“¿Qué podrá ver mi hijo en televisión?” se preguntarán muchos padres después de leer esta noticia. Un nuevo estudio comprobó que la mala influencia en la pantalla chica no está centrada en violentos villanos intergalácticos sino en una esponja amarilla: aseguran que ver Bob Esponja afecta las funciones cerebrales básicas de preescolares como la atención y la capacidad de resolver problemas.

Un nuevo estudio de la Universidad de Virginia puso en el banquillo al popular Bob Esponja, una de las estrellas del canal infantil Nickelodeon, y lo encontró culpable de varios cargos: afectar la concentración, la potencia cerebral, la capacidad de sentirse conformes y hasta la habilidad de resolver problemas de los pequeños que están en edad preescolar.

Las “fiscales” fueron las terapeutas Angeline Lillard y Jennifer Peterson, del Departamento de Psicología de la universidad, quienes se propusieron llevar a cabo una prueba para determinar la influencia inmediata que tenía en los niños apenas una breve exposición a la serie Bob Esponja.

Para llegar a la conclusión de que Bob Esponja no es un buen dibujo animado para los más pequeños, las psicólogas trabajaron con 60 niños, de hogares de clase media, a los que dividieron en tres grupos.

Uno de ellos vio nueve minutos de la comiquita; otro miró el mismo tiempo del programa infantil Caillou, de la cadena pública PBS, que cuenta las aventuras de un preescolar en forma realista; y el tercero ocupó esa cantidad de minutos en colorear o dibujar con crayones.

Inmediatamente después, se les realizó a todos los niños pruebas específicas para medir las llamadas “funciones ejecutivas”, aquéllas funciones cerebrales relacionadas con habilidades cognitivas como la concentración, la organización de tareas y la habilidad de llevarlas a cabo.

El resultado fue contundente: los niños que vieron los correteos de Bob Esponja y sus amigos calificaron muy por debajo en las pruebas, comparado con el puntaje de sus compañeros que vieron otro programa o pintaron.

Lillard y Peterson explican en el estudio, publicado en la última edición de la revista Pediatrics, que este tipo de pruebas demuestran “los efectos negativos de la TV en los niños a mediano y largo plazo”.

El editorial que acompaña la investigación, escrito por el profesor Dimitris Christakis, profesor de la Universidad de Washingtony pediatra del Hospital de Niños de Seattle, asegura que “se demuestra el impacto negativo que tienen esos programas en las funciones ejecutivas infantiles, que son básicas en el proceso de aprendizaje”.

Por supuesto, Nickelodeon reaccionó diciendo que un estudio con 60 niños no representa una cifra relevante como para llegar a resultados tan contundentes.

David Bittler, vocero de la cadena, enfatizó, además, que el dibujo animado está enfocado en una audiencia infantil de 6 a 11 años, pasándole la pelota a los padres, que serían, al final, los responsables de poner a los chiquitos de 4 frente al televisor. Sin embargo, no hay ninguna advertencia al comienzo de cada episodio que indique o recomiende la mejor edad para ver a la esponjita que vive debajo del mar.

Bob Esponja fue creado en 1984 por el biólogo marino Stephen Hillenburg y se basa en las aventuras de una esponja marina, que vive con su mascota, el caracol Gary, y de sus amigos Patricio, una estrella de mar, y Calamardo, un calamar. El grupo vive en la ciudad submarina de Bikini, en el atolón del mismo nombre que, en la vida real, está en el Océano Pacífico.

La serie cobró rápida fama y se encuentra entre los 100 dibujos animados más populares de la historia de la animación en el país. Sin embargo, ésta no es la primera vez que es atacado. En 2005, un grupo cristiano evangelista criticó duramente a Bob Esponja porque aseguraba que era… gay.

Christakis enfatiza que no sólo es importante la cantidad de tiempo que un niño pasa frente a la pantalla, sino también la calidad de lo que ve. “No se trata de apagar el televisor, sino de cambiar de canal”, agrega. El experto dice que los niños de 4 años pueden ver dos horas diarias de programas que tengan un alto contenido educacional.

La Asociación Americana de Pediatría recomienda que los menores de 2 años no vean televisión, y que los de 4 vean menos de dos horas diarias.

Expertos en pedagogía destacan la importancia de utilizar la TV como un medio para aprender desde el ABC hasta números, valores y conductas. Una lista realizada por la revista especializada Parenting rescata los siguientes programas como los mejores para el cerebro de un preescolar: Entre Leones, Sid el niño científico, Calilou, Yo Gabba Gabba, de Nick Jr; y Pequeños Einsteins, de Playhouse Disney.

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