Está bien que el gobierno considere necesario un diálogo con la iglesia pero no que pretenda condicionarlo. El diálogo no puede existir cuando se está convencido que la otra persona es la nada. El diálogo no es sincero cuando                              se afirma que los que no están conmigo no son dignos de ser escuchados

 

Está bien que el gobierno considere necesario un diálogo con la iglesia pero no que pretenda condicionarlo. Desde tiempos remotos la Iglesia se ha ocupado de la redención del individuo y su mejor preparación para la vida después de la vida mientras que los gobiernos, del corte que sean, tienen en principio la función primordial de mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.

El diálogo no puede ser una estrategia electoral sino un propósito real de cambio lo que a todas luces no parece ser la realidad cuando en la Asamblea Nacional la presidencia impone un diálogo de sordos o cuando el eterno candidato a la presidencia de la República sólo se escucha a si mismo en largas y repetitivas chácharas.

El diálogo lleva implícito el reconocimiento del otro como un ser con el que es necesario debatir para convencer. El diálogo no puede existir cuando se está convencido que la otra persona es la nada. El diálogo no puede subsistir cuando se está convencido q ue uno es dueño de la verdad. El diálogo no es sincero cuando se afirma que los que no están conmigo no son dignos de ser escuchados.

Entonces nos preguntamos ¿qué clase de diálogo es ese sin asomar el menor género de contrición por las reiteradas satanizaciones que sobre la iglesia ha hecho el candidato presidente?

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