De Rusia con amor por Tony Bianchi

Rusia ha empezado a implementar un importante cambio en su política energética, utilizando un modelo que sirve de ejemplo para muchos países y especialmente Venezuela, a través de una medida creada para disminuir su dependencia de los países que adquieren sus hidrocarburos  y derivados que al mismo tiempo abre las puertas a la participación privada extranjera.

La razón de este cambio se debe al hecho que la economía rusa depende de las ingresos obtenidos en gran parte de la venta de sus productos petroleros y del gas cuyos precios ahora son prácticamente dictados por sus compradores principales que son Europa y la China.

Los países europeos amenazan con reducir el alto consumo de gas ruso  a menos que mejoren los precios y la China está insistiendo constantemente para que Moscú  conceda  descuentos considerables en sus facturaciones a Pekín creando un estado de incertidumbre indeseada porque a pesar de los esfuerzos de diversificar su producción industrial no se vislumbra como la economía rusa pueda liberarse de su dependencia de los hidrocarburos dentro de los próximos 30 años.

Como resultado el Kremlin ha lanzado siete emisiones de bonos para nuevos proyectos energéticos destinados en gran parte pero no exclusivamente para el sector privado ruso  que le permite mantener cierto control de las inversiones además invitando a empresas extranjeras a aportar la tecnología que tanto le hace falta a Rusia.

Los primeros mayores proyectos promueven un aumento de la actividad de perforación y explotación petrolera y la construcción de refinerías a lo largo del país así como la restructuración de los astilleros tanto para la construcción como el mantenimiento de tanqueros petroleros.

En cuanto a perforación y explotación Moscú está concentrando su atención a la recuperación mejorada ( enhanced oil recovery – EOR) de los pozos de la  Siberia occidental y un aumento considerable de la exploración y de la explotación de crudo en toda la costa norte de Rusia y el Círculo Ártico ( al norte del los 66.5 grados de latitud) a raíz que luego de una década de investigaciones el Instituto Norteamericano de Estudios Geológicos (USGS) hace poco publicara el resultado de su Evaluación de los Recursos del  Círculo Ártico (CARA) cuya conclusión es que el 84 por ciento del petróleo y gas que falta por descubrir en el mundo se encuentra en las tres principales cuencas árticas.

Por otro lado, tal como admitido por el propio primer ministro ruso Vladimir Putin, las bases navales y astilleros militares que fueron convertidos para la construcción de tanqueros y buques de transporte al acabarse la “guerra fría,” están muy deteriorados y obsoletos y el líder ruso está empeñado en convertir a país en uno de los mayores constructores de tanqueros y de plataformas para la explotación marina del petróleo.

Pero este es un logro que es posible solamente utilizando tecnologías avanzada e inversiones significantes y ya se vislumbran importantes acuerdos entre Rusia y empresas estadounidenses a través de la Russian Venture  Company (RVC), organismo con sede en Boston que cuenta con el apoyo de los dos gobiernos.

A pesar de las grandes mejoras generales fruto de que el Kremlin terminara con la vieja Unión Soviética y muchos de sus factores negativos,  la tecnología rusa  y su aparato productivo han quedado muy atrasados  con respecto a otros países desarrollados y como consecuencia no le queda otra alternativa que abrir sus puertas y aliarse con empresas internacionales de punta para lograr sus objetivos.

Fijémonos en las similitudes entre Rusia y Venezuela en cuanto a la dependencia de los mercados de los hidrocarburos  sin olvidar lo poco que paga China para nuestro petróleo,  la falta de tecnología y la falta de fondos para importantes inversiones. ¿Si Rusia se está adaptando a la realidad, razón mayor tiene Venezuela para seguir sus pasos, o es que la lámpara mágica de la “revolución” puede convertir su proselitismo en alimentos y billetes?

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