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Tiempo de descuento, por Juan E. Fernández

@SoyJuanette 

Ya llevamos 100 días, y no estoy hablando de aquella novela protagonizada por Juan Minujín y Carla Peterson que se llamaba 100 días para enamorarse; aunque un poco sí, porque después de 100 días viviendo con alguien o terminas odiándole o amándole. En mi caso afortunadamente ya tengo una relación muy bonita con mi computadora, quien me acompaña las 24 horas sin quejarse y yo, para demostrarle mi amor, la desconecto en la noche para que descanse la pobre.

Pero hoy no les quiero hablar del affaire que tengo con mi computadora, sino más bien quiero usar este espacio para pedirle a los gobiernos del mundo, a la OMS, a la reina Isabel, a don Felipe y al papa, que nos den a todos “Un tiempo de descuento”.

Esto sería un acto de justicia. Hasta ahora nosotros cuidándonos y esforzándonos en no salir (a menos que seas gringo, brasilero o López Obrador), por lo que estaría muy bueno que los poderosos nos den al pueblo, al ciudadano de a pie algo en compensación por esos sacrificios que hacemos por la salud del mundo.  

Ojo, no se trata de una exigencia enardecida ni nada por el estilo. No es que ahora vamos a salir todos a las calles a manifestar, porque recuerden que no se puede, hay que cuidarnos. Pero sí creo que es un acto de justicia, así que les propongo una idea:

¿Qué les parece si este año cuando suenen las 12 campanadas el 31 de diciembre, nos hacemos los locos y hacemos como que no escuchamos?  Para hacérselas más clara ¿Por qué no nos descuentan este año?

Por ejemplo, yo el domingo cumplí 41 años y aunque mucha gente me felicitó yo no les contesté. No porque sea un grosero, o un mal agradecido, sino que preferiría que este año no me lo cuenten. Así que sigo teniendo 40 años.

Si a por ejemplo a tu hijo le correspondía graduarse este año, pues que siga estudiando y se gradúe el que viene, pero sin armar problema en el colegio ni nada. O si su jefe le pide algo “ASAP” (más rápido que Flash), usted busque la manera de hacerse el boludo (el guevón, para mis lectores de Colombia, Venezuela y Chile) y entrégueselo en 2021.

Yo, por ejemplo, estoy haciendo eso con las facturas de la luz, del agua y del gas, no estoy pagando nada; no porque sea un abusador o un aprovechado, sino porque me puse a pensar lo siguiente:

Y si el 2020 es una realidad paralela como Lost, y todo lo que está pasando en realidad no está pasando, entonces… ¿voy a tener que pagar la factura de la luz en aquella realidad y en esta? La verdad el sueldo no me da… Además ¿eso no sería un cobro doble? Porque yo estoy disfrutando la luz en esta realidad, así que el Juanette de la otra realidad que pague lo suyo.

La idea es hacerles creer a todos que seguimos en 2020, pero estando en 2021, o simplemente eliminarlo, hacer de cuenta que no pasó.

Muchas señoras entradas en años me darán la razón, porque así la hermosa costumbre de quitarse la edad no les creará culpa alguna.

Sé que los poderosos del mundo tardarán en contestar mi petición, porque si antes no trabajaban cuando se podía, imagínense cómo estarán ahora. Esa gente ni se levantará de la cama. Por eso les pido que cada uno haga una acción, la que quiera, para aportar su granito de arena y así logramos que nos terminen de descontar este año.

Ojalá no sea demasiado tarde…

 

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Recetas para madurar, por Juan E. Fernández

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette 

Estoy escribiendo estas líneas un domingo por la noche, pero no es cualquier domingo, sino el domingo del Día del Padre. Hace unos minutos tuve un show vía Zoom, y la verdad la remé en dulce de leche, porque es algo nuevo, y es jodido comenzar de nuevo ¿no es así?

Luego de cenar con mis hijos, Nico Amado (ese es el apellido de mi amigo Nico, aunque sí, le hace honor a su apellido pues todos le amamos), me pidió que grabara un video donde contara una anécdota graciosa con mi papá. La verdad es una tarea titánica, pues quienes conocieron a papá saben que era un tipo gracioso.

Luego de pensar en la anécdota graciosa, me acordé de las recetas que tenía mi padre para que un jovencito se convirtiera en hombre, madurara pues. Así que les contaré acerca de “Las recetas para madurar”.

Una frase recurrente que me decía mi viejo cuando me convertí en preadolescente era: “Juancho, tienes que madurar”. Para mi viejo madurar era hacer más trabajo manual y, ojo, no que dejara de leer, pero sí que le metiera más trabajo físico al asunto

Pero ¿hay alguna receta para acelerar la maduración? Según mi papá sí. Recuerdo que, cuando yo tenía 13 años, veía a mis amigos en el secundario presumir de sus tres pelos en la barba. Y yo me frustraba mal, porque no tenía ninguno. Así que acudí al único que me podía ayudar: Juan de la Cruz, mi papá, pues tenía una barba bastante poblada.

Fue ahí cuando me convertí en víctima de las recetas para madurar. El consejo de mi padre para tener una barba decente fue el siguiente: “Juancho, agarra la cáscara del plátano verde (no puedo escribir concha porque esto lo leen argentinos también, así que no insistan, no escribiré concha) póntela en la cara, y en unos meses te saldrá. Desde ese día, todas las noches, antes de dormir, lo hice religiosamente.

Y la verdad no me salió barba, pero capaz fue porque abandoné antes de tiempo. El tema es que a la semana ya el olor a platanal no se aguantaba en mi cuarto, así que desistí.

Pasó el tiempo y, cuando me mudé a Buenos Aires, decidí dejarme la barba. Recuerdo que, en una de esas videollamadas que hacía con papá cada noche, notó que me estaba dejando la barba y me dijo: “Me alegra no solo verte bien, sino saber que en Argentina también hay plátano verde y que has madurado”.

En otra ocasión, con esto de la madurez, papá le dijo a mi primo “Enriquito” (de 11 años en aquel entonces) que tenía que madurar, y que para hacerlo debía hacerse un sombrero con papel periódico, pues a los aguacates, para madurar, los envolvían en periódico… ¿Adivinen que hizo mi primo?

Bueno hasta aquí la columna de hoy. Y si por esas cosas del destino algún preadolescente lampiño llega a leer esto, aplique las recetas para madurar de “El viejo Juan”… Capaz usted, estimado joven, tenga más aguante que yo.

¡Feliz Día del Padre, papá!

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¡Vota por mí, rapidito!, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

¡Hola, [email protected]! Como siempre has estado ahí para mí, así como yo lo he estado para ti (te pido recuerdes todos los favores que te he hecho, como abrirte la puerta para que tú pases primero o las veces que he fregado los platos en tu casa), te voy a pedir un gran favor y espero no te niegues (porque decir “no” genera karma y ya tú sabes: el que la hace la paga aquí mismo, en esta vida).

Te cuento que me metí en un concurso de figuritas de origami basado en la milenaria técnica tradicional del origami del suroeste occidental del Japón meridional.

Mi figurita está concursando y quien reciba más votos se ganará una beca de un año para ir a Japón a estudiar esta técnica de origami.

En tus manos está el que yo viaje a Japón, pues sabes que este es uno de mis verdaderos talentos (no el origami, sino el fastidiarte para que votes por mí). Después te digo qué te traeré de allá, pues solo aceptan una maleta de 23 kilos; por lo ­que este voto tuyo podría convertirse en un llavero tradicional del Japón (aunque atrás diga “Made in China”).

¿Cómo votar por mí? ¡Sencillo! Es una página muy fácil de recordar. Métete en www.ConcursoDeOrigamiTradicionalDelSuroesteOccidentalDelJaponMeridional.com. Una vez allí, debes crearte un usuario y dejar que la página acceda a todos tus contactos (pues lo que realmente les interesa es tu base de datos, la cual vale más que mi pasaje).

Para crearte tu usuario, llena el formulario que ahí te muestran. Debes subir tu foto, dar tu primer nombre, segundo nombre, primer apellido, segundo apellido, fecha de nacimiento, signo del zodíaco, número de la suerte, color favorito, número de cédula, ciudad de expedición de la misma, cuándo vence, número de pasaporte, ciudad de expedición del mismo, cuándo vence, tu nacionalidad, número de teléfono, dirección de habitación, nacionalidad de tu mamá, nacionalidad de tu papá, fecha de nacimiento de ambos, cuántos hijos tienes (y si tienes, fechas de nacimiento de cada uno), enfermedades que ha habido en tu familia, tu dirección de correo electrónico y tu usuario de redes. Hecho esto, debes crearte una contraseña. Es muy fácil. Solo debe tener cinco letras mayúsculas, cinco letras minúsculas, tres números, un espacio, un signo de puntuación, el título de un libro que haya ganado Premio Nobel y tener, al menos, 47 caracteres.

Con tu usuario ya registrado, la página te dará acceso. Luego te mostrará un video de 34 minutos del Ministerio Imperial del Turismo del Japón. Debes verlo a juro. Si lo tratas de saltar, te hará empezar todo el procedimiento de nuevo. Ya visto el video, pasarás a la sección de votación. La única forma de votar es que veas todas las propuestas. Es una costumbre social de cortesía japonesa. Apenas son 170 propuestas y la mía es la número 168.

Cuando vayas a votar por mi propuesta, ten en cuenta algo. La página te pide que valides tu voto tomándote una foto en la cual salgas sosteniendo tu pasaporte vigente al lado de tu rostro. Una vez subas la foto, espera a que la página confirme que eres tú. Ya validado, la página te envía un correo electrónico. Entonces te metes en tu buzón y le das click al enlace que te envían. Eso te llevará de nuevo a la página y te mostrará un anuncio que dice “Voto Aprobado” (hasta tanto no aparezca este mensaje, tu voto no habrá sido registrado, así que por favor debes esperar verlo). Una vez completados estos breves pasos, ¡listo! ¡Y por favor, te pido en el alma, no dejes de hacerlo! ¡El ganador del año pasado ganó con apenas 3 votos!

¡De antemano, muchas gracias por apoyarme con tu voto! ¡No sabes lo que significa para mí! Que por cierto… ¿recuerdas a mi prima Lele? ¿La que siempre viene a mi casa en los cumpleaños? Ella también está concursando, pero en otra categoría de la misma página. ¿Podrías votar por ella también, por fa?

 

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La nueva “anormalidad”, por Eduardo E. Fernández

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette 

Desde hace 100 días estoy en mi casa con mi pijama de unicornio puesta y escuchando el parte de contagios que, cada noche, nos dicen por las noticias. Yo que nunca fui muy amigo del ejercicio hasta me compré unas cuerdas para saltar, a lo Rocky, porque hay que hacer algo para mantenerme en movimiento.

Busco en la escritura una forma de hacer catarsis y tratar de ser gracioso. Porque, la verdad, con el stand up por Zoom no me siento cómodo. No sé, me cuesta eso de no poder ver al otro a la cara para saber si se la está pasando bien, o si cree que mi rutina es una cagada. Tal vez me da miedo descubrir que no soy tan gracioso como creen…

A mis amigos, algunos comediantes, les cuento lo que me pasa y me dicen: bueno “che”, que vuelva cuando tenga que volver. De eso se trata la nueva normalidad, hay que adaptarse.  

¿Qué es la nueva normalidad?

Pues, aunque todos crean que están a la moda usando este término, les cuento que es más viejo que Matusalén. Bueno, no tanto, pero sí es reviejo: la primera vez que se usó “nueva normalidad” fue el 18 de mayo de 2008, en Bloomberg News. En ese medio fue acuñado por los periodistas estadounidenses Rich Miller y Matthew Benjamin, tras la crisis financiera de aquel año. Sí, aquella de la burbuja inmobiliaria, donde los bancos le dieron más plata a la gente de la que podía pagar y se fue todo al carajo. Entonces vino Buffet y les prestó mucha guita; sí, esa misma.

También la usaron en China en 2012, cuando la economía se desaceleró (mucho antes de que Martín Liberman tomara sopa de murciélago).

Como ven, “nueva normalidad” es un término usado por los economistas, esas personas que han leído mucho, y que salen por televisión para explicarnos cómo se va todo al carajo. Pero no te dan una solución, básicamente porque no la saben. Los economistas son como ese amigo pesado que te hace spoilers y te cuenta el final de la serie. 

¿Qué es la nueva anormalidad?

Este término fue usado por primera vez en junio de 2020 por el comediante argenzolano “Juanette” (espero nadie me desmienta). La nueva anormalidad consiste en hacer creer a las personas de todo el mundo que las cosas que son completamente anormales en realidad no lo son, y que está bueno hacerlas.

Ahora bien, ¿cómo se instala en la sociedad? Pues para ir posicionando el término en el imaginario social, es fundamental que todos los días, en los medios de comunicación, aparezca un experto (si es un infectólogo mejor), diciendo lo siguiente:

“El mundo tal y como lo conocíamos antes de la pandemia ya no existe”, y es importante que lo diga viendo a la cámara y con un tono de voz tipo Alfred Hitchcock.

Es fundamental hacerles creer a las personas que las cosas que harán en la bien llamada “nueva anormalidad” son divertidas y hasta cool. Como por ejemplo ir a un recital dentro de una burbuja, visitar un restaurante y meterte en un iglú para que el mesero te tire el pedido a través de una ventanilla, como si estuviese alimentando a un animal.

En fin, la verdad es que son muchas cosas “chéveres” las que haremos en la nueva anormalidad. Así que listaré algunas que he recogido en las investigaciones que he hecho por todo el mundo desde el sillón de mi casa:

* En algunos países de Europa (está bien en Italia) debes mantener la distancia social en trenes, restaurantes y lugares públicos, pero en los vuelos no hace falta… más que nada porque las low cost se amotinaron y tienen que vender pasajes.

* España habilitará las discotecas (boliches para los argentinos) pero no se podrá ir a bailar… esto es básicamente una versión del chiste “¿Papá puedo mirar la TV? Si, hijo mírala, pero no la enciendas.

* Los niños pueden ir a los parques, pero no pueden jugar en los aparatos.

* Puedes sacar a las mascotas para que hagan del “uno”, pero con lo del “dos”, es recomendable una colostomía.

Si llegan a venir los extraterrestres, no te les puedes acercar. Y darles de nuestra comida ¡menos! Fíjate en dónde estamos por una sopa de murciélago… no quiero ni pensar lo que le pasaría a la galaxia si un marciano se come una hamburguesa de lentejas, o peor, aun guaymallen de fruta. 

Quiero aclarar, antes de que me acusen de anticuarentena… que sí, que estoy podrido de la cuarentena. Ojo, sé que la pandemia existe y sus muertos lamentablemente también, pero la idea de que es algo orquestado para establecer un nuevo patrón de comportamiento en el mundo… también aclaro que soy consciente de que la Tierra es redonda. Y juro por Dios que no soy reptiliano.

Bueno espero que este artículo te sirva para ir aceptando lo que se viene. ¿Qué otras cosas crees que haremos en la nueva anormalidad?

Me encantaría seguir conversando, pero ahora debo dejarte porque tengo que saltar la cuerda.

 

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¿Qué más podría pasar en el 2020?, por Reuben Morales y Alejandra Solano

@ReubenMoralesYa / @alesolano 

El 2020… año de cumplir las metas que no se lograron en el 2019, pero que debimos haber logrado en el 2018 y que a su vez teníamos pendientes desde el 2017.

En fin, son esos últimos 5 kilos que no hemos bajado desde el 2016 (que ahora, gracias a la cuarentena, son 15). Hasta la numerología del año 2020 lo explica todo: 2 + 0 + 2 + 0 = ¡Los 4 jinetes del Apocalipsis! Y no son El Zorro, Don Quijote, El Llanero Solitario y Woody. Un año que ha sido más polémico que influencer tratando de hacerse tendencia. ¡Y lo que falta!

Por eso queremos advertirle cuáles serán los acontecimientos que faltan por vivir este año según la BBC (o sea, nuestros Burdos y Banales Chistes). ¡Alerta!

Bill Gates se suicida. La autopsia revela que fue porque no se le actualizaba el Windows.

Un niño, con nostalgia por hacer travesuras en la escuela, inventa una app para cambiarle la voz a los profesores, lanzar papelitos en clases virtuales y escaparse del salón sin que se note en Zoom. YouTube lo contrata y se convierte en la persona que más dinero gana en la cuarentena.

Astrólogos del mundo se unen en un gran paro general para boicotear a Los Simpson. Dicen que “ellos pegan todas las predicciones y nos dejan sin trabajo”.

Como parte de sus polémicas en Twitter, JK Rowling decide mudar Hogwarts a la casa de unos babalaos en La Habana. 

Melania Trump se hace viral porque se muestra “sin una gota de maquillaje”, sale sonriendo en una foto y se une a la causa “Black Lives Matter” al enterarse de la leyenda del Negro Manguera.

Astronautas del SpaceX deciden no regresar a La Tierra porque en La Luna no hay competencia y así podrán fundar todos los negocios posibles antes de que llegue más gente.

Salen a la luz pública mujeres que dicen haber sido acosadas sexualmente por Stephen Hawking. Todas alegan que él siempre buscaba mostrarles su número “Pi” al cuadrado.

En un bar de Missouri, un asiático agrede a un nativo norteamericano que golpeaba a un caucásico mientras un afroamericano observaba todo desde la acera de enfrente. Tras levantar el caso, la policía del condado concluye en su informe que “el culpable fue el negro de la acera”.

 

El 31 de diciembre, cuando pensábamos que el 2020 ya se acabaría…

Anonymous remata el año hackeando Google.

Gobierno de Estados Unidos ofrece 100 millones de dólares por el cerebro de Maduro… Nadie lo encuentra.

Para aumentar sus seguidores, todos los influencers del mundo sacan documentales donde revelan que, en sus vidas privadas, sufren de depresión, bipolaridad, pie de atleta, mal de San Vito, estrabismo, escoliosis, culebrilla, cataratas, VPH, seborrea, cadillos, gastritis, diarrea, coronavirus, gripe aviar, sida, cáncer, ébola… y también meten dinero en mandalas.

El FBI captura a Anonymous y, al quitarle la máscara, descubre que es un actor que antes hacía de Mickey en Magic Kingdom. La cosa es que había quedado desempleado tras el cierre de los parques.

Para realzar el alcance de la Iglesia católica, el papa Francisco graba el Ave María con Bad Bunny.

Carolina Herrera le paga a científico de Harvard para que publique un estudio donde demuestra que las Crocs dan cáncer (es solo para que la gente deje de usar esas cholas tan feas).

¿Ven? Y lo peor es que las cosas no terminan aquí, pues revisando otra vez la numerología del año 2020, volvemos a sumar 2 + 0 + 2 + 0 y la predicción es clarita: ¡Este año nos tiene en 4!

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Como el chiste de Jaimito, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Nosotros estamos como aquel chiste de Jaimito en el que está jugando con dos perritos y su tía se le acerca y le comenta:

– Qué lindos perritos, Jaimito, ¿de qué raza son?

– ¡Uno es dálmata!

– ¿Y el otro?

– También.

– Ah, ¿y son machos?

– Uno sí.

– ¿Y el otro?

– También.

La tía, ya un poco molesta, le pregunta de nuevo:

– ¿Se portan bien?

– Uno sí.

– ¿Y el otro?

– También.

–  Pero bueno, jaimito, ¿por qué siempre  me respondes uno sí y luego el otro también en lugar de decirme los dos?

– Ah, es que uno es mío.

– ¿Y el otro?

– ¡También!

Frente a las adversidades que enfrentamos nosotros estamos como este chiste:

– Venezuela es el país con las mayores reservas de crudo del planeta, su industria petrolera fue de las primeras del mundo. Si nos llega gasolina importada de Irán es indicio inequívoco de que estamos bastante mal…

– Y si no nos llega?

– También

– Si no hay control de las autoridades, la venta de gasolina en dólares será el nuevo CADIVI…

– ¿Y si hay control?

– También

– En esta pandemia de covid-19, con la infraestructura hospitalaria colapsada y en ruinas, si aumentan los casos del coronavirus en Venezuela tendríamos una situación sanitaria muy complicada

– ¿Y si no aumentan?

– También

– Para los venezolanos que han emigrado a los países vecinos, la crisis del coronavirus ha supuesto desprecio y maltrato…

– ¿Y para los que regresan?

– También

– Frente a un régimen arbitrario como el que tenemos, sin apego ninguno a la institucionalidad democrática ni al ordenamiento constitucional, si no interviene la fuerza armada, será muy difícil lograr volver a la democracia…

– ¿Y si interviene?

– También

– Si no establecemos un diálogo con el oficialismo que permita unos acuerdos básicos para sacar al país de la crisis, seguiremos empeorando…

– ¿Y si lo establecemos?

– También

– Por último: si no participamos en las elecciones parlamentarias, la oposición -que es mayoría- perderá el control de la Asamblea Nacional…

– ¿Y si participamos?

– También

– Cómo haremos para salir de este círculo infernal, porque este régimen sí que nos ha complicado la vida…

– ¿Y la oposición?

– ¡También!

 

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El Consulado, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Es una vieja institución de la República romana (la antigua Roma, anterior al imperio mesmo, aproximadamente 500 años a. C.). Era un cargo anual (o sea, de un año), una forma de gobierno ejercida por dos personas a la vez (cargo colegiado, que llaman). Consulado originariamente se refiere a “los que caminan juntos”, queriendo significar con ello que ambos magistrados tenían similar poder.

Palabras emparentadas con consulado son consultar, consulta y jurisconsulto, nada que ver con insulto o insultar, que literalmente significan “asaltar” o “saltar sobre otro”, pero más concretamente “agredir de palabra”, “mofarse” o “hablar de una persona en forma cruel o despectiva” i.t.m.d.m (incluye también mentada de madre).

Los cónsules compartían poder administrativo y militar y su poder se fue diluyendo progresivamente hasta que el Senado los terminó pasando como algo decorativo por el forro romano, allá por los alrededores del arco de Trajano.

A los cónsules inicialmente se les llamó pretores. En latín el prefijo “prae” significa “el que va antes de” o “delante de” (no confundir con “pran”, aunque este vaya delante de todo el mundo). De allí palabras como “prejuicio” (antes del juicio), “precoz” (antes maduro) o “prepucio” (delante del pucio).

Lo que sí está claro es que el cargo estuvo primeramente limitado a los patricios (y patricias, para usar lenguaje inclusivo). Cuando se promulgó la ley Licinia (estamos hablando del 367 a. C., a eso de las once y media de la mañana) se dispuso que uno de los dos cónsules debía ser electo entre los plebeyos (aquí sí que no “antes de bellos” porque en ese caso sería “prebellos”. Al respecto ver: “mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo” -rojo rojito, naturalmente-).

Bueno, para hacerles el cuento corto, como dicen los cubanos, la institución del consulado fue perdiendo poder en los últimos años de la República hasta convertirse en un cargo meramente honorífico. Al final, Cayo Aurelio, Cayo Claudio, Cayo Julio César, hasta que terminaron callando todos.

Vino entonces el tiempo de Siervo Suplicio con lo que la República llegó, no ya al Séptimo Severo, sino al XXI Severo. Ya Cómodo en el poder, Sila situación no cambia, Caracalla nos llevará a las catacumbas, pero eso es otro terma.

Los cónsules vestían con una “toga praetexta” una toga con un tejido “antes de” -nuevamente- la toga (de allí “pretexto”, aquello que “se teje” para cubrir algo). Los zapatos: “calcei senatorii”, solo ellos sabían dónde les apretaban. Los cónsules tenían una escolta y 12 lictores (que no lectores, porque realmente eran bastante brutos).

Como dato curioso, en el año 59 a. C. el cónsul que hacía pareja con Julio César, Marcus Calpurnius Bibulus, no tenía manera de contrarrestar las imposiciones de aquel. De manera que en ese año todo sucedió como si César hubiese gobernado solo. Los romanos, a modo de broma, hablaban del año del consulado de Julio y César. La única decisión que uno de los cónsules podía tomar por sí solo, sin que pudiera ser vetada por el otro, era el nombramiento de un dictador en caso de grave crisis. En la práctica, Julio César, “in pectore”, ya se había autodesignado.

Aunque se refería a otra forma de consulado, vale la pena, para terminar, recordar al gran humorista Francisco Pimentel (Job Pim) cuando en tiempos de López Contreras lo designaron cónsul en Sevilla para, de alguna manera, resarcir los maltratos de la dictadura. En aquel momento dijo una frase que viene a cuento: “Este es un consulado bueno, pero consulado malo”.

 

P.D.: en otro orden de ideas, que alguien le abra la puerta a Walter antes de que la Tierra vuelva a girar una vez más sobre su eje.

 

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Buscando la señal del satélite, por Juan E. Fernández
Ilustración de Alex Almarza.

@SoyJuanette 

Escribir esta columna me costó mucho, por lo que significó para mí el cierre de operaciones de DIRECTV Venezuela. La verdad no creí que me afectaría tanto. Sé que muchos dirán “pero Juanette, no seas tan dramático, es solo una empresa”.

Lo que pasa, mi querido amigo lector (o lectores), es que ese fue mi primer trabajo. Es más, si algún día se escribiera mi biografía, mi paso por DIRECTV tendría que estar porque mucho de lo que soy hoy es gracias a la empresa y a la gente con que trabajé en esa organización.

Todo comenzó en 1997, cuando mi tío Antonio Colmenares, Merejo, me pidió un CV para ayudarme a conseguir un empleo. Nadie me lo ha confesado nunca, pero creo que en mi familia se fraguó un plan para que yo trabajara pues, además de contar con 17 años, tenía la idea loca de estudiar cine. Supongo que mis padres temían que no pudiera vivir del séptimo arte (cuánta razón tenían), así que mi tío me ayudó a entrar en aquella compañía de la Organización Cisneros.  

Recuerdo que en el primer contacto me entrevistó Marielsy Pérez y poco después me llamó Eva Araujo. Fue así cómo comencé a viajar de Catia a Las Mercedes, primero en Metro y a los años en mi primer automóvil, que compré gracias a mi trabajo en DIRECTV.

Al principio empecé como operador de Atención al Cliente los fines de semana, y debo confesar que para mí eso no era un trabajo porque teníamos una TV para hacer pruebas, que también aprovechábamos para ver Casado con hijos, Tres por tres, Salvado por la campana, y los partidos de fútbol y béisbol. Es más, bajábamos al CADA de Paseo Las Mercedes y nos apertrechábamos de golosinas. Todos queríamos trabajar más horas, no solo por el pago extra, sino para divertirnos. En ese entonces el cable no existía y para ver canales del extranjero tenías que tener una antena parabólica.

DIRECTV no fue solo un trabajo, fue una filosofía de vida. Entré siendo un niño, cargado de muchos sueños y metas. Y me fui siendo un profesional, con dos carreras terminadas (que pagué gracias a DIRECTV), con una familia y con dos hijos.

Además, estando en DIRECTV, viví 3 mundiales de fútbol, varias copas de campeones, la elección de un papa, el terremoto de Cariaco, la toma de rehenes en San Román, la tragedia de Vargas, el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y la guerra del Golfo Pérsico, entre otros.

Pero no solo viví momentos históricos, sino que conocí a gente maravillosa, que fueron además de compañeros de trabajo, amigos entrañables que aún hoy conservo.

Lamentablemente hace unos días, los miembros de esa gran familia de “Sangre Azul”, no solo los que quedaron en Venezuela, sino los que estamos por todo el mundo, recibimos una muy mala noticia: 600 familias se enteraron por correo electrónico que se habían quedado sin trabajo, pues DIRECTV dejaba de operar en Venezuela.

Pero ¿por qué cerró? podría decirse que DIRECTV Venezuela fue la víctima del conflicto político que afecta nuestro país desde hace muchos años. Horas después, el TSJ daba la orden de que fueran intervenidas por CONATEL todas las oficinas y el centro de transmisiones y a la junta directiva se le prohibió la salida del país (acá quiero expresar mi solidaridad con Rodolfo Carrano y Hector Rivero, hombres honestos y trabajadores a quienes conozco desde hace muchos años).

Poco después, la junta interventora pedía infructuosamente a DIRECTV que restableciera la señal ¿por qué? Porque usted puede tomar las oficinas y el centro de transmisiones, pero la señal se sube desde Estados Unidos…

Podría decirse que, una vez más, el Gobierno de Maduro se quedó “Buscando la señal del satélite”.

Quiero cerrar esta nota diciéndoles a mis compañeros de DIRECTV: recuerden que, aunque ya no estemos en la compañía, siempre, sin importar a donde vayamos, tenemos que seguir adelante “1 km más”.

 

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