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Cartas a un hijo

El Parlamento trata de cerrar sus heridas tras el caso Zapatero

 

En la votación que concluyó con la “sanción moral” contra el expresidente del gobierno español, la gran perdedora fue la Asamblea Nacional. Pese a las diferencias que se expresaron en el debate, desde Voluntad Popular y Primero Justicia salen en defensa de sus colegas atacados en las redes sociales

@pppenaloza

De la Lista Tascón a la Lista Zapatero. El acuerdo parlamentario que el martes 6 de noviembre planteó una especie de “sanción moral” contra el expresidente del gobierno español por su cuestionada intervención en el último proceso de negociación, desembocó en una degollina pública contra los 43 diputados que rechazaron censurar al líder europeo y terminó mancillando la imagen de toda la Cámara.

La Asamblea Nacional abordó temas muy importantes en esa sesión. Condenó “la amenaza de muerte de Nicolás Maduro al diputado Américo De Grazia y al dirigente político Andrés Velásquez”. Alzó su voz “en defensa de la soberanía del territorio nacional” frente al ataque de irregulares colombianos en el estado Amazonas, que asesinaron a tres efectivos de la Guardia Nacional el domingo 4 de noviembre. Y fustigaron la designación de Elvis Amoroso como contralor general de la República y la presentación del proyecto de Ley de Presupuesto de 2019 ante la Asamblea Nacional Constituyente.

Sin embargo, nadie se enteró de eso. Lo único que trascendió de aquella jornada fue la discordia que desató un punto del “acuerdo en respaldo de la resolución del Parlamento Europeo” que manifestó su “compromiso con el restablecimiento de la democracia” en Venezuela. La incorporación de un párrafo que declaraba “no admisible  la mediación del señor José Luis Rodríguez Zapatero” dividió a la fracción de la Unidad -53 a favor y 43 en contra- y fue “la noticia” del día.

Uno de los 43 que no votó el acuerdo que incluía el repudio a Zapatero -y que pide no ser identificado- admite que fallaron al momento de explicar sus razones. Aclara que no defendieron la mediación o actuación del expresidente español. “No consideramos estratégico ese tema porque se trataba únicamente de avalar la actuación del Parlamento Europeo y de la Unión Europea, que ya ha manifestado que no tiene a Zapatero como su representante en este proceso”, acota.

El embajador de España en Venezuela, Jesús Silva, dijo el 30 de octubre con respecto al líder socialista: “Es legítimo que haya una parte de la oposición que no se sienta representada, que no lo quiera, pero (…) él es un señor que ha ayudado y que ha intentado ayudar, que lo habrá hecho mejor o peor, habrá errado o no habrá errado eso es cuestión ya de cada uno juzgarlo, pero yo creo que merece respeto, eso sí”.

Ni el gobierno del conservador Mariano Rajoy ni el de su sucesor, el socialista Pedro Sánchez, han identificado a Zapatero como su “hombre” en Caracas. Pero tampoco ninguno lo ha descalificado y siempre la embajada le brindó todo el apoyo en atención a su condición de antiguo jefe del Ejecutivo español.

Además de los temas diplomáticos, otro legislador de los 43 agrega: “En lugar de cuestionar a Zapatero, lo que debemos hacer es nombrar nosotros a nuestro mediador o facilitador. En caso de que volvamos a la mesa de negociación, tendremos que llevar a nuestro representante y el gobierno irá con quien estime pertinente”.

Golpeados, pero unidos

El jefe de la bancada, Juan Guaidó (VP-Vargas), votó a favor de censurar a Zapatero. No obstante, sale en defensa de todos sus compañeros. “Aquí es importante rescatar la integridad de la institución y destacar la labor de los parlamentarios que han resistido ataques armados y que están sin sueldo en el único reducto democrático del país”, subrayó el diputado a Runrunes.

Guaidó recuerda que “durante el año se han aprobado más de 70 acuerdos por unanimidad”, de ese total cinco en la sesión del martes 6 de noviembre. Apunta que con el caso de la mención a Zapatero “hubo una pequeña diferencia”, pero todos coincidieron en los asuntos más importantes como solicitar a la UE que se adhiera a la petición para que “la Corte Penal Internacional inicie formalmente una investigación por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Venezuela”.

“El que intenta dividir es el régimen, al que le conviene un Parlamento dividido es al régimen. No existe una fracción que apoye a una u otra persona, existe una fracción que ha estado respaldando al pueblo de Venezuela”, enfatizó el portavoz de Voluntad Popular y candidato a presidir la Cámara en 2019.

El presidente de la Comisión de Finanzas, Rafael Guzmán (PJ-Miranda), también votó contra Zapatero y luego, por medio de un comunicado, expresó: “Rechazo de forma categórica los señalamientos que, especialmente desde las redes sociales, se le han proferido a mis compañeros diputados, pues lejos de ser beneficioso, esto solo abona el terreno para las divisiones y los errores”.

Guzmán advirtió que “es cierto que los electores tenemos derecho a demandar respuestas de lo que hacen los elegidos, pero estamos rayando al punto de confundir contraloría ciudadana con linchamiento”.

En contraste, la fracción 16 de Julio – de María Corina Machado- sí se ha encargado de remarcar las diferencias. Primero, cuando desecharon su propuesta de abrir un debate para declarar persona no grata a Zapatero, Machado reaccionó en Twitter: “El país, el mundo y la historia juzgarán”. Tras la aprobación del acuerdo, Machado recalcó en Instagram: “orgullosa de cada uno de los 53 diputados que se pusieron del lado de los venezolanos. La historia será implacable y esta es una lucha existencial mientras el país se desmorona”.

Una semana antes, medios digitales recogieron opiniones de Biagio Pilieri (Yaracuy-Convergencia) donde urgía a votar la declaración de persona no grata “para que sepamos de una vez por todas qué diputados de la Asamblea Nacional son amigos de Zapatero o no. Quiénes son parte de la fracción Venezuela y quiénes representan la fracción Zapatero”. Pilieri está alineado con la fundadora de Vente Venezuela.

Degradación moral

Las discrepancias en el seno de la bancada y la publicación de la lista con los nombres de los 43 diputados, provocó un agrio debate en las redes sociales. La crítica al expresidente español pasó a un segundo plano y todos los dardos –o misiles- se lanzaron contra la supuesta “fracción Zapatero”, sobre la cual cayó una lluvia de denuestos de todo calibre.

En medio de la discusión, surgieron otros temas como la disciplina partidista de los legisladores y si fue “correcto” que algunos medios difundieran la lista. Desde una perspectiva formal, las respuestas a esas preguntas están en la Constitución.

Los parlamentarios están “obligados” a mantener a sus electores “informados e informadas acerca de su gestión y la de la Asamblea”. “Solo responderán ante los electores o electoras y el cuerpo legislativo”. Y “son representantes del pueblo y de los estados en su conjunto, no sujetos o sujetas a mandatos ni instrucciones, sino solo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal”.

El Reglamento Interior y de Debates añade que “todas las votaciones serán públicas. Excepcionalmente podrán ser secretas cuando así lo acuerde la mayoría absoluta de los diputados o diputadas presentes”. Igualmente, establece que “cualquiera de los parlamentarios presentes podrá solicitar la votación nominal”. Lo que no regula ninguna ley es el uso que se le dé a esas votaciones ante la opinión pública.

“Todo ciudadano tiene plena legitimidad y está enteramente facultado para demandar o exigir la rendición de cuentas de los funcionarios públicos. A lo que no tiene derecho, sobre todo si desea reivindicar un talante liberal, es a discriminar, segregar o degradar moralmente”, escribió en Twitter el politólogo John Magdaleno, cuyo reflexión parece dirigida a Machado y su partido Vente, que levantan las banderas del liberalismo.

Magdaleno indicó que “una cosa es escrutar, fiscalizar y hasta criticar el desempeño de los funcionarios públicos y otra muy distinta es obrar con prácticas de deshumanización, que pasan por la degradación moral. Y me refiero a prácticas que observo entre opositores, para que no haya lugar a dudas”.

En otro mensaje, el académico sentenció: “cualquier intento de discriminación, segregación social o degradación moral es profundamente anti-liberal y anti-democrático. Así intente hacerse en nombre de un presunto ‘liberalismo’. Lo repetiré hasta el cansancio”.

¡Éramos felices y no lo sabíamos! por Carlos Dorado

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En el mundo moderno, la felicidad está rodeada de mitos, y la compresión de la misma, así como también el dónde encontrarla están distorsionadas. Generalmente es el pensamiento y no el acontecimiento real, lo que hace o crea la infelicidad, haciendo que  los sufrimientos se perpetúen como una forma de dolor autogenerado. Sin embargo, la felicidad siempre se encuentra en el aspecto positivo de cada evento y concepto, por muy pequeño porcentaje que ésta tenga en ese evento.

Todo esto viene a colación a raíz de una persona que perdió a su hijo, cuando en una intervención quirúrgica le insertaron una jeringa para introducirle dióxido de carbono. Lamentablemente, la aguja entró unos milímetros demasiado lejos y perforó la arteria femoral, uno de los mayores vasos sanguíneos que trasporta sangre desde el corazón. En unas pocas horas el muchacho estaba muerto.

Sin lugar a dudas, que perder un hijo de dieciocho años debe ser una de las experiencias más duras que una persona pueda padecer, sobre todo cuando estaba en la plenitud de su vida, y todo surgió en forma tan inesperada, y debido a un error humano involuntario.

Lo primero que una persona se cuestiona es: ¿Por qué a mi hijo? ¿Por qué a mí? ¿Cómo se puede justificar sin perder la fe? ¿Qué sentido tiene la vida de ahora en adelante? ¿La vida es injusta? Olvidándose incluso de los otros hijos que tiene y para los cuales la vida continúa, y seguramente van a requerir más que nunca del apoyo y la guía de unos padres, ante la ausencia de su hermano.

Éramos felices y no lo sabíamos”, comentó. Mientras transitaba por las etapas lógicas de este tipo de tragedias. No paraba de llorar, el dolor de perder a su hijo era como un cuchillo permanentemente clavado en el corazón. Por momentos creía enloquecer. No tenía sentido seguir viviendo otro día más. Terminando por destruirle su fe en la vida.  

Hasta que un buen día comenzó a desplazar la atención de lo que su hijo había dejado de ser, por lo que fue. De lo que hubieran vivido, por lo que han vivido. De la tristeza de haberlo perdido, por la felicidad de haberlo tenido. Apeló a los buenos recuerdos con su hijo, y al convencimiento de que ya no había nada que hacer para volver a estar con él, y debía buscar su felicidad y la de su familia sin el hijo. Desesperadamente buscó cosas a qué aferrarse para mantener una actitud positiva, y encontrar el equilibrio contrarrestando todo lo negativo.

Es precisamente “ese equilibrio”; el deseable punto intermedio entre el extremo del exceso y el de la carencia, donde las fuerzas opuestas terminan siendo complementarias. Lo que en las antiguas enseñanzas chinas recibían el nombre de “la vía del tao” y el dúo “Yin y Yang”, que esencialmente es lo mismo que los budistas llaman “sendero”, y los griegos llamaban “el medio dorado”, e inclusive en el Islam recibe el nombre de “camino recto”.

Estas enseñanzas recomiendan que cada quien debe dejar que la mayoría de los acontecimientos de nuestras vidas encuentren su propio equilibrio, ya que la sombra no pudiese existir sin la luz o viceversa; y donde inclusive los rasgos más deseados tendrán que encontrar su equilibrio, como por ejemplo: el valor, que aunque sea una virtud, llevada al exceso podría ser una gran temeridad, o en su ausencia una gran cobardía.

El sufrimiento era una opción; pero no la única y decidió volver a vivir, no quizás con la alegría de antaño, pero tampoco con la tristeza del pasado reciente.

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¿De quién es la culpa? por Carlos Dorado

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Somalia es uno de los cuatro países del mundo en los que la hambruna se extiende a mayor velocidad. La situación es parecida en Sudán del Sur, en Yemen y en el noreste de Nigeria. En estos cuatro países, más de 20 millones de personas pueden morir de hambre, y no en un futuro próximo, sino ya.

Pero estos 20 millones de personas que pueden morir de hambre en semanas, sólo son la parte más visible del problema. La parte más importante del drama se resume en una cifra: 800 millones de personas siguen pasando hambre en la Tierra. Es decir, uno de cada nueve habitantes del planeta hoy en día pasa hambre. El coordinador de la ayuda de emergencia de la ONU, Stephen O’Brien, declaró que: “el mundo se encuentra ante la mayor crisis humanitaria, desde la Segunda Guerra Mundial”.

Tomando en cuenta que los pobres del mundo dedican el 70 por ciento de sus ingresos a comprar alimentos. Una subida de los precios del arroz, el trigo o el maíz, representa una rápida amenaza de muerte para millones de personas.

Durante siglos, los agricultores vendían sus cosechas en los diferentes mercados, a un precio fijado de acuerdo a la oferta y la demanda real de los mismos. Hasta que llegaron los “futuros y opciones”, unos instrumentos financieros, los cuales son acuerdos sobre el precio de compra y venta de los alimentos a una determinada fecha en el futuro.

Fue en los años noventa, cuando a los bancos se les permitió mantener grandes posiciones en el mercado de futuros de los alimentos. No contentos con esto, se crearon los “fondos indexados”, que agrupan contratos para diferentes productos alimentarios, como: maíz, arroz, trigo, etc.

De ese modo, los grandes inversores y fondos dispuestos a enriquecerse con la comida del planeta, se abalanzaron sobre estos productos financieros, y alteraron el comportamiento normal de los precios de los alimentos. ¿Consecuencias? Sólo en el 2010 las subidas de los precios, como resultado de la especulación financiera llevaron a que 44 millones de personas cayeran por debajo del umbral de la pobreza.

Numerosas organizaciones humanitarias, a las que se ha unido el Papa, exigen que se ponga fin a la especulación financiera con los alimentos. En 2014, la Unión Europea trató de quedar bien y sacó una normativa; pero que resultó ser una pantomima “influenciada por el lobby financiero internacional” al establecer, que un inversor individual puede tener hasta el 35 por ciento de las posiciones de los productos alimentarios, lo que significa que, en teoría tres inversores podrían controlar todo el mercado bursátil de los alimentos a nivel mundial.

Las autoridades reguladoras de los países desarrollados, son las únicas que pueden parar esto. Si no lo hacen, los necesitados del mundo quedarán indefensos, a merced de los especuladores, que tienen en sus manos una de las armas de destrucción masivas más eficientes; pero también más rentables.

Es verdad, que hay países, que por la ineficiencia de sus gobernantes, no logran desarrollar políticas económicas que les garanticen a sus ciudadanos cubrir la necesidad más básica de cualquier ser humano: comer; pero no es menos cierto que el hambre a nivel mundial, se debe en buena parte a la falta de voluntad política de los países desarrollados al permitir que se especule con lo más sagrado: la alimentación.

¿De quién es la culpa? Mientras tanto, los pobres son las víctimas de un juego global con el que otros se enriquecen: la especulación alimentaria en Bolsa.

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Carlos Dorado Ene 14, 2018 | Actualizado hace 2 años
¡Sin comentarios! por Carlos Dorado

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Durante estos recientes días navideños y de año nuevo, tuve la oportunidad de leer algunos libros. Uno que me gustó fue: “La sonrisa de Mandela”, de John Carlin, corresponsal en Sudáfrica del periódico inglés “Independent” durante los años 1990-1995.

Me hizo recordar la imagen de Nelson Mandela saliendo de la cárcel, el domingo 11 de febrero de 1990, con su puño en alto, tras 26 años en la prisión. Fue una foto que marcó el principio del fin de una de las tiranías más abominables de la historia contemporánea de la humanidad.

El último discurso que había pronunciado había sido en 1964, durante un juicio en el que se enfrentaba a una posible condena a muerte. En ese momento dijo:” He luchado contra la dominación blanca y la dominación negra, he acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre donde todos los hombres convivan en armonía e igualdad de oportunidades. Se trata de un ideal por el que espero vivir y que aspiro ver hecho realidad”.

Desde el mismo momento en que salió de la cárcel, entendió que la solución de Sudáfrica tenía que pasar por la paz, por la reconciliación y por la tolerancia política; a sabiendas de que la responsabilidad final de la violencia no era únicamente del gobierno, la policía o el ejército, sino también de los blancos y de los negros.

En ese momento se hizo una pregunta: ¿Por qué nos peleamos? Y su respuesta fue: “Intentemos la reconciliación”. No era un fanático, ni siquiera un romántico, era una persona pragmática y sagaz que
estaba consciente de cuáles eran las alternativas. Sólo por citar la zona de Johannesburgo, más de diez mil personas murieron allí como resultado de la violencia política durante los cuatro años posteriores a su liberación.

Si no se le ponía fin, su pueblo se vería arrastrado a una espiral de guerra y venganza, y todo estaría perdido. Inició así, la cruzada del diálogo y la reconciliación, basado en que ninguno de los
que eran enemigos podía vencer al otro. Evitó una cruenta guerra civil, y construyó una democracia que permanece tan estable como sana en su esencia.

Hoy Sudáfrica es un país en el que se respetan las instituciones, donde hay libertad de expresión y prensa, un poder judicial independiente, unas elecciones libres, y una vida política que  no se define por la raza. ¡La alejó del abismo!

Quizás a él, le hubiese resultado más fácil soltar los perros de la guerra; pero logró a través del diálogo, que los blancos y los negros abandonaran sus impulsos de venganza y sus miedos. Le hizo pensar de forma diferente, se basó en su integridad, y en su coherencia entre los valores que exponía y su comportamiento en la vida.

Avalado por muchos años de cárcel sufrimientos y trabajos forzosos, Mandela poseía unos valores fijos: La justicia, la igualdad, y el respeto por todos. ¡El más pragmático de los idealistas!

Supo ser tan inteligente como virtuoso, tan astuto como audaz. Una victoria ganada a pulso, venciendo a sus demonios personales, a sus vengativos seguidores negros, al gobierno del apartheid instalado durante tres siglos, y a la belicosa y dictatorial extrema derecha.

Una vez que llegó a presidente, y aquí es donde radica su mayor grandeza, llegando a la cima de su vida, cubierto de gloria y grandeza y admirado por todo el mundo, concedió el regalo del perdón y logró la reconciliación, mientras insistía en que nunca se había visto a sí mismo como un Dios, y que su mayor virtud era que estaba consciente de sus muchos defectos.

¡Sin comentarios!

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Derechos humanos, ¿para humanos derechos?, por Carlos Dorado

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La violencia en cualquiera de sus formas y expresiones es siempre un fracaso de las sociedades que la viven, y debe ser castigada; ya que la finalidad del castigo es asegurar que el culpable no reincida en el delito y lograr que los demás se abstengan de cometerlo.

Aquellas sociedades que no logran lo anterior, están enviándoles un mensaje de impunidad, pues premian al violento y castigan al pacífico impulsándolo a la violencia. ¡Misericordia sin justicia es una gran crueldad hacia la víctima!

Una mezcla de la situación económica, influencia mediática para que la violencia sea un tema común en casi todas las películas, y la falta de principios y valores en el hogar; son algunos de los ingredientes que llevan a las sociedades, sobre todo en  Latinoamérica, a tener la violencia a flor de piel, y donde la vida de un ser humano termina valiendo muy poco o casi nada.

Una persona que le quita la vida a otra, por un par de zapatos, por robarle un celular, e inclusive en algunas ocasiones sin motivo alguno, simplemente por el  placer de hacerlo; ¿Merece vivir?, ¿Qué castigo debería aplicársele? Muchos son los activistas, pacifistas y organizaciones que apelan a los derechos humanos del que mata. ¿Pero quién le devuelve los derechos humanos que tenía la víctima? ¿Quién le devuelve su vida? ¿Quién paga los sufrimientos de sus seres queridos?

Todo esto viene a colación, porque me impresionó y me hizo reflexionar una carta que le escribió una madre a otra madre, y que dice lo siguiente:

“Vi tu enérgica protesta delante de las cámaras de televisión. Vi cómo te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo, y de lo que supone económicamente para ti el ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.

Vi también, toda la cobertura mediática que le dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuviste de otras madres en la misma situación, y de otras personas que querían ser solidarias contigo; y que contabas con el apoyo de otras organizaciones y sindicatos populistas, comisiones pastorales, entidades en defensa de los derechos humanos, ONGs, etc.

Yo también soy madre y puedo comprender tu  protesta e indignación.

Enorme es la distancia que me separa de mi hijo. Trabajando mucho y ganando poco, e idénticas son las dificultades y los gastos que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio sólo puedo visitarlo los domingos. Porque trabajo inclusive los sábados, para el sustento y educación del resto de la familia.

Felizmente también cuento con el apoyo de amigos, familia, etc. Si aún no me reconoces, yo soy la madre de aquel joven que se dirigía al trabajo, con cuyo salario me ayudaba a criar y mandar a la escuela a sus hermanos menores, y que fue asaltado y herido mortalmente a balazos disparados por tu hijo.

En la próxima visita cuando tú estés abrazando y besando a tu hijo en la cárcel, yo estaré visitando al mío y depositándole unas flores en su tumba, en el cementerio.

¡Ah! Se me olvidaba: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un colchón y comiendo todos los días. O dicho de otro modo: seguiré manteniendo a tu hijo malhechor.

Ni a mi casa, ni al cementerio, vino nunca ningún representante de esas entidades (ONGs) que son tan solidarias contigo para darme apoyo, o dedicarme unas palabras de aliento. Ni siquiera para decirme cuáles son mis derechos”

¡Los derechos humanos deberían ser para los humanos derechos!

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¿Quién quiere el poder?, por Carlos Dorado

Poder

 

La codicia y el deseo de poder son las baterías naturales del hombre y de las sociedades, que siempre terminan engendrando guerras y violencia; a pesar de que los hombres por naturaleza desean la paz y la felicidad. Pero esa búsqueda de la felicidad queda eliminada por la codicia y ambición de unos pocos, siendo la madre de todas las desgracias que han sucedido en la historia de la humanidad.

¿Somos tan diferentes como para no poder entendernos? Vivimos en una época peligrosa. El ser humano ha aprendido a dominar la naturaleza; ha aprendido “a desarrollar” la ciencia y la tecnología, pero todavía no ha aprendido “a dominar” la ciencia y la tecnología, y mucho menos a dominarse a sí mismo.

Ese poder que le otorga al ser humano la sensación de ser Dios, y que lo viste con ese raro traje de omnipotente, que le concede el derecho de mandar sobre los demás, y de castigarlos si no obedecen; y a pesar de ser algo antinatural, ese traje lo mimetiza todo tan bien, que resulta difícil saber quién es el héroe y quién es el malvado. Lo trágico de todo esto es que “ese poder” busca como finalidad que el colectivo pierda toda esperanza, ya que una vez perdida, les garantiza su continuidad en el tiempo.

Todo esto viene a mi mente tras la reciente visita del Papa Francisco a Birmania, donde pidió que cese la persecución y el exterminio de los Rohingyas Birmania (actualmente Myanmar); cuna del budismo, una de las religiones-filosofías de vida más pacíficas del mundo, y cuya bandera es la tolerancia. Sobre los Rohingyas se ejerce una de las persecuciones más crueles del mundo. Son musulmanes que fueron llevados en masa durante la colonización a Birmania, como mano de obra barata, por los Ingleses (¡Qué raro!).

Unos 750.000 Rohingyas vivían en el norte de Birmania, hasta que en el año 2012 una mujer budista fue violada por varios musulmanes, lo que desencadenó toda una serie de enfrentamientos entre budistas y musulmanes que dejaron más de 150 muertos y unas 2.500 casas quemadas; confinando a más de 140.000 Rohingyas en campos de refugiados cerca de la capital provincial (Sittwe), en inmundas chozas de bambú, sin luz ni agua, y subsistiendo únicamente de la ayuda humanitaria internacional.

En 11 de noviembre del 2015, la señora Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la paz del año 1991, y presidenta del partido “Liga Nacional para la democracia”, gana las primeras elecciones libres de Birmania, desde el golpe de estado en el año 1962. Ella es o era considerada como un ícono de los derechos humanos a nivel mundial y de la no-violencia. Pero hasta la fecha no ha logrado nada para detener esta masacre, ni ha condenado esta atroz persecución.

Por otro lado, muchos de los líderes de los monjes budistas, han sido las voces más combativas contra la permanencia de los musulmanes en Birmania, llegando el destacado monje Wirathu a expresar (refiriéndose a Rohingyas): “Tu puedes estar lleno de compasión y amor, pero no puedes dormir junto a un perro loco”. Hoy más de 626.000 Rohingyas han huido de Birmania, dejando atrás miles de mujeres violadas, y hombres quemados y asesinados.

Lamentablemente en otras partes del mundo, los musulmanes persiguen y exterminan a los cristianos, en búsqueda de imponer la supremacía de su religión. Pareciese que sólo es una cuestión de poder, y dependiendo del tamaño del mismo, es el tamaño de las injusticias y las atrocidades.

¿Quién quiere el poder? Lamentablemente son muchos los que lo quieren.

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Carlos Dorado Dic 03, 2017 | Actualizado hace 2 años
¡Querer volver!, por Carlos Dorado

Maiquetía

Esta semana, Editorial Planeta me envió el cuarto libro que estoy publicando; titulado: ¡Querer volver!, que ya debe estar en casi todas las librerías del país. Es un libro que me entristece y me emociona muchísimo, porque trata de plasmar los sentimientos de esos “héroes anónimos” que han tenido que abandonar su tierra, sus amigos, y su gente buscando un futuro mejor.

“Abandonar el lugar donde se nace es una experiencia que no todos tienen en la vida, y los que la tienen quedan marcados irremediablemente, porque el drama de los inmigrantes esta bordado de nostalgias –La Morriña-, de incomprensiones, ausencias, soledad, incertidumbre y exilio interior, pero también de sueños y esperanzas que siempre revitalizan y deslumbran”…, escribió magistralmente Marianella Salazar en la contraportada del libro.

Esta película de la inmigración, nadie me la contó, la viví en primera persona cuando mis padres decidieron venir a Venezuela, siendo yo todavía un niño. Esa incertidumbre, esa soledad, esa nostalgia de la que habla Marianella, la viví en carne propia desde que aterrizamos en una pensión de la Parroquia del Cementerio. Pero también viví esos sueños, esas esperanzas, esas ilusiones en esta tierra de gracia.

“Querer volver” está escrito con el corazón, pensando en voz alta, como un viaje a lo más profundo de mis sentimientos, sin adornos, sin pretensiones; pero con la seguridad de que muchas personas emigrantes al igual que yo, se sentirán identificados. “El testimonio que se nos expone en primera persona es clave para todos aquellos que viven el drama de la aventura migratoria en Venezuela. Sus páginas invitan a pensar en profundidad a quienes están pensando en tomar la decisión de radicarse en otras tierras, brindando la riqueza del testimonio y la experiencia de un emigrante exitoso, pero que pasó también por los desiertos en busca de una tierra prometida”…, escribió en el prólogo el padre Francisco José Virtuoso, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello, donde me formaron y donde forjé tantos sueños.

Lo escribí, y lo vuelvo a leer una y otra vez, y algunas frases me traen tantos recuerdos, tantos sentimientos… “Hay momentos en la vida en los que hay que ser muy valientes para emigrar, y muy valientes para quedarse”. “Buen viaje hijo, olvídate de mis lágrimas, de mis gritos de silencio, de mi tristeza. Vete y haz que cada día valga la pena”, “Me tuve que ir a buscar mi futuro, me fui físicamente; pero papá, estás más presente que nunca, y estoy seguro que también yo para ti…”

Nacer en un pequeño pueblo de Galicia (España) escuchar a diario los consejos sabios de mis padres, y emigrar de niño junto a ellos hacia una gran tierra como lo es Venezuela me dejaron lecciones de vida, y formas de entender las realidades, que nunca habría aprendido de los libros; y por eso hablo de ella en “Querer volver”, sin complejos y sin resentimientos, dentro de una atmósfera de gran tristeza y soledad; pero también siempre con la ilusión de que estaba siendo el arquitecto de mi futuro, y por el cual merecía la pena luchar.

Mi libro “Cartas a un hijo” me dio muchas satisfacciones. “Querer volver” estoy seguro que será apreciado por muchos venezolanos. Los que se van, y los que se quedan. Esos que se van con una maleta cargada de sueños y de ilusiones, pero que dejan aquí lo más preciado; sus padres y sus familias, los cuales aunque se quedan también son emigrantes, porque una buena parte de su corazón se fue a otro lugar.

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Carlos Dorado Nov 26, 2017 | Actualizado hace 2 años
¡Se busca la verdad! por Carlos Dorado

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Cada día es más difícil de encontrarla, a pesar de que debería ser la más abundante. Dicen que una mentira repetida mil veces, termina siendo una verdad, y últimamente esta máxima se está convirtiendo en una triste realidad; donde a pesar de que la verdad es una sola, la mentira la convierte en muchas supuestas verdades, y cuando éstas llegan al gran colectivo, lamentablemente terminan adquiriendo la fuerza de la verdad.

Antes había una sola versión: o era verdad o era mentira; y si alguien decía una mentira, simplemente le decían “eso es mentira”, y en la gran mayoría de los casos el mentiroso se avergonzaba, lo aceptaba y lo confesaba. Hoy, la mentira tiene dos versiones, unos que dicen que es mentira, y otros que dicen que es verdad. Lo mismo la verdad, unos dicen que es verdad y otros que dicen que es mentira. ¿A quién creerle?

El filósofo y escritor indio Rabrindanath Tagore decía: “La verdad no está de parte de quien grite más”. Hoy, esa frase habría que cambiarla por: “La mentira está de parte de quien la difunda más, ya que en su divulgación esta su credibilidad”. Decir la verdad se está convirtiendo en un acto casi terrorista, que pudiese mover las bases de la sociedad.

Dicen que la verdad es hija del tiempo, y con el tiempo siempre aflora, pero el problema es que el tiempo cada día tarda más en encontrarla. La verdad debería ser una sola, sin exageraciones, sin matices, sin disfraces, sin manipulaciones, porque apenas se cruza esa fina línea, irremediablemente se convierte en una mentira.

La forma en que presentan los hechos la mayoría de los medios de comunicación, no corresponde a la realidad; sino a una estrategia y a unos intereses, cuyos objetivos son más importantes que una simple verdad. ¡El fin justifica los medios!

En las redes sociales es peor aún, porque la mentira se vende y tiene diferentes precios, y cuanto mayor es la misma, más alto es el precio. La verdad no es atractiva, no vale nada, nadie paga por ella. Somos engañados por la apariencia de la verdad. Quizás un graffiti que leí en una oportunidad, refleja muy bien todo esto en las redes sociales: “Twitter te hace pensar que eres un genio, Instagram que eres un fotógrafo, y Facebook que tienes muchos amigos. Sigue en la mentira, nunca busques la verdad, porque va a ser demasiado dura”.

La política hace tiempo que se olvidó que una sociedad fuerte y sana sólo puede ser construida con grandes dosis de verdad, apelando continuamente a las medias verdades. Medias verdades, generalmente compuestas de dos medias mentiras, o sea termina siendo una doble mentira.

Para enseñar a los hombres a decir la verdad, es preciso que primero aprendan a oírla, pero si la sociedad cada día usa más la mentira, ¿cómo se va a aprender a decir la verdad? Lo lamentable es que de igual forma también aplica para lo contrario.

La sociedad necesita de la verdad, la verdad necesita del hombre; pero el hombre también necesita de la verdad, y cada día está más huérfano este matrimonio. La frase de arriba es verdad, la frase de abajo es mentira. ¡Ahora a pensar a qué frase creerle!

Es muy triste que te mientan, sobre todo cuando sabes la verdad. El único consuelo es que la verdad siempre será la verdad aunque nadie la crea, mientras que la mentira siempre será la mentira aunque todos las crean.

Mi madre solía decirme: “Carlos, cuando llueve busca el arco iris, cuando es de noche busca las estrellas, y cuando te mientan busca la verdad”.

¡Se busca la verdad!

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