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La lluvia que nunca cayó, la solidaridad de los presos políticos y los casi 13 kilómetros de despedida para Albán

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@franzambranor / Fotos y video: Abrahan Moncada @Monkda92

DE LA PLAZA LAS TRES GRACIAS, en las inmediaciones de la Universidad Central de Venezuela, hasta el Cementerio del Este en La Guairita hay 12,9 kilómetros. Esa distancia fue recorrida este miércoles por cientos de personas que desafiando el sol del mediodía y la posterior amenaza de lluvia rindieron homenaje al concejal del municipio Libertador, Fernando Albán, muerto el pasado lunes 8 de octubre al presuntamente arrojarse del décimo piso de la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia en Plaza Venezuela, según versión oficial.

Minutos después de una misa oficiada por el arzobispo emérito de Caracas Jorge Urosa Savino en la capilla de la UCV, miembros de partidos políticos, familiares, amigos, estudiantes y simpatizantes de la oposición emprendieron la caminata hacia el camposanto ubicado en el municipio El Hatillo.

“Los hechos ocurridos en el Sebin con el supuesto suicidio de Fernando generan profundas dudas, porque todo detenido está bajo custodia de los órganos de seguridad”, dijo Urosa Savino en la homilía.

El diputado suplente por el estado Miranda, Gilber Caro, fue uno de los más saludados a la salida de la capilla universitaria. Caro no fue el único expreso político que asistió al homenaje. También estaban Daniel Ceballos, Renzo Prieto, Roberto Picón y el periodista Carlos Julio Rojas. Había una especie de solidaridad con conocimiento de causas con Albán, por parte de aquellos quienes conocieron al monstruo por dentro.

Caro estuvo un año detenido en el centro penitenciario Fénix en el estado Lara y habla con propiedad de abusos policiales en centros de reclusión.

“En ese edificio del Sebin de Plaza Venezuela los sótanos tienen ocho pisos, más dos niveles de mezzanina y 10 hacia arriba son 20 pisos. No sé qué hace una persona de los calabozos que están abajo en el baño de un piso 10. De los 18 meses que estuve preso nunca estuve solo, siempre acompañado por alguien”.

El lunes 8 de octubre, el fiscal general designado por la asamblea nacional constituyente, Tarek William Saab, declaró sobre Albán: “Había solicitado ir al baño y estando allí se lanzó al vacío desde un piso 10”. Ayer mientras un grupo de venezolanos marchaba hacia el Cementerio del Este, negó haber dicho que el concejal se había arrojado desde la ventana de un baño. La tesis gubernamental apunta ahora a que el miembro de Primero Justicia estaba almorzando y salió corriendo hacia una ventana panorámica.

Abriéndose espacio entre el tumulto y con una pequeña toalla en la cabeza estaba Katy Hernández. Peluquera de Albán y de sus hijos Fernando y María Fernanda cuando eran niños. “Lo conocía desde hace 30 años, éramos vecinos aquí en Los Chaguaramos. Yo ya estoy mayor, pero voy a caminar hasta el cementerio porque el señor Fernando se lo merece, era un hombre bueno”.

Una inmensa bandera de Venezuela fue desplegada y sostenida desde el punto de partida hasta la llegada por el ex gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, así como por los diputados Alfonso Marquina, Dinorah Figuera, Williams Dávila, Jose Gregorio Graterol, Jorge Millán y Yajaira Forero. El tricolor ondeando por los políticos siempre estuvo flanqueando la carroza que trasladaba el cuerpo de Albán y la velocidad con el que se movía rememoraba el ritmo frenético de Capriles cuando era candidato presidencial.

Después de sortear la Universidad Bolivariana y emprender la ruta hacia Bello Monte, Patricia de Ceballos caminaba junto a su esposo Daniel.

“En el Sebin torturan y eso lo sabe Nicolás Maduro. A Fernando Albán lo mataron por denunciar al régimen en la ONU”, dijo la ex alcaldesa de San Cristóbal.

“Las torturas suelen ser con electricidad y bolsas plásticas en la cabeza”, agregó. “Esto tiene que ser investigado por alguien imparcial, el pueblo ya no cree en nada de lo que diga el gobierno”.

En la avenida Miguelangel de Bello Monte, empleados de negocios aledaños abarrotaban las aceras oteando el cortejo fúnebre. “Se pasaron esta vez”, comentó un hombre frente a la sucursal de una red de licorerias. “Acaban con la gente buena, no tienen perdón de Dios”, dijo una señora mientras secaba sus lágrimas con un pañuelo. “¿Entonces se suicidó o lo suicidaron?”, preguntó otro sujeto.

Verdad y justicia: juntas y separadas

El sol no cedía y el periodista Carlos Julio Rojas alentaba a integrantes del grupo de protesta pacífica “Dale Letra”, quienes sostenían  pancartas y formaban las palabras “verdad” y “justicia”. Ya la caminata había llegado a la avenida principal de Las Mercedes a la altura del Centro Venezolano Americano.

Rojas, quien estuvo cautivo del 6 de julio al 24 de agosto de 2017 en la cárcel de Ramo Verde, coincidió con Caro en que nunca los guardias se separan de los presos políticos cuando están fuera de los calabozos.

Así estés en celda de castigo, los custodios siempre te acompañan al baño, no te dejan solo ni un segundo”.

Aseguró que mientras estuvo preso fue víctima de torturas duras y blandas. Considera que fue liberado porque organismos como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y el Colegio Nacional de Periodistas hicieron presión.

“A mi me pusieron una bolsa en la cabeza y le echaron gas pimienta, me golpearon en las costillas. Tuve ocho días sin ir al baño y cuatro sin tomar agua”.

Hacia el final de la principal de Las Mercedes, en la avenida Veracruz para seguir a Chuao, se escucharon las notas del himno nacional. Ya el cansancio se notaba en la cara de las personas, pero el sol hizo un favor y se escondió: una nube gris amenazaba con estropear el recorrido.

A escasos metros del hotel Eurobuilding, todas las miradas se centraban en el Centro de Salud Integral Salvador Allende, estructura desolada y donde un par de obreros veían con rostro de incógnita a los marchantes, sin saber que minutos más tarde una granada estallaría en las adyacencias del recinto, producto del enfrentamiento entre funcionarios del FAES y supuestos delincuentes. Suceso que concluyó con dos fallecidos.

Cuando empezaba a subir por la avenida principal de El Cafetal, Yajaira de Forero soltó la inmensa bandera que sujetaba junto a otros colegas desde Los Chaguaramos.

Con aliento entrecortado destacó que la situación de vulnerabilidad de los presos políticos es evidente y alarmante.

“Todos sabemos que en el Sebin hay tortura física y psicológica”, indicó la cónyuge de Lázaro Forero, comisario de la extinta Policía Metropolitana que fue condenado a 30 años de prisión por los sucesos del 11 de abril de 2002 y quien recibió medida de casa por cárcel por padecer de cáncer de próstata.

“A mi esposo lo llevaban funcionarios con armas largas a tomar el sol. Extraño que Albán andaba sin esposas y sin vigilancia”.

A medida que avanzaba la caminata en El Cafetal, gente de los edificios salía o se asomaba por las ventanas. Por la urbanización Santa Paula un par de conductores que esperaban el paso de la marcha para continuar el tránsito se bajaron de sus automóviles y empezaron a aplaudir. La nube gris seguía arriba, amenazando.

Saliendo de Libertador y terminando en El Hatillo

Frente al centro comercial Plaza Las Américas la caminata hizo una parada. Había que tomar aire porque aún faltaba una cuesta hacia La Guairita. Se acababa el municipio Baruta y venía el de El Hatillo.

Renzo Prieto era de los que apoyaba la estrategia de apurar el paso antes que comenzara a llover. “Si Albán se lanzó al vacío o lo lanzaron, para mi ambas cosas son homicidio. Cuando uno está preso es responsabilidad del Estado”, dijo.

Prieto estuvo 4 años y 23 días detenido en la sede del Sebin en El Helicoide. Nunca fue torturado físicamente, pero presenció escenas que no desea recordar. “El Sebin es el reflejo de la maldad pura, la escalada de violencia parece no tener límites”.

Al diputado, que fue electo mientras estaba en prisión en 2015 y juramentado en junio de este año luego de recibir un beneficio procesal por parte de la anc, le parece llamativo que un preso tome la determinación de acabar con su vida en un lapso tan corto. “Apenas tenía 48 horas detenido, porque lo agarraron el viernes y murió el lunes, ni siquiera lo habían presentando en tribunales. No digo que no pueda ocurrir, pero es sumamente extraño”.

La carroza fúnebre se detuvo en la entrada del Cementerio del Este, integrantes de otro cortejo se pararon a mirar, empleados del camposanto, taxistas, motorizados, todos hicieron silencio y de nuevo, y esta vez espontáneo, el himno nacional.

La parcela Q fue la destinada para albergar el cuerpo del concejal del circuito 3 del municipio Libertador.

Después de elevar varias plegarias, el presbítero de la Universidad Central de Venezuela pidió un minuto silencio. El abogado Eduardo Torres, amigo y colega de Albán, leyó un comunicado de la Escuela de Ciencias Jurídicas de la UCV: “Consideramos que la declaración del fiscal designado por la anc es  imprudente”, dijo.

También leyo unas palabras enviadas por Meudy, viuda de Albán, y sus hijos Fernando y Maria Fernanda. El trío no pudo venir al país. Residen en Estados Unidos y actualmente tramitan un documento que les permita estabilizar su estatus migratorio.

“Nos enseñaste valores importantes para la vida, fe, justicia, verdad, responsabilidad, trabajo, humildad y caridad…Siempre creíste que nuestro país saldría de esta dictadura y luchaste por ello”.

Los padres de Albán, Fernando y Amparo Salazar, se mantuvieron de pie frente al foso donde yacía el ataúd envuelto en una bandera de Primero Justicia con el cuerpo de su hijo. “Me lo mataron”, dijo ella. “Hasta luego hijo, te amamos”, se despidió él.

La lluvia que amenazó a mitad de camino y que colapsó otras zonas de Caracas nunca cayó.

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