Las elecciones catalanas lo complicaron más por José de Bastos
Tras dos años llevando adelante una agenda de recortes y ajustes económicos en Cataluña, similares a los que a la par de han ido ejecutando en toda España, el President de la Generalitat, Artur Mas, cambió la base de su discurso. Si bien es cierto que tanto él como su partido, Convergencia i Unió (CiU) siempre, y sobre todo en la última década, han reclamado para su Comunidad mayor autonomía económica, fue en los últimos meses que sus objetivos nacionalistas se radicalizaron, y su discurso central pasó de las finanzas a la autodeterminación.
Es por eso que Mas convocó a elecciones para el Parlamento catalán dos años antes de la fecha estipulada: indicó que los objetivos de su mandato serían imposibles ante la negativa del gobierno español de sellar un pacto fiscal para Cataluña, por lo que reacomodó sus prioridades y le pidió a la ciudadanía que lo acompañara en la ruta hacia la soberanía de esta región frente al resto del Reino, que le diera una “mayoría excepcional” para tener manos libres en la construcción de la Cataluña independiente.
Es por todo esto que, a pesar de obtener más de doble de votos y escaños que su más cercano competidor, Artur Mas ha sido considerado el gran perdedor de las elecciones catalanas del pasado domingo. No sólo se quedó corto en sus pretensiones, sino que retrocedió 8 puntos porcentuales y 12 diputados, con relación a la fuerza que CiU había obtenido en 2010.
No cabe duda que en estos últimos meses el President marcó la agenda de la opinión pública en su Comunidad. Se dejaron en un muy segundo plano los problemas económicos, los recortes de su gobierno al gasto social y el alto desempleo, en beneficio de la agenda soberanista, la posibilidad de un referéndum para decidir la independencia y el trato dominante de Madrid sobre la política en Barcelona.
A pesar de dominar la agenda, a Mas se le escaparon los votos por diversas vías, repartidas hacia seis partidos: CiU nunca había sido tan claro en sus intenciones de soberanía, y a pesar de colocarse ahora a la vanguardia del movimiento, sus líderes siempre evitaron hablar abiertamente de independencia. Entonces, a pesar de que llevaran la batuta, los más determinados independentistas catalanes decidieron respaldar al original y no a la copia: si de independencia se trata, se dejan de lado las diferencias ideológicas en lo económico, y el voto va para Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) o el recién formado CUP, ambos de izquierda.
Por el contrario, si en 2010 el voto de centro-derecha se consolidó en torno a CiU (ya que su discurso predominante fue el económico), en esta ocasión los no tan convencidos en el tema soberanista se quedaron con el Partido Popular. Éste, a pesar de su rápido desgaste por las dolorosas medidas que ha tomado a nivel nacional, aumentó su caudal de votos y ganó un escaño más el pasado domingo.
Quienes, al igual que los simpatizantes del PP, querían demostrar su molestia ante las intenciones de soberanía, pero se ven muy lejanos de la ideología y las maneras de los Populares, también tuvieron su opción: el joven partido Ciutadans (C’s) tiene una postura claramente españolista pero de centro-izquierda, muy lejos de la austeridad que propone Rajoy.
Y finalmente, quienes no privilegiaron la agenda soberanista en un momento de tan aguda crisis económica recayeron en dos partidos, probablemente, por dos motivos diferentes: por un lado el PSOE (PSC en Cataluña), que si bien intentó diferenciarse al hablar de Federalismo, no pudo imponer sus ideas en el debate público y terminó disminuyendo su votación notablemente; y por otro lado Iniciativa per Catalunya Verts (ICV), un partido “ecosocialista” que levantó siempre la bandera económica e insistió en cómo los recortes están perjudicando a los más débiles en la región, sin cerrarle la puerta a la consulta soberanista.
El primero probablemente obtuvo sólo su voto duro, ése que permanece identificado a sus colores y su ideología, más allá de las circunstancias, mientras que el otro aumentó su votación, al ser el más diferente de todos los partidos, sacando pecho de una agenda olvidada por los demás, reclamándole al gobierno el mal estado de la economía catalana.
Así pues, la situación queda ahora más enredada que hace sólo semanas. Mas no pudo imponer su camino pero la población tampoco le dio la espalda a la posibilidad de soberanía. Los representantes de CiU, ERC y CUP son mayoría en el Parlamento y pueden llevar adelante medidas en esa dirección, aunque con una cantidad de asteriscos durante la legislatura que el President quería evitar. Aliarse con ERC implicaría, por un lado, una radicalización en lo que a independencia se refiere, y por otro, grandes limitaciones en el plan económico que estaba adelantando el gobierno de CiU.
La alianza que hasta ahora fue la predominante, con el PP por cercanía ideológica en lo económico, fue esta vez descartada de antemano por ambos partidos, ante su completo antagonismo en el plano Cataluña-España.
El PSC le abrió la puerta a Mas, aunque en este caso el President tendría que moderarse tanto en el plano económico (aunque menos que con ERC) como en el plano soberanista (aunque sin olvidar del todo sus ambiciones por algunas exigencias que también comparten los socialistas).
En definitiva, el nuevo llamado a elecciones no dejó claridad en prácticamente ningún sentido. No se sabe hoy mejor que la semana pasada, si los catalanes quieren definir su futuro de manera independiente, o seguir relacionados al Reino de España.












