lo quieres mimar, mándale un sticker por el celular!

 LOS INMIGRANTES

Eso es mentira. Nosotros nunca vemos a nuestros hijos porque emigrar es trabajar. ¡Dennos papeles y los mimaremos!

 LOS PSICOANALISTAS

¿Ven? ¡Esta frase es la culpable de generaciones y generaciones estancadas en un complejo de Edipo que no les deja salir del nido! Es hora de que aprendan a leer con “Mi mamá me grita. Mi mamá me reclama”.

 LAS ME TOO

¿Lo mima? ¿Por dónde lo mima? ¿Cómo lo mima? Claramente hay un acoso solapado. ¿Alguna vez te hicieron leer esas frases sin tu consentimiento? ¡Denuncia ya a tu profesor!

 LOS DOG LOVERS

¿Por qué humanizar todo? ¿Y los derechos de los cachorritos? ¡Es imperativo tener una frase para que a los cachorritos no los separen tan temprano de sus madres! Luchemos por un mundo donde digamos “Mi mamá me huele. Mi mamá me lame”.

 LOS BLANCOS

Esa madre y ese hijo no son blancos. Nuestros hijos los cría la nana.

 LOS NEGROS

Esa madre y ese hijo no son negros. Nosotros no los mimamos. Nosotros les gritamos.

 LOS CHINOS

Esa madre y ese hijo son blancos o negros. Nosotros no los mimamos, nos los comemos.

 LOS MUSULMANES

¡Esto nos excluye! ¡Claramente es la Virgen María consintiendo a Jesús! ¡Quememos el colegio!

¿Ven? Claramente ya no se puede decir nada en ningún lado sin que salte algún ofendido por ahí. Por eso, téngalo claro ya y por el resto de sus días. Ya nadie es monedita de oro. Como mucho, es monedita de goldfield.

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No se puede vivir sin humor, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Desde hace algunas semanas he experimentado el miedo de estar frente a la pantalla del computador viendo una hoja de Word totalmente en blanco. Y es que ¿cómo se puede hacer reír cuando todo lo que ves alrededor es un desastre?

La verdad es que para aquellos que usamos la cotidianidad para buscar temas y sacarle ese lado humorístico no ha sido fácil. El aislamiento, la segunda ola, y todo lo que dicen que se va a venir te consume los nervios. Sin embargo, estoy convencido de que es importante ver el vaso medio lleno ya sea de agua, de vino o del líquido de su preferencia.

A los humoristas nos toca la difícil tarea de hacer reír al que no tiene ganas, ni tiempo de hacerlo; y esa tarea se pone más cuesta arriba cuando es uno mismo el que no tiene ganas de reír… eso es bien jodido.

Pero tenemos que buscar dentro de nosotros esa chispa para pintar en el rostro del otro las ganas de vivir, las ganas de luchar.

El otro día, mientras googleaba sin sentido, tal vez buscando alguna receta mágica para lidiar con este bloqueo creativo que a veces no me deja dormir, me topé con una publicidad de una compañía de embutidos cuyo eslogan es “Que nadie nos quite la manera de disfrutar de la vida”. Y aunque parezca algo loco, luego de verlo me sentí mucho mejor.

En el primer video, titulado El CV de todos aparece el genial Fofito (sí, el de Miliki, no se hagan que no saben), dando algunas claves para sentirse mejor, en un mundo donde, minuto a minuto, se vive en crisis. Es un video que sin duda todos deberíamos ver, sobre todo si eres migrante, o si te quedaste en tu país luchándola…

Acá se los dejo:

El segundo video lleva por título Cómicos, y tiene que ver mucho con lo que inspiró la columna de esta semana. La pieza es una invitación a buscar el génesis de humor, excelente para cuando no tengas ganas de reír: 

Para despedirme quiero recordarles dos frases que es bueno ponerlas en práctica por estos días. La primera es el eslogan de la empresa de embutidos: “Que nadie nos quite la manera de disfrutar de la vida”.

Y esta última es mía, y fue una reflexión que inspiró el título de mi primer libro: “Que no te quiten las ganas de vivir, de reír, y mucho menos de hacer reír al otro… Miren que la vida no se puede vivir sin humor”.

Hasta la próxima semana.

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