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Estás tomando mucho café cuando…, por Francisco Martínez y Reuben Morales  
¿Está de acuerdo con Maduro cuando en los desfiles militares habla de soldados y soldadas? ¿O es que está tomando mucho café…?

 

@ReubenMoralesYa / @PanchoPantalla

De los dos escritores de este artículo, uno de ellos puede dividir la historia de su vida en dos períodos: el AC y el DC (o sea, el Antes del Café y el Después del Café). Esto porque vivió 33 años de su vida sin tomar café, hasta que llegó un evento determinante que le hizo engancharse a la bebida energética más antigua del planeta. No se hizo vigilante de farmacia (fue algo más exigente). No se hizo taxista de una isla en temporada alta (fue algo más exigente). Tampoco se hizo un estudiante de arquitectura que gusta entregar todo a última hora (fue algo más exigente). Se hizo papá.

Desde ese día, comenzó a beber café como maratonista agarrando botellas de agua en medio de una carrera; sintiendo claramente esos síntomas de que uno ha bebido demasiado café. Por ello, si duda de que quizás esté bebiendo demasiado café al día, no consulte a un médico. Las señales de que usted está tomando demasiado café se las tenemos aquí y son éstas:

¿Quema cien calorías diarias de solo menear una pierna para arriba y para abajo sin parar mientras está sentado?

¿Hace la cola de la gasolina y después de tres días esperando, termina diciendo que, dentro de todo, el proceso fue rápido?

¿Al final de su jornada de trabajo, limpia el escritorio quitando los papeles, las migas y las siete tazas de café vacías que allí quedaron?

¿En Venezuela paga en dólares, se olvidó del bolívar como moneda oficial y sospecha que la economía nacional se está recuperando?

¿Usted se cepilla con cepillo eléctrico, aunque no tiene cepillo eléctrico, sino que es su mano que está muy acelerada?

¿Siente que Cuba recobrará su libertad luego de la más reciente revuelta popular?

¿Para hablar por teléfono marca el número, se pone el teléfono en la oreja y, mientras hablas, le da veinte mil vueltas a la misma habitación?

¿Por primera vez en la vida acepta que la destrucción, el desastre y la quiebra de Venezuela es por culpa de su político favorito?

¿Su dieta consiste en carbohidratos, vegetales y todos los pellejitos que se ha mordido de los dedos?

¿Está de acuerdo con Maduro cuando en los desfiles militares hace alusión a los soldados y a las soldadas?

¿Es capaz de trabajar doce horas al día (solo que esas doce horas las comprime en las cuatro horas de la mañana)?

¿Confía que en Venezuela se repetirá lo mismo que sucedió en Haití? (Nos referimos al terremoto).

¿Sabe la cara que pone un niño cuando le dicen que va a Disney World? Bueno, ¿es la misma cara que usted pone cuando le dicen “¿Quieres café?”?

¿Sus sábanas están planchaditas, pero por todas las vueltas que dio en la noche tratando de dormir?

¿Tiene la lengua y los dientes color suela de mocasín?

¿Al observar a Cilia Flores con su nuevo look de rubia, le parece más bella y joven?

¿Su verdadera causal de divorcio es que ya no le querían besar por su aliento a café?

¿Están por darle un título nobiliario en Europa porque se la pasa sentado en el trono?

Si contestó afirmativamente a la mayoría de estas preguntas, prenda la señal de alarma. Probablemente esté tomando tanto café como para hacer que una pereza se acelere y parezca un chimpancé. Por ello, le recomendamos bajar la ingesta a razón de una taza por día, hasta llegar al punto de no tomar más café. Será en ese momento cuando su vida pase a dividirse nuevamente en los períodos AC y DC, aunque esta vez será por Antes del Cansancio y Después del Cansancio.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Claves para resistir la invasión, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Acá les escribe algo cansado, luego de unas semanas de ejercicios militares quien suscribe, el soldado Juanette. Quiero compartir con usted amigo lector, algunas claves para resistir a una cada vez más posible (y cercana) invasión de algún país extranjero, o tal vez de la “Invasión Sensacional” del maratónico de los sábados.

Pero primero lo primero, después lo segundo y luego lo tercero… esto de las invasiones a nuestro país, Venezuela, no es nuevo. Se remonta al momento en el cual esta nación apareció en el radar de las carabelas de Colón (bueno de los reyes, pero que le prestaron al navegante italiano). El imperio, en aquel entonces el español, trató primero de conquistarnos pacíficamente cambiándonos espejitos por oro… y al que no lo quiso cambiar, le dieron de coñaz… pasando a la fase que se denominó “Conquista a la fuerza”.

Luego de las guerras de independencia que, fueron un poco más cortas que “Las guerras de las galaxias”, mandando el presidente Cipriano Castro, se aliaron Italia, Inglaterra y Alemania para bloquear las costas venezolanas (según las malas lenguas, las potencias actuaron en conchupancia con un banquero, no sé, a mí no me consta pues no estaba allí)… pero Cipriano con la ayuda de algunos caraqueños que desde el Ávila movieron matorrales (para hacer creer que era un gran ejército el que bajaba hasta La Guaira a repeler el bloqueo), hicieron que aquella “planta insolente” se fuera con su música a otra parte (el cuento no es exacto, pero es algo así).

Lo importante de este preámbulo histórico es hacerle ver, amigo lector y amigo invasor que nos leen, que invadir Venezuela no será nada fácil, porque lo más probable es que, al entrar a esta tierra de gracia, usted termine enamorado de una venezolana o por lo menos con un millón de amigos como dice aquella famosa canción de los cantantes brasileros Roberto&Carlos.

Claves para contrarrestar la invasión

 Invasión marítima

Por videos que vimos durante los ejercicios pudimos notar que los marines son unos bichos catires como de dos metros que van a bajarse del portaaviones, con intenciones de darnos hasta con el tobo. Por ello, la Armada venezolana tiene que tratar de desviar el USS George HW Bush CVN-77 hasta Higuerote o “La Costa”; esto para que, cuando se bajen los gringos coincidan con la fiesta de San Juan y terminen bailando tambores, bebiendo, comiendo, jugando dominó y no quieran volver al norte.

 Invasión aérea

Si la fuerza aérea norteamericana se atreviese a surcar rasante el cielo de Venezuela con sus F-16, nuestros Sukhoi deben repeler el ataque, derribar los aviones y hacer que los pilotos se eyecten cerca de Maracaibo. Una vez en tierras marabinas, apresarlos y someterlos a una dieta que no podrán resistir para quebrar su espíritu. La misma consta de patacones, “agüita e sapo” (arepa de pernil), huevos chimbos (es un dulce, no somos tan sanguinarios como para darles de comer huevos podridos), mandocas (con queso chillón), cepillados, papelón, cuatro tequeños y tres yoyos (deben comer seis veces al día). Luego de tamaña ingesta, el piloto americano será obligado a tratar de despegar en su avión… pero el pobre no va a caber; así que lo más probable es que decida quedarse y monte un tarantín en el mercado de las pulgas.

 Invasión terrestre

De llegar los invasores a Caracas, es importante tener la capacidad de producir algún evento como “Suena Caracas” o La “Bailanta Sensacional” (para los lectores no venezolanos, esto es un concurso de baile que producía en el maratónico de los sábados Súper sábado sensacional). Así cuando estos soldados invasores quieran atacarnos, se encuentren con tremenda fiesta y sus pies se muevan al son de la música, deponiendo así sus armas, pero no para huir sino para unirse a la fiesta.

Bueno, me despido con una nota importante para los invasores: vengan cuando quieran que los estamos esperando, eso sí, nosotros ponemos la música y la gente. Ustedes por favor traigan la comida, el hielo y la bebida.

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La “neuroalimentación” llegó para salvarnos, por Juan E. Fernández “Juanette”

@SoyJuanette

Lo bueno de las maromas que debimos hacer algunos venezolanos cuando vivíamos en Venezuela (y que siguen haciendo los que se quedaron) para conseguir productos y alimentos, es que, como pasamos largas horas haciendo cola, aprovechamos ese tiempo para hacernos preguntas trascendentales para la humanidad, como por ejemplo:

¿Será que llegaré al champú?

¿Y si me meto a bachaquero?

¿Con qué era que hacían el jabón en Cuba?

¿Será que Camilo Sesto y Felipe Sexto son familia?

Un día, en una de esas colas, escuché a dos personas hablando acerca de los famosos videos de Tasty creados por Buzzfeed. Esta fue la conversación donde descubrí que todo se trata de un experimento:

Señora 1: Chama, mira este video, acá te van diciendo los ingredientes y mira lo fácil que se hace todo.

Señora 2: Sí, chica. Yo el otro día hice unos calamares rebosados siguiendo el video. Bueno, solo hice el rebosado porque calamares no conseguí, pero me quedó rico.

Señora 1: Claro, vale, es que tenemos que adaptarnos pues. Y será que tendrán el video de cómo hacer paella, pero sabes, sin arroz, sin los mariscos.

Señora 2: Seguro, es facilísimo y lo puedes hacer sin necesidad de usar ningún ingrediente.

Señora 1: ¿En serio? ¿Cómo lo haces?

Señora 2: Solo tienes que meterte en Google y escribir: “¿Cómo preparar paella+buzzfeed?” y te sale el video. Le das clic, lo ves la primera vez y se te hará agua la boca. Pero después de verlo unas 47 veces ya te sientes llena y se te quita el hambre.

Señora 1: Oye, qué buena idea, pero ¿de verdad funciona?

Señora 2: Claro, y lo mejor es que adelgazas y bueno tienes mucha variedad de platos.

Luego de aquella revelación, y de interrogar a las señoras (quienes por cierto me dieron la receta de las rosquitas de naranja, sin naranja claro), comencé a investigar, hice encuestas y hasta di con un científico (sí, todavía quedan algunos), y me confesó que efectivamente se están haciendo estudios de “neuroalimentación”, que, según deduje, no es otra cosa que “comer con los ojos”.

La idea es que, cuando una persona tiene hambre, busca en Internet un video de Tasty y lo reproduce muchas veces, hasta que se le quite el apetito. Los beneficios son, como decía la señora (y me aseguró el científico), que la persona baja de peso, tiene la variedad y la cantidad de productos que quiera, desde la comodidad del hogar, y solo necesita una conexión a Internet (como Open English, pero gratis, claro).

Además, ayuda al presupuesto familiar, ya que no gastas en comida y lo mejor: acaba con las colas de gente comprando alimentos.

Debo confesarles que luego de entrevistarme con el científico me voy esperanzado, pues me comentó que están haciendo experimentos similares para buscar solución a la escasez de agua y luz… amanecerá y veremos.

Aunque también, me da algo de tristeza, porque si se acaban las colas mi reality show Los juegos del hambre Caracas, tiene los días contados.

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Aprendiendo argentino, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

La verdad, sigo adaptándome a esta nueva vida en el sur. Buenos Aires es una ciudad maravillosa donde te encuentras un abanico de personas y de posibilidades. Gente de todas partes del mundo y de todo tipo confluyen aquí. Si usted cree que para conocer Buenos Aires, o mejor dicho la Argentina, con hablar español le basta, déjeme decirle que no es tan así.

Una de las cosas que me ha costado es el idioma. Sí, el idioma argentino. El primer choque cultural lo tuve cuando vi “Bife de chorizo” en el menú de un tarantín de comida (bueno sí, en un restaurante, lo que pasa es que quiero ponerle drama al cuento)”. Pues resulta que no es de chorizo sino de carne, es un filete. Acá comer es una proeza, pero no porque falte la comida, sino porque, por lo general, los alimentos tienen nombres que no corresponden a su realidad.

Escuche amigo lector, si usted lee en un menú “sándwich de vacío” ¿qué le viene a la mente? Un pan sin relleno ¿verdad que sí? Pues resulta que acá el vacío es un corte de carne característico del asado argentino. Para los venezolanoparlantes, el vacío es la falda de res.

Otro de los platos que me ha causado impresión es el “pollo arrollado”. Cuando lo vi escrito en el menú me pareció cruel que mataran al pollo poniéndolo en la mitad de la calle… llamé al dueño y lo encaré. Pues resulta que pollo arrollado en argentino es pollo enrollado o cordon blue de pollo.

Con el café es otro problema. Acá le dicen cortado y la primera vez que pedí uno el tipo me preguntó: ¿cortado? Y yo contesté: ¿Mire, si yo lo estoy pagando completo por qué me va a dar la mitad? No, y la verdad he pasado hambre, dígame en el desayuno. Acá hay unos cachitos (porque esa vaina es un cachito) de hojaldre que llaman “facturas”. Pues antes de descubrir lo que eran, todos los días peleaba con el panadero porque nomás al entrar el tipo me preguntaba ¿cuántas facturas quieres?

Yo lo veía con mala cara, y seguía mi camino, hasta que un día le dije:

–Hágame una sola factura, o factúreme solo lo que me coma, pero no ande usted ofreciéndome facturas de más, porque no se las pienso pagar.

En fin, por ahora me estoy manteniendo solo con choripán, que es el único alimento argentino (o por lo menos que he descubierto) que es realmente lo que dice ser, chori: chorizo y pan: pan = pan con chorizo.

En general ya le voy agarrando la caída a esta lengua latina, algo complicada.

Seguiremos informando.

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Cumplir años, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

¿Pueden creer que hay personas a quienes no les gusta cumplir años? Pues sí, aunque parezca insólito, existen. Por fortuna a mí me encanta cumplir años. El día de mi cumple es la excusa perfecta para que mis amigos y familiares me escriban y me hagan saber cuánto me quieren (y yo a ellos por supuesto). En estos tiempos, donde ya sea por la distancia geográfica o por la falta de tiempo, es justo tener un día donde uno pueda dedicar unos minutos a agradecer a la gente que te quiere por estar acompañando.

Este cumpleaños en particular tiene un aire nostálgico, pues he recordado todo el día a aquellos que ya no están. Ya sea porque están regados por todo el mundo, o porque dejaron este plano y se fueron a otro mejor o peor, depende del cristal con que se mire.

También ha sido el día para agradecer a Dios por darme unos padres maravillosos que siempre me han apoyado en todo, a un hermano que a pesar de la distancia siempre siento cerca, y por supuesto a esos dos regalos que me ha dado la vida, mis hijos, mi norte, mi presente y mi futuro.

Otra de las cosas que debo agradecer a Dios son estos años “Al aire”, en este show que se llama vida y que en esta nueva etapa ha querido que se llame “Comedia” (gracias a que también me ha apoyado en todas mis travesuras).

Tengo la fortuna de tener una de las profesiones más bonitas del mundo y, aunque García Márquez y mis colegas se escandalicen, no hablo del periodismo, sino de la comedia.

Diga usted amigo lector, ¿acaso hay algo más bonito y loable que hacer reír al otro? Allá voy, con mis aciertos y desaciertos, labrándome un camino en el humor; luchando por esa visa, por obtener la nacionalidad en lo que mi admirado Andreu Buenafuente llama “el país de la comedia”.

Cumplo años el 28 de junio, un día antes del Día del Periodista en Venezuela y el mismo día que se celebra el Día Nacional de Teatro en Venezuela. Digo esto porque, tal vez, los planetas se alinearon y como la situación está tan difícil y no se pueden tener dos celebraciones distintas, el universo quiere que me dedique al teatro y así celebrar el día de mi cumple y el Día de El Teatro (una sola torta, un solo regalo, todo cuadra).

En fin, espero, si estoy aquí el año que viene, seguir contando con su atención, con sus comentarios, con su cariño ¡pero sobre todo con sus risas!

Un abrazo, suyos de ustedes:

Juanette.

PD: Feliz cumpleaños a Tom Cruise y a Laureano Márquez, que nacieron el 4 de julio.

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Ya no hago humor. Ahora hago humoring, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa

Si su cotidianidad ya se ha hecho tan rutinaria y monótona que incluso es más divertido escuchar la meditación de un budista por radio; entonces es hora de hacerle un refresh a su vida por medio de una técnica que le hará ver sofisticado, exótico y trendy: englishing. Es una técnica que se está practicando en los más selectos círculos redondos de la sociedad. Consiste simplemente en encontrarle el lado terapéutico a todo lo que haga.

Así digamos que usted se despierta en la mañana y lo primero que hace es ir al baño. Pues ya no. Deje esa costumbre de lado, porque usted ahora practicará el bathrooming.

Una milenaria ciencia que te reconecta con tu ser interior mediante el placer que genera el vaciado de la vejiga, el despertar de los sentidos que provoca la menta de la crema dental y el posterior contacto que hace el cepillo con la campanilla del paladar para darte ganas de vomitar.

Tras esto, usted seguro acostumbraba a hacerse un cafecito, ¿verdad? Pues ya no. Eso quedó en el pasado. Ahora usted practicará el coffeeing, una añeja práctica para despertar al organismo mediante la estimulación de las fosas nasales por medio del aroma que expide la semilla triturada del café y su posterior pasada por agua hirviendo para ser ingerido por sorbos. Una tradición que practicaban en el antiguo Egipto para llenarse de energía porque si no, se les hacía imposible cargar bloques y aguantar latigazos al momento de construir las pirámides.

Luego del coffeeing, toca lidiar con él incómodo momento de escoger la combinación de ropa idónea en su clóset para que no le digan que vive repitiendo de muda, ¿verdad? Pues ya no, porque ahora practicará el clothing. Una añeja habilidad que consiste en consentir nuestras partes del cuerpo, protegiéndolas con cómodas y cálidas telas que nos retrotraen a la experiencia y el calor del vientre materno (aunque cuando dichos textiles están tiesos por la falta de suavizante, nos retrotraen a un parto con complicaciones, pero ese es otro tema).

Ahora usted está listo, sale de su casa y debe verse obligado a saludar a vecinos cuando aún no tiene ganas de hablar con nadie. ¡Pues ya no! A partir de este momento usted practicará el greeting, que es la forma más primigenia de red social que existe. Haga greeting diariamente y verá cómo una sonrisa de un vecino equivale a un like. Un saludo contestado, equivale a un escrito en la caja de comentarios de su corazón. Y cuanto más practique el greeting, más aumentarán sus followers de carne y hueso. Seguramente ellos luego le hagan greeting de vuelta y usted se sorprenderá ejerciendo una dosis de surprising (técnica mediante la cual llenamos de vida nuestros pulmones cuando nos sorprendemos y tomamos aire haciendo “¡Aaaaaaaahh!”).

En este punto, su entorno probablemente notará que usted se encuentra en un nivel de conciencia más elevado. Es normal. De hecho, no faltará quien se le acerque y le pregunte qué está haciendo para lucir así. Usted pensará que se trata de una persona chismosa haciendo gossiping (o ese legendario arte de la antigua Grecia que consiste en meterse donde no lo han llamado).

Sin embargo, usted puede ser un vehículo de cambio para que esta persona también eleve su nivel de conciencia. Si no es molestia, por favor dele mi número de teléfono para que me haga un calling y así hacerle una sesión de explaining. Si no, dígale que puede leer este artículo mediante la técnica del reading. Créame que me ahorrará mucho trabajo, pues bastante tiempo le dedique a través de esa antigua técnica de catarsis creada por los sumerios en Mesopotamia: el writing. Aunque bueno, si la persona no está interesada, entonces simplemente invítela a escuchar una meditación budista por radio. Créame, no le resultará aburrida cuando se dé cuenta de que, sin querer, estará llevando a cabo esa sanadora terapia de contemplación que nos permite pensar en cosas como cuántos milímetros crece una uña por día. Se trata de la beneficiosa práctica del boring.

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A doscientos años de Carabobo, por Laureano Márquez P.

Fragmento de la obra Batalla de Carabobo, de Martín Tovar y Tovar (1827 – 1902).

@laureanomar

El bicentenario de la batalla de Carabobo habría sido una magnífica oportunidad para reflexionar sobre el rumbo del proyecto que allí comenzó el 24 de junio de 1821. Una ocasión propicia para hacer un balance de la mano de historiadores, intelectuales y personas destacadas del quehacer cultural sobre cómo van marchado las cosas después de dos siglos de vida independiente. Pero para ello se requeriría que un mínimo de decencia y no es el caso. Aunque quizá sobre nuestro estado de cosas ya la mayoría tiene un juicio claro: el proyecto marcha muy mal, casi que podríamos decir peor que nunca. Uno de los pocos actos que ha trascendido es el encuentro auspiciado por  el «Concejo Nacional Espiritista».

Cuando pensamos en la batalla de Carabobo, nos viene a la mente el cuadro de Tovar y Tovar pintado en la cúpula del Salón Elíptico del Palacio Federal (no sé si se siguen llamando igual o han cambiado a Salón comandante Elíptico y a Palacio Federal María Lionza, por ejemplo).

La batalla de Tovar y Tovar es infinita. Por ser elíptica, como la cúpula, no tiene comienzo ni final, lo cual tiene un profundo sentido simbólico. Cada día que el «sol nace en el Esequibo» (que, dicho sea de paso, el régimen venezolano ha entregado con la habitual indolencia que manifiesta para todo lo que es caro al destino nacional) se libra no una, sino muchas batallas de Carabobo y cada día se gana o se pierde, no ya frente al general De la Torre, sino contra los enemigos que desde el 24 de junio de 1821 se le han venido presentando a ese proyecto político al que pertenecemos.

Cuando se destruyen las universidades públicas, se pierde una Batalla de Carabobo. También cuando se incendia una biblioteca; cuando no se vacuna adecuadamente a la gente, sino en función de lealtades políticas; cuando se encarcela, se tortura y asesina al que piensa diferente; cuando no se permite a la gente votar libremente; cuando se mantiene a una población al borde de la inanición; cuando se destruye la industria petrolera, fundamento de la economía; cuando se asesinan indígenas por la ambición de oro, mientras se derriban estatuas de Colón; también cuando se va la luz y el agua. En cada una de estas circunstancias y en muchas otras, Venezuela pierde cada día una batalla de Carabobo.

El cuadro te Tovar y Tovar nos muestra a unos soldados elegante e impecablemente uniformados. No vemos los horrores de la batalla y no es una crítica al pintor, que tendría que presentar la visión más romántica del hecho. Sin embargo, ese día allí murieron cerca de tres mil personas entre españoles (la mayoría) y patriotas, cuyos huesos deben estar por ahí en algún lugar de aquella sabana. La batalla fue cruenta, seguro la mayor parte de los soldados de Páez estaban medio desnudos y, los que tenían uniforme, no lo lucirían planchado con esmero, sino con toda certeza sucio y raído.

¿Por qué luchaba esa gente? Puede que, en primer lugar, por la fuerza de la costumbre. Llevaban diez años peleando, primero con Boves, luego con Bolívar. Tal vez las palabras que más aparecían en la boca de los generales que los animaban al combate eran las de «independencia» y «libertad». Quizá tendríamos que evaluar, a doscientos años de Carabobo, cómo marcha la patria en términos de independencia y libertad.

La independencia que el ejército libertador consiguió aquel 24 de junio, prácticamente se ha perdido. No solo porque una pequeña isla dirige nuestro destino, sino también porque nuestro futuro está endosado a China y Rusia.

Irán es otro que anda por estos lados pescando en río revuelto. Pero, más allá de los países, todo tipo de organizaciones armadas amenazan nuestra independencia. A estas alturas no se sabe bien si puede decirse que el estado Apure es enteramente parte del país. La guerrilla o, mejor dicho, las guerrillas gobiernan extensiones importantes del territorio nacional.

Eso sin entrar a hablar de los feudos que, especialmente en la capital, ha establecido el hampa organizada y, frente a los cuales el hampa desorganizada no tiene prácticamente ninguna capacidad de acción. Si en 1821, la independencia teníamos que conquistarla solo de España, en 2021 la reconquista de la independencia tiene muchas batallas por delante. Y en lo que respecta al ejército «forjador de libertades» de Carabobo, solo contamos con uno que forja opresión para su propio pueblo, entre otras cosas.

No es prudente opinar por los difuntos, pero como conocimos su opinión en vida y estamos en plan espiritista, es lícito afirmar que el Libertador estaría bastante más decepcionado de lo que lo estuvo a su muerte en Santa Marta. Incluso, seguramente, su indignación sería mayor al conocer que todo lo que se hace negando sus ideas y postulados, tiene, curiosamente, como fundamento su nombre.

No tenemos suerte con los centenarios de Carabobo: el primero también se conmemoró en dictadura, aunque aquella, con todos sus males, al menos construía. Entre otras cosas, en propio monumento dedicado a la memorable batalla en lugar donde transcurrieron los hechos. Del segundo, la noticia que más ha circulado es el aludido encuentro espiritista. Que yo en su lugar no andaría por ahí conjurando espíritus y menos el de Bolívar.

En todo caso, rindamos nosotros un íntimo homenaje a todos los que en Carabobo dieron su vida por un sueño que, doscientos años después, sigue pendiente de hacerse realidad.

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No es solo integral, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Lo que inspiró mi artículo de esta semana fue un documental de alpinismo que vi en NatGeo, y que se titula Free solo. Cuenta la historia de Alex Honnold, un escalador que práctica la disciplina de solo integral, es decir, el tipo escala montañas muy altas sin necesidad de cuerda, ergo siempre al borde del precipicio a punto de caer; tal y como me pasa a mi cuando estoy a dieta, paso por la pastelería de la esquina y veo en la vidriera los dulces rellenos de crema pastelera.

La verdad que me puse a ver documentales porque trato de tener la mente ocupada para no salir; el caso es que recientemente me inscribí en la página del gobierno de la ciudad de Buenos Aires para vacunarme, pero no tuve suerte. ¿Saben por qué? porque no soy lo suficientemente gordo para la ciencia, aunque para la sociedad sí.

A continuación, explico mejor el episodio: hace algunos días en Argentina comenzó el empadronamiento de personas mayores de 18 con comorbilidades; y como la obesidad integra este grupo me dije “esta es la mía”; así que muy ilusionado me inscribí para recibir la vacuna, me pesé y llevé el papelito donde indicaba que efectivamente tenía IMC alto, que es el Índice de Masa Corporal. Al llegar me indicaron que me faltaban 5 puntos para ser catalogado como obeso, por lo que me fui con el corazón roto y, peor, sin vacuna a mi casa.

Tras ser rebotado por el personal del gobierno nacional, caí en un limbo, en una especie de zona gris porque es jodido no pertenecer a ningún grupo. Es decir, si mañana se programa un juego de fútbol entre los gordos y los flacos yo no tendría equipo. Este tipo de pensamientos no me dejaba dormir, por lo que acudí a los documentales para no pensar. Fue ahí donde me encontré con el documental de Alex Honnold que me levantó el ánimo.

Lo cierto es que al conocer la historia de Honnold descubrí que no hay que prestarle mucha atención a lo que dice la gente de uno; lo importante es seguir tu sueño. Así que he decidido volver a ser gordo, básicamente porque el camino a la obesidad es más corto.

Así que a partir de ahora inventé una nueva disciplina antideportiva, que es contraria a la de este escalador, y la he llamado “No es solo integral”.

La práctica de “No es solo integral” es muy sencilla y consiste en ir a las dietéticas, por ejemplo, y no comprar solo granola y almohaditas de fibra, sino también pasas con chocolate, gomitas de colores y copos de chocolate. Y justo al momento de pagar, cuando el cajero te vea con reprobación, dirás la frase característica de esta disciplina: “No es solo integral”.

Esto también puedes practicarlo cuando vas a tomar un café y el mozo te pregunta si quieres azúcar o edulcorante. Y justo en ese momento, viéndolo a los ojos y sonriendo, tomas la bolsita de azúcar, manoteas la de edulcorante y repites el mantra “No es solo integral”.

Sé que, a mi edad, es muy peligroso seguir el estilo de vida “No es solo integral”, porque estoy por cumplir 42 años, tengo antecedentes de hipertensión y diabetes; pero de acuerdo al documental de Honnold uno tiene a veces que arriesgar la vida para alcanzar las metas.

Solo espero que, en unas tres semanas, cuando vuelva a pedir el turno, no me salgan con que ahora las cosas cambiaron, que debo tener menos masa corporal, pues ahí me tocará escalar la cordillera, pasar a Chile y vacunarme en un centro comercial.

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