humor archivos - Runrun

humor

Laureano Márquez Mar 24, 2020 | Actualizado hace 1 semana
Fragilidad, por Laureano Márquez

@laureanomar

Este tiempo de claustro forzado por una pandemia -que alcanza niveles inimaginables para nosotros hace unos meses-, nos invita  a meditar sobre muchas cosas. “Fragilidad” es una palabra que se le viene a uno con frecuencia a la cabeza. Hemos tomado conciencia de nuestra fragilidad.

Un bicho microscópico se ha coronado rey del planeta que habitamos. Un monarca tiránico, que no respeta la vida, que confina, encarcela y persigue. Para los venezolanos una variante extrema de algo que ya conocemos.

Somos frágiles, somos débiles. Todo lo que ayer parecía fuerte e inconmovible, luce hoy endeble, indefenso. Ser rico, ser pobre, poderoso o débil, es todo tan relativo. Pienso en Italia y la soledad de sus bellos monumentos que solo son fría piedra si no hay un alma humana que los goce y contemple. El mundo es mundo porque nuestro cerebro así lo ha decidido, al final solo somos nuestro propio relato. Pienso en España, reconociéndose como una nación unida por la presencia de un verdadero enemigo que viene a decirles que solo juntos son fuertes.

Somos frágiles, a veces nuestra vida depende de la solidaridad y de la sabiduría de nuestro prójimo, de nuestra capacidad para convertirnos en responsables de nuestros hermanos. Piensa uno en los que nos cuidan, en los que en estos días han dado todo de sí para salvar vidas y nos viene la bella frase del Talmud: “Quien salva a un hombre salva a toda la humanidad”.

Somos frágiles, ya puede percibirse que la humanidad no será la misma luego de esto. Un virus nos ha puesto en jaque y esto hará que nos replanteemos muchas cosas en relación con nosotros mismos, con nuestra manera de vivir, de ser. No hay mayor riqueza que el tiempo, ni casa de mayor lujo que la morada interior. Después de todo, qué pequeñito el mundo es “como un juguete de cristal que con cariño hay que cuidar”.

Somos frágiles, cierto, pero también somos fuertes. Descubrimos que nuestra fuerza no está en el arsenal atómico que puede destruir, sino en los hospitales que pueden salvar, en la solidaridad que somos capaces de construir como especie. Somos poderosos porque nuestro mayor arsenal son nuestras bibliotecas. Allí está todo lo que somos desde que uno de nuestros antepasados encendió un fuego, que también fue chispa de inteligencia robada a los dioses en una aventura que, aún hoy, continúa. Nuestra fuerza es la inteligencia, sin duda, por eso el virus será vencido. Nos recuperaremos como tantas veces lo hemos hecho y seguiremos construyendo un mundo que tiene sentido porque estamos nosotros en él.

Amanece en el lugar en el que me encuentro, la oscura noche cede y los albores de un nuevo día anuncian que dentro de poco saldrá el Sol. Es el mismo sol que iluminó a Sócrates y a Pasteur, a Miguel Ángel y a la señora Curie y a tantos otros que tienen que ver con nuestras vidas, con nuestro destino. El vislumbre de un nuevo día me recuerda que esta es una carrera de relevos y que la respuesta a todo el misterio de lo que somos está -como diría Whitman- en “Que estás aquí, que existe la vida y la identidad, que el poderoso drama prosigue y que puedes contribuir con un verso”.

La  arena infinita del reloj que mide la brevedad de mi tiempo, ignora que debe su infinitud a este efímero ser que la piensa.

Laureano Márquez Mar 17, 2020 | Actualizado hace 2 semanas
Médico, por Laureano Márquez P.

@laureanomar

Si tomamos un buen diccionario etimológico; y buscamos una palabra, estoy seguro de que en algún sitio encontraremos una metáfora escondida”. Jorge Luis Borges

Las etimologías son siempre elocuentes, vienen a ser como una radiografía de las palabras que nos permite ver lo que hay detrás de ellas, o -como diría Borges- encontrar “una metáfora escondida”. Médico viene del latín “medicus”. En latín, la palabra deriva de “medor” que es “cuidar”. De esta misma raíz viene “meditar”, que tiene el prefijo “med” de origen indoeuropeo, presente también en “medir”. Curioso que meditar sea, en cierta, forma medir, buscar mesura (moderación comedimiento) mediante la introspección. “Nada en demasía” y “conócete a ti mismo”, eran las dos inscripciones que el visitante de la antigua Grecia podía leer al entrar al concurrido Oráculo de Delfos. Quien conoce los propios límites es capaz de evitar los extremos.

Pero volviendo a los médicos, si meditar es volcarse sobre uno mismo, medicar es volcarse sobre los otros para cuidarles. Noble labor en un mundo en el que de muchas maneras los humanos hemos optado por exterminarnos.

Hoy, pues, en medio de esta crisis inédita que vive el planeta, menester es reconocer a los médicos y con ellos a enfermeras, enfermeros y todos aquellos profesionales que están comprometidos con la salud. Cuando nuestras vidas o la de nuestros seres queridos están en riesgo las colocamos en sus manos, confiando en su criterio, en su competencia y su bondad.

Los venezolanos tenemos suerte con nuestros médicos, nuestra relación con ellos va más allá del frío cálculo profesional que impera en otros países -sin menospreciar la competencia y profesionalidad de aquellos-, nuestros médicos tienen un componente de bonhomía que nos hacen muchos más llevaderos esos momentos en los cuales uno se siente más vulnerable, que es cuando peligra la salud y la humanidad del otro es invalorable.

He tenido la oportunidad, con esta viajadera en la que vive uno, de visitar médicos en otros países y nada como los médicos de mi tierra. Los médicos de fuera se manejan con números, análisis y datos archivados en el computador. Mirando la pantalla sacan conclusiones sobre tu estado. En Caracas, cuando acudo a la consulta del Dr. Valero -por ejemplo- lo primero que hace es que me manda a desvestir, a ponerme una bata y aunque el dolor es en la garganta, él comienza el examen por la planta de los pies. Yo no sé qué tiene que ver la planta de los pies con la garganta, pero seguro que Valero sí lo sabe, porque siempre me cura.

A los médicos, enfermeras y enfermeros y a todos los profesionales de la salud, en esta difícil hora, nuestro reconocimiento y abrazo. Gracias por cuidarnos.

Entrevista a mercurio retrógrado, por Reuben Morales

 

Tras mucho insistirle al planeta, finalmente pudimos obtener esta exclusiva con el personaje del momento. Lo presentamos con nombre y apellido: Mercurio Retrógrado. He aquí la conversa:

 

REUBEN: Usted se ha puesto muy de moda. ¿De dónde viene toda esta tendencia?

 

MERCURIO: Bueno, porque los otros planetas me empezaron a hacer bullying. Que si “ay, el que se sienta de primerito en el salón”. Que si “ay, el asistente del Sol”. Que si “damercurio”. Hasta que un día me molesté.

 

R: ¿Y por qué el adjetivo de “retrógrado”?

 

M: Porque, en teoría, echo para atrás todo aquello que ha tenido un avance. O sea, destruyo lo construido.

 

R: ¿Entonces usted es chavista?

 

M: ¡Zape! Ése es Marte, que es rojo rojito. De hecho, yo estoy convencido de que esto de Mercurio Retrógrado lo inventaron los chavistas para justificarse.

 

R: Pero tengo entendido que Mercurio Retrógrado es un fenómeno astrológico que se da cada tres meses, ¿cierto?

 

M: Claro, lo que pasa es que la gente comienza a contar los tres meses cuando le conviene.

 

R: ¿Quiere decir que usted es como un chivo expiatorio?

 

M: Tal cual. Se guinda una computadora, es culpa mía. Te peleas con la pareja, es culpa mía. Se va la luz, es culpa mía. De hecho me he convertido en la solución perfecta para el intelectual flojo. ¿Quiere detectar a un vidente mediocre? Vea cuántas veces explica todo con Mercurio Retrógrado.

 

R: ¿Te sientes el enemigo público número uno?

 

M: ¡Para nada! De hecho tengo mi club de fans. Los estudiantes, por ejemplo, cuando salen mal en un examen, acuden a mí y les repiten la prueba. Cuando agarran a alguien siendo infiel, me echa la culpa a mí y lo perdonan. Cuando un presidente lo hace mal, resulta que soy yo. Hasta me llamaron los dibujantes de Scooby-Doo para ponerme de villano en un episodio.

 

R: ¿Y se siente bien recogiendo la basura ajena?

 

M: ¿Sabes qué? Tiene sus beneficios. Mira que hoy en día tú me usas para explicar un fenómeno y termino teniendo más credibilidad que un artículo del “Harvard Business Review”.

 

R: ¿Y le saca partido a esto?

 

M: Sí, claro. Doy asesorías privadas a organizaciones.

 

R: ¿En serio? ¿Y de qué consta una asesoría suya?

 

M: Bueno, básicamente les cuento a mis clientes cuándo es que realmente me voy a manifestar y cuándo no, para que se planifiquen. Es que a los terrícolas les encanta echarme la culpa de todo y la verdad, se pasan. El calentamiento global no es culpa mía. La sobrepoblación, tampoco. La contaminación, menos. Tampoco tengo nada que ver cuando elijen a un presidente malo.

 

R: Bueno, es que usted tiene fama de bipolar.

 

M: ¡Sí, ja, ja! Digamos que soy el dolor de vientre del Sistema Solar.

 

R: ¿Y en medio de todo este embrollo, qué solución práctica le podría ofrecer usted a cualquier ciudadano de a pie que solo busca tener una vida más tranquila?

 

M: Muy buena pregunta. En principio, que no crean en cuentos de camino. Lo otro es que le quiero hacer un llamado a todos los diseñadores de software del mundo. ¡Por favor inventen un antivirus que proteja contra Mercurio Retrógrado! Y a los reporteros del clima les pido algo. No solo den los pronósticos de la lluvia y la temperatura. Incluyan las probabilidades de Mercurio Retrógrado.

 

R: ¡Tremendos consejos! Bueno, y ya para finalizar, ¿tiene algún plan futuro o primicia que nos quiera contar en exclusiva?

 

M: Bueno, sí. En efecto quiero decirle a la gente que por favor viva tranquila y haga sus proyectos sin cuidado porque no vuelvo a estar retrógrado sino hasta el 17 de noviembre.

 

R: ¿Y si les llegase a pasar algo malo de aquí a allá?

 

M: Bueno, ya saben … Mercurio Retrógrado.

 

 

@reubenmorales

Cómo callar al vecino de la música dura, por Reuben Morales

 

Primero es preciso identificar al espécimen en cuestión. El vecino de la música dura suele ser hombre … más específicamente soltero … más específicamente con varios meses sin sexo. Esto convierte a su equipo de sonido en su ritual de apareamiento. El aparato es como las plumas que el pavo real despliega cuando cortejar a su fémina. Por ello, este vecino busca hacerse sentir no solo por el volumen de su música, sino por la hora atravesada en que la pone (como domingo a las siete de la mañana, por ejemplo). Ojalá fuera solo la hora, pero no. También son sus gustos musicales: bachata, baladas viejas, vallenato, salsa erótica, trap o reguetón. De hecho, en un estudio publicado por la UMM (Universidad de Mí Mismo), se demostró que la relación entre el volumen alto, la soltería y el mal gusto musical son directamente proporcionales. Todo ello sería tolerable si el equipo de sonido de este individuo fuese pequeñito, ¡pero no! Su equipo de sonido siempre viene con el mismo accesorio: par de bajos sísmicos capaces de hacer temblar todos los muebles del vecindario.

En cuanto a sus características psicológicas, dicho vecino se define por ser creyente del positivismo. Con la música, busca imponer su buena vibra a la fuerza. Además la música ejerce en él un efecto como el del alcohol: a mayor volumen, más bello se siente. Sin embargo, el delirio llega a su etapa cumbre cuando el vecino entra en la fase karaoke: cantar a todo gañote. Es el preciso momento cuando al difunto Beethoven se le quita la sordera para retorcerse en su tumba. Pues si algo caracteriza a nuestro vecino es que canta peor que una señora de iglesia luego de inhalar helio.

Ahora bien, ya identificado nuestro vecino de la música dura, es necesario dar los consejos recomendados por la UMM para neutralizar a dicho espécimen. Primero, si se llega a encontrar a este vecino en las áreas comunes del edificio o urbanización, comience a hablarle SOLO moviendo los labios. ¡No emita ningún sonido! Él dirá “¿¿Quééé??”. Usted no le pare. ¡Siga moviendo los labios! En cuestión de minutos él se convencerá de haber perdido la audición.

Como segundo, organice un amigo secreto entre los vecinos con una única cláusula: el regalo final solo pueden ser los audífonos gordos y grandes de DJ que están a la moda. Esto lo dejará diplomáticamente acorralado.

Tercera estrategia: quitarle la corriente o seguirle la corriente. Como quitarle la corriente también lo perjudica a usted, entonces sígale la corriente. ¿Ha escuchado que los violadores pierden interés cuando la víctima finge estar disfrutando el forcejeo? Pues haga lo mismo. Cuando nuestro querido amigo tenga la música en todo su apogeo, reúna a varios vecinos y tóquele el timbre. Apenas abra, pónganse todos a bailar, muy animados, y pídanle entrar a la fiesta. Él se cortará por completo. Según la UMM, esta estrategia siempre arroja el mismo resultado: el vecino se verá con nuestros mismos gustos musicales. En consecuencia, los cambiará para volver a llevarnos la contraria. De ahora en adelante solo colocará cosas buenas como jazz, Adelle, Sinatra, reggae o chill out,

La cuarta y última estrategia viene solicitada, incesantemente, por el pueblo venezolano. Si usted tiene a un bulloso vecino de estos en su vecindario, mándelo a Venezuela. Nosotros ya hicimos una recolecta para alquilar un apartamento justo al lado del palacio presidencial de Miraflores. La idea es residenciar a este vecino allí y dotarlo de un gran equipo de sonido para que aflore todo su talento de DJ frustrado cuando quiera. Estamos convencidos de que en solo días, nos sorprenderá el titular “Presidente se marcha por no aguantar a vecino que pone música dura”. Si usted nos ayuda con esto, lo nombraremos héroe nacional, haremos bustos del vecino de la música dura y su hijo se ganará en una beca del 100% para estudiar la carrera que más desee, cuando desee, dentro la prestigiosa y afamada Universidad de Mí Mismo.

 

@reubenmorales

Uno se casa con el fotógrafo, por Reuben Morales

 

Si usted piensa que se casó con su cónyuge, está equivocado. Si piensa que los dueños de la fiesta eran los papás de los novios, está equivocado. Si piensa que la unión la santificaba Dios, usted es un hereje. El verdadero dueño de un matrimonio tiene nombre y apellido: el señor fotógrafo. Puede haber whisky, pero si no hay fotógrafo, se arruinó la fiesta. Puede haber conjunto en vivo, pero si no hay fotógrafo, eso no existió. Uno puede estar celebrando el matrimonio en la mejor casa de fiestas de la ciudad, pero si no hay fotógrafo, eso se convierte en el peor terminal de autobuses.

El fotógrafo de la boda tiene más poder que un hijo concebido entre de Kim Jong Un y Maduro. Él pasa a ser como un Darth Vader. Con solo un movimiento de su mano, mueve a los invitados para donde él quiera. Tú puedes estar casándote en el Vaticano, con el mismísimo Papa, pero ahí manda es el fotógrafo. “Que el fotógrafo dice que cuando les den la ostia, que se queden un rato con la boca abierta y la lengua afuera para agarrar bien el momento”. “Que el fotógrafo dice que cuando se den el beso, que se queden pegados un rato, pero que no junten tanto los labios para que las bocas no salgan apurruñadas”. “Su Santidad Papa Francisco, que el fotógrafo dice que dé la misa más lenta para no perder ningún detalle”. “Que el fotógrafo dice que recojan el arroz del piso y se lo vuelvan a lanzar a los novios para capturar el momento”.

Termina la ceremonia. Uno se va a la fiesta, pensando que la pesadilla acabó, ¡pero no! ¡Ahora comienza lo bueno! Uno quiere llegar al salón de fiestas para beber, bailar y comer como loco, ¡pero es imposible! Toca tomarse las fotos con los novios. “Que el fotógrafo pide que todos vayan a la entrada del salón”. Todo el mundo se va para allá… “¡Ya va, ya va!… ¡Que el fotógrafo dice que dejen los tragos en las mesas para que no salgan en la foto, que eso se ve feo!”. Todo el mundo devuelve los tragos.

Una vez que está todo el mundo en el área de las fotos, el fotógrafo es una prueba de cuánto puede durar nuestra pinta intacta. Uno se vistió, perfumó, peinó, maquilló (en pocas palabras, uno no quiere que ni lo toquen) y el fotógrafo empieza: “¡Ok, caballeros! Necesito que carguen a la novia”. Y uno la carga… aprieta la cara… se sonroja… comienza a sudar… y en eso el fotógrafo suelta la perla: “¡Pero sonrían!”. Entonces uno sale en esa foto con cara de hacer número 2.

De ahí en adelante, la fiesta comienza a tomar un rumbo aparentemente más liberado, pero el personaje sigue ahí… al acecho. “¡Ponte este sombrero de hora loca para la foto!… ¡Pero sopla el pito!… ¡Esoooo!”… Y te lanza una foto con ese flash que te ciega dejándote desubicado de lo más importante: saber dónde dejaste el trago.

Termina la fiesta, pasa la luna de miel y uno cree haberse liberado del yugo fotográfico, pero no. Los siguientes seis meses el fotógrafo gobierna tu relación por bluetooth sin tú saberlo. Deja un chip instalado en la mujer, el cual solo repite: “¿Cuándo estarán las fotos?”… “Amor, llámalo para ver cuándo las entrega”… “Amor, que mi mamá está preguntando por las fotos”… “Amor, esto ya es un abuso”. Finalmente, tras varios meses, llegan las fotos. Pero la cosa no acaba ahí. Ahora debes ser anfitrión de varias reuniones en tu casa donde solo hay un objetivo: ver las fotos del matrimonio.

Afortunadamente, como todo mandato dictatorial, la tiranía del fotógrafo se acaba. El recuerdo de su gobierno solo permanece en esa clásica foto de la boda ubicada el lugar más privilegiado de la sala (y que cada año te atormenta recordándote lo viejo que estás).

Si acaso usted ha sido sobreviviente del yugo de un fotógrafo profesional, por favor contácteme. Estoy creando una fundación secreta sin fines de lucro para el apoyo de las víctimas. En ella damos cursos de fotografía a todos los miembros con el fin de cobrar venganza. Nuestra meta: que algún día nos contrate un fotógrafo para fotografiarle su boda.

 

@reubenmorales

Laureano Márquez Jun 21, 2018 | Actualizado hace 2 años
Mea culpa, por Laureano Márquez

 

No se trata de una particular manera de hacer aguas. La frase viene del latín y significa literalmente “por mi culpa”. En el rito romano, es una oración de preparación para la liturgia en la cual se confiesan públicamente los pecados ante el pueblo de Dios, como decir el Twitter Supremo, para que se entienda. Hago, entonces, mi mea culpa:


I

Conocí a Chávez en 1998 cuando trabajaba en KYS FM. El programa que conducían Alba Cecilia Mujica y Sergio Novelli mantenía un espacio: “Viernes de humor” y la pasábamos bastante bien y parece que el público también. Un viernes se presentó el entonces candidato presidencial, Hugo Chávez. Como se sabía de su visita desde el día anterior, yo llevé varios ejemplares de unos artículos en clave de humor, sobre un supuesto plan de gobierno para la salvación de la economía venezolana, que había escrito para la revista SIC del centro Gumilla. Recuerdo que entre ellos había uno: “Microdiccionario de macroeconomía” en el que definía todos los términos macroeconómicos de manera confusa para producir un efecto cómico ex profeso (que no es alguien que fue profesor, sino una locución latina que significa “a propósito”, “intencionadamente”). Fue la única vez que vi a Chávez en mi vida, pero fue suficiente. Al final de la entrevista, en la que tuvimos un intenso debate, yo caracterizando a Caldera y el caracterizándose a sí mismo, como solía hacer, le regalé los ejemplares de las revistas con los artículos aludidos. Antes de que yo tuviese tiempo de explicarle que eran en clave de joda, él, luego del consabido tic nasal, dijo: Mira, te prometooooo, que voy a estudiar esto detenidamente y te prometoooooo que lo vamos a aplicarrrr…

Supongo que él vio la revista SIC, de corte progresista, y se imaginó que la cosa iba en serio. Ya en el gobierno no hizo otra cosa que aplicar en serio el plan de gobierno que yo le había dado en broma. 


II

(10 años antes). Recién graduado en ciencias políticas, buscaba trabajo desesperadamente. La situación estaba entonces muy difícil para los politólogos, al punto que, muerto un colega en la indigencia, hacíamos una vaca para su sepultura y solicitábamos colaboraciones de 100 bolívares. Inquirido un funcionario de entonces por nosotros:

¿Podrías colaborar con 100 bolívares para enterrar a un politólogo?

El susodicho respondió:¡¡¡Toma 200 y entierra a dos!!!

En un contexto así, naturalmente, conseguir empleo no era sencillo. Vi en El Nacional un aviso en el que solicitaban choferes para metrobús y me presenté con mi currículum. A la semana me llamaron para darme el empleo, pero en esos días surgió también la posibilidad de realizar estudios de postgrado en “Planificación y Gestión Gubernamental”. Opté por estudiar y fui a la C.A. Metro de Caracas a dar aviso de que no tomaría el trabajo. En la taquilla vi la lista de aspirantes; tacharon mi apellido y llamaron al otro aspirante que quedaba por la M. Es decir, que de no haber hecho estudios para gobernar el país, sería yo ahora el presidente. Lamento hasta el día de hoy no haber aceptado el puesto.

Aceptadas estas culpas capitales, como dicen las ventas por TV: “Hay más, mucho más”:

* Nunca he pensado que otro ser humano es una rata ni un gusano. Con ese pensamiento, los nazis exterminaron millones de personas. Así como me opongo a que los chavistas nos sigan aniquilando, tampoco quiero aniquilarlos a ellos.

* Nunca he mandado a nadie a hacer alguna acción que conlleve riesgo, si no estoy presente yo también en la misma, corriéndolo también. En tal sentido -con vergüenza-, reconozco mi admiración por todos los líderes opositores que se la han jugado, que han recibido tortura, agresiones y – de manera especial- por todos los que han sido asesinados en esta lucha.

* Me declaro culpable también de creer que esta es una confrontación ética en la que no podemos convertirnos en aquello que pretendemos cambiar. Eso fue lo que hizo el chavismo, elevando los males que padecíamos a la enésima potencia.

* Me declaro culpable de haber propiciado el voto cuando creí que el voto podía ser útil, como lo fue en la elección de la Asamblea Nacional, cuyos resultados agarraron tan fuera de base al régimen que tuvieron que hacer reforma exprés con la Asamblea vieja para inhabilitar la nueva

* Confieso haberme opuesto a este régimen desde el primer día, cuando muchos de los que hoy me crucituitan aún votaban por él porque aquí hacía falta “mano dura”.

* Pero sobre todo, me declaro culpable de no tener el más mínimo propósito de enmienda.

* Y por último me arrepiento, además, de haber escrito este artículo cuando la jauría debe estar tras una nueva presa. La historia me absorberá, el Twitter ya me absorbió.

 

@laureanomar

Laureano Márquez May 30, 2018 | Actualizado hace 2 años

 

Tres ceros se van ¡cuántos se han ido! Otra devaluación volverá, más duradera y más calamitosa que el olvido.

Un texto se ha vuelto viral:

“Imagínense el lío,

4 de junio:

las transferencias sin tres ceros,

los billetes con tres ceros,

la memoria

con seis ceros,

los billetes de cien

todavía en circulación,

mi vida en dólares

sin verlos.

Estoy confundido”.

¿Hasta cuándo Julio Borges? hasta cuándo piensas insistir con esta guerra económica ruinosa con la que saboteas una brillante ejecutoria revolucionaria. Sinceramente, desde que la oposición asumió el saboteo como vía de acción, hace casi 20 años, no ha hecho otra cosa que entorpecer los magníficos propósitos de la revolución. Esta ha sido una revolución que ha marchado de boicot en boicot.

Nunca como antes, la oposición venezolana había contado con tantos recursos en el gobierno de Venezuela. El petróleo le llegó a más de 130 dólares el barril. ¿Y qué hizo? destruir la honestidad revolucionaria, forzar a hombres de bien, a gente de profundas convicciones sociales a robar millones de dólares.

Díganme el altote de pelito blanco y el otro, el del tesoro, gente transparente. ¿Por qué creen que tiene caballos pura sangre en Miami?, ¿porque a él le gusta eso? Nooo, no amigos míos, nooo: por culpa de esta oposición fascista que lo colocó ante el dilema: “robo o muerte, viviremos y robaremos, hasta la Andorra siempre” y cosas por el estilo.

Ahí está Pdvsa, por ejemplo. Lo que ha hecho esta oposición apátrida con ella no tiene nombre. Sabotajes generalizados. Díganme lo que hicieron con el tipo de los seguros de la mencionada compañía, al que forzaron a hacerse recontramultimillonario. Sí el de los rolex, el de las fiestas sauditas y las cuentas en dólares, el que regalaba carros y compraba edificios. Todo se sabe en esta Venezuela saboteada.

Fortunas multimillonarias se hicieron por culpa de este modelo cambiario promovido desde la MUD. ¿Y ahora con qué nos viene la oposición?, ¿a qué nos ha forzado por instrucciones de la Casa Blanca?: a esta nueva devaluación. Tres ceros más se le quitan a la moneda por obra y gracia de acciones destructoras conjuntas del Imperio y la oposición apátrida itinerante.

El pueblo ha vuelto a votar en unas elecciones de una transparencia que da asco, en contra de ellos, pero no hay forma ni manera de que lo entiendan, le siguen cobrando al pueblo su consecuencia, hundiéndolo en la miseria e impidiendo el desarrollo de una revolución que traía honestidad, eficiencia administrativa, reducción de ministerios, castigo a los corruptos, equidad en la distribución de los ingresos y una justicia al servicio de los ciudadanos.

Todo, todo este calamitoso estado de cosas que nos lleva a tres ceros menos en la moneda es, obviamente, responsabilidad de estos fascistas que nos desgobiernan (es decir que nos sabotean con la guerra económica, mediática, corrupta, devaluacionista y todo lo demás).

Usted se preguntará, querido lector: ¿entonces qué es lo que ha podido hacer este hermoso gobierno revolucionario en tanto tiempo? La dolorosa respuesta es: no mucho más que aquel esperanzador juramento que sirvió de punto de partida: “juro sobre esta moribunda Constitución”… Ese mismo día, no bien había terminado de jurar el Eterno hijo de la Gran América, comenzó el saboteo.

 

@laureanomar

Carta a la dirigencia opositora, por Laureano Márquez

 

Uno no puede condenar a Chamberlain por haber tratado de negociar con Hitler. Es muy fácil desde el 2018, conocidos los horrores del nazismo, condenar y juzgar, pero “como decíamos ayer”:  “estudiamos la historia para librarnos de la historia”, a decir del Dr. Tomás Straka. De algo tiene que servir estar en el 2018 y no en 1938. En algún momento, el mundo civilizado entendió que había que detener aquello. Vino entonces el tiempo de Churchill con su: “Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles, combatiremos en las montañas. No nos rendiremos jamás”. El ser humano frente a la posibilidad de su exterminio se alía, se organiza, aparta para más tarde las diferencias que, frente a la aniquilación total, lucen momentáneamente superfluas.

La existencia de Venezuela como nación, como proyecto de vida común, está seriamente amenazada. Esto dicho así, suena muy abstracto, pero se traduce en hechos de mucha gravedad: en gente muriendo de hambre, en personas que pierden la vida por falta de medicamentos, en millones huyendo del país -como nunca alcanzamos a imaginar que huiríamos-, en los horrores cotidianos de los que cada uno va teniendo noticias. Cuando en 1999  comenzó esta pesadilla, los que nos opusimos desde ese entonces, los que profetizábamos sus locuras y amenazas en los espacios entonces disponibles, desde el humor a la academia, jamás imaginábamos que podíamos llegar tan bajo. Los países, ciertamente, no tocan fondo, pero también  es verdad que algunos casos -como es el nuestro- escarban para que la caída sea más dolorosa.

Este horror que se vislumbra, señores dirigentes opositores, es también responsabilidad vuestra, por haber pecado de “pensamiento, palabra, obra y omisión”. El mejor escenario para el régimen es el de una oposición dividida: con un grupo dispuesto a legitimar unas elecciones fraudulentas y otro grupo dispuesto a abstenerse para facilitar lo primero. No se puede llamar a una rebelión en contra de quien no tiene escrúpulos para asesinarte, tampoco se puede llamar al voto sin un plan de acción para el día posterior al inevitable fraude. En una situación como esta, todos los argumentos parecen razonables y a la vez todos falaces. Quizá por ello nos agredimos tan despiadadamente entre nosotros mismos. Alguien dijo alguna vez que la verdad es como los relojes, todos sus dueños tienen una hora distinta y todos creen tener la hora correcta.

Esta misiva no es para exponerlos al desprecio público. Me parece absurdo el odio y la descalificación. Es conocido y notorio lo que esto ha significado para muchos de ustedes en términos de cárcel, exilio y sufrimientos colaterales. Nadie tiene la fórmula mágica para salir de esta catástrofe. Las acusaciones de traición que a diario se rifan en la lotería de las redes, quizá se deba a que nadie imaginó que podíamos alcanzar estos niveles de horror, que quienes llegaron al poder con el discurso de redención del pueblo, terminarían aniquilándolo.  Esta carta es para avisarles del dolor, del recelo, de la duda que flota en el ambiente en relación con ustedes. Seguramente es un sentimiento cargado de muchas injusticias, pero que sepan que está allí.

Ojalá que este domingo, cuando el fracaso nos arrope nuevamente, sepan ustedes entender, que esto de la destrucción va en serio y que para tener capital político, partidos, cargos y destino, es menester estar vivos y que si este no es el llegadero, se le parece que jode.

 

@laureanomar