ImpIantados para siempre por Blanca García Bocaranda
Quienes tengan un implante dental se lo deben al investigador y traumatólogo sueco, Per-Ingvar Branemark, quien descubrió hace más de medio siglo, en 1969, que usando titanio para fijar las piezas dentales a la mandíbula éstas se mantenían y que el metal se fusionaba con el hueso en un proceso de oseointegración. Este candidato por 2 veces al Premio Nobel desarrolló la técnica quirúrgica para hacerlo lo más estable posible y como bien lo ha dicho en entrevistas, “nadie debe morir con los dientes en un vaso de agua”.
Así las prótesis y planchas del pasado ya pueden ser sustituidas por los implantes dentales, los cuales auxilian en la recuperación estética y funcional de la boca proporcionando mayor bienestar y valorización de la autoestima de los pacientes. Hay buenas noticias al respecto y una de ellas es que las personas mayores de 60 años con prótesis dentales totales o parciales removibles pueden optar por este avance odontológico porque el riesgo, como tal, es mínimo con la edad.
“La molestia es leve en el postoperatorio”, asevera el doctor Paul Maurette, cirujano buco maxilofacial del Centro Médico Docente La Trinidad. Mucho menos que la producida por la extracción de de las muelas cordales. Los beneficios incluyen el tener una prótesis estables, que no se mueve, colocadas sobre los implantes. Ello se traduce en la posibilidad de masticar y hablar mucho mejor.
Sin lugar a dudas, la vida de una persona que tenga una prótesis convencional en boca está limitada en cuanto al tipo de alimentación, al hablar y hasta en sus actividades sociales. “Todo cambia radicalmente cuando se somete a una rehabilitación contemporánea basada en implantes dentales, es prácticamente un viraje del cielo a la tierra”, describe Maurette. Hay testimonios de pacientes que pudieron comer carne o morder una manzana luego de más de 20 años sin poder hacerlo hasta recuperar la calidad de vida inherente a los implantes.
Unión Íntima
Las técnicas de los implantes actuales siguen los mismos principios básicos con la finalidad de conseguir el adecuado anclaje óseo y estabilidad inicial del implante en el hueso favoreciendo la oseointegración o unión íntima entre el hueso y la superficie del implante. “Lo que más varía ahora son los tipos de implantes porque cada empresa fabricante busca su diferencial en el diseño estructural del mismo en los tipos de superficies, en el tamaño de los implantes, en relación a la carga que han de soportar y en tipos de conexiones que son la interfase con la prótesis”, describe Maurette.
El postoperatorio es realmente sencillo. Los primeros 3 días después de la cirugía de implante le recomiendan una dieta blanda para tener condición, gradualmente, de retornar a la alimentación normal.
Su historia
Fue por casualidad que Branemark aportó este bien a la humanidad mientras estudiaba la reparación ósea en tibia de conejos, al instalar un microscopio con un pequeño soporte de titanio en el interior del hueso del animal. Al retirar el dispositivo percibió que el titanio se había fijado al hueso surgiendo el principio revolucionario de la oseointegración, en el cual se basa la implantación de los diferentes dispositivos de este material en el cuerpo humano.
En la implantología oral fue utilizado al inicio para rehabilitar pacientes que no lograban usar más prótesis dentarias porque no había soporte óseo para ellas siendo denominados “inválidos orales”. A partir de allí diversos estudios e investigaciones fueron realizados en el refinamiento de la técnica y de los materiales utilizados en la rehabilitación con implantes y prótesis. “Este avance hoy alcanza un excelente nivel de resultados con categorías de éxito superiores a 80%, según lo observado en la literatura científica, en trabajos con estupendo nivel de evidencia”, asevera Maurette.
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