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Entrevista a mercurio retrógrado, por Reuben Morales

 

Tras mucho insistirle al planeta, finalmente pudimos obtener esta exclusiva con el personaje del momento. Lo presentamos con nombre y apellido: Mercurio Retrógrado. He aquí la conversa:

 

REUBEN: Usted se ha puesto muy de moda. ¿De dónde viene toda esta tendencia?

 

MERCURIO: Bueno, porque los otros planetas me empezaron a hacer bullying. Que si “ay, el que se sienta de primerito en el salón”. Que si “ay, el asistente del Sol”. Que si “damercurio”. Hasta que un día me molesté.

 

R: ¿Y por qué el adjetivo de “retrógrado”?

 

M: Porque, en teoría, echo para atrás todo aquello que ha tenido un avance. O sea, destruyo lo construido.

 

R: ¿Entonces usted es chavista?

 

M: ¡Zape! Ése es Marte, que es rojo rojito. De hecho, yo estoy convencido de que esto de Mercurio Retrógrado lo inventaron los chavistas para justificarse.

 

R: Pero tengo entendido que Mercurio Retrógrado es un fenómeno astrológico que se da cada tres meses, ¿cierto?

 

M: Claro, lo que pasa es que la gente comienza a contar los tres meses cuando le conviene.

 

R: ¿Quiere decir que usted es como un chivo expiatorio?

 

M: Tal cual. Se guinda una computadora, es culpa mía. Te peleas con la pareja, es culpa mía. Se va la luz, es culpa mía. De hecho me he convertido en la solución perfecta para el intelectual flojo. ¿Quiere detectar a un vidente mediocre? Vea cuántas veces explica todo con Mercurio Retrógrado.

 

R: ¿Te sientes el enemigo público número uno?

 

M: ¡Para nada! De hecho tengo mi club de fans. Los estudiantes, por ejemplo, cuando salen mal en un examen, acuden a mí y les repiten la prueba. Cuando agarran a alguien siendo infiel, me echa la culpa a mí y lo perdonan. Cuando un presidente lo hace mal, resulta que soy yo. Hasta me llamaron los dibujantes de Scooby-Doo para ponerme de villano en un episodio.

 

R: ¿Y se siente bien recogiendo la basura ajena?

 

M: ¿Sabes qué? Tiene sus beneficios. Mira que hoy en día tú me usas para explicar un fenómeno y termino teniendo más credibilidad que un artículo del “Harvard Business Review”.

 

R: ¿Y le saca partido a esto?

 

M: Sí, claro. Doy asesorías privadas a organizaciones.

 

R: ¿En serio? ¿Y de qué consta una asesoría suya?

 

M: Bueno, básicamente les cuento a mis clientes cuándo es que realmente me voy a manifestar y cuándo no, para que se planifiquen. Es que a los terrícolas les encanta echarme la culpa de todo y la verdad, se pasan. El calentamiento global no es culpa mía. La sobrepoblación, tampoco. La contaminación, menos. Tampoco tengo nada que ver cuando elijen a un presidente malo.

 

R: Bueno, es que usted tiene fama de bipolar.

 

M: ¡Sí, ja, ja! Digamos que soy el dolor de vientre del Sistema Solar.

 

R: ¿Y en medio de todo este embrollo, qué solución práctica le podría ofrecer usted a cualquier ciudadano de a pie que solo busca tener una vida más tranquila?

 

M: Muy buena pregunta. En principio, que no crean en cuentos de camino. Lo otro es que le quiero hacer un llamado a todos los diseñadores de software del mundo. ¡Por favor inventen un antivirus que proteja contra Mercurio Retrógrado! Y a los reporteros del clima les pido algo. No solo den los pronósticos de la lluvia y la temperatura. Incluyan las probabilidades de Mercurio Retrógrado.

 

R: ¡Tremendos consejos! Bueno, y ya para finalizar, ¿tiene algún plan futuro o primicia que nos quiera contar en exclusiva?

 

M: Bueno, sí. En efecto quiero decirle a la gente que por favor viva tranquila y haga sus proyectos sin cuidado porque no vuelvo a estar retrógrado sino hasta el 17 de noviembre.

 

R: ¿Y si les llegase a pasar algo malo de aquí a allá?

 

M: Bueno, ya saben … Mercurio Retrógrado.

 

 

@reubenmorales

Cómo callar al vecino de la música dura, por Reuben Morales

 

Primero es preciso identificar al espécimen en cuestión. El vecino de la música dura suele ser hombre … más específicamente soltero … más específicamente con varios meses sin sexo. Esto convierte a su equipo de sonido en su ritual de apareamiento. El aparato es como las plumas que el pavo real despliega cuando cortejar a su fémina. Por ello, este vecino busca hacerse sentir no solo por el volumen de su música, sino por la hora atravesada en que la pone (como domingo a las siete de la mañana, por ejemplo). Ojalá fuera solo la hora, pero no. También son sus gustos musicales: bachata, baladas viejas, vallenato, salsa erótica, trap o reguetón. De hecho, en un estudio publicado por la UMM (Universidad de Mí Mismo), se demostró que la relación entre el volumen alto, la soltería y el mal gusto musical son directamente proporcionales. Todo ello sería tolerable si el equipo de sonido de este individuo fuese pequeñito, ¡pero no! Su equipo de sonido siempre viene con el mismo accesorio: par de bajos sísmicos capaces de hacer temblar todos los muebles del vecindario.

En cuanto a sus características psicológicas, dicho vecino se define por ser creyente del positivismo. Con la música, busca imponer su buena vibra a la fuerza. Además la música ejerce en él un efecto como el del alcohol: a mayor volumen, más bello se siente. Sin embargo, el delirio llega a su etapa cumbre cuando el vecino entra en la fase karaoke: cantar a todo gañote. Es el preciso momento cuando al difunto Beethoven se le quita la sordera para retorcerse en su tumba. Pues si algo caracteriza a nuestro vecino es que canta peor que una señora de iglesia luego de inhalar helio.

Ahora bien, ya identificado nuestro vecino de la música dura, es necesario dar los consejos recomendados por la UMM para neutralizar a dicho espécimen. Primero, si se llega a encontrar a este vecino en las áreas comunes del edificio o urbanización, comience a hablarle SOLO moviendo los labios. ¡No emita ningún sonido! Él dirá “¿¿Quééé??”. Usted no le pare. ¡Siga moviendo los labios! En cuestión de minutos él se convencerá de haber perdido la audición.

Como segundo, organice un amigo secreto entre los vecinos con una única cláusula: el regalo final solo pueden ser los audífonos gordos y grandes de DJ que están a la moda. Esto lo dejará diplomáticamente acorralado.

Tercera estrategia: quitarle la corriente o seguirle la corriente. Como quitarle la corriente también lo perjudica a usted, entonces sígale la corriente. ¿Ha escuchado que los violadores pierden interés cuando la víctima finge estar disfrutando el forcejeo? Pues haga lo mismo. Cuando nuestro querido amigo tenga la música en todo su apogeo, reúna a varios vecinos y tóquele el timbre. Apenas abra, pónganse todos a bailar, muy animados, y pídanle entrar a la fiesta. Él se cortará por completo. Según la UMM, esta estrategia siempre arroja el mismo resultado: el vecino se verá con nuestros mismos gustos musicales. En consecuencia, los cambiará para volver a llevarnos la contraria. De ahora en adelante solo colocará cosas buenas como jazz, Adelle, Sinatra, reggae o chill out,

La cuarta y última estrategia viene solicitada, incesantemente, por el pueblo venezolano. Si usted tiene a un bulloso vecino de estos en su vecindario, mándelo a Venezuela. Nosotros ya hicimos una recolecta para alquilar un apartamento justo al lado del palacio presidencial de Miraflores. La idea es residenciar a este vecino allí y dotarlo de un gran equipo de sonido para que aflore todo su talento de DJ frustrado cuando quiera. Estamos convencidos de que en solo días, nos sorprenderá el titular “Presidente se marcha por no aguantar a vecino que pone música dura”. Si usted nos ayuda con esto, lo nombraremos héroe nacional, haremos bustos del vecino de la música dura y su hijo se ganará en una beca del 100% para estudiar la carrera que más desee, cuando desee, dentro la prestigiosa y afamada Universidad de Mí Mismo.

 

@reubenmorales

Uno se casa con el fotógrafo, por Reuben Morales

 

Si usted piensa que se casó con su cónyuge, está equivocado. Si piensa que los dueños de la fiesta eran los papás de los novios, está equivocado. Si piensa que la unión la santificaba Dios, usted es un hereje. El verdadero dueño de un matrimonio tiene nombre y apellido: el señor fotógrafo. Puede haber whisky, pero si no hay fotógrafo, se arruinó la fiesta. Puede haber conjunto en vivo, pero si no hay fotógrafo, eso no existió. Uno puede estar celebrando el matrimonio en la mejor casa de fiestas de la ciudad, pero si no hay fotógrafo, eso se convierte en el peor terminal de autobuses.

El fotógrafo de la boda tiene más poder que un hijo concebido entre de Kim Jong Un y Maduro. Él pasa a ser como un Darth Vader. Con solo un movimiento de su mano, mueve a los invitados para donde él quiera. Tú puedes estar casándote en el Vaticano, con el mismísimo Papa, pero ahí manda es el fotógrafo. “Que el fotógrafo dice que cuando les den la ostia, que se queden un rato con la boca abierta y la lengua afuera para agarrar bien el momento”. “Que el fotógrafo dice que cuando se den el beso, que se queden pegados un rato, pero que no junten tanto los labios para que las bocas no salgan apurruñadas”. “Su Santidad Papa Francisco, que el fotógrafo dice que dé la misa más lenta para no perder ningún detalle”. “Que el fotógrafo dice que recojan el arroz del piso y se lo vuelvan a lanzar a los novios para capturar el momento”.

Termina la ceremonia. Uno se va a la fiesta, pensando que la pesadilla acabó, ¡pero no! ¡Ahora comienza lo bueno! Uno quiere llegar al salón de fiestas para beber, bailar y comer como loco, ¡pero es imposible! Toca tomarse las fotos con los novios. “Que el fotógrafo pide que todos vayan a la entrada del salón”. Todo el mundo se va para allá… “¡Ya va, ya va!… ¡Que el fotógrafo dice que dejen los tragos en las mesas para que no salgan en la foto, que eso se ve feo!”. Todo el mundo devuelve los tragos.

Una vez que está todo el mundo en el área de las fotos, el fotógrafo es una prueba de cuánto puede durar nuestra pinta intacta. Uno se vistió, perfumó, peinó, maquilló (en pocas palabras, uno no quiere que ni lo toquen) y el fotógrafo empieza: “¡Ok, caballeros! Necesito que carguen a la novia”. Y uno la carga… aprieta la cara… se sonroja… comienza a sudar… y en eso el fotógrafo suelta la perla: “¡Pero sonrían!”. Entonces uno sale en esa foto con cara de hacer número 2.

De ahí en adelante, la fiesta comienza a tomar un rumbo aparentemente más liberado, pero el personaje sigue ahí… al acecho. “¡Ponte este sombrero de hora loca para la foto!… ¡Pero sopla el pito!… ¡Esoooo!”… Y te lanza una foto con ese flash que te ciega dejándote desubicado de lo más importante: saber dónde dejaste el trago.

Termina la fiesta, pasa la luna de miel y uno cree haberse liberado del yugo fotográfico, pero no. Los siguientes seis meses el fotógrafo gobierna tu relación por bluetooth sin tú saberlo. Deja un chip instalado en la mujer, el cual solo repite: “¿Cuándo estarán las fotos?”… “Amor, llámalo para ver cuándo las entrega”… “Amor, que mi mamá está preguntando por las fotos”… “Amor, esto ya es un abuso”. Finalmente, tras varios meses, llegan las fotos. Pero la cosa no acaba ahí. Ahora debes ser anfitrión de varias reuniones en tu casa donde solo hay un objetivo: ver las fotos del matrimonio.

Afortunadamente, como todo mandato dictatorial, la tiranía del fotógrafo se acaba. El recuerdo de su gobierno solo permanece en esa clásica foto de la boda ubicada el lugar más privilegiado de la sala (y que cada año te atormenta recordándote lo viejo que estás).

Si acaso usted ha sido sobreviviente del yugo de un fotógrafo profesional, por favor contácteme. Estoy creando una fundación secreta sin fines de lucro para el apoyo de las víctimas. En ella damos cursos de fotografía a todos los miembros con el fin de cobrar venganza. Nuestra meta: que algún día nos contrate un fotógrafo para fotografiarle su boda.

 

@reubenmorales

Laureano Márquez Sep 19, 2018 | Actualizado hace 1 año
Mea culpa, por Laureano Márquez

 

No se trata de una particular manera de hacer aguas. La frase viene del latín y significa literalmente “por mi culpa”. En el rito romano, es una oración de preparación para la liturgia en la cual se confiesan públicamente los pecados ante el pueblo de Dios, como decir el Twitter Supremo, para que se entienda. Hago, entonces, mi mea culpa:


I

Conocí a Chávez en 1998 cuando trabajaba en KYS FM. El programa que conducían Alba Cecilia Mujica y Sergio Novelli mantenía un espacio: “Viernes de humor” y la pasábamos bastante bien y parece que el público también. Un viernes se presentó el entonces candidato presidencial, Hugo Chávez. Como se sabía de su visita desde el día anterior, yo llevé varios ejemplares de unos artículos en clave de humor, sobre un supuesto plan de gobierno para la salvación de la economía venezolana, que había escrito para la revista SIC del centro Gumilla. Recuerdo que entre ellos había uno: “Microdiccionario de macroeconomía” en el que definía todos los términos macroeconómicos de manera confusa para producir un efecto cómico ex profeso (que no es alguien que fue profesor, sino una locución latina que significa “a propósito”, “intencionadamente”). Fue la única vez que vi a Chávez en mi vida, pero fue suficiente. Al final de la entrevista, en la que tuvimos un intenso debate, yo caracterizando a Caldera y el caracterizándose a sí mismo, como solía hacer, le regalé los ejemplares de las revistas con los artículos aludidos. Antes de que yo tuviese tiempo de explicarle que eran en clave de joda, él, luego del consabido tic nasal, dijo: Mira, te prometooooo, que voy a estudiar esto detenidamente y te prometoooooo que lo vamos a aplicarrrr…

Supongo que él vio la revista SIC, de corte progresista, y se imaginó que la cosa iba en serio. Ya en el gobierno no hizo otra cosa que aplicar en serio el plan de gobierno que yo le había dado en broma. 


II

(10 años antes). Recién graduado en ciencias políticas, buscaba trabajo desesperadamente. La situación estaba entonces muy difícil para los politólogos, al punto que, muerto un colega en la indigencia, hacíamos una vaca para su sepultura y solicitábamos colaboraciones de 100 bolívares. Inquirido un funcionario de entonces por nosotros:

¿Podrías colaborar con 100 bolívares para enterrar a un politólogo?

El susodicho respondió:¡¡¡Toma 200 y entierra a dos!!!

En un contexto así, naturalmente, conseguir empleo no era sencillo. Vi en El Nacional un aviso en el que solicitaban choferes para metrobús y me presenté con mi currículum. A la semana me llamaron para darme el empleo, pero en esos días surgió también la posibilidad de realizar estudios de postgrado en “Planificación y Gestión Gubernamental”. Opté por estudiar y fui a la C.A. Metro de Caracas a dar aviso de que no tomaría el trabajo. En la taquilla vi la lista de aspirantes; tacharon mi apellido y llamaron al otro aspirante que quedaba por la M. Es decir, que de no haber hecho estudios para gobernar el país, sería yo ahora el presidente. Lamento hasta el día de hoy no haber aceptado el puesto.

Aceptadas estas culpas capitales, como dicen las ventas por TV: “Hay más, mucho más”:

* Nunca he pensado que otro ser humano es una rata ni un gusano. Con ese pensamiento, los nazis exterminaron millones de personas. Así como me opongo a que los chavistas nos sigan aniquilando, tampoco quiero aniquilarlos a ellos.

* Nunca he mandado a nadie a hacer alguna acción que conlleve riesgo, si no estoy presente yo también en la misma, corriéndolo también. En tal sentido -con vergüenza-, reconozco mi admiración por todos los líderes opositores que se la han jugado, que han recibido tortura, agresiones y – de manera especial- por todos los que han sido asesinados en esta lucha.

* Me declaro culpable también de creer que esta es una confrontación ética en la que no podemos convertirnos en aquello que pretendemos cambiar. Eso fue lo que hizo el chavismo, elevando los males que padecíamos a la enésima potencia.

* Me declaro culpable de haber propiciado el voto cuando creí que el voto podía ser útil, como lo fue en la elección de la Asamblea Nacional, cuyos resultados agarraron tan fuera de base al régimen que tuvieron que hacer reforma exprés con la Asamblea vieja para inhabilitar la nueva

* Confieso haberme opuesto a este régimen desde el primer día, cuando muchos de los que hoy me crucituitan aún votaban por él porque aquí hacía falta “mano dura”.

* Pero sobre todo, me declaro culpable de no tener el más mínimo propósito de enmienda.

* Y por último me arrepiento, además, de haber escrito este artículo cuando la jauría debe estar tras una nueva presa. La historia me absorberá, el Twitter ya me absorbió.

 

@laureanomar

Laureano Márquez May 30, 2018 | Actualizado hace 1 año

 

Tres ceros se van ¡cuántos se han ido! Otra devaluación volverá, más duradera y más calamitosa que el olvido.

Un texto se ha vuelto viral:

“Imagínense el lío,

4 de junio:

las transferencias sin tres ceros,

los billetes con tres ceros,

la memoria

con seis ceros,

los billetes de cien

todavía en circulación,

mi vida en dólares

sin verlos.

Estoy confundido”.

¿Hasta cuándo Julio Borges? hasta cuándo piensas insistir con esta guerra económica ruinosa con la que saboteas una brillante ejecutoria revolucionaria. Sinceramente, desde que la oposición asumió el saboteo como vía de acción, hace casi 20 años, no ha hecho otra cosa que entorpecer los magníficos propósitos de la revolución. Esta ha sido una revolución que ha marchado de boicot en boicot.

Nunca como antes, la oposición venezolana había contado con tantos recursos en el gobierno de Venezuela. El petróleo le llegó a más de 130 dólares el barril. ¿Y qué hizo? destruir la honestidad revolucionaria, forzar a hombres de bien, a gente de profundas convicciones sociales a robar millones de dólares.

Díganme el altote de pelito blanco y el otro, el del tesoro, gente transparente. ¿Por qué creen que tiene caballos pura sangre en Miami?, ¿porque a él le gusta eso? Nooo, no amigos míos, nooo: por culpa de esta oposición fascista que lo colocó ante el dilema: “robo o muerte, viviremos y robaremos, hasta la Andorra siempre” y cosas por el estilo.

Ahí está Pdvsa, por ejemplo. Lo que ha hecho esta oposición apátrida con ella no tiene nombre. Sabotajes generalizados. Díganme lo que hicieron con el tipo de los seguros de la mencionada compañía, al que forzaron a hacerse recontramultimillonario. Sí el de los rolex, el de las fiestas sauditas y las cuentas en dólares, el que regalaba carros y compraba edificios. Todo se sabe en esta Venezuela saboteada.

Fortunas multimillonarias se hicieron por culpa de este modelo cambiario promovido desde la MUD. ¿Y ahora con qué nos viene la oposición?, ¿a qué nos ha forzado por instrucciones de la Casa Blanca?: a esta nueva devaluación. Tres ceros más se le quitan a la moneda por obra y gracia de acciones destructoras conjuntas del Imperio y la oposición apátrida itinerante.

El pueblo ha vuelto a votar en unas elecciones de una transparencia que da asco, en contra de ellos, pero no hay forma ni manera de que lo entiendan, le siguen cobrando al pueblo su consecuencia, hundiéndolo en la miseria e impidiendo el desarrollo de una revolución que traía honestidad, eficiencia administrativa, reducción de ministerios, castigo a los corruptos, equidad en la distribución de los ingresos y una justicia al servicio de los ciudadanos.

Todo, todo este calamitoso estado de cosas que nos lleva a tres ceros menos en la moneda es, obviamente, responsabilidad de estos fascistas que nos desgobiernan (es decir que nos sabotean con la guerra económica, mediática, corrupta, devaluacionista y todo lo demás).

Usted se preguntará, querido lector: ¿entonces qué es lo que ha podido hacer este hermoso gobierno revolucionario en tanto tiempo? La dolorosa respuesta es: no mucho más que aquel esperanzador juramento que sirvió de punto de partida: “juro sobre esta moribunda Constitución”… Ese mismo día, no bien había terminado de jurar el Eterno hijo de la Gran América, comenzó el saboteo.

 

@laureanomar

Carta a la dirigencia opositora, por Laureano Márquez

 

Uno no puede condenar a Chamberlain por haber tratado de negociar con Hitler. Es muy fácil desde el 2018, conocidos los horrores del nazismo, condenar y juzgar, pero “como decíamos ayer”:  “estudiamos la historia para librarnos de la historia”, a decir del Dr. Tomás Straka. De algo tiene que servir estar en el 2018 y no en 1938. En algún momento, el mundo civilizado entendió que había que detener aquello. Vino entonces el tiempo de Churchill con su: “Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles, combatiremos en las montañas. No nos rendiremos jamás”. El ser humano frente a la posibilidad de su exterminio se alía, se organiza, aparta para más tarde las diferencias que, frente a la aniquilación total, lucen momentáneamente superfluas.

La existencia de Venezuela como nación, como proyecto de vida común, está seriamente amenazada. Esto dicho así, suena muy abstracto, pero se traduce en hechos de mucha gravedad: en gente muriendo de hambre, en personas que pierden la vida por falta de medicamentos, en millones huyendo del país -como nunca alcanzamos a imaginar que huiríamos-, en los horrores cotidianos de los que cada uno va teniendo noticias. Cuando en 1999  comenzó esta pesadilla, los que nos opusimos desde ese entonces, los que profetizábamos sus locuras y amenazas en los espacios entonces disponibles, desde el humor a la academia, jamás imaginábamos que podíamos llegar tan bajo. Los países, ciertamente, no tocan fondo, pero también  es verdad que algunos casos -como es el nuestro- escarban para que la caída sea más dolorosa.

Este horror que se vislumbra, señores dirigentes opositores, es también responsabilidad vuestra, por haber pecado de “pensamiento, palabra, obra y omisión”. El mejor escenario para el régimen es el de una oposición dividida: con un grupo dispuesto a legitimar unas elecciones fraudulentas y otro grupo dispuesto a abstenerse para facilitar lo primero. No se puede llamar a una rebelión en contra de quien no tiene escrúpulos para asesinarte, tampoco se puede llamar al voto sin un plan de acción para el día posterior al inevitable fraude. En una situación como esta, todos los argumentos parecen razonables y a la vez todos falaces. Quizá por ello nos agredimos tan despiadadamente entre nosotros mismos. Alguien dijo alguna vez que la verdad es como los relojes, todos sus dueños tienen una hora distinta y todos creen tener la hora correcta.

Esta misiva no es para exponerlos al desprecio público. Me parece absurdo el odio y la descalificación. Es conocido y notorio lo que esto ha significado para muchos de ustedes en términos de cárcel, exilio y sufrimientos colaterales. Nadie tiene la fórmula mágica para salir de esta catástrofe. Las acusaciones de traición que a diario se rifan en la lotería de las redes, quizá se deba a que nadie imaginó que podíamos alcanzar estos niveles de horror, que quienes llegaron al poder con el discurso de redención del pueblo, terminarían aniquilándolo.  Esta carta es para avisarles del dolor, del recelo, de la duda que flota en el ambiente en relación con ustedes. Seguramente es un sentimiento cargado de muchas injusticias, pero que sepan que está allí.

Ojalá que este domingo, cuando el fracaso nos arrope nuevamente, sepan ustedes entender, que esto de la destrucción va en serio y que para tener capital político, partidos, cargos y destino, es menester estar vivos y que si este no es el llegadero, se le parece que jode.

 

@laureanomar

Me diagnosticaron un síndrome, por Reuben Morales

Desde hace un tiempo para acá mis amigos no me llaman, mi esposa me rechaza y los sábados en la noche no tengo planes. Preocupado por ello, fui al médico y éste me mandó a hacer unos exámenes de sangre. A la semana volví y el doctor, muy preocupado, me miró a los ojos, tragó fuerte y me dijo: “Amigo, ya analicé los resultados del examen y debo decirle: encontramos algo. Le voy a ser lo más sincero posible y disculpe la crudeza, pero usted padece de un síndrome muy grave: no usa barba”.

Salí aturdido de la consulta. ¡Todo comenzó a tener sentido! Todos los hombres en el pasillo de la clínica usaban barba. Noté sus miradas de desprecio. Solo basta concientizar algo, para empezar a vivirlo en todos lados.

Por ejemplo me tocó asistir a una entrevista de trabajo. Tras ver mi hoja de vida, el gerente de recursos humanos me dijo: “Amigo, muy bueno su perfil, pero lamentablemente no contratamos gente sin barba. Se ven viejos … como vintage … no generan empatía con los clientes”.

Otro día llegué a una fiesta en donde me habían contratado para presentar mi show de stand up comedy y quien me recibió en la puerta dijo:

  • ¿Y usted quién es?
  • Donald Trump… ¡No, vale, soy el comediante que contrataron!
  • ¿Comediante? …  ¿Seguro, amigo? … O sea, usted es gracioso, pero es que no sé … no tiene barba.

Ya, paranoico por la situación, me tocó entrar a una farmacia. La dependiente me preguntó qué quería. Yo balbuceé, apenado, y ella me respondió:

  • ¿Un condón?
  • No, una afeitadora –le dije murmurando y agachando la cabeza.
  • ¿Qué?
  • ¡Una afeitadora!
  • ¡¡¡Ajá señores, miren acá!!! ¡¡¡Un hombre que se afeita!!!

Eso me ofendió profundamente. Inmediatamente busqué su identificativo para denunciarla con la jefa y cuando le veo el cartelito en el pecho, me doy cuenta de su irónico nombre: Bárbara.

Luego fui a una cena familiar. Allí estaba un tío mío hablándole a mi primo menor. “Hijo, mi sueño es que te vayas a los Estados Unidos, estudies en Harvard y tengas una barba varonil”. ¿De cuándo acá la barba pasó de ser un símbolo comunistoide a ser el símbolo del hombre capitalista actual? ¿Acaso seré madurista por estar afeitado? ¿Si Sansón viviese hoy su fuerza estaría en la barba y no en el cabello?

Ya derrotado, no me quedó sino buscar ayuda profesional. Me metí en “Afeitohólicos Anónimos”. Recuerdo esa primera reunión:

  • Hola, soy Reuben y soy afeitohólico.
  • Hola, Reuben –dijeron todos.
  • Quiero confesar que hoy no aguanté y me afeité.
  • ¡Noooooo!
  • Pero no fue solo eso: ¡me eché “after shave”!
  • ¡Uuuuuuuuuuy!
  • Y lo frotaba por mis cachetes … Es que me gusta sentir mis cachetes lisos.
  • ¡Uaaaagh!
  • Y después tuve que botar la afeitadora. La gasté en menos de una semana.
  • ¡Mándenlo a rehabilitación!
  • ¡Tranquilos, yo voy a poder! ¡Un pelo a la vez! ¡Solo por hoy!

 

Tras varias sesiones, el esfuerzo fue inútil. Pasé meses de agonía. Mi familia trató de cambiarme. La sociedad trató de cambiarme, pero fui más fuerte. Hoy en día llevo con dignidad mi cara afeitada. Me he convertido en la voz de muchos hombres que, como yo, sienten incomodidad al usar barba. Hasta saqué mi propia charla motivacional: “La culpa es de la barba”. Todos los días me llegan cientos de mensajes de más y más hombres que salen del closet aceptando su condición de afeitados. Incluso hemos fundando clubes a nivel mundial. ¡Ya basta del pisoteo al hombre sin barba! ¡Nosotros también tenemos derecho al voto!

Afortunadamente la sociedad me ha ido aceptando poco a poco. Tengo días buenos y días malos, aunque cada vez son mejores. Sin embargo, recientemente fui al médico para una consulta de control por mi síndrome de afeitado permanente y el doctor me dio una muy mala noticia. Resulta que tras unos nuevos exámenes, he sido diagnosticado con otra enfermedad peor. Tengo 37 años … vivo en el 2018 … y no tengo ningún tatuaje.

 

@reubenmorales

Mayoría de edad, por Laureano Márquez

A Gloria Villamizar y en ella a todos los que sobrevivimos en este sueño, Tal Cual

 

Tal Cual alcanza la mayoría de edad. Sobrevive a pesar de que sobre nosotros se han desatado todas las furias a lo largo de estos 18 años. La expresión “tal cual” es una frase de reafirmación, alude a un hecho narrado en atención a la verdad. ¡La verdad!, difícil anhelo en las cosas humanas, ya que las mentes son como los relojes: todas tienen una hora diferente, pero todos pretenden tener la hora correcta. Quizá no se pueda determinar con facilidad la verdad en las ciencias humanas, pero sí la mentira descarada y grotesca.

Estos 18 años han sido de engaño: un régimen que se fundamento en el descontento de la gente, en las fallas del pasado, en las limitaciones de la democracia llamada “puntofijista”, se ha convertido en la negación absoluta de todo lo que promovía, al punto de que las fallas del período democrático -que las había- resultan hoy insignificantes.

Tal Cual ha sido la voz de denuncia frente a la barbarie de este tiempo, las inconsistencias y los infinitos abusos cometidos en contra de la justicia, los derechos humanos, la honestidad y la sensatez. Aquí mientras más ceros le quitan a la moneda, más ceros le suman a la factura de Tal Cual. Ya somos prácticamente clandestinos, pero hemos sobrevivido. No lo rieguen mucho, no nos lean, no nos citen, no nos divulguen, no nos den papel.

Quien esto escribe ha estado en esta aventura desde el comienzo. Recuerdo que cuando Teodoro Petkoff me invitó a Tal Cual, yo dejé de escribir para El Mundo, donde cobraba, para venir a Tal Cual a trabajar de gratis. No digo esto como una proeza digna de mérito, en Venezuela la gente que escribe para la prensa lo hace -prácticamente- de gratis. Aquí es válida la frase de Aquiles Nazoa: “el que escribe para comer, ni come ni escribe”. Bajo la jefatura de Javier Conde comencé a tener una columna semanal en la sección de opinión.

Un día Teodoro me dijo: “¡mira, vale, un viernes de estos voy a agarrar un artículo tuyo y lo voy a publicar en la página editorial!, ¡ah bueno!”. Los editoriales de Tal Cual, a cargo siempre de Teodoro, eran el atractivo principal del periódico, ser incluido allí era como recibir un premio Cervantes, para mí.

Un viernes Teodoro cumplió su amenaza, pero en vez de ser “un viernes de estos”, mi columna se convirtió en el editorial permanente de los días viernes. Una gran responsabilidad para el humor. Creo que el peso de los editoriales de los viernes produjo en mí un mayor compromiso con la lucha por la democracia y la libertad que veía crecientemente desmantelada y confiscada.

De los múltiples inconvenientes que nuestro periódico ha tendido con el poder, algunos son de mi responsabilidad. Desde la carta a aquella niña que hoy -una mujer hecha y derecha- tiene la fortuna de estudiar en París, que acarreo multa y juicio en un tribunal de Lara cuando el padre de la criatura advirtió en Aló presidente que no sería raro que un escrito asi acarreara por casualidad, alguna multa y juicio en un tribunal de Lara.

No fue el primer inconveniente, ni el último. Gajes del oficio de resistir los embates de la sinrazón. Tal Cual es -fundamentalmente- un acto de fe de los que aquí trabajamos. Una convicción en la esperanza. La responsabilidad ética de ser la voz de los que no la tienen. Un esfuerzo por realizar un periodismo honesto, profesional, serio. Yo me siento orgulloso de la nobleza de mis compañeros de trabajo, que luchando contracorriente, mantienen vivo el pedacito de libertad desde el que resistimos.

Feliz mayoría de edad.

 

@laureanomar