En 79% de las estaciones del Metro de Caracas hay fallas de aire acondicionado

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En un par de recorridos hechos por Runrunes en febrero y noviembre de 2017 se constata que en nueve meses el servicio ha experimentado un deterioro en sus instalaciones

De 10 estaciones que presentaban fallas en la iluminación a comienzos de año, ahora hay 14, y de seis que tenían pisos deteriorados en los andenes hoy son 37

 

Francisco Zambrano

@franzambranor

Yeannaly Fermín

@yeannalyfermin

Infografía: @ideografiko 

 

Escaleras mecánicas que no funcionan, retraso de trenes, escasez de personal, fallas eléctricas, suciedad por doquier, mendicidad y buhonería, falta de aire acondicionado en estaciones y algunos vagones, piso de los andenes deteriorados y un aumento considerable de la demanda han decantado en el colapso del Metro de Caracas, sistema de transporte conocido en el pasado como “la gran solución para Caracas”.

En 2017, el Metro ha experimentado un desaceleramiento en la calidad de su servicio. Un recorrido hecho por el equipo de Runrunes en febrero y otro en noviembre permitió establecer una comparación y evidenciar como 42 estaciones que conforman las Líneas 1,2 y 3 muestran una cara similar o incluso peor.

En los resultados de la evaluación hecha por Runrunes, una cifra que aumentó considerablemente fue la correspondiente a la carencia de aire acondicionado, de cinco estaciones que en febrero tenían temperaturas elevadas, hoy en día son 33, es decir, un 79% de las estaciones de las Líneas 1,2 y 3 parecen un horno.

Se puede notar cómo al menos una escalera mecánica en cada una de las 42 estaciones que forman las Líneas 1,2 y 3 está fuera de servicio. Mientras en febrero de este año, en 11 estaciones de las 42, las escaleras operaban con normalidad. Según datos emanados de la ONG Proiuris, de 151 escalinatas que posee la Línea 1, 54 están fuera de servicio, es decir, el 36%.

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Además, en diez de las estaciones visitadas, los torniquetes para acceder a los andenes no estaban completamente operativos, cifra similar a la de hace nueve meses.

Las fallas de iluminación se agravaron de febrero a noviembre, de diez estaciones oscuras ahora son 14.

Igualmente el piso de los andenes del Metro, elaborado de un material plástico, luce más deteriorado que hace meses, de seis estaciones donde habían huecos y deformaciones en la superficie ahora hay 37, lo que significa un 88% de las 42 estaciones de las Líneas 1,2 y 3.

Aunado a eso el usuario debe lidiar con la ausencia de personal del Metro. Al momento del recorrido, de las más de 30 casetas que tiene la Línea 1, diez estaban cerradas y sin funcionarios.

Mientras sucede todo ese descalabro, el boleto simple para trasladarse en el subterráneo sigue costando la módica suma de 4 bolívares (0,001 dólares a tasa Dicom), 175 veces menos de lo que cuesta el transporte superficial (700 bolívares).

El Estado destinó 156.759 millones de bolívares del presupuesto nacional 2017 de 8,48 billones para servicios públicos (incluyendo el Metro), según un informe de Transparencia Venezuela. Al transporte le fueron asignados 87 mil 552 millones de bolívares, incluyendo 37 mil 972 millones de Bs al subterráneo de la capital, un 35,6% más que en 2016.

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Estación Carapita 

Celia Herrera, presidenta de la Sociedad Venezolana de Ingeniería de Transporte y Vialidad, dijo que el Metro registra actualmente una mayor intensidad de uso debido a múltiples factores.

“Primero tenemos a un sistema con las mismas líneas y después a una población que migró del empleo del transporte en la superficie al subterráneo porque hay menos unidades que prestan servicio en vista de la escasez de repuestos y a personas que no tienen para pagar un pasaje a 700 bolívares y optan por uno que es casi gratuito”, dijo la especialista.

“El Metro traslada a diario alrededor de 2 millones de personas. La Línea 1 debería estar operando con 25 trenes y actualmente tiene 13 o 12”, manifestó un trabajador del sistema de transporte que no quiso identificarse. “Esta no es una situación nueva, esto viene agravándose desde hace seis meses por la falta de mantenimiento del servicio”, agregó quien alega haber sido despedido injustificadamente junto a otros 48 compañeros por el simple hecho de “pedir aumento de sueldo y condiciones laborales dignas”.

“Los empleados del Metro trabajan con las uñas, no hay siquiera herramientas y mucho menos repuestos, anunciaron en cadena nacional importaciones para dotar al servicio y no ha pasado nada, los equipos que se han reemplazado se han hecho con stocks antiguos que tenía la compañía”, informó el empleado anónimo.

Ni Aquiles en La Odisea

Trasladarse de El Valle a su sitio de trabajo en Los Cortijos se ha convertido en una especie de pesadilla para Virgilio Hernandez. Montarse en un vagón a las siete de la mañana es un suplicio; siempre ingresa a empujones al tren, a veces ni se mueve, la gente detrás de él casi lo empotra en el interior junto a una amalgama de personas que sudan y transpiran el amargo néctar de un servicio que pareciera no dar para más. No conforme con eso debe hacer transferencia en Plaza Venezuela y volver a someterse a una vorágine salvaje.

“Salgo bañado y perfumado de mi casa todos los días y aquí en segundos todo eso se pierde”, manifestó con una sonrisa de resignación. “Siempre ha sido un desastre, pero últimamente el servicio está peor, hay como más gente o menos trenes”, dijo.

Herrera confesó que la crisis económica ha agudizado la penosa situación del Metro.

“Alguien por ejemplo que viva en Guarenas prefiere dejar su carro estacionado y someterse a la travesía del Metro, a perder un caucho que está por el orden de unos 3 millones de bolívares”, reflexionó la experta en vialidad.

Si a la hecatombe financiera que vive el venezolano, agregamos las absurdas tarifas del Metro y la nula inversión del Estado para el mantenimiento y apertura de nuevas rutas, el resultado es el desplome del servicio.

“No hay una cultura de mantenimiento, ni de inversión de recursos, por eso vemos fallas eléctricas a cada rato y retrasos, porque el sistema necesita una inyección de dinero que no se la ha dado, es un servicio que no es autosustentable, porque al final todo parte de una política populista”, sentenció Herrera.

“El Metro no es estático, es un asunto dinámico, que debe renovarse constantemente para ofrecer un mejor servicio, es perentorio crear políticas públicas coherentes”, agregó.

“¿Qué cuesta ‘ahorita’ 4 bolos?”, preguntó Virgilio. “Que cobren más, pero ofrezcan un mejor servicio, desde hace tiempo han debido aumentar, lo mismo pasa con la gasolina”, acotó el usuario.

Pese al irrisorio precio del boleto de Metro, algunos usuarios acceden a los andenes por las puertas preferenciales, en algunas ocasiones por decisión propia y en otras porque no hay operadores en las casetas para adquirir boletos o cambiar los dañados.

Uno de los expendedores asomó que ya no están vendiendo boletos multiabono “porque viene el aumento”.

“Yo digo que un ticket debería costar entre los 2 mil 500 y 5 mil bolívares porque es la manera de garantizar un buen servicio”, advirtió el trabajador de la compañía que prefirió omitir su nombre. “Pero eso tiene que venir acompañado con una buena administración de los recursos y un cambio en la dinámica. No puedes hacer un incremento tan sustancial y seguir prestando el mismo servicio”.

“Si no haces una reforma, si tienes a un mal gerente que te va a botar los reales, entonces no tiene sentido un incremento. Entiendo que en la Línea 1 se hizo una inversión en el pasado cercano ¿Donde se ve reflejado eso? ¿Cuál es el beneficio para el usuario?”, puntualizó Celia Herrera. “Nosotros además pagamos impuestos, se supone que ese dinero va dirigido a mejorar los servicios públicos en el país”.

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Estacionamiento de Metrobuses en La Paz

Más chatarra y menos operatividad

En la terminal de Las Adjuntas, un cementerio de vagones adorna la escena. Algunos están desvalijados e incluso rayados con  grafitis. A escasos kilómetros de distancia, en la estación La Paz, un camposanto de vehículos de Metrobús se encuentra al borde de la autopista Francisco Fajardo. En ambos sitios ningún funcionario ofrece información sobre la cantidad de unidades paralizadas. Preguntar es casi un delito.

“La mitad o más de la mitad de los trenes que operan en este momento sacan repuestos de esos que están estacionados. Asimismo sucede con las unidades de Metrobús que cada día son menos en la calle”, indicó el trabajador del Metro que espera por reenganche laboral.

Advirtió que de no tomar las previsiones pertinentes, pudiese inclusive suceder una tragedia de dimensiones colosales.

“Los trenes antiguos usan zapatas de frenos, los nuevos discos, en ambos casos hay carencias, aunado a eso no se están rectificando los trenes, no hay ruedas para cambio”, dijo el empleado del Metro.

Herrera asomó que el aislamiento económico de Venezuela, el control de cambio, los elevados costos y la corrupción conspiran contra cualquier iniciativa de mantenimiento, reparación y construcción.

“Nosotros siempre estamos desfasados, todo aquí es más costoso que en el resto de Latinoamérica. Por ejemplo ,Venezuela tiene el kilómetro de autopista más costoso del mundo. Es insólito”.

Según el empleado del Metro, hace cinco años había 4.600 trabajadores en la nómina de la compañía. Hoy en día existen once mil.

“La mitad han sido metidos por cuestiones políticas y no hacen nada, están allí para ‘sapear’, luego de la consulta popular del 16 de julio el acoso al personal fue terrible”.

El trabajador denunció que en el departamento de recursos humanos hay más de mil cartas de renuncia. “Las tienen engavetadas para no dar liquidaciones porque no hay dinero, todo allí parte del populismo y la politiquería”.

Herrera sentenció que todavía hay tiempo de tomar los correctivos, siempre y cuando haya voluntad.

“Algo hay que hacer, no podemos pensar que los problemas del Metro, evidentes para todo el mundo, sean ajenos a los prestadores de servicio. El inconveniente aquí es gerencial, de hacer la inversión que corresponde, mucho podría avanzarse”, dijo Herrera.

Aseguró que aún hay esperanzas de rescatar el sistema de transporte, que en alguna oportunidad estuvo a la vanguardia en América Latina. “Todavía hay reserva humana en el Metro y queda gente intentando hacer cosas, todo es cuestión de voluntad de quienes ostentan el poder”.

 

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