Luis Fuenmayor Toro, autor en Runrun

Oct 19, 2019 | Actualizado hace 3 días
Avanza lento, pero avanza, por Luis Fuenmayor Toro

La firma de un acuerdo entre el gobierno y la oposición democrática ha hecho que las aguas de la política, que se habían estancado luego del fracaso del diálogo impulsado por Noruega, hayan vuelto a agitarse y fluir en busca del mejor cauce para el bienestar futuro de Venezuela. Ya sólo esto debería ser considerado positivo, independientemente que no se sepa hacia dónde nos llevará el curso de los acontecimientos. La historia de la humanidad siempre ha estado signada por el movimiento y no por la parálisis, y así se comporta la política, pues lo que se mueve es lo susceptible de cambio, aunque la dirección de la corriente pueda llevar transitoriamente a la generación de retrocesos, que a la postre siempre serán superados. Así ha sido hasta ahora y así lo seguirá siendo, sin que nadie pueda alterarlo.

Y también siempre han existido quienes asumen la responsabilidad de facilitar el desarrollo de estos procesos abriendo vías, que permitan el flujo de los acontecimientos hacia mejores destinos que los vividos. También, por supuesto, aparecen quienes prefieren el estancamiento al libre flujo social, pues se empeñan tozudamente en marchar contracorriente cuando las condiciones no lo permiten. Veinte años tienen, quienes se autodenominan oposición mayoritaria en Venezuela, recorriendo un camino que no les han podido y que los ha llevado fracaso tras fracaso. Desde 2001-2002, sus ensayos han sido frustrados y lo que han logrado es consolidar la posición del adversario enfrentado. Pero lo más insólito es que luego de tantos fracasos mantengan la misma conducta.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, cosa que realmente no sé si será cierta, pero sin duda la dirigencia opositora, hoy ya tradicional, ha demostrado que tropieza no dos sino decenas de veces con la misma piedra. Los “vete ya”, las exigencias de renuncias, las “marchas sin retorno”, las “guarimbas”, los golpes de Estado, son una clarísima demostración de lo que afirmamos. Mantener este tipo de política sólo puede conducir a otro estrepitoso fracaso o a un desastre mucho mayor que el vivido en estos últimos 10 años. Quienes, dentro de esa oposición que se dice mayoritaria y única, tengan un poco más de raciocinio y experiencia política deberían comenzar a cambiar esa dañina conducta si realmente, en alguna parte de sus cerebros, tienen alguna consideración con el pueblo venezolano.

Del otro lado está el gobierno y sus graves conflictos internos, situación que no les permite actuar con la celeridad debida y con acciones concretas de mucho mayor envergadura. Allí también tiene que haber una lucha y una derrota de los grupos extremistas, de quienes quieren también seguir tropezando constantemente con la misma piedra. Tiene que producirse un deslinde con estos sectores si se quiere evitar el fracaso de la iniciativa actual, que avanza positivamente aunque en forma extremadamente lenta. Y una de las materias más sensibles, nacional e internacionalmente, es la de los presos políticos., en la que podría darse una demostración palpable del interés gubernamental de enfrentar los odios y regresar al estricto respeto de los DDHH y del debido proceso. Liberar y no sólo excarcelar, cumplir en forma estricta el debido proceso y respetar los DDHH, serían las metas.

O se lo entiende de esta manera, o el proceso de diálogo iniciado hace muy poco no superará los obstáculos que se le están poniendo en el camino. La ruta ya tenía nubarrones muy obscuros y dentro y fuera del país hay quienes le colocan más obstáculos. El éxito derivará de todo lo que se haga para despejar cielo y tierra y avanzar hacia un desenlace positivo.

No hay que ser impaciente, pero hay que ser oportuno, por Luis Fuenmayor Toro

No estoy entre el grupo de personas que puede ser calificado de impacientes, independientemente de que no me gusta dejar para mañana lo que puedo hacer hoy. Esto último lo aprendí durante toda mi formación educativo académica, desde la escuela primaria hasta el nivel universitario, incluyendo mis estudios de doctorado fuera del país, en eso que llaman el primer mundo. Recuerdo de niño, cuando llegaba a mi casa todos los días luego del colegio, inmediatamente me ponía a hacer “la tarea” escolar, que nos prolongaba en por lo menos una o dos horas el tiempo diario de estudios. Sólo luego de terminarla, me sentía con la disposición de descansar o mejor de divertirme en casa o con los vecinos amigos.

La usualmente enorme tarea que nos ordenaban realizar en los períodos vacacionales intermedios: carnavales, semana santa y navidades, cuya extensión guardaba relación proporcional directa con los días de asueto que disfrutaríamos, la comenzaba a hacer inmediatamente a mi llegada del colegio, el último día de clases previo a la interrupción escolar, y paraba sólo al concluirla horas después o en algunos casos uno o dos días más tarde. Esa era la única forma de sentirme libre de compromisos, sin la preocupación de tener algo pendiente, para entonces poder disfrutar a cabalidad del asueto vacacional. Era una sensación muy agradable de tranquilidad, de ser dueño de mi tiempo, además de sentir que había cumplido con mi deber.

Y el tema lo toco es en relación con el cumplimiento, por parte del gobierno, de los acuerdos firmados con cinco partidos opositores: Bandera Roja, Cambiemos, Movimiento al Socialismo (MAS), Soluciones para Venezuela y Avanzada Progresista, a los cuales se adhiere luego Esperanza por el Cambio. Hasta ahora se está instrumentado la incorporación de los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a la Asamblea Nacional, incorporación que tenía que ser inicialmente objetada o, por lo menos, no aceptada tranquilamente por la oposición de dicho organismo. Sin embargo, la sangre no ha llegado al río y los diputados del gobierno ya participan y han incluso aprobado uno o dos acuerdos con esta oposición.

El compromiso de liberación de presos políticos está en cambio virtualmente paralizado, pues, para el momento de escribir este artículo, sólo ha sido excarcelado el Vicepresidente de la AN diputado Edgar Zambrano. Para el gobierno, este aspecto debería ser tomado con mayor responsabilidad y seriedad, ya que es una situación muy delicada, en la cual están implícitas violaciones del debido proceso y de los DDHH, muy sentidas internamente y también por la comunidad internacional. Si quiere comenzar a lavarse la cara en este aspecto, no puede estar dándole largas a situaciones tan delicadas y que además dependen exclusivamente de su voluntad, por lo que se puede iniciar rápidamente dicha liberación, incluso sin mayores estudios.

Hay una serie de presos políticos que han cumplido sentencias más largas que las de sus condenas y que tienen además boletas de excarcelación. Terminar de una vez por todas con esta aberrante situación debería ser algo prioritario para el gobierno, por lo que es inentendible que no se haya hecho, cuando es más que grotesco que haya ocurrido. Y esta posición no tiene nada que ver con impaciencia, ni siquiera con la necesidad de que los acuerdos se ejecuten de manera oportuna. Se trata de la erradicación de una depravación que no tiene nombre y que, solamente con su existencia, bastaría para condenar al gobierno en cualquier foro internacional sin tener que demostrar más nada. 

Entiendo que según el Foro Penal Venezolano hay en este momento unos 450 presos políticos y varios miles con medidas cautelares, es decir no totalmente libres sino simplemente excarcelados. La inmensa mayoría de esta población penal no significa mayor peligro para la estabilidad del régimen, por lo que no se entiende que se insista en mantenerla en prisión. Si el gobierno sabe que el acuerdo firmado con los seis partidos no es reconocido como importante por la comunidad internacional que lo adversa, lo que ha llevado a la descalificación de esta mesa de diálogo, debería hacer esfuerzos para legitimarla y fortalecerla. Para que puede ser vista como una opción de arreglos pacíficos de la crisis existente.

Otro aspecto que no ha avanzado con la celeridad necesaria es el de la integración y funcionamiento de las ocho mesas de trabajo, que prepararían los acuerdos para su aprobación en la mesa nacional de diálogo. Sin pecar de apresurados, hay que entender que iniciar la solución de los problemas sociales y económicos es urgente, pues el sufrimiento del pueblo venezolano es trágico, inquietante y requiere soluciones inmediatas. El tema electoral también es urgente, pues en el mismo los lapsos los establece la Constitución vigente. Integrar un nuevo CNE, que satisfaga a todo el mundo, es vital para lograr se incorpore a por lo menos parte de la oposición de la AN, cuyo acuerdo es indispensable para que ese órgano designe al nuevo CNE.

O el gobierno da señales claras de que quiere enfrentar el desastre actual de común acuerdo con el mayor número de sectores y partidos nacionales, y logra la incorporación de estos en las negociaciones, o la iniciativa reciente fracasará con nefastas consecuencias para nuestra nación.

La situación internacional y la política de Guaidó, por Luis Fuenmayor Toro

LA POLÍTICA VENEZOLANA, desde hace varios años, tiene un componente internacional que progresivamente se ha hecho fundamental en la acción de la oposición extremista venezolana, la misma que lleva 20 años tratando de derrocar por la fuerza a los gobiernos chavecistas. Ese componente internacional es hoy el que mantiene a Juan Guaidó y a los partidos que le siguen en la palestra política. De la misma manera que el gobierno de Maduro se mantiene en el poder por el absoluto respaldo que le da la FANB, Guaidó se mantiene por el apoyo que tiene de EEUU y casi 60 países que lo respaldan. Ninguno de los polarizados tiene como apoyo real y suficiente a la voluntad del pueblo venezolano. Tan es así, que ambos se niegan a medirse electoralmente en comicios realmente libres.

Pero la situación internacional está muy lejos de ser estable como para considerar que no se produzcan cambios que alteren su correlación de fuerzas. No sé si Guaidó y sus allegados se han paseado por esta realidad, pero el tiempo también conspira contra su propuesta dogmática en relación a la fuerza del apoyo internacional de la misma. La elección de López Obrador como Presidente de México, hace poco más de un año, les quitó el soporte de uno de los países más importantes de la región, que inmediatamente regresó a lo que ha sido su posición histórica: la no intervención en los asuntos internos de ninguna nación. El triunfo del peronista Fernández, en las llamadas primarias argentinas, amenaza seriamente con seguir socavando el apoyo latinoamericano que tienen, y en otro país de una gran importancia hemisférica. 

Pero los sucesos en esa dirección no dejan de producirse. El Presidente hondureño soporta hoy la acusación, hecha por nada menos que un tribunal estadounidense, de recibir financiamiento del narcotráfico. En Perú, país del llamado Grupo de Lima, se desarrolla en estos momentos una crisis institucional que enfrenta a sus poderes Ejecutivo y Legislativo, algo parecido a lo que ocurre hoy en Venezuela. Ecuador, otro país muy beligerante contra Maduro, sufre actualmente protestas populares masivas anta la instrumentación de un paquete de medidas neoliberales aupadas por el FMI. Su Presidente recurre a la declarar el estado de emergencia, para reprimir las protestas populares, tal y como ocurrió en Venezuela con el Caracazo, al inicio del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.  

Sin duda ninguna que se debilita el Grupo de Lima, por lo que sufre el apoyo internacional de Guaidó. A esto se suma el fracaso parcial de los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, lo que le reduce a Duque su libertad de acción, y la activación del “impeachmente” contra Donald Trump. Todos son elementos dinámicos que pudieran afectar en forma negativa la única fuerza real de Guaidó, la única que lo protege y le permite actuar libremente y retar en forma continua al gobierno de Maduro, haciendo entonces evidente la debilidad del mismo.    

 

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Sobre el acuerdo de los cinco partidos con el gobierno, por Luis Fuenmayor Toro
  • Apoyo la firma del acuerdo. Hubiera firmado si se me lo hubieran pedido. Esto no significa que lo considere un éxito total desde ya, pues son muchos los escollos en el camino, comenzando por las inconsecuencias del gobierno.
  • El otro gran obstáculo es la posición hostil hacia el gobierno y el país del presidente Trump, quien pretende erigirse en la instancia que decide en relación con nuestros asuntos, seguido por quienes aplauden y le hacen coro.
  • El acuerdo tiene también en contra el sectarismo y la arrogancia de la oposición de la Asamblea Nacional, que se considera mayoritaria, dueña de los escenarios políticos y electorales y única con derecho a ser la oposición del gobierno.
  • La incredulidad del venezolano en el gobierno y en quienes le han hecho oposición desde sus inicios conspira también contra el cumplimiento de los acuerdos firmados.
  • Se comprende la incertidumbre y desconfianza de la población al acuerdo con el gobierno, son 20 años de polarización y existe una campaña insidiosa contra la iniciativa por parte de los extremistas políticos de la Asamblea Nacional.
  • Otro peligro para el desarrollo positivo de los acuerdos es que los partidos firmantes o algunos de ellos, los pretendan administrar en forma sectaria y excluyente, tal y como el G4 opositor extremista ha manejado sus alianzas.
  • Que apoye la firma del acuerdo con el gobierno no significa que crea que es el mejor acuerdo del mundo. Pero entiendo que fue el acuerdo posible y lo posible es lo que sucede; lo imposible no sucede.
  • Antes de firmarse el acuerdo, habíamos entrado en una parálisis de la política, sin iniciativas, mientras el sufrimiento de la gente aumentaba y la beligerancia política y represión gubernamental se incrementaban.
  • Esa parálisis generada por el fracaso del último diálogo era propicia para el desarrollo de acciones de intervención militar del país, peligro que debía ser enfrentado por quienes aún tienen dignidad y amor por su patria.
  • La intervención militar se podría producir unilateralmente por EEUU o a través del TIAR, que ha venido siendo impulsado por el extremismo opositor.
  • Otra vía de hecho para acciones militares contra Venezuela es la generación de incidentes fronterizos, que involucren a tropas regulares de países vecinos.
  • La parálisis de las iniciativas políticas también permitía el fortalecimiento a lo interno del gobierno, quien pasaría a convocar elecciones de la AN sin las condiciones de transparencia, equidad y democracia que se reclaman.
  • El principal responsable del éxito o fracaso de los acuerdos es el gobierno, pues en sus manos está la instrumentación de la mayoría de las acciones concertadas.
  • El gobierno debería de convencerse que su política debe ser la de acelerar el cumplimiento de los acuerdos y no la de darle largas, pues no se trata de ganar tiempo sino de producir respuestas positivas que desarmen cuanto antes a sus enemigos, sobre todo los externos.
  • La liberación de presos políticos ayuda mucho en la creación de un clima de distención, de justicia y de paz. El control de las acciones de las FAES también, al igual que la desaparición de las acciones de hostigamiento de los colectivos.
  • Como la conspiración de grupos extremistas continuará, el gobierno debe proceder apegado estrictamente al debido proceso judicial y con total respeto de los DDHH.
  • Como el acuerdo principal es el nombramiento constitucional de un nuevo Consejo Nacional Electoral, la AN tiene la primerísima responsabilidad en este aspecto. Nadie entendería que saboteara este nombramiento.
  • Las negociaciones de Santo Domingo y las de Oslo-Barbados tomaron sus tiempos y hubo que esperar sus resultados; de la misma forma se debe proceder con las iniciadas actualmente. Deben realizarse sin precipitaciones.
  • Al contrario a las negociaciones anteriores, donde privó el secreto absoluto, las actuales deben ser transparentes, para generar más confianza así como tener la opinión inmediata de la gente sobre las discusiones y los acuerdos.
  • Las partes involucradas en los debates deben informar también en forma conjunta de las dificultades enfrentadas y los escollos a superar en todo el proceso de negociación.
  • Un acuerdo formal útil para mejorar el ambiente de negociación sería el de reducir la beligerancia política de los actores.
  • El gobierno debería controlar las descalificaciones permanentes de algunos de sus voceros, pues no ayudan a crear el clima político necesario para salir con éxito de esta difícil coyuntura.
  • No se debe descartar la posibilidad de refrendar los acuerdos alcanzados, con un referéndum aprobatorio de los mismos, ni de utilizar el referéndum consultivo para dirimir los desacuerdos graves que pudieran aparecer.
Unas firmas que lo estremecieron todo, por Luis Fuenmayor Toro

EN VENEZUELA PARECIERA QUE LOS LOCOS SE SOLTARON y andan por esas redes. Y “haciendo” política que es lo peor. Son unos expertos pero en la parte peor de la política. Son mentirosos, calumniadores y manipuladores. Son más agresivos que “cabeza e’ mango”, a quien por cierto vi recientemente en una entrevista en Globovisión muy seriecito. Parece que hizo el curso que el PSUV les da a quienes va a asignarles más elevados destinos. En Venezuela, las locutoras se convirtieron, desde hace ya algún tiempo, en activistas políticos. Las vemos dictando cátedra desde el exterior y en el país. Otro tanto pasó con los artistas de las telenovelas y con los cómicos, con los hijos de militares golpistas, con las esposas de todos los dirigentes.

Basta que alguien sea electo gobernador o alcalde, para que tenga como heredero a su cónyuge, aunque éste nunca antes hubiera desplegado ninguna actividad política. Los hijos de los gobernantes permanecen al margen de la política y de la administración pública hasta que sus padres obtienen el cargo. Desde ese momento se convierten en destacados dirigentes políticos, en prodigiosos gerentes oficiales, y comienzan a actuar como si ése fuera el medio donde se criaron. El chavecismo fue quien inauguró estas prácticas. El padre de Chávez, un maestro de escuela copeyano de toda la vida, pasó a ser el gobernador perfecto. Lo mismo el hermano mayor Argenis. El nexo consanguíneo con el Presidente así lo determinaba.

El hijo de Reyes Reyes tenía que ser gobernador del estado Lara cuando su padre dejara de serlo. El de José Vicente, quien en política no hizo sino comerciar con los cubanos, de repente aparece como todo un alcalde y con los votos de los habitantes de las urbanizaciones del Este de Caracas. Un sobrino de Cilia, Tesorero de la Nación, y Nicolasito en algo importante que no adivino. Pero esta práctica no es exclusiva de los “revolucionarios”.

Nadie sabía quién era Lilian Tintori hasta que Leopoldo López se entregó. La esposa de Ceballos fue alcaldesa y hoy sabemos que la de Guaidó habla. En Nueva Esparta existe la dinastía de Morel, Morelito y Morelitico. A Rosales lo siguió su esposa en la gobernación del Zulia. En el pasado está el famoso caso de Blanca Ibáñez con Lusinchi.

Lo que hemos presenciado es una mezcla de formas monárquicas de determinar las jerarquías gubernamentales con el bien conocido y vulgar nepotismo. En estos aspectos, estos 20 años de supuesta revolución han sido muy particulares y distintos de los gobiernos adecocopeyanos. No he incluido los casos donde los hijos u otros familiares de los políticos escogieron la política y se desarrollaron como tales por su cuenta, ni el de los cónyuges que actuaron de la misma manera. Son situaciones radicalmente distintas.

Pero volviendo al principio, la locura mencionada es originada por el fanatismo, el cual no deja espacio para que se imponga el pensamiento racional. Resulta que, según esta lógica enferma de lo ilógico, los 5 partidos que firmaron un acuerdo con el gobierno no tenían ningún derecho a hacerlo, porque a alguien se le ocurrió que en el país sólo los 4 jinetes del Apocalipsis pueden actuar en política. Son partidos minoritarios, repiten y gritan, como si las minorías no pudieran legítimamente participar en la política.

Una clara posición excluyente, un apartheid venezolano, propugnado por gente que habla de libertad, democracia y pluralismo. Ellos sí pueden reunirse con el gobierno, pero nadie más puede hacerlo. Van a fracasar, sentencian. ¿Entonces por qué tanta alharaca? Ellos tienen 20 años fracasando, desde 2001, y con el mismito discurso. Es hora de que permitan que otros se equivoquen. A lo mejor se llevan una gran sorpresa.

Desde que abandonaron la negociación aupada por Noruega, la parálisis parecía imponerse. Pero los 5 firmantes, y ahora con un sexto incorporado, sacudieron el escenario, lo estremecieron, y sólo eso ya es muy bueno.

Sep 09, 2019 | Actualizado hace 1 mes
La unidad posible, por Luis Fuenmayor Toro

Todo el mundo habla de unidad en relación con la situación actual y el qué hacer. Una buena parte de quienes predican en este sentido realmente no la quiere, pues la unidad les impediría hegemonizar el proceso político por venir. Y ésta no es una afirmación gratuita. Los cuatro jinetes del Apocalipsis venezolano lo han más que demostrado desde hace por lo menos dos décadas. Y hoy lo demuestran día a día con su sectarismo desde la Asamblea Nacional. Son sectarios y excluyentes hasta con su propia gente.

Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo sólo se unen entre ellos y eso con mucha desconfianza y obligados por la necesidad apremiante de salir de la crisis. Ni que hablar de Vente Venezuela, Alianza Bravo Pueblo y quienes juegan alrededor de ellos. Todos, absolutamente todos, quieren sacarle el mayor provecho político electoral a lo que venga, aparte de no coincidir en las estrategias para enfrentar al gobierno de Maduro.

Hay otra oposición, no reconocida por los cuatro jinetes ni por quienes son aún más extremista y tampoco muy tomada en cuenta por el gobierno, que se proclama partidaria de cuatro principios: salida electoral (democrática), constitucional, soberana (venezolana) y pacífica. Es descalificada como colaboracionista del régimen de Maduro precisamente por los extremistas opositores que, con sus dislates, le han dado dos décadas de gobierno al chavecismo y trabajan para darle mucho más tiempo. A este relativamente nuevo sector opositor le ha sido difícil terminar de conformarse como una opción real de gobierno, se le ha dificultado internamente aglutinarse en torno a propuestas y acciones comunes, que llamen la atención al hacerla aparecer como una opción capaz de interpretar a ese vasto sector electoral mayoritario, que rechaza a Maduro y su claque pero también a quienes nos prometen más sufrimientos con invasiones y sanciones.

La unidad tiene que comenzar y cimentarse sobre los cuatro principios ya señalados, a los que habría que agregar, como acciones derivadas, la negociación con el gobierno para la designación de un nuevo CNE independiente como Poder del Estado, integrado pluralmente, imparcial en sus ejecutorias y designado de común acuerdo, que organice todos los procesos electorales venideros establecidos en la Constitución. Y negociación también para enfrentar urgentemente la hiperinflación, los bajísimos salarios, la devaluación permanente, la escasez de medicamentos, vacunas y otros insumos para la salud; el caos de todos los servicios, el ejercicio pleno de las libertades democráticas y el total respeto de los derechos ciudadanos. Quienes estén de acuerdo con esta fórmula serían los susceptibles de ser unidos.

Hay que recordar que los procesos sociales y políticos tienen sus tiempos y no pueden ser empujados atropelladamente, como se ha querido hacer en Venezuela desde prácticamente el inicio del primer gobierno de Chávez. No son los deseos los que determinan su velocidad. Nuestra práctica social de este siglo así nos lo ha hecho ver en multitud de ocasiones, aunque haya todavía quienes se nieguen a aceptar que el sol sale por el Este.

Ago 31, 2019 | Actualizado hace 2 meses
Ilusiones políticas, por Luis Fuenmayor Toro

EN LA SITUACIÓN ACTUAL VENEZOLANA, frente a un gobierno autoritario, arbitrario, sectario, corrupto, ignorante, incapaz e indolente, existe la ilusión de unificar a quienes se le oponen, como la vía segura para derrotarlo y de esa manera comenzar a salir de la crisis profunda en que nos encontramos. Los calificativos utilizados para caracterizar al equipo gobernante no fueron escritos a manera de insultos, como usualmente lo hacen algunos cuando se refieren al régimen. No se trata de una forma de ofenderlo ni mucho menos de mentarle la madre. En absoluto. Cada adjetivo corresponde a una característica particular del gobierno actual, que puede ser contrastada con la realidad existente y con la pasada, incluso más atrás de la primera Presidencia de Maduro.

Unir a todos los venezolanos de buena voluntad, para salir de la plaga actual, parece en principio una tesis lógica, y realmente lo es. Sólo que estamos hablando de unir a los venezolanos de “buena voluntad”, por lo que no participarían en esta alianza quienes no sean de “buena voluntad”. Pero, para no caer en la discusión de quienes son los buenos y quienes los malos, diré como el camarada Mao que se debe tratar de unir a “todos los susceptibles de ser unidos”. Mao lo pidió en el momento de constituir el frente político militar anti japonés, que lucharía contra estos invasores, y de hecho se logró la unidad entre el Kuomintang (Partido Nacionalista Chino) dirigido por Chiang Kai-shek y el Partido Comunista Chino, en esos momentos enfrentados militarmente. 

Suspendieron las hostilidades y, luego de la derrota japonesa al final de la Segunda Guerra Mundial, se reanudó el conflicto que terminó con el triunfo del Partido Comunista Chino y el refugio de los nacionalistas en la isla de Formosa, hoy Taiwán. Se logró unir a los “susceptibles de ser unidos”, pues el Kuomintang y los comunistas eran ambos nacionalistas y enfrentaban las pretensiones de dominación imperial de Japón. En nuestro caso, mucho menos dramático, no todos los que se oponen al régimen de Maduro son “susceptibles” de ser unidos, pues dentro de ellos hay quienes son partidarios de una invasión extranjera, como fórmula para derrotarlo, mientras que para otros esa posición es totalmente inaceptable. Esta diferencia los hace, como se dijo, “no susceptibles” de ser unidos. 

Para los primeros la salida es violenta, para los segundos es pacífica. Para los primeros la intervención extranjera es deseable y necesaria, para los segundos es indeseable y contraproducente. Para los primeros los asuntos del país pueden resolverse en EEUU y otras latitudes, para los segundos se deben resolver en Venezuela y por los venezolanos. Los primeros violentan la Constitución vigente, los segundos actúan dentro del marco constitucional. Es meridianamente claro de estas diferencias que ambos grupos no pueden unirse, no son susceptibles de ser unidos y por tanto no habrá un frente opositor al gobierno de Maduro, a menos que uno de los grupos renuncie a sus posiciones y asuma totalmente las del otro. 

Otra posibilidad, en el caso de la elección Presidencial, es que aparezca un extraño a los actualmente actuantes, una persona no involucrada en la conflictividad habida, un forastero, un “outsider”, para usar el anglicismo que todos entienden, y que este personaje sea asumido por todo el mundo como candidato presidencial. Esta última posibilidad tampoco es fácil de conseguir, pues el “outsider” tendría que tener posición sobre los asuntos antes señalados como impedimentos serios de la unidad de toda la oposición.    

 

@LFuenmayorToro

La destrucción amazónica y la irracionalidad venezolana, por Luis Fuenmayor Toro

Así como las llamadas primarias argentinas se convirtieron en combustible de la lucha política venezolana, sobre todo por la sorpresa y los lamentos de la oposición extremista ante la victoria del peronismo, los incendios que devoran hectáreas de la selva amazónica brasileña también han entrado en el debate político nacional, ésta vez por las denuncias “ecológicas” y la gran “preocupación por el ambiente” del extremismo gubernamental, que ve en Bolsonaro a un capitalista irredento y depredador del pulmón vegetal del mundo. El ministro Arreaza fue el encargado de expresar diplomáticamente, la congoja del gobierno verde de Maduro por la gigantesca extensión selvática destruida ante la indolencia de Bolsonaro, quien no contento con su inacción pasó a acusar a las organizaciones no gubernamentales de Brasil, de ser responsables de generar los incendios señalados.

La posición del gobierno venezolano adolece de un cinismo de marca mayor, que provoca un rechazo de quienes se le oponen y de quienes han denunciado la depredación ambiental de la Amazonía venezolana, generada por la explotación inmisericorde y salvaje del oro hecha por el gobierno nacional. La devastación es extensa y se acompaña de contaminación de los ríos y de la desaparición de los mismos. Además, los incendios en principio no son generados en forma voluntaria por el gobierno brasileño, sino que se dan en forma casuística, por lo que Bolsonaro pudiera ser acusado de un delito de omisión y negligencia al no actuar diligentemente contra su propagación. En el caso venezolano, en cambio, se trata de la comisión de un delito ambiental al ser producto de acciones de explotación minera ilegales e irresponsables por parte del gobierno nacional dirigido por Maduro.

Bolsonaro ha recibido muchas críticas y presiones internacionales por su desatención de la selva amazónica. Se ha llegado incluso a negarle recursos financieros contractualmente pactados para la protección ambiental, pues para los países europeos otorgantes de los mismos, el gobierno actual brasileño ha sido indolente ante lo acontecido y no ha cumplido con los compromisos acordados. Las medidas de restricción financiera equivalentes a varias decenas de millones de dólares, llevaron incluso al Presidente de Brasil a dar una respuesta destemplada, en la cual prácticamente dijo, como lo hacía rutinariamente Chávez en casos de amenazas y presiones que consideraba indebidas, que no necesitaba de esos recursos y que se los podían meter por donde les cupieran.

Pero lo que queremos es llamar la atención hacia el hecho de que los opositores viscerales venezolanos han tomado partido a favor de Bolsonaro, no porque sea un defensor del ambiente sino por estar claramente enfrentado al gobierno de Nicolás Maduro. Ya eso es suficiente, para considerar que todo lo que hace está bien hecho y que quienes lo critican deben ser unos comunistas come niños, cooperadores de la dictadura de Maduro y cosas por el estilo. Es la misma actitud que han tenido en el caso de Macri y su pronosticada derrota electoral. La intención no es realmente defender a Bolsonaro y a Macri por ser buenos gobernantes, sino por ser enemigos de Maduro. Para el extremismo gubernamental, la situación es similar pero en dirección inversa. Bolsonaro es criticado y atacado no por ser indolente ante los incendios, sino por ser adversario de Maduro.

Analizar la política internacional y las gestiones de los gobiernos de los diferentes estados nacionales, en función de sus posiciones frente a la diatriba política venezolana y sus actores es una soberana insensatez.