Día de la Mujer: 20 años de “socialismo feminista” dejan un legado de subordinación

Durante los últimos 20 años, las mujeres venezolanas han alcanzado cargos políticos de altísima responsabilidad que ya quisieran para sí féminas en países del primer mundo. Hubo un período en el que todos los poderes públicos estuvieron encabezados por una mujer, salvo por el poder Ejecutivo que siempre ha estado en manos de un hombre. Este no es un detalle menor: aunque numerosos y en apariencia poderosos, los cargos bandera del “socialismo feminista” siempre han estado subordinados a lo que decida el Presidente de la República, antes Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro. Diputadas, activistas y líderes políticas reflexionan sobre el valor real de ejercer cargos sin autonomía  

Gitanjali Wolfermann @GitiW

Las mujeres del chavismo tienen cargos para presumir en este Día Internacional de la Mujer. Han llegado a la presidencia de la Asamblea Nacional y la Procuraduría General de la República (Cilia Flores entre 2006-2011 y en 2012 respectivamente); a la presidencia del Consejo Nacional Electoral (Tibisay Lucena, desde 2006); a la presidencia del Tribunal Supremo de Justicia (Luisa Estela Morales entre 2005-2013 y Gladys Gutiérrez entre 2013-2017); a la cabeza de la Fiscalía General de la República (Luisa Ortega Díaz entre 2007-2017); a dirigir por primera vez en la historia el Ministerio del Poder Popular para la Defensa (Carmen Meléndez entre 2013-2014); a la Defensoría del Pueblo (Dilia Parra Guillén entre 1999-2000 y Gabriela Ramírez entre 2007-2014); y a la cabeza de la Cancillería de la República y la Asamblea Nacional Constituyente (Delcy Rodríguez entre 2014-2017 y desde agosto de 2017 en la ANC).

Sin embargo, en la actualidad, tal reivindicación de la mujer en el poder queda en entredicho. Solo 4 de 33 ministerios están en manos femeninas: Marlenys Contreras (Turismo), Aloha Núñez (Pueblos Indígenas), Blanca Eekhout (Mujer e Igualdad de Género) e Iris Varela (Servicio Penitenciario). Ninguna  está a cargo de alguna de las 8 vicepresidencias sectoriales.

En realidad, “las mujeres en el poder son mujeres simbólicas. Su presencia es numérica pero carecen de autonomía” argumentó la investigadora y defensora de los derechos políticos de la mujer, Evangelina García Prince, en un ensayo publicado en 2012. Esto contrasta con el Plan para la Igualdad y Equidad de Género “Mamá Rosa” 2013-2019 -tercer plan de igualdad del chavismo-, el cual tiene como objetivo principal “erradicar el patriarcado como expresión del sistema de opresión capitalista y consolidar la igualdad y equidad de género con valores socialistas: el Socialismo Feminista”.

Basta con ver la prominencia de los cargos y los largos períodos que los han ocupado para comprobar que las mujeres han sido la cara visible de muchas de las acciones políticas que han socavado la democracia venezolana desde 1999, alineadas desde el Ejecutivo. Lucena, por ejemplo, lleva más de una década al frente del CNE y las denuncias de irregularidades y delitos electorales se pierden de vista. La arbitrariedad más escandalosa fue el fraude contra el candidato opositor a la gobernación del estado Bolívar, Andrés Velásquez, quien ni siquiera con las actas en mano pudo lograr su proclamación.

Más de 45.000 sentencias del TSJ analizadas por un grupo de abogados venezolanos evidenciaron que en ningún caso el organismo falló en contra del Gobierno durante la presidencia de Morales. Gutiérrez ejerció el cargo durante cuatro años, tras los cuales dejó el TSJ en el más absoluto silencio. Su discreción contrastó con la de la fiscal general en el exilio, quien en febrero de 2018 aseguró que la decisión que tomó en el caso contra el dirigente opositor Leopoldo López fue bajo la presión de Diosdado Cabello, presidente del partido de gobierno, PSUV.

Natalia Brandler, doctora en Ciencias Políticas con especialización en elecciones y estudios de género, señala que “una de las reivindicaciones que han tenido los movimientos feministas en todo el mundo ha sido llegar a posiciones de poder como las que han ejercido en Venezuela mujeres como Flores, Ortega Díaz, Rodríguez, Gutiérrez, Meléndez, entre otras. Ahora bien, una cosa es estar en el cargo y otra es la forma en la que ejercen el liderazgo. La mujer puede estar en una posición de poder y al mismo tiempo estar subordinada en las decisiones que toma. Una de las características que comparten todas las que han estado en posiciones de poder en el chavismo ha sido la subordinación al poder masculino”.

“Escuchamos a la fiscal Ortega Díaz confesar que recibía órdenes de cómo debía actuar; eso demuestra que tenía una posición aparentemente de poder pero en realidad estaba subordinada al mandato masculino, lo cual le quita totalmente la connotación de empoderada. El empoderamiento tiene como característica la autonomía. Actuar sin autonomía en posiciones de poder es en realidad servir como correa de transmisión de la voluntad de otro. Esas mujeres están ahí para ejecutar la voluntad del Presidente”, agrega Brandler.

Aunque Gabriela Ramírez, quien se desempeñó como Defensora del Pueblo, reconoce las limitaciones de los cargos políticos subordinados, defiende los liderazgos de quienes fueran sus compañeras de partido. “Lo que dice la profesora García Prince es muy cierto porque al final son cargos subordinados, pero es un paso comparado con la política del pasado que se ve aún en la filas opositoras donde líderes muy valiosas y movidas nunca las ves en una tribuna o en una mesa de negociación. Creo que los liderazgos femeninos dentro del chavismo son genuinos y notables. Del lado del chavismo sí se ve ese protagonismo de la mujer que, pese a no ser completo, es un primer paso de esa lucha por la paridad”.

Ramírez sostiene que el tema de la subordinación femenina se debe a la forma vertical de mando dentro del chavismo. “Creo que cuando Chávez era la cabeza hubo más receptividad a las opiniones de las mujeres que a las de los hombres. Chávez era el que marcaba la línea y él siempre se sintió muy cómodo rodeado de mujeres y dándoles esa capacidad de autoridad. Esa fue una de las cosas más positivas. Sí existe ese mando vertical dentro del chavismo, cosa que es intrínseca a la política, pero eso es distinto a discriminación por género. Ese mando vertical afecta por igual a hombres y mujeres”, argumenta.

María Corina Machado, fundadora y coordinadora nacional de la organización política Vente Venezuela, no ve matices en esa subordinación y dice que “la condición esencial que les ha impuesto la tiranía a esas mujeres es la sumisión. Además de ser profundamente humillante para la condición de la mujer, es el contraste más injusto con la otra cara épica y heroica que las mujeres hemos dado en la calle durante estos 20 años”.

La dirigente política estima que no es casual que Chávez haya escogido a mujeres para esos cargos. “Creo que es algo muy cruel y que buscó desvirtuar la verdadera condición femenina, valiente y firme, que da la lucha por valores como la dignidad, la cooperación, la integración social y la libertad; en el fondo, al someter a esas figuras femeninas las quiebras. Algunos piensan que se trató de una estrategia para suavizar la imagen de la dictadura”, opinó Machado.

 

De la participación subordinada a los retos de la elección popular

En contraste con la abundancia de cargos “subordinados” en manos de mujeres, tanto la representación femenina socialista como la opositora en cargos de elección ronda apenas un 20%, según datos del periodista especializado en la fuente electoral, Eugenio Martínez. En el Parlamento venezolano, la participación de las diputadas ha oscilado entre 23%, posterior a la entrada en vigencia de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política (1997), 11% (2000) y 22% (2015). La disminución se debe a la eliminación en el año 2000 del artículo 144 de la legislación electoral, el cual exigía una cuota de 30% para las candidaturas femeninas.

La fotografía del poder político femenino en el mundo en 2017 no dista mucho de la realidad venezolana: en 11 de 193 países una mujer es Jefe de Gobierno. El promedio de parlamentarias de ubicó en 23,3% y 53 mujeres presiden el Poder Legislativo mientras que 158 ejercen una vicepresidencia. Las mujeres son responsables de 1.237 ministerios en 186 países, siendo las cinco carteras que más les asignan: Medio ambiente (108), Asuntos Sociales (102), Familia (98), Asuntos de la Mujer (68) y Educación (67).

 

 

Si bien la paridad en la participación política es un logro importante, por sí sola no reporta beneficios si dicha representación no tiene poder real para afectar la realidad de las mujeres. El mapa de poder de 2017 de ONU Mujeres recoge, por ejemplo, que en Cuba la paridad es casi perfecta (48,9%) ya que 299 curules de 612 escaños están en manos de mujeres, sin que eso se traduzca en leyes y acciones positivas en su favor.

“El chavismo tiene una deuda con las mujeres en el plano electoral”, afirmó Ramírez, quien también se desempeñó como diputada a la Asamblea Nacional en el período 2005-2010. “Las mujeres han sido el relleno de los partidos políticos para los cargos poco salidores. En mi caso, fui candidata por Baruta y El Hatillo. Salí por un tema coyuntural pues la oposición se retiró, de otro modo no hubiera tenido chance. Las mujeres en ese momento no llegaban a penetrar porque en el partido tenían la percepción de que los electores preferían votar por hombres. Esa era una lucha que teníamos interna para un 50/50 serio, con chance en todas las circunscripciones”.

Delsa Solórzano, diputada a la Asamblea Nacional por el partido Un Nuevo Tiempo y presidente de la Comisión de Política Interior, afirmó que en temas de igualdad de género el Gobierno solo se ocupó de la gramática y del discurso. “Las mujeres en Venezuela no tenemos leyes que garanticen cuotas de participación política, es decir, la teníamos hasta que Lucena la eliminó. Es increíble que las mujeres seamos más de la mitad de la población y las que conforman las bases de los partidos políticos pero tengamos tan poca participación”, dijo.

A principios de 2018, la posible nominación de  Solórzano a la presidencia de la AN generó grandes expectativas en movimientos feministas. Al reflexionar sobre ese hecho, admitió sentirse honrada por ese apoyo espontáneo y confesó, además, que ser mujer en la política venezolana es muy difícil.

“Ves una foto de la Unidad y notas que a determinados niveles de los partidos llegan pocas, pese a que en las bases son más las mujeres y quienes salen masivamente a marchar son ellas. Quienes ascienden más fácilmente son hombres hasta por un tema del hogar. Muchas mujeres políticas no han logrado tener familia porque la dedicación que exige la carrera es muy fuerte. Somos pocas las que podemos decir que, además de políticas, hemos logrado constituir una familia. Eso implica un sacrificio enorme de toda la familia, no solo de la mujer”, dijo la diputada de UNT.

Sobre las mujeres que han ejercido el poder desde el chavismo opinó que “han sido tristemente utilizadas por el régimen para colocarlas en cargos de envergadura para evitar que la institución sea atacada. Las mujeres han sido el escudo que los hombres han utilizado pues, según el Gobierno, es difícil atacar a una institución encabezada por una mujer sin que se vea como un ataque al género”, argumentó Solórzano.

La diputada por el partido Primero Justicia, Adriana D´Elia, aseguró que el interés del chavismo en temas feministas fue solo una fachada. “Se trató de un engaño más porque la realidad es que hoy la mayoría de las mujeres son las que están pasando más trabajo. Con la caída sostenida del PIB las mujeres han sido las primeras en perder sus puestos de trabajo y esto lo ha utilizado el chavismo para su control social. En los 20 años de chavismo las mujeres solo han sido chantajeadas, humilladas y sometidas”.

Con respecto a sus pares chavistas, D´Elia dijo que el hecho de que “el brazo ejecutor de las políticas que humillan, someten y chantajean a las mujeres venezolanas sean precisamente otras mujeres es un papel muy triste. ¿Qué hace la ministra de la mujer? Nada, tiene un rol absolutamente discursivo, politiquero y partidista. ¿Qué es el Ministerio de la Mujer? Una gran agencia de festejos que de lo único que se encarga es de buscar mujeres que rellenen los actos oficiales”.

La diputada Mariela Magallanes, del partido la Causa R, conoce bien los retos de ganarse un espacio reñido en la política. Ella forma parte del grupo parlamentario de Aragua en el cual la representación femenina es mayoritaria: 5 de 8 curules. Magallanes le ganó al diputado Elvis Amoroso. “Era uno de los estados más rudos. Les dimos un revolcón porque nosotras teníamos un liderazgo local en las comunidades, teníamos mucha conexión con la gente. Esa conexión personal es algo muy femenino. Este trabajo político tiene mucho de lucha social”, explicó.

Magallanes preside la Comisión de Familia y además es miembro de la Dirección Nacional de su partido. “Hoy mi reto es dejar la vara bien alta en la Comisión que presido. Esa comisión la consideran una cenicienta dentro de la AN. A mí me parece que es una de las más importantes justamente porque aborda la familia, la primera instancia que dividió Chávez. Se dice que los partidos son machistas pero a mí me han dado la oportunidad de asumir cargos en los cuales me he destacado. El cargo lo hace uno”, sostuvo la diputada.

Sobre las mujeres que detentan cargos en el Gobierno apuntó que “son las protagonistas de las decisiones más aberrantes que se han tomado en estos 20 años. Conforme avanzaba el proyecto de Chávez vi que no buscaban reivindicaciones para la mujer sino lograr el control desde la base. Es un plan bien inteligente del régimen colocar a mujeres en esos cargos. Esas mujeres que destacan en el chavismo tienen como principal característica la lealtad a la ideología del partido. El poder no lo usan para beneficio de la comunidad sino para mantener el control político”, afirmó Magallanes.

“Cuando nombraron a Cilia Flores como presidente de la Asamblea Nacional lo vi como un logro y me alegré por el hecho de que una mujer estuviera en ese cargo pero luego empecé a hacerle seguimiento a sus decisiones y vi que no era solo cuestión de poner a una mujer en el rol sino del tipo de mujer que se nombra. Debe ser autónoma”, dijo la diputada de la Causa R.

Por su parte, Manuela Bolívar, diputada a la Asamblea Nacional por el partido Voluntad Popular, opinó que independientemente del género de quien ejerza el cargo, el núcleo del problema en el Gobierno es la imposición de un proyecto político.

“Independientemente de que sean mujeres, todas tienen en común que usaron y usan el poder para desvirtuar la institucionalidad democrática y para cercenar el derecho a mujeres y hombres a vivir en un Estado de Derecho. Al final, lo que define a estas mujeres no es la concepción democrática del uso y ejercicio del poder desde las instituciones del Estado sino todo lo contrario. Son el brazo de la ‘operacionalización’ de un proyecto comunista que cercena y violenta derechos fundamentales”, afirmó Bolívar.  

Bolívar agregó que “lo que hemos visto durante estos 20 años es un proyecto de toma de poder, dentro del cual hubo mujeres que fueron vías para ello. Hablar de inclusión de género implica respeto a derechos fundamentales y lo que menos ha hecho este régimen es otorgar libertades a las mujeres que les permitan ascender en lo económico y social”.

Confianza en sí mismas y solidaridad para ejercer la política

Brandler, quien dirige la organización Cauce cuyo objetivo es empoderar a las mujeres, aseveró que la lucha femenina por conquistar espacios políticos comienza dentro de ellas mismas. “La falta de representación política de la mujer es un problema de los parlamentos del mundo. No tiene que ver con el nivel de desarrollo del país. ¿Por qué nos cuesta tanto llegar a esas posiciones? Las causas son variadas y profundas pero tienen que ver con la tradición de valorar más lo masculino que lo femenino. Es mucho más difícil para la mujer llegar a posiciones de autoridad y autonomía de decisiones. Esta actitud se replica en los partidos políticos. Es muy importante el trabajo de empoderar y formar para el liderazgo a las mujeres en los partidos políticos porque es ahí donde ellas deben dar la lucha para obtener el reconocimiento para candidaturas salidoras. Los partidos políticos son estructuras patriarcales, jerárquicas y por ende son las mujeres quienes deben convencerse de su liderazgo”.

“¿Pueden las mujeres conquistar más y más altos espacios en la política? Sí, con organización y solidaridad. Las mujeres debemos romper esa barrera con organización, esto quiere decir que debemos tener estrategias y objetivos comunes. La solidaridad también es clave e implica la capacidad de trabajar juntas a pesar de las diferencias políticas e ideológicas. Las mujeres podemos hacer un cambio si nos unimos pero de forma individual es muy difícil alcanzar posiciones de poder”, apuntó Brandler.

De los años de mayor polarización política en el país, Ramírez rescató un ejemplo de trabajo en conjunto. “La Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia la aprobamos las mujeres de la oposición y del chavismo. En ese momento, nosotras nos sobrepusimos a esa polarización porque la ley estaba muy completa. La vanguardia femenina se unió y colocó por encima la lucha de las mujeres a la fractura política. Eso es algo que vale la pena rescatar en este tiempo, la capacidad de las mujeres de anteponer sus necesidades reales y sentidas frente a sus posturas políticas. Las mujeres somos más auténticas, centradas y arraigadas en lo que nos afecta como género”.  

La diputada Magallanes dice que si bien los nombres los ponen los partidos, el cargo lo hace la persona. “Yo participé como subjefe de la fracción y allí entendí que el cargo lo hace uno. Ese rol no fue valorado hacia lo externo de la AN pero sí hacia adentro. Me hice un nombre. Antes no me conocían. Siento que debemos trabajar más el tema del empoderamiento femenino. No debemos subestimar nuestras capacidades ni dejar que otros lo hagan”.

Cuando se le pregunta si ha sentido discriminación en el ejercicio de su carrera por el hecho de ser mujer, la dirigente de Vente Venezuela responde que sería muy simplista abordar el tema de esa forma. “Esa pregunta me la hacen con frecuencia y yo misma lo pienso muchas veces. Estoy clara en que he hecho planteamientos que han ido contracorriente pero son temas en los que creo firmemente. Mi papá me advirtió que esa firmeza me traería consecuencias. Sé que la contribución de la mujer venezolana en la derrota de la tiranía será extraordinaria y que nuestro aporte será indispensable para la reconstrucción del país”.

Solórzano mira hacia adelante y aprovecha para darle un consejo a las dirigentes más jóvenes: “Nunca se dejen convencer de que este oficio no es para nosotras. Por supuesto que sería ideal que tuviéramos más apoyo externo pero creo que no lo tendremos nunca, no sin pelear. Nos tenemos que ganar los espacios con talento y trabajo”.

 

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