Luis Fuenmayor Toro, autor en Runrun

Luis Fuenmayor Toro

Rechazo a las sanciones y condena del injerencismo, por Luis Fuenmayor Toro

@ LFuenmayorToro 

Quienes venimos enfrentando el actual régimen de oprobio, sus atropellos, inconsecuencias e ilegalidades; su incompetencia, negligencia e indolencia. Su entrega ante poderes transnacionales y la cesión que ha hecho de partes de nuestro territorio y de sus riquezas, con el único objetivo de mantenerse en el poder para usufructuarlo en beneficio propio. Quienes hemos además mantenido esta posición de total dignidad, sin recurrir a arrodillarnos cobardemente ante poderes externos, en actitud  rastrera y pedigüeña de acciones económicas y militares contra nuestra patria. Quienes hemos rechazado las acciones violentas desarrolladas desde hace 20 años, por quienes se creen propietarios de Venezuela y no aceptan la voluntad de una mayoría, a la que desprecian por ignorante, mal vestida y mal educada.

Con el derecho además que nos da ser venezolanos, nos dirigimos a Donald Trump exigiéndole el cese inmediato de las sanciones por ilegales, indecentes, arbitrarias e inhumanas.

“Sr. Donald Trump

Presidente de Estados Unidos de América

Quienes suscribimos, opositores al gobierno de Nicolás Maduro, nos dirigimos a usted a fin de exigirle, en estos graves tiempos de pandemia, la suspensión inmediata de las sanciones económicas y financieras adoptadas por su administración, en contra de nuestra república y promovidas por algunos factores en Venezuela y por varios gobiernos del continente.
Nuestra nación viene atravesando desde hace años una severa crisis económica provocada por erradas políticas oficiales, lo que a su vez ha ocasionado un deterioro sensible de las condiciones alimentarias y de servicios, en particular tres que atañen directamente a la lucha contra el COVID-19: el sistema público de salud, el de suministro de energía eléctrica y el de distribución de agua.

Las sanciones económicas y financieras cuya suspensión inmediata aquí estamos exigiendo, son medidas coercitivas unilaterales, a todas luces ilegales en el marco del Derecho internacional. Su suspensión, por otra parte, ya fue solicitada por la Unión Europea, por el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas al G20 y por su Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, debido a que además de agravar la crisis preexistente, conforman una agresión a los derechos humanos del pueblo de Venezuela y debilitan la lucha que libran los venezolanos contra esta terrible pandemia.

Es por ello que en nombre del interés de todos los venezolanos, sin importar signo político alguno, y en resguardo de la condición sanitaria de la región toda, demandamos de usted suspender de inmediato esas medidas coercitivas”.

Y con esto estamos señalando la posición indeclinable de no transigir con la potencia militar norteamericana, ni con los países vasallos que le siguen en su agresión a la nación venezolana, ni con los nacionales que dejaron de lado a su patria en función de sus bastardos intereses personales y de grupo. Hemos venido planteando la necesidad de la unidad nacional ante la emergencia sanitaria que enfrentamos. La respuesta del gobierno ha sido positiva a esta demanda, independientemente de su sinceridad o de la credibilidad que esta conducta suscite. Seguimos en espera de una respuesta positiva de parte de los sectores patrióticos de la oposición radical, pues los peligros para la nación son graves y más que evidentes. Quien no lo entienda o no quiera entenderlo que después no se lamente.   

@ LFuenmayorToro 

Muy difícil la situación en el país en torno a estar seguros de lo que sucede con la epidemia generada por el virus COVID-19, enfermedad hasta ahora sin nombre propio, pese a lo importante que se ha vuelto en la vida de toda la humanidad. En todo acto de conocer, en todo análisis, en todo juicio, por más imparcial, ecuánime y justo que se pretenda ser, hay una carga subjetiva presente imposible de erradicar. En mi caso, esta limitante tiene que ver con mi profundo deseo de que la epidemia sea controlada lo más rápidamente posible. Que podamos de nuevo salir a las calles y realizar nuestras actividades con la mayor normalidad en las circunstancias actuales.

Estoy muy lejos de quienes quieren, aunque no lo acepten y mucho menos lo digan, que el gobierno fracase en su lucha contra esta infección viral pulmonar. He allí mí limitante, de la cual estoy orgulloso.

Aunque esta subjetividad está siempre presente en todos los actos que signifiquen conocer, en Venezuela su magnitud está seriamente afectada dada la lucha política a muerte existente entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición hoy representada por Juan Guaidó. Esta polarización extrema les impide a los combatientes siquiera acercarse a posiciones más objetivas, sensatas, imparciales, justas, neutrales, serenas, con el añadido de que no aceptan ni siquiera la existencia de esta perjudicial limitación. La realidad parece haber desaparecido de sus campos sensoriales, para dar paso a las emociones y a los sentimientos más primitivos, menos cerebrales, los cuales se traducen en posiciones claramente inhumanas y destructivas, en las que solo satisface la desaparición del contrario por cualquier medio.

Esto lleva a la incredulidad total de todas las informaciones dadas por el gobierno sobre el curso de la epidemia. No se quiere que los casos sean los informados oficialmente; tienen a juro que ser muchos más y deben ocurrir muertes. Hay terror en que el gobierno llegue a controlar la epidemia, pues pudiera significar una importante ganancia política ante una población en total minusvalía y seriamente aterrorizada por la pandemia. Las últimas afirmaciones de Juan Guaidó lo reflejan, pues habla irresponsable y negligentemente de la existencia de 200 enfermos, número fantasioso que dice proviene de “un ministerio” como fórmula de darle alguna credibilidad. Cualquiera en su sano juicio lo contrastaría con el hecho de que ninguno de los gobernadores ni de los alcaldes de oposición ha objetado las cifras oficiales dadas en sus regiones.

Ya esta dirección opositora nos demostró a todos su indolencia ante el sufrimiento de los venezolanos con la quema de la “ayuda humanitaria”. Recordemos también que no aprobó el crédito ofrecido por la CAF para la recuperación del sector eléctrico nacional, pese a que el gobierno ya había aceptado que los recursos los administrara el PNUD. No le importaron los zulianos, ni los merideños ni neoespartanos y caraqueños, que se hubieran beneficiado. Sus perversas mentes estaban puestas en que ese bienestar generado podría ser utilizado por Maduro, para hacer proselitismo o podría significar menor descontento de la gente. Y ellos quieren que la gente siga sufriendo para que vote por ellos o apoye sus planes violentos contra el gobierno. Es exactamente la misma lógica que los hace apoyar las sanciones contra la República. Sin duda una política cruel, retorcida y malévola.

Pero no estaría completo el análisis si no vemos la otra cara de la moneda. La incredulidad hacia el gobierno no es tampoco una actitud gratuita y solo producto de mentes perversas. Este gobierno ha hecho muchísimas promesas falsas, ha mentido miles de veces, ha engañado y calumniado. Afirma que las sanciones son las responsables de la crisis, cuando esta comenzó varios años antes y fue causada por su incompetencia, negligencia y corrupción. Ha sido un gran manipulador de hechos y situaciones durante años. Destruyó el aparato productivo venezolano, acabó con PDVSA, la CVG, la CANTV, las empresas eléctricas, el Metro de Caracas… Dilapidó 1,3 billones de dólares y ha violado la Constitución y las leyes cada vez que ha querido, soportado por el régimen militar represivo y violador de los DD. HH. instaurado.

No invento nada. Allí está la hiperinflación existente, una de las peores de todos los tiempos; la criminal devaluación de la moneda hasta su virtual desaparición, los increíblemente bajos salarios de 3 o 4 dólares mensuales, el extendido deterioro escolar y hospitalario, las cifras de pobreza general (80 %) y extrema (60 %), las elevadas tasas de mortalidad materna, infantil, neonatal y de menores de 5 años; la reaparición de enfermedades controladas en el pasado: malaria, sarampión, fiebre amarilla; la informalidad laboral que afecta a más del 50 por ciento de la población económicamente activa, la escasez de gas y gasolina, los apagones, el caos del transporte colectivo y el grave déficit en el suministro de agua potable. Y todo ello ahora agravado con las sanciones criminales de EE. UU. y la epidemia por coronavirus.

Ante la epidemia, el gobierno ha desatado toda una campaña propagandística no solo sanitaria y ha informado a la población de sus acciones de contención del virus. Esta se basa en la cuarentena casi total y extendida nacionalmente, la encuesta de millones de personas a través del Portal Patria, la búsqueda domiciliaria de los contactos de los contagiados, el uso de las pruebas diagnósticas existentes y acciones urgentes de rehabilitación de hospitales y centros de salud, así como el uso de hoteles, para aumentar la disponibilidad de camas generales y de terapia intensiva. Esta política parece correcta y algunas de sus concreciones son más que evidentes, otras lo son menos y no es fácil saber su grado de veracidad. Tiene publicadas además unas pautas terapéuticas, que se basan en el uso de cloroquina (antimalárico conocido desde hace 80 años) sola o junto con antibióticos, antivirales (remdesivir y favipiravir) e interferón alfa 2.

El manejo de la emergencia lo ha hecho con la desviación militarista que lo caracteriza y haciéndose propaganda. No es el ministro de salud quien está al frente. Se apoya casi exclusivamente en la ayuda china, cubana y rusa, lo cual no tiene por qué desmerecerla, que contrasta totalmente con la agresión despiadada e indolente del Departamento de Estado, apoyada por el extremismo antinacional de Juan Guaidó y su claque. Es así, aunque le duela a algunos amigos y a otros no tanto. Ellos han tomado partido y se han alejado entonces enormemente de la objetividad que se necesita en estos difíciles momentos. Si el interés estuviera en el país y no en el poder, ambos harían un alto en las hostilidades y se enfrascarían en enfrentar al enemigo común: el nuevo coronavirus.

Se ha asomado la posibilidad de un préstamo especial del FMI por la emergencia sanitaria, que fue apoyado por Europa. El gobierno parece que decidió “caer en sus garras”. Sus adversarios ya públicamente han negado esta posibilidad, demostrando con ello su calaña. Otros, no sin razón, dicen que entregarle dinero al gobierno es perderlo en corrupción. Si este es el problema, se puede buscar que los fondos de préstamo los administre una agencia internacional incuestionable como el PNUD. Esta efectuaría las compras, recibiría lo comprado y supervisaría su uso. El gobierno estoy seguro que aceptaría esta administración de los fondos, pues ya la aceptó en el caso del préstamo frustrado ofrecido por la CAF. Faltaría ver si AD, UNT, PJ-Capriles van a continuar siguiendo y apoyando las mezquindades asesinas de Leopoldo López y de Julio Borges. Sería una gran decisión que la AN dirigida por Guaidó aprobara esta solicitud. Tienen la palabra.

Falleció Federico Villanueva Brandt, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro 

Murió Federico Villanueva Brandt a los 72 años de edad. Falleció después de una corta pero intensa batalla final contra un melanoma, que lo había amenazado hace varios años. El viernes 13 de marzo 2020, pudo por fin llevárselo, no sin antes tratar de robarnos su intelecto con una metástasis perversa, meta en la que fracasó, pues Federico permaneció alerta y activo hasta su último suspiro. Arquitecto urbanista, profesor de la UCV, candidato a decano de su facultad de Arquitectura y Urbanismo, lector voraz y veloz, de inteligencia y memoria privilegiada, de razonamiento científico impecable, de posiciones vehementes pero cimentadas en argumentos contundentes y, sobre todo, hombre incansable de acción en todas las tareas que se propusiera.

Experto mundial en habilitación de barrios pobres, es decir en hacer de los barrios partes reales de las ciudades donde se encuentran, totalmente integrados a las mismas, así como llevar a sus habitantes a la condición de ciudadanos, o, dicho de otra manera, terminar con la marginalidad de estas aglomeraciones de gente, que en nuestros países, Venezuela incluida, constituyen el asiento de la mayoría de la población. Pero su conocimiento y experiencia no solo se refería a la elaboración de políticas, a saber qué se debería hacer, sino que significó siempre involucrarse directamente en el terreno con el trabajo creador, sudar con las comunidades a las que atendía, sitios que se convertían en una cantera de aprendizaje para todos: habitantes en pos de su ciudadanía y estudiantes, arquitectos y expertos “barriólogos”, todos aprendiendo lo debido en esa productiva interacción.  

Con su compañera profesional de siempre, Josefina Baldó Ayala, produjeron un estudio científico con tecnología avanzada que permitiría transformar los barrios pobres en ciudades, en el sentido de disposición de todos los servicios en cantidad suficiente de acuerdo al número de sus habitantes y de primera calidad.

Sin recurrir a la expulsión de sus pobladores de sus sitios de vida, sin tener que generar su extrañamiento. Sin alejar a la gente de sus familiares, amigos y conocidos. Quienes conocimos en detalle el proyecto, que tuvo un desarrollo incipiente hace varios años en Catuche, Caracas, sabemos de su grandiosidad e importancia y tristemente sabemos también que dos presidentes, de signos ideológicos supuestamente distintos: Caldera y Chávez, lo conocieron en detalle y no asumieron responsablemente su instrumentación, pese a la imperiosa necesidad del mismo y a sus relativos bajos costos dada la participación, esta sí protagónica de verdad, de la gente en la remodelación de sus sitios de vida y desarrollo.

Federico Villanueva fue además un luchador social y político permanente toda su vida. Estudioso como el más. Crítico al extremo. Muchas veces incomprendido por quienes le rodeaban. Sus últimos años los llevó adelante en el movimiento De Frente con Venezuela, del cual decía que, a diferencia de los partidos políticos venezolanos que eran partidos sin programa, De Frente con Venezuela era programas sin partido. Aún a pocas horas de fallecer, asistía a reuniones y discutía, con su vehemencia característica, propuestas políticas para el país en reuniones diversas y sobre distintos temas. La representación proporcional fue una de sus últimas tareas, dejándonos un algoritmo que la garantizaba en su totalidad. No se retiró nunca a su casa a descansar, siempre estuvo en pie de lucha, sin la demagogia que hoy nos azota y con la eficacia y la transparencia que hoy nos falta. No se rindió, lo que lo hizo un hombre del grupo de los indispensables. 

Deja muchos recuerdos en muchos de nosotros. En luchadores sociales y políticos populares. El padre José Virtuoso, rector de la UCAB, al conocer su deceso, escribió “Lo lamento mucho. Entrañable amigo y gran intelectual. Fueron muchas luchas que dimos juntos. A los habitantes de los barrios de Venezuela se les fue un gran aliado”.

Mucha falta nos va a hacer a quienes lo conocimos de cerca y trabajamos con él elaborando políticas y analizando propuesta para el país. Descansa en paz.

@LFuenmayorToro

La epidemia mundial, hoy ya pandemia, producida por el nuevo coronavirus ha tenido una difusión abundante, más que inusitada, a través de la prensa internacional y de las redes electrónicas. Este fenómeno informativo no ha ido reduciéndose con el tiempo sino que se ha mantenido e incluso exacerbado. La información y la desinformación han corrido en forma paralela y entremezclada una con otra por el mundo entero. El exceso informativo puede perfectamente ser calificado de propaganda, muchas veces confusa, incompleta y contradictoria y dirigida en varias direcciones y con diferentes propósitos. La generación de miedo parece muchas veces ser su objetivo, miedo que degenera rápidamente en terror.

Miedo que es aprovechado en distintas formas para el control de la población, para la generación de xenofobia y para la creación de conductas no necesariamente adecuadas socialmente con miras hacia el futuro.

Los efectos de la epidemia sobre la vida cotidiana de la gente han sido trágicos y más que evidentes en muchos países. El efecto sobre la producción ya se siente en todas partes y ha afectado tanto a los grandes productores  desarrollados como a los encargados de generar las materias primas. El uso industrial del petróleo ha caído y con ello su precio en el mercado internacional, lo que en el caso de Venezuela nos coloca en situaciones peores que las vividas hasta este momento. En nuestro caso, además, dado el enfrentamiento a muerte existente entre el gobierno depredador y la oposición extremista transnacionalizada, el escenario es más grave por la contaminación politiquera de todo lo que ocurre. Los primeros, cultivando su demagogia, su autoritarismo y su modo militar de hacer política. Los otros, esperanzados en tener de aliado al coronavirus en el derrocamiento de Maduro.

Por su parte, la gente, los venezolanos, enloquecidos con tantos videos, audios, imágenes, caricaturas, humor negro, consejos de supuestos expertos, programas televisivos, noticieros nacionales y mundiales, sin saber realmente qué hacer se dedican a compras nerviosas de lo que se les ocurra: tapabocas, papel sanitario, alimentos, frutas con vitamina C, enseres de limpieza, preparaciones y geles alcoholados muchas veces inservibles, gasolina, desinfectantes y paremos de contar. Hay quienes ya son capaces de establecer el diagnóstico diferencial entre un paciente con coronavirus y uno con resfriado común. Se los oye dando “conferencias” a sus amigos sobre la materia y sobre cómo proceder. Ni qué hablar de las soluciones mágicas o provenientes del campo de la brujería.  

Guaidó y su séquito ya han dicho que no es el gobierno quien tiene la capacidad de enfrentar la epidemia, sino que son ellos quienes disponen de los contactos internacionales para “salvar” a Venezuela de este virus castro comunista. Juegan claramente al desastre. No les importa que los venezolanos se enfermen y mueran, mientras crean que se acercan al cese de la usurpación. Distintos gobiernos han tomado medidas drásticas para contener la expansión de la infección; el nuestro, presidido por Nicolás Maduro aunque no me guste, también ha ido tomando las suyas. Tenemos un gobierno muy malo desde el punto de vista de su eficiencia, entre otros, pero es quien administra el sistema de salud y es el que tenemos. O apostamos a que haga las cosas bien o sucumbiremos ante la epidemia.

Se impone una tregua para enfrentar a un enemigo común: el coronavirus. Este virus infecta por igual a chavecistas, opositores de todos los partidos, apartidistas, independientes y gobernantes de todos los signos. Infecta a venezolanos y extranjeros que vivan en Venezuela, que es donde podemos actuar. ¿Es mucho pedir esta tregua? ¿Es alocado exigir que unamos esfuerzos contra un enemigo común que nos afectará a todos?

Verdades que quitan máscaras, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro

* Los líderes de varios partidos de oposición de la Asamblea Nacional guaidoísta, concretamente del llamado G4, son empresarios además de dirigentes políticos, razón por la cual deben atender a sus empresas para evitarles problemas, para mantenerlas e incluso hacerlas crecer o sacarle mayores beneficios. Esta condición les permite una vida más que holgada, sin las limitaciones financieras del resto de los venezolanos, lo que les da libertades que otros no tienen, como la de viajar a cualquier parte del mundo a descansar y divertirse. Nada de esto sería criticable si sus negocios son limpios y si los mismos no son determinantes de sus posiciones políticas.

* Quienes están en esta situación harán todo lo posible porque sus empresas no se vean afectadas en forma vital, por las sanciones económicas establecidas por el gobierno estadounidense. Es lógico y muy humano pensar que para ellos sería terrible que sus cuentas en el extranjero fueran intervenidas y se las limitara en sus actividades. Siguiendo este hilo de reflexiones, se podría suponer que este peligro está condicionando de forma decisiva sus alineamientos con las directrices del Departamento de Estado. “No quiero peos con los gringos”, se le oyó decir a un dirigente nacional de un partido importante del G4, lo que puede estar referido a la necesidad de proteger sus intereses económicos.

* Se entendería entonces claramente la razón de que partidos políticos, inclinados normalmente a participar en todo tipo de elecciones, se mantengan en una posición abstencionista absurda, siguiendo al pie de la letra las posiciones del extremismo guaidoísta. Un abandono de esta posición, mantenida ya por más de un año, puede significar ser sujetos de sanciones que los golpeen financieramente en forma drástica. Es decir que no tienen la libertad para actuar políticamente que pueden tener quienes no tengan estas limitaciones empresariales. Son dirigentes mediatizados por sus intereses personales económicos, lo cual lleva a la mediatización de sus organizaciones político partidistas.

* Recientemente, un prestigioso diario estadounidense reveló las conversaciones, negociaciones y acuerdos llevados adelante en el pasado cercano entre Lorenzo Mendoza, uno de los dueños importantes de Empresas Polar, y el gobierno de Nicolás Maduro. En estas, el gobierno acordó dejar de hostigar al empresario y a su empresa si este reducía su participación en la política y sus ambiciones presidenciales. Fue un acuerdo similar al que mucho antes, luego del golpe de Estado de 2002, realizó el presidente Chávez con el empresario Cisneros, dueño de Venevisión. Ambos empresarios se silenciaron y adoptaron una posición mucho menos beligerante que la que tenían.

* Algunos podrán calificar este tipo de arreglos como un chantaje efectuado por el gobierno “revolucionario” contra estos empresarios. Esto no está lejos de la realidad, pero sería una situación idéntica a la ya señalada entre la administración Trump y las empresas de los políticos del G4, que estarían siendo chantajeados para que continúen impulsando la política gringa contra el régimen de Maduro. ¿Chantaje o acuerdo político? No importa. Su resultado es el mismo: la mediatización de la política por la preponderancia de intereses financieros o comerciales.

* Este mecanismo podría estar jugando a favor del gobierno también en otros casos. La unidad del PSUV podría estar siendo fortificada por los intereses económicos de una parte de sus dirigentes y de quienes los soportan en la FANB, además de las coincidencias ideológicas, políticas y de sobrevivencia que deben existir. Es teniendo en cuenta todos estos condicionantes e influencias como se puede entender el desarrollo de la política venezolana. Y de la mundial también.       

¿Qué es lo mejor para la paz y la convivencia?, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro

Sin lugar a dudas, que la reunión reciente entre diputados opositores de la Asamblea Nacional presidida por Guaidó y diputados del partido de gobierno, para continuar el proceso de designación del Comité de Postulaciones, ha sido recibida en el escenario político nacional con una mezcla de asombro, dudas y esperanzas. Ha levantado grandes expectativas. Claro, no me refiero a los partidos, grupos y personas, que mantienen la tesis inmodificable de no ir a elecciones hasta que no cese la llamada usurpación y sean ellos quienes controlen el poder en la llamada transición.

Son quienes quieren llegar a Miraflores en los hombros del ejército invasor o en helicópteros provenientes del portaaviones que corresponda.

Pero el resto de la población: la gente, la militancia de casi todos los partidos incluido el PSUV, las organizaciones de la llamada sociedad civil, han prestado atención inusitada ante el renacer de una posibilidad que se creía ya enterrada.

Paradójicamente, la opción supuestamente menos probable en todos los análisis políticos ha devenido en ser la que ocupa posición estelar en la actualidad en la escena política venezolana. Y este hecho tiene una sencilla explicación. La gente sabe que es la mejor opción para iniciar la salida del país de la profunda crisis en que se encuentra. Si la Asamblea Nacional, esa que se eligió en diciembre de 2014, llega a designar un Consejo Nacional Electoral de acuerdo con el gobierno, los venezolanos habremos rescatado nuestra autodeterminación, por lo que las políticas que han colocado las decisiones en potencias y países extranjeros habrán indefectiblemente fracasado. No sé si el gobierno y la oposición legislativa están al tanto de esto y lo han internalizado en todo su significado o si simplemente quieren agotar esta posibilidad, para que no se diga que no lo intentaron, y seguir con sus planes sectarios que mantendrán viva la confrontación.

No hay duda de que un nuevo CNE, con rectores diferentes de los existentes, sin Tibisay Lucena, a quien se le asigna, no necesariamente con razón, toda la culpa de las inconsecuencias legales y funcionales del organismo, sería bien recibido por los venezolanos. No debe haber dudas de que si ese nuevo CNE está integrado equitativamente por las fuerzas políticas y tienen a un rector imparcial como fiel de la balanza, aumentará la confianza de la gente en las elecciones. Pero, si no es nombrado por el organismo responsable de hacerlo según la Constitución, queda la sombra de ilegalidad e ilegitimidad del mismo, lo que internamente reduciría la confianza de los votantes y externamente no desmontaría la política intervencionista agresiva liderada por el Departamento de Estado. Y esto último es algo que el gobierno tiene que comprender, para entonces hacer los mayores esfuerzos posibles con los partidos democráticos que hoy siguen a Guaidó.

Los pasos dados hacen posible lo hasta ahora considerado muy improbable. Falta empero un camino espinoso que recorrer. Si el Comité de Postulaciones presenta su informe por consenso, significaría que el acuerdo gobierno-oposición sigue, por lo que la AN debería reunirse y designar el nuevo CNE que sería aceptado por todos.

¿Pero cuál Asamblea?, ¿quién la presidiría? Es claro que sin los diputados del PSUV no se alcanzaría el quorum requerido para efectuar la designación. Hay entonces que mantener el acuerdo gobierno/oposición para que haya una reunión plenaria y se alcance la votación calificada requerida. De no lograrse, habría omisión legislativa y correspondería al TSJ, controlado por el gobierno, la designación, tal y como ha ocurrido en otra ocasiones. Podría aparecer en escena la Constituyente y hacer la designación. Ambos casos, pero sobre todo este último, no son los más convenientes para la paz y la convivencia interna.

Reaparece la esperanza. Ojalá no se frustre por motivaciones bastardas.

Foto Minci

@LFuenmayorToro

 

En artículos anteriores señalé con claridad que el gobierno de Maduro, a diferencia de la oposición extremista que lo enfrenta, no se cierra ninguna vía de salida de la situación actual. Que actúa en varios escenarios, inclusive los que aparecen con tan bajas probabilidades de ocurrencia, que pudieran ser considerados imposibles de suceder. En este sentido, el gobierno busca la salida electoral con la Mesa Nacional de Diálogo, mediante un acuerdo para designar un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) estructurado de forma que ni ellos ni la oposición tengan posibilidades de controlarlo. Un CNE imparcial y realmente autónomo.

Se ha hablado de dos miembros designados por el gobierno, dos por la oposición y un quinto de común acuerdo, que sería el fiel de la balanza. Su designación la haría el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), una vez declarada la omisión parlamentaria al no ser designado por la Asamblea Nacional.

Pero existen otras opciones en cuanto al nombramiento del CNE, que pudieran ser mejores en relación con la aceptación del mismo por la mayoría de los actores políticos existentes e, incluso, por parte de los países que hasta ahora han mantenido una actitud de desconocimiento del presidente Maduro. La ideal sería designarlo en la AN, para lo cual las dos versiones existentes de Asamblea deberían reunirse en una plenaria, con participación de los diputados del gobierno, y proceder a efectuar la designación tal y como lo establece la Constitución. Sería este un CNE que contaría con el apoyo de la casi totalidad del mundo político actual, quedando fuera solamente los más extremistas del campo extremista. Posiblemente gente como María Corina Machado, Antonio Ledezma, Julio Borges, Voluntad Popular y parte de Primero Justicia.

Esta posibilidad la hemos calificado como la más improbable, lo cual no significa que sea imposible. Hace unos días hemos visto con extrañeza, pero con satisfacción, la ocurrencia de una reunión entre diputados de las dos asambleas señaladas y del gobierno, para discutir en el marco del Comité de  Postulaciones la designación de un nuevo CNE. Es decir, la hipótesis menos probable pareciera dar pasos en función de concertarse. Es difícil aventurarse a saber lo que ocurrirá, pues la política de Juan Guaidó y EE. UU. está sostenida sobre la tesis de que Maduro debe salir de la Presidencia (cese de la usurpación) antes de cualquier acuerdo de ningún otro tipo. El gobierno por su parte ha remarcado una y otra vez que la salida de Maduro no es negociable, lo que nos hace pensar que esta posibilidad sigue siendo muy improbable que ocurra, aunque sin duda ninguna sería la más conveniente a los intereses de la nación venezolana.

Existen sin embargo otras opciones en el escenario político, que no han sido descartadas por el gobierno y a las que podría recurrir o impulsar, para abortar las que le parezcan inconvenientes. Podría estar “mareando” a la oposición con la reunión antes señalada, para que transcurrido el tiempo sin decisiones y entonces proceder a designar con urgencia al nuevo CNE en la Asamblea Nacional Constituyente. Podría también plantearse que los lapsos de las distintas etapas para la elección de la AN no permiten cambiar al CNE, por lo que las elecciones parlamentarias se harían con el CNE existente presidido por Tibisay Lucena. Pero esta táctica dilatoria puede ser también de la oposición. Guaidó y EE. UU. podrían estar “mareando” a todo el mundo, mientras ganan tiempo, impiden la elección del nuevo CNE en la AN y obligan al gobierno a tener que actuar en las formas alternas que hemos señalado, para continuar con su política de desconocimiento.

Esto les permitiría continuar reforzando la tesis del cese de la usurpación como elemento primigenio de cualquier cambio, así como robusteciendo el apoyo internacional que les es vital para su subsistencia. Los partidos opositores de la Mesa Nacional de Cambio seguramente están atentos al desarrollo de estos procesos, a las contradicciones existentes en los sectores antagónicos, a sus “vivezas y sinvergüenzura”, de manera de no dejar frustrar una salida que por lo menos mejore la situación existente actualmente. Y que privilegie los intereses de la nación venezolana y la satisfacción de las necesidades de la gente.

Escribo esta nota no para señalarle al gobierno lo que debería hacer para convertirse en un buen gobierno, para gobernar en función de las necesidades del país y de su población, para establecer políticas, programas y acciones dirigidas a nuestro despegue del subdesarrollo y del atraso en que nos encontramos, lo cual sí nos conduciría a ser una Venezuela realmente independiente y soberana. Objetivos presentes en el discurso gubernamental pero totalmente ausentes en sus intenciones y muy escasas realizaciones. No. No es eso lo que quiero, pues sería como pedirle “peras al horno”, expresión de un “filósofo” zuliano, quien fue candidato presidencial y sigue campante en el escenario y los negocios políticos.

Lamentablemente, como todo el mundo sabe, quienes nos gobiernan no están interesados en hacer un buen gobierno. Nunca lo estuvieron, ni antes con Chávez ni ahora con Maduro. Sólo les interesa mantenerse en el poder a como dé lugar y para ello utilizan todas las armas posibles: desde las pacíficas, como la propagandística, la demagogia, la mentira y la calumnia, el soborno y la corrupción, hasta las violentas, como las que se expresan en la utilización de los tribunales, las cárceles y las acciones delictivas de los llamados cuerpos de seguridad del Estado, de los tristemente famosos colectivos supuestamente revolucionarios y populares y los grupos armados provenientes del narco Estado colombiano.

Escribo para decirle al gobierno lo que pienso debe hacer o por lo menos tomar en cuenta para salir lo mejor parado de la situación actual, pero sobre todo para que el pueblo venezolano, el pobre pueblo venezolano, vislumbre una salida, que le permita dejar de sufrir tan intensamente el desgobierno existente y las consecuencias de los enfrentamientos con una oposición que iguala o supera al régimen en sectarismo, violencia e indolencia.

Escribo para tratar que se entienda que estamos transitando el camino de la disolución de la república, de nuestra desaparición como nación. Sólo quedarán escombros como premio al ganador de la confrontación, si es que hay realmente un ganador y no somos todos simplemente perdedores.

 

La oposición guaidoista no tiene fuerza interna suficiente para derrotar al gobierno de Maduro. Sus posibilidades electorales derivan del amplio rechazo de la población al régimen, que la llevaría a votar por alguno de sus partidos o por una coalición de éstos, si considera que tienen posibilidades de triunfar electoralmente. La fuerza fundamental de Guaidó radica en el apoyo estadounidense, en el respaldo del gobierno de Trump, que arrastra el de otros 58 países.

En la aplicación de las sanciones contra el país, en el estrangulamiento económico y diplomático de Venezuela, lo cual no es poca cosa y no puede ser derrotada sólo con el apoyo de Rusia y China. El soporte gringo a Guaidó no es nada despreciable y no se debe subestimar.

La forma de enfrentar esta política es la realización de elecciones legislativas con un CNE que tenga el respaldo de la mayoría de las fuerzas políticas existentes, lo que debería incluir a AD, UNT y la fracción de Capriles de Primero Justicia. El intento de designar el CNE en la Asamblea Nacional era políticamente correcto. De haberse hecho se habría desmontado toda la conspiración internacional contra el gobierno y el país estaría en la vía de su institucionalización.

No se pudo o no se hizo el suficiente esfuerzo en ese sentido. No lo quería Guaidó, pues sellaba su derrota y la de Trump; no lo quiso tampoco el gobierno, producto de sus miedos a un descalabro en unas elecciones con mayor participación.

 

O el gobierno asume una posición sincera y valiente en función de unas elecciones legislativas equitativas y transparentes, con un CNE difícil de ser objetado, con la más amplia participación de partidos y otras organizaciones, con una distribución de los curules legislativos apegada estrictamente a la proporcionalidad electoral establecida en la Constitución, sin el ventajismo descarado usual y sin el uso de los recursos del Estado por parte del PSUV, o se profundizará y eternizará la pesadilla de la situación actual.  

@LFuenmayorToro