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Analistas no descartan operación de recompra de deuda venezolana por parte del gobierno de Maduro

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Ciertamente el mercado ha reaccionado de manera muy severa a los anuncios del presidente Nicolás Maduro, pero no es el momento de tomar decisiones apresuradas de vender o comprar títulos de Venezuela”, comentó David Osio, CEO de Davos Financial Group.

El comentario de David Osio responde al anuncio hecho por el presidente Maduro sobre la reestructuración o renegociación de la deuda pública de Venezuela y de su empresa petrolera Pdvsa.

La reunión convocada para el 13 de noviembre por el gobierno de Venezuela, para conversar con los tenedores de bonos sobre el futuro de la deuda, terminó sin información concreta.

Los inversionistas salieron de la reunión sin que el gobierno de Maduro definiera si pensaba “reestructurar”, “refinanciar” o “reprogramar” los pagos de la deuda.

Los títulos de la deuda ya se encontraban a niveles que asumían una alta probabilidad de incumplimiento, y al final ese día la firma calificadora S&P Global ratings anunció que Venezuela había incumplido el pago correspondiente al mes de octubre, por lo que el país entraba en default.

Y aunque muchos coinciden en que esta situación llegaría algún día, poca gente se planificó para este evento.

Es por ello, que entre inversionistas se preguntan si el equipo de Maduro cuenta con recursos propios, o de Rusia y China, para solventar el temporal financiero.

 

Un confuso anuncio

A juicio del equipo de analistas de Davos Financial Advisors, la manera como el gobierno venezolano comunicó la decisión es confusa y contradictoria, ya que notifican el cumplimiento con el pago de USD 1.12bn de los bonos PDVSA 17, pero dejan en un limbo la cantidad de intereses vencidos, que aún permanecen en periodo de gracia.

“Como era de esperarse, el mercado adoptó una postura pesimista ante el anuncio, generando movimientos en precio sustancialmente a la baja”, advierte el reporte de Davos Financial Advisors.

Los bonos de vencimiento más corto fueron golpeados severamente mientras que los de mayor duración tuvieron una baja de aproximadamente 10 puntos en promedio, a niveles de 29 centavos por dólar.

En opinión del banco de inversión Nomura, “No podemos descartar las impredecibles excentricidades de la administración de Maduro; pero si pagan el PdVSA’20 y no tenían ningún plan posterior para un default, lógicamente pospondrían el default”.

 

Señales para inversionistas

Si Venezuela realmente planea reestructurar su deuda externa soberana y cuasi-soberana, ¿por qué cumplir con las amortizaciones de los bonos PDVSA 20 y 17 en los últimos diez días por un total de casi USD 2,000 millones?

“Posiblemente la intención es quedar bien con los tenedores de bonos, muchos de ellos proveedores que han recibido bonos en forma de pago para seguir trabajando y personas allegadas al régimen, o iniciar las negociaciones en un ambiente de cumplimiento y buena fe”, indica el reporte de Davos Financial Advisors.

“En todo caso, la posibilidad de que realmente se lleve a cabo una negociación exitosa es muy poco probable”, se lee en el reporte.

El gobierno se encuentra incapacitado para emitir nueva deuda, o refinanciar la deuda existente, en los principales mercados de capitales de Estados Unidos y Europa.

De igual forma, los riesgos legales de entrar en una negociación con los funcionarios designados pueden ser de altísimo costo.

“Tampoco vemos ninguna señal de cambio serio en la política macroeconómica del gobierno, que darían tranquilidad a los inversionistas y mejorarían la calificación de riesgo del país”, explica Andrés Coles, director de Davos Financial Advisors.

 

¿Una jugada pre-electoral?

“El llamado a la reestructuración podría ayudar temporalmente la liquidez doméstica, para reducir la escasez de bienes reforzando la popularidad de Maduro. Esto le permitiría aprovechar una ilusión temporal, para lanzar una convocatoria a elecciones presidenciales anticipadas”, indica Andrés Coles.

No obstante, Coles alerta que eventualmente el país enfrentaría graves consecuencias económicas por la falta de divisas y operatividad de PDVSA, imposibilitando cualquier acuerdo de renegociación serio.

Si este escenario resultara en un colapso del régimen chavista, y abriera las puertas a una transición pacífica y democrática, pudiera existir la posibilidad de que los tenedores de bonos logren una tasa de recuperación más favorable.

Algunos analistas han argumentado que el país podría intentar continuar con el pago de la deuda de PDVSA, con el fin de minimizar el riesgo de no poder cumplir con envíos de petróleo.

El comunicado publicado en el sitio web de PDVSA anuncia la continuación de pagos de la deuda de PDVSA, pero la comunidad inversora no le dio mucha credibilidad al anuncio.

El reporte de Davos Financial Advisors señala que “posiblemente Maduro no se ha quedado totalmente sin dinero, o Rusia y China siguen dispuestos a intervenir. El anuncio pudiera ser simplemente un intento de medir la reacción del mercado a la idea de una reestructuración”.

“Mientras tanto, el gobierno pudiera aprovechar la reacción del mercado para recomprar bonos y reducir su carga de deuda o mitigar el riesgo de bloqueo en las negociaciones con los tenedores de bonos”, comenta Davos Financial Advisors.

 

Qué debe hacer el inversionista

”No es el momento para reducir posiciones. Es preferible esperar a una mayor claridad del escenario antes de tomar una decisión”, enfatiza David Osio, CEO de Davos Financial Group.

En su opinión, el anuncio lleva al país hacia un escenario de radicalización y aislamiento con dos posibles justificativos:  i) Maduro se ha quedado sin dinero y se embarca en un genuino intento de reestructurar las obligaciones externas. ii) El país todavía tiene liquidez y activos, por lo cual el anuncio es un intento de medir la reacción del mercado a la idea de una reestructuración y, mientras tanto, aprovechar precios deprimidos para recomprar bonos.

En opinión de la firma Morgan Stanley, en caso de producirse un default, el mercado ya ha tomado sus previsiones.

“Hay pocas posiciones -volumen de bonos- disponibles para ser vendidas. Creemos que cualquier inversionista grande que haya invertido en Venezuela recientemente, lo ha hecho con una visión a largo plazo y ha contemplado el default como parte de ese escenario”.

Por lo pronto, el equipo de asesores de Davos Financial Advisors sugiere tomar en consideración los siguientes factores:  

  1. No hay buena disposición para una reestructuración sin un verdadero cambio de régimen o de modelo macroeconómico y, sobre todo, en medio de las sanciones internacionales.
  2. Debido a que el incumplimiento se traduciría inmediatamente en dificultades para enviar petróleo fuera del país, Maduro seguirá cumpliendo con el servicio de la deuda de PDVSA bajo un calendario de pagos relativamente ligero durante el 2018 y 2019.
  3. El gobierno se verá obligado a continuar agresivamente la disminución de importaciones, aumentando el riesgo de malestar social y cambio de régimen en el 2018.
  4. China y Rusia han invertido fuertemente en Venezuela, y la contribución marginal necesaria para evitar una cesación de pagos parece baja (aunque se podría decir que estos países tienen ya suficiente exposición a Venezuela).
  5. Precios de los bonos pueden mostrar cierta recuperación, ya que cotizan por debajo de valores de recuperación históricos, aprovechando el alto nivel de rendimiento actual.
  6. Las perspectivas para los bonos venezolanos permanecen firmemente vinculadas a la crisis política del país. La motivación real detrás de recientes anuncios de Maduro, no es clara hasta el momento.
  7. El Departamento del Tesoro de EE.UU. informó que la Oficina de Control de Activos Extranjeros podría evaluar la autorización de nueva emisión de deuda venezolana, si la Asamblea Nacional así lo aprobaba.
  8. Nomura advierte que las consecuencias de un default pueden ser devastadoras para el país, si el incumplimiento de pagos incluye los bonos de Pdvsa, porque tendría un efecto sobre el flujo de dólares que mantienen la economía venezolana.
  9. Adicionalmente, Nomura destaca el impacto que esta crisis de pagos puede tener sobre el flujo de caja del Chavismo, dado que se quedarían sin fuentes alternas de ingresos en un momento político crítico. “Sin duda, pondría a prueba la ya frágil coalición del PSUV y el apoyo a Maduro”.
  10. Solo inversionistas dispuestos y capaces de tolerar grandes pérdidas deben mantener una moderada exposición a los bonos de Venezuela, en el contexto de una cartera ampliamente diversificada. Entre los bonos venezolanos tenemos una alta preferencia por bonos de larga duración y precio más bajo, o aquellos que no tengan cláusulas de Collective Action que permitan una negociación directa en las cortes estadounidenses.
  11.  El efecto de la potencial crisis venezolana sería puntual. Para los analistas de UBS “De interrumpirse el suministro petrolero de Venezuela, los precios sufrirían cierta presión hacia el alza, pero es probable que este efecto dure poco”.
Militarización y escasez ponen en jaque al último reducto de la democracia: el voto
De la democracia nos gusta el voto, más aún si quien llega al poder garantiza aquello de a mí pónganme donde haiga. Y cuando hubo real, corrió a raudales. Viajes al exterior que dieron sentido a los abrigos de Zara, carros último modelo, crédito para vivienda, compras por internet y tetas nuevas por doquier. 70% de los venezolanos creyó, entre 2003 y 2006, que la democracia por fin funcionaba
Ese mismo período coincidió con el inicio de los ataques frontales del Gobierno a los principios democráticos: primeras expropiaciones amparadas en la recién aprobada Ley de Tierras, permisividad ante las invasiones, aprobación de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión que cobró la primera la víctima con el cierre de RCTV. 75% de los venezolanos protestó absteniéndose de votar en las elecciones parlamentarias
Expertos consideran que hoy, en un contexto político de creciente militarización y precariedad económica, ese pragmatismo criollo que busca hacerse ya no de dólares baratos sino de un pollo y un paquete de harina nos coloca ante una encrucijada: defender un sistema en el que no creemos del todo o avalar un modelo autocrático que intenta suprimir lo único de la democracia que realmente nos gusta, el voto

 

@GitiW

“¿TE ACUERDAS CUANDO PEDIMOS LAS VACACIONES y nos fuimos a hacer las tetas con Krulig, con ¡Krulig!?”, rememora entre risas una de las dos mujeres. Corría 2007 y las manos del destacado cirujano plástico ya no estaban reservadas solamente para las misses. En ese entonces trabajaban en un call center y ganaban dos millones de bolívares de los de antes, unos cuatro salarios mínimo que estaba en 614.790 Bs. En esa misma oficina dos señoras compraron carro y otra, embarazada, viajó a Panamá a comprar las cositas del bebé.

La llegada de 2003 marcó el fin de la austeridad, ese eufemismo político para designar la vulgar peladera de bola. La renta petrolera finalmente había llegado a todos los bolsillos y las protestas de 2002 parecían hechos de un pasado remoto. El incremento de los precios del petróleo le permitió al Gobierno triplicar el gasto público en términos reales a 50,7% y los beneficios económicos fueron tangibles para todos los sectores de la población.

Quienes no disfrutaron directamente del acceso a dólares baratos recibieron ayudas a través de alguna de las 21 misiones sociales que creó Chávez en 2003, pero quizás el más beneficiado fue el propio presidente que en el lapso de un año pasó de superar un golpe de Estado a alcanzar el pico de su popularidad con casi 70% de aprobación. No se trató de un cambio de fortuna casual sino de una relación causa efecto comprobada: al menos 60% de las variaciones en la popularidad del presidente son explicadas por el nivel del gasto público real, solo 40% se atribuye a otros factores, afirma un estudio del Observatorio del Gasto Público de Cedice.

“La popularidad del presidente aumenta un 0,20% por cada 1,0% de incremento del gasto (en términos reales). Es decir, el incremento del gasto público de 57,0% en las elecciones de 2004 representó un incremento de la popularidad presidencial de 11,4 puntos porcentuales”, afirman los economistas Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar, autores del estudio.

 

El modelo de medición empleado por Oliveros y Villamizar también estimó que de los 11,1 puntos porcentuales de popularidad que perdió el presidente Maduro entre 2014 y 2015, 4,4 puntos se deben a la contracción de 20,8% en el gasto público. Este modelo sustenta la convicción del diputado Héctor Rodríguez, jefe de la bancada del PSUV, quien sostuvo en una entrevista a Runrun.es que de no haber bajado los precios del crudo los resultados de las elecciones parlamentarias habrían sido favorables al partido de gobierno.

El costo democrático de la bonanza

Entre 2003 y 2006 los venezolanos no solamente incorporaron a su léxico expresiones como “raspar la tarjeta”, “vender el cupo” o “inscribirse en la misión”, sino también comenzaron a hablar de “adquisición forzosa”, “estatización”, “expropiación”, “intervención” “ocupación temporal” y “estado comunal”, término que aunque no está en la Constitución, llegó a la legislación venezolana de la mano de la Asamblea Nacional elegida en 2005 cuando la oposición optó por llamar a la abstención como medida de protesta y, en consecuencia, todas las curules quedaron en manos del partido de Gobierno. Sin advertirlo dijimos adiós a la independencia de poderes.

El origen de los actuales niveles de desabastecimiento de alimentos, causa de los casi 400 saqueos registrados en Venezuela entre enero y julio de 2016, también hay que buscarlo en ese período, cuando con el argumento de garantizar la “seguridad alimentaria” el Gobierno dio inicio al proceso de expropiaciones de latifundios con el aval de la recién aprobada Ley de Tierras, mecanismo que permitió la adquisición forzosa de 26% del aparato productivo del sector agroindustrial. Cedice registra 306 violaciones a la propiedad privada entre 2005 y 2011 que afectaron específicamente el sector de alimentación.

Al control legislativo y productivo le siguió el cercenamiento al derecho a la propiedad privada. Durante esos años de bonanza económica se registraron 544 invasiones: 313 inmuebles y 186 terrenos. El área metropolitana de Caracas fue la más afectada con 146 invasiones, le siguió Zulia con 126 casos; Anzoátegui y Lara registraron 77 casos cada uno.

Y mientras una parte de los venezolanos aprendía a armar las carpetas de Cadivi y otros tantos pasaban a engrosar la nómina del Estado, el Gobierno puso coto a otro emblema de la democracia: la libertad de expresión. La entrada en vigor de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión aprobada en diciembre de 2004 impuso límites de facto a la libertad de expresión e información a través del carácter punitivo de la legislación. El cierre de RCTV, en mayo de 2007, terminó de configurar un contexto de censura y autocensura cuyas consecuencias perduran hasta hoy.

El problema: vemos la democracia como un medio para alcanzar fines materiales

“La lógica fue que había más democracia porque había más igualdad en términos materiales. El foco del discurso oficial estuvo en que había más acceso a los programas sociales a diferencia de, como lo dijo Chávez, la anterior forma de democracia burguesa. Durante el mandato de Chávez entre 2004 – 2010, precisamente cuando tuvo más dinero, se registraron más ataques hacia la democracia. La gente dijo «qué importa si tenemos menos libertad de expresión, qué importa que estén persiguiendo a una gente por ahí si a mí me está llegando plata de la renta petrolera». Esa experiencia nos hizo creer que la democracia era recibir algún tipo de beneficio social y que lo demás estaba en un segundo plano; eso es bastante preocupante porque puede estar marcando la visión actual de la democracia que tienen los venezolanos”, argumenta el politólogo Juan Manuel Trak.

Aunque en teoría los niveles de apoyo a la democracia son altos, en la práctica los venezolanos sienten una profunda insatisfacción con el desempeño del sistema político, tanto, que una investigación del Barómetro de las Américas 2014 de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, encontró que la relación de los venezolanos con la democracia era “instrumental”, es decir, es vista como un medio para alcanzar fines materiales y no como buena en sí misma.

El estudio reveló además que la evaluación de los venezolanos acerca del funcionamiento de la democracia es negativa debido a la poca confianza que tienen en las instituciones -TSJ, Ejecutivo, Asamblea Nacional y CNE-, tampoco hay confianza en los partidos políticos. No obstante, Trak enfatiza que la mayor frustración de los venezolanos con la democracia viene de la incapacidad de materializar la promesa de igualdad social.   

“La democracia tiene como promesa política que es posible tener una vida digna en la que uno puede aspirar a que los hijos vivan mejor que los padres. Desde los noventa la democracia venezolana ha fallado en materializar esas aspiraciones y es preocupante que cada vez más la gente mira a la democracia con desconfianza, como a una promesa inconclusa. Ante la falta de capacidad de respuesta de la democracia de cumplir con esas aspiraciones es posible que los venezolanos miren otros modelos alternativos que se dicen democráticos o que dejen los principios democráticos en un segundo plano con el fin de poder llenar esas expectativas”, argumenta Trak.

Que la democracia sea intrínsecamente valiosa independientemente del desempeño económico del país es una premisa que muchos están dispuestos a cuestionar ya que no se trata solamente de la defensa de derechos políticos, sino de tener un sistema que permita oportunidades para progresar. “En gran medida América Latina ha fallado en proveer ese insumo necesario que requiere la democracia para que sea reafirmada como un sistema político exitoso: acabar con las enormes desigualdades. La igualdad social supone que la gente pueda tener acceso a una educación de calidad, a buenos servicios de salud, a empleos y viviendas dignas; allí es donde la democracia tiene ese valor instrumental para el venezolano”, describe el politólogo.

La encrucijada: democratización o autocratización

Quizás los ciudadanos no están plenamente conscientes de esa vinculación pragmática con la democracia que los hace proclives a relajar la defensa de la Constitución y las leyes a cambio de beneficios materiales tangibles, pero quienes buscan los votos no solo lo saben sino que, elección tras elección, capitalizan esa debilidad.

Que los recursos del Estado sean empleados por el gobierno de turno como un catalizador de su popularidad fue una realidad en la cuarta y también lo ha sido en la quinta República,  pero lo que no tiene precedente es la enorme dependencia de los venezolanos a las acciones del Estado para garantizar el abastecimiento de bienes esenciales como alimentos y medicinas. Ya no se trata solamente de un gobierno controlando el sistema cambiario sino en control del acceso a las bolsas de comida que mensualmente reparten a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Distribución (CLAP).

A la dependencia para el abastecimiento de bienes básicos se suma la creciente militarización del aparato productivo promovida desde el poder Ejecutivo, presentada además como la gran solución para superar la escasez. La cara más visible es la designación del ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino, al frente de la “Gran Misión de Abastecimiento” que estará concentrada en los sectores agroalimentario, farmacéutico y agroindustrial.

Atrincherados en el último reducto democrático, 2015 cerró con una victoria contundente para la oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática, pero incluso desde antes de que los nuevos diputados pudieran asumir sus curules la voluntad popular se vio obstaculizada por las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia que, una tras otra, ha vetado por inconstitucional todas menos una de las leyes sancionadas por el parlamento, la ley de cestatickets para los adultos mayores.

Las amenazas al voto como vía para la superación de los conflictos políticos también provienen del Consejo Nacional Electoral, ente que ha impuesto trabas y demoras al cronograma para la realización en 2016 del referendo revocatorio convocado por la MUD contra el presidente de la República, proceso que está sustentado en el artículo 72 de la Constitución. De las elecciones a gobernadores que también deben realizarse en 2016, ni el CNE ni la oposición han pronunciado palabra.

“Estamos en una encrucijada, en una lucha entre la sociedad civil y los factores que desean un cambio político frente a una élite que ha monopolizado el poder y que está defendiendo una serie de privilegios e intereses particulares que solo benefician su proceso político, pero no es una tarea fácil porque el Estado ha sido secuestrado”, sostiene Trak.

Democracia o autoritarismo

Entonces, ¿hacia dónde vamos? La pregunta fue el foco de una ponencia del historiador Ysrrael Camero en un foro organizado por la Universidad Católica Andrés Bello. Su respuesta fue clara: estamos ante una encrucijada y hay dos rutas posibles, democratización o autocratización. Partiendo de la renuencia del Gobierno a medirse nuevamente en una consulta popular, Camero definió el actual modelo político como “un autoritarismo competitivo, cada día más autoritario y menos competitivo”.

¿Qué determinará el rumbo político del país? El nivel de sacrificio al que esté dispuesta la sociedad venezolana, responde la historiadora Margarita López Maya. “A veces el venezolano es muy superficial en su evaluación de la envergadura de la crisis, muchos pensaron que bastaba con que el chavismo dejara de ser mayoría; decían que si la oposición pasaba a ser mayoría se solucionarían todos los problemas y eso no es así porque tenemos problemas agudísimos”.

López Maya enfatiza que “a la democracia solo se llega cuando las élites están dispuestas a hacer sacrificios. Por ejemplo, aquí los empresarios han perdido mucho durante estos años y quizás piensan que en el futuro eso va a cambiar y van a poder enchufarse otra vez en el Estado sin que les importe en qué condiciones eso se produzca. Los niveles de pobreza hoy son enormes, la gente está escarbando en la basura. Todos los venezolanos debemos entender que hay cosas que debemos deponer para construir una democracia”.

¿Deponer qué? La apatía, apunta la historiadora. “Tenemos que participar cada vez que nos llamen y respaldar un liderazgo más honesto. También debemos estar alerta a los peligros del mesianismo porque cuando uno está desesperado se aferra a cualquier cosa. Muchos están pensando que si viene alguien y resuelve la escasez qué importa quién sea y cómo lo haga. Ya tenemos esta experiencia lamentable encima y algo tenemos que aprender de ella; así estábamos en los 80 y 90, salimos buscando un líder carismático y mesiánico, militarista y personalista… ¿ahora vamos a salir a buscar otro igual para ver si se repite la historia?”.

“La democracia tiene su precio y si no estamos dispuestos a pagarlo terminaremos comprando otra cosa. Si queremos un régimen que nos trate con igualdad necesitamos instituciones fuertes y respetar la Constitución y las leyes. Ese es el compromiso de nosotros como ciudadanos, estar alertas para tratar de construir entre todos una salida hacia un sistema de mayor justicia e igualdad que ahorita no tenemos”, dice López Maya.

¿Defenderán los venezolanos el sistema democrático? Trak cree que sí. “Con el referendo revocatorio la gente ha empezado a tener una visión diferente sobre su capacidad de incidir sobre lo público; entienden que son protagonistas de su propio cambio. También hay que reconocer que, de alguna manera, el discurso de Chávez de empoderar a la gente para que participara políticamente tuvo resultados positivos que ahora juegan en contra de sus  herederos políticos. Es la gente la que está exigiendo que se realice el referendo que el propio Chávez puso en la Constitución. Creo que los venezolanos saben que la única forma de salir de este desastre es impulsando iniciativas democráticas en las que los ciudadanos tengan un rol protagónico”.

Tras ser llamados a participar en 19 elecciones durante los últimos 17 años, quién sabe si el el único legado de Chávez que defenderán unidos todos los venezolanos sea el derecho al voto.

Así llevaron a Venezuela al estado de emergencia económica (CIFRAS)

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El Ejecutivo comenzó el año 2016 decretando un «estado de emergencia económica» frente a todo el país y solicitando un decreto sobre el tema ante la Asamblea Nacional, que recién se juramentó también a principios de año. Esta solicitud para la aprobación del llamado «Decreto de Emergencia Económica» fue rechazada por el Parlamento, pero, días después, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se sobrepuso al Poder Legislativo y declaró constitucional y vigente este decreto.

En una entrevista a Unión Radio, el diputado y vicepresidente de la Comisión de Energía y Petróleo de la AN, Elías Matta, aseguró que el Parlamento venezolano «hizo un análisis responsable del Decreto de Emergencia Económica y fue rechazado porque que se pretendía repetir los errores». Además, Matta añadió que para 1999 el dólar equivalía a 0,527 bolívares: «No llegaba a un bolívar de los de hoy». Hasta ahora, el nuevo tipo de cambio Dicom sobrepasa los 250 bolívares.

En diversas ocasiones, el parlamentario ha presentado algunas láminas con un contenido referente a lo que ha pasado con la economía venezolana entre 1999 y 2015. Inflación, asignación de dólares, importaciones y la deuda total del país son algunos de los datos expuestos en el material publicado por Matta. Estas cifras desvelan las posibles causas del «estado de emergencia económica» que atraviesa Venezuela en este 2016.

Multiplicación del índice de inflación

De estas cifras, seguramente, la que siente más de cerca el venezolano es el 10.348% de inflación acumulada que se ha registrado en el período del chavismo, entre 1999 y 2015. En la actualidad, Venezuela es el único país del planeta que registra una inflación de tres dígitos; la cifra oficial del 2015, publicada por el Banco Central de Venezuela (BCV) a principios de año, ascendió a 180,9%, lo que significa uno de los récords de ‘El Legado’ dejado por el expresidente Hugo Chávez.
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Menos importaciones y escasa producción

La cifra de importaciones para el año 2012 fue de 69.951 millones de dólares; en el 2015, la cuenta disminuyó considerablemente: fueron, en total, 37.770 millones de dólares. La caída registrada en las importaciones fue de 43%, factor que se puede vincular a los índices de escasez y desabastecimiento si se toma en cuenta que Venezuela es un país dependiente de lo que se importe debido a la falta de producción existente en el territorio nacional.
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Según la data suministrada por el parlamentario, desde 2003, se asignaron, aproximadamente, 300.000 millones de dólares. Por otra parte, en 11 años, comprendidos entre 2003 y 2014, se dio una fuga de 153.800 millones de dólares. En general, desde 1999 hasta 2014, se fugaron 182.040 millones de ‘verdes’. En el período en el que no hubo control de cambio (1999-2003), salieron del país USD 28.240 millones.
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Despilfarro de la bonanza

Entre 2004 y 2008, ingresaron al país 291.868 millones de dólares provenientes de la venta de crudo; entre 2011 y 2014, la cifra aumentó y Venezuela percibió poco más de USD  millones por la venta de petróleo. En total, desde 1999 hasta septiembre de 2015, la cifra de ingresos por petróleo para el Gobierno fue de 884.245 millones de dólares. A pesar de este jugoso ingreso registrado, el Gobierno no pudo reducir el índice de desnutrición infantil, por lo contrario, este aumentó para agosto de 2014, según un artículo de El Nacional.
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Un país endeudado

Para 1998, la deuda total del país se encontraba alrededor de USD 28.000 millones; en 2015, se ubicó por el orden de los 226.000 millones de dólares. «La contratación de este nuevo endeudamiento  obedece al hecho que Venezuela no ahorró un solo céntimo durante el auge de elevados precios petroleros de los cuales disfrutó el país hasta el 2014, mientras todas las economías petroleras acumularon sus superávits y constituyeron fondos en divisas, Venezuela despilfarró los excedentes petroleros y además se endeudó excesivamente», comentó el economista y diputado a la AN por la MUD José Guerra al referirse a los convenios que ha realizado el Gobierno con China durante los últimos años.

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El dólar volador

Cuando el expresidente Chávez asumió las riendas del país, en 1999, un dólar equivalía a 577 bolívares de la época (Bs. 0,577 de hoy). En el 2016, el tipo de cambio Dicom sobrepasa los 250 bolívares (250.000 en la moneda anterior), lo que representa una devaluación de más del 38.000%, de acuerdo con las cifras expuestas por el diputado Elías Matta.

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¿Cómo Venezuela pasó de la bonanza petrolera a la emergencia económica?

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«Un gobierno revolucionario con poder económico como el que yo presido tiene planes para pasar cualquier situación así tiren los precios de petróleo a donde los tiren».

La frase es del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una reunión del Consejo de Ministros en la que descartó la posibilidad de que la caída de los precios del crudo afectara a su país.

Era octubre de 2014.

15 meses más tarde, Maduro decretó la emergencia económica, una forma de estado de excepción prevista en la Constitución para hacer frente a la crisis que sufre el país.

Según cifras oficiales, Venezuela registró en 2015 la inflación más alta del mundo: 180%.

Y en su discurso anual ante la Asamblea Nacional, el 15 de enero pasado, Maduro se refirió a la situación como «una verdadera tormenta, catalogando de «catastróficas» las cifras sobre el desempeño de la economía de Venezuela.

La crisis se presenta luego de que el país suramericano viviera un extendido periodo de bonanza económica gracias a años de altos precios del petróleo, principal producto de exportación de Venezuela.

Pero, entonces, ¿cómo pasó Venezuela de esa bonanza a la emergencia económica?

¿De cuánto fue el boom?

Aunque en el año 1998, cuando fue electo presidente Hugo Chávez, el precio del petróleo venezolano se hallaba en US$11 por barril, a partir de 1999 las cosas empezarían a cambiar.

«Desde entonces los precios empezaron a crecer a tasas muy altas, que no eran las acostumbradas en los años anteriores», explicó Carlos Miguel Álvarez, economista de la consultora Ecoanalítica, en conversación con BBC Mundo.

«En 1999, la cesta petrolera venezolana promedió US$16 por barril y en 2004 ya se había duplicado al ubicarse en US$32», recordó el analista.

Los precios seguirían aumentando hasta llegar a US$88 por barril en 2008 y, aunque caerían en 2009 por la crisis financiera internacional, a partir de 2010 volverían a crecer y se mantendrían entre los US$84 y los US$103 de promedio entre 2011 y 2014.

«Entre 1999 y 2014, Venezuela recibió US$960.589 millones de dólares. Un promedio de US$56.500 millones de dólares anuales durante 17 años», asegura Álvarez.

Durante el mandato de Rafael Caldera, quien gobernó Venezuela entre 1993 y 1998, el ingreso promedio de Venezuela por exportación de petróleo fue de US$15.217 millones de dólares anuales.

Sigue leyendo esta nota de Ángel Bermúdez en BBC Mundo.

Manuel Román: “Este Gobierno hace pobre al más pobre y rico a todos los enchufados”

PJ

Debemos cambiar al país desde la Asamblea Nacional

El diputado a la Asamblea Nacional y dirigente de Primero Justicia, Manuel Román sostuvo, este miércoles, que más de 900 mil millones de dólares han despilfarrado los altos funcionarios del gobierno en viajes, lujos y compra de aviones privados.

En rueda de prensa, el parlamentario aseguró que en los últimos 10 años Venezuela ha tenido la mayor bonanza petrolera de la historia y el Gobierno la ha derrochado a su manera: “Este Gobierno ha gastado el dinero de los venezolanos en beneficios personales, haciendo pobre al más pobre y rico a todos los enchufados”.

“Maduro aprobó la reducción del 20% en los gastos suntuarios, pero la reducción de estos gastos del 20% no significa nada porque para que se pueda ver el beneficio, estos gastos deben eliminarse al 100%, al igual que deben eliminar los viajes que utilizan los altos funcionarios del gobierno con los aviones de PDVSA, la sobrecarga de guardaespaldas que utilizan los del gobierno así como sus familiares y son pagados con el dinero del pueblo”.

Román reiteró que es preocupante el déficit fiscal que existe en estos momentos en Venezuela, los altos precios del petróleo no van a volver ni a mediano ni a corto plazo, el Gobierno debió tomar sus previsiones y no poner al pueblo a padecer de esta crisis.

El dirigente de la tolda amarilla expresó que el presupuesto para el año 2015 es deficitario: “El gobierno habla de un crecimiento económico de un 3% y de un dólar a 6,30 cuando la realidad es otra. El dólar que se está manejando en el país es el dólar paralelo, el cual se encuentra por las nubes y nadie lo puede parar, ese dólar está destruyendo la economía del país”.

Finalmente, el parlamentario afirmó que tenemos que cambiar al país: “desde Primero Justicia  hacemos un llamado al pueblo para organizarnos y unirnos todos los venezolanos para lograr el cambio del país desde la Asamblea Nacional para que desde allí se respeten las instituciones del estado y volvamos a tener una economía productiva”.