¿Se agotó la ruta electoral en Venezuela?

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Expertos defienden el voto como instrumento de cambio democrático. Coinciden en que sí hay que participar en los próximos comicios, pero la oposición debe  presionar por condiciones que garanticen elecciones libres y transparentes y rescatar la confianza de una ciudadanía frustrada

@boonbar

Votar o no votar. Las cuestionadas elecciones regionales del 15 de octubre plantean un nuevo dilema político que ponen en juego la institución del voto como instrumento de la democracia. Cuando se cumplen 71 años de la consagración del voto directo, universal y secreto en Venezuela, la vigencia del sufragio como posibilidad de cambio queda en entredicho ante la magnitud de las violaciones a la ley y el conjunto de irregularidades detectadas en el reciente el proceso electoral. También, frente al gesto de cuatro gobernadores de Acción Democrática (AD)al juramentarse ante la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente.

La duda sobre las elecciones organizadas por el actual Consejo Nacional Electoral (CNE) está servida.  Ya lo asomó el gobernador saliente de Miranda, Henrique Capriles Radonski, quien el 19 de octubre declaró que “Maduro cerró la salida electoral“, tras enumerar  las irregularidades del proceso “más corrupto del planeta”: reubicación de 224 mil mirandinos  pocas horas de los comicios, compra de testigos, cierres de centros, puntos donde se exigía el “carnet de la Patria” y chantaje con las bolsas de comida.

También hizo lo propio el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, en una entrevista a EFE el pasado 20 de octubre 2017: “el gobierno de Nicolás Maduro ha destruido la confianza en el voto” al afectar el resultado del 15-O controlando la votación mediante el control político y armado.  La denuncia sobre la posibilidad del voto múltiple que alteraría los resultados de las regionales también abonó sospechas sobre el CNE.

Voluntad Popular ya tomó su posición con respecto a las elecciones: no participará en los próximos comicios municipales, enfatizó el primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara, luego de la juramentación  de cuatro gobernadores electos de AD ante la ANC, que “generaron la ruptura de la Unidad”.

En las redes, abundan los cuestionamientos al voto como salida a la crisis venezolana después del 15-O. Una  Twitter-encuesta de Runrunes realizada entre el 19 y 20 de octubre de 2017 (4 días después de las elecciones regionales) arrojó que 52% de los 4690 personas que participaron no iría a votar, mientras que 42% si lo haría; 25% lo haría pero con condiciones.

 

 

Pero analistas consultados por Runrunes consideran que defender la ruta electoral resulta imperativo. “Si la oposición descarta ir a elecciones, queda suspendida la transición hacia la democracia en Venezuela”, evalúa el politólogo John Magdaleno. “Comprendo bien el clima de opinión y el estado de ánimo que existe en el país después del 15-O, pero si no se extraen las lecciones correctas de ese día, facilitaremos la consolidación de un autoritarismo hegemónico en el corto plazo, y de un totalitarismo en el mediano plazo”.

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Magdaleno observa que si algunos líderes siguen diciendo que se cerró la vía electoral, podría interpretarse como una señal de haber claudicado en su lucha por la restitución de las garantías asociadas a las elecciones competitivas. “La pelea  por garantizar elecciones periódicas, libres e imparciales debe ser permanente frente a regímenes autoritarios”.

Para analizar la importancia del voto como ruta democrática para el cambio, la consultora política Carmen Beatriz Fernández explica  que los sistemas electorales más avanzados tratan de incluir a los extremos como lógica de una sociedad democrática, de manera que todos formen parte del juego político. Pero cuando un régimen -que concibe el poder de manera totalitaria- excluye deliberadamente a una parte de la población, enviándoles el mensaje de que votar no es la vía para el cambio, legitima otras vías como la insurreccional o la intervención extranjera.

Fernández subraya que hay que procurar mecanismos para la ruta electoral. “Las elecciones  siempre serán la mejor opción para dirimir las diferencias en una sociedad. Es la alternativa cívica al conflicto armado”.

La analista enfatiza que ningún político que se precie como tal puede alejarse del sufragio como objetivo. “Es imprescindible que la gente vuelva a confiar en el voto. Y que el sistema sea confiable. Para ello, la oposición necesita por un lado convencer a la gente, pero también garantizar condiciones para elecciones libres y transparentes”.

“Hay que entender que el gobierno promueve la abstención como herramienta de control social, aparte del hambre (manejada a través de comida subsidiada y los Claps) y la represión. Busca destruir la confianza en el voto”, enfatiza el consultor y analista Oswaldo Ramírez.

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Ramírez observa que la actual diatriba en la opinión pública está en participar o no participar en medio de un ambiente generalizado de frustración e incertidumbre. El ánimo dominante en algunos sectores es que “el voto ya no vale nada y por lo tanto no volveré a votar”. Se considera que no es momento para convalidar elecciones bajo un régimen que está dispuesto a torcer las reglas para mantenerse en el poder, atropellando los derechos de los ciudadanos.

Sin embargo, “hay que presionar para que haya precisamente lo que no hubo el 15-O: elecciones justas, transparentes y libres. Es lo que pidió el presidente colombiano Juan Manuel Santos y la Unión Europea. Ir a elecciones es el reto que debe asumir la oposición a partir de las regionales”, afirma Ramírez.

Magdaleno recuerda que las transiciones de regímenes autoritarios a democráticos se producen por dos vías: 1) un colapso del régimen gracias a una intervención militar, y; 2) mediante negociaciones con factores de poder del régimen autoritario. “Si la intervención militar se estima como una salida ‘poco factible e indeseable’, no queda otro remedio que negociar los términos y condiciones para que se restituyan las garantías constitucionales con los factores de la coalición dominante”.

Pero, ¿cómo la oposición puede inducir a la coalición dominante a restituir progresivamente las garantías violadas? Eso forma parte del secreto de una transición exitosa, a criterio de Magdaleno, apoyándose en las múltiples lecciones que arroja la experiencia internacional.

 

Votar en dictadura

Para Magdaleno, es importante comprender cuál es el rol de las elecciones en los regímenes no-democráticos: constituyen un instrumento que permite socavar las bases de respaldo del régimen autoritario, sobre todo cuando se exponen públicamente sus excesos. También pueden mostrar los avances de la lucha de la coalición pro- democracia contra el régimen.

“Sea mediante una intervención militar o mediante una transición negociada, el disparador decisivo para el inicio de la transición es la fractura  dentro del gobierno. Las elecciones deben ser utilizadas no sólo para moralizar a las filas que desean el cambio sino también para estimular el surgimiento de disidencias y contradicciones decisivas en el seno de la coalición dominante”, insiste Magdaleno.

A criterio de Ramírez, la oposición debe participar en un proceso electoral con reglas claras del juego, ‘escritas en piedra’, que no se puedan cambiar de un momento a otro, con árbitros imparciales, igualdad de oportunidades y observadores internacionales independientes (descartar eufemismos como “acompañantes” o “grupos de expertos”).

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El problema es que la gente desconfía del voto, creen que no va a cambiar nada si votan, o que van a robar igual su decisión. “Equivale a arrancar un valor de la cultura política venezolana. Al quitarte el sufragio como derecho, te despojo de tu ADN político para dirimir los conflictos en sociedad”, lamenta Ramírez.

Para Ramírez, las opciones le quedan a un ciudadano que ya no cree en el voto:  1) Bajar la cabeza y aceptar lo que diga el hegemón, el régimen; 2) Irse del país tras considerar que no es posible seguir el juego político ante tanta incertidumbre y ausencia de reglas democráticas; 3) Organizarse y escoger una opción política para revertir el estado de resignación y seguir luchando por rescatar la democracia.

Fernández otorga importancia a la presión internacional que conduzca a mecanismos que garanticen los comicios. “Hay que ir a elecciones pero supeditadas a arbitraje internacional. El gobierno de Maduro muestra una aparente fuerza, pero tendrá que ceder ante las presiones tanto comerciales como financieras porque la situación económica y humanitaria del país es insostenible”.

La analista confía en la madurez democrática de los venezolanos para lograr el cambio. “La cultura democrática de la población es el único elemento alentador en medio de la terrible crisis que azota a Venezuela, a diferencia de otros regímenes como el de Cuba, China o Corea del Norte. La cultura democrática determina el desenlace de un país”.

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Lo que toca hacer

Para Ramírez, la oposición está obligada a hacer una revisión interna y prepararse para los próximos comicios, lo que incluye recobrar la confianza en el voto no solo como un derecho sino como un asunto moral. “La dimensión de la crisis es tan grande que están confluyendo dos tesis contrapuestas: las de los incrementalistas (que defienden ir ganando espacios de poder en escala hasta cambiar el modelo) y los maximalistas (los que quieren modificarlo por asalto). Es decir, las partes han entendido que se necesitan mutuamente para llegar a un acuerdo que conduzca a elecciones libres, transparentes, con árbitros independientes y observadores internacionales”.

Tanto la dirección como las bases de la oposición y de todos aquellos otros sectores que desean el cambio deben meditar qué hacer en lo sucesivo respecto de las elecciones, considera Magdaleno. “Sería tremendamente demoledor para los opositores que el oficialismo se quede con todos los consejos legislativos estadales, las alcaldías, los concejos municipales y la presidencia. Sería el inicio de la consolidación del autoritarismo hegemónico, y cuidado si no a la rápida instalación de un totalitarismo”.

Magdaleno piensa que la dirección opositora debería  generar un consenso alrededor de la participación como un componente vital de la estrategia. Y prepararse con el mayor rigor posible -técnica y políticamente-, para la próxima consulta electoral. “Las elecciones no son solo  una cuestión de cargos públicos, sino de estratégica de mayor profundidad. El año 2018 es un año-límite en términos de la legitimidad de origen del Presidente y, por tanto, de todo el sistema”.

 

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