Al biólogo Diego Arellano lo mató una metra disparada con un cartucho de perdigón

diego arellano

 

“Tengo mis esperanzas puestas en que el país va a cambiar porque los venezolanos no nos merecemos esto. Mi pana estoy destrozado porque mi familia se desintegró, pero algún día nos uniremos de nuevo”, le dijo el joven de 31 años a un amigo momentos antes de morir. Su familia directa no se había presentado a la morgue de Los Teques a retirar el cuerpo, porque su madre desecha por la noticia sufrió un shock y se encontraba hospitalizada y sus hermanos viven en el exterior

 

Natalia Matamoros

@nmatamoros

Fotos: Cortesía Yasmín Velasco

 

En la morgue de Los Teques no había un familiar que retirara el cuerpo de Diego Arellano. El personal del Senamecf preguntaba a otros deudos que se concentraban en las esquinas si por casualidad eran los parientes directos de Diego para que retiraran el cuerpo que ya había sido sometido el día anterior a la autopsia. Todos negaron tener vínculos con el biólogo que se convirtió en la víctima 55 de las protestas registradas hace más de 40 días en el país.

Rezagado y sentado en la acera de la puerta principal de la morgue estaba un amigo de Diego. Él estaba a la espera de la tía del joven porque la madre al conocer la noticia sufrió un shock y había sido hospitalizada en la Policlínica El Retiro de San Antonio de los Altos. Alberto Zamora, su compañero de tropa de los Scouts conversó con Diego minutos antes de que fuese asesinado. Relata que el joven de 31 años que también era instructor de Karate, vivía en la urbanización Trébol Country, detrás del Picacho y el martes poco antes del mediodía había bajado hacia la avenida Perimetral porque tenía la intención de bajar Caracas por un compromiso. Pero las vías estaban trancadas. Los vecinos molestos, la ciudad dormitorio ardía no solo por la quema de cauchos y el lanzamiento de las bombas molotov, sino por la rabia, la desesperación.

Desde los edificios los habitantes gritaban contra la represión de la GNB. Les decían a los uniformados “fuera malditos asesinos”, “ustedes son los culpables de esta desgracia”, coreaban desde las ventanas, cuyos cristales estallaban por las bombas. Mientras que en la avenida los jóvenes se defendían del ataque de los funcionarios. Una neblina espesa de gas cubrió el distribuidor y Diego quería ver cómo pasaba para llegar a Caracas. Entre el ramillete de manifestantes que coreaban “fuera Nicolàs”, el biólogo se topó con sus amigos del grupo Scout Cayaurima que aún se reúne en las áreas verdes del plantel Obra del Buen Consejo. Entre los panas estaba Alberto. A él le comentó en la entrada del paso peatonal que conduce a la urbanización Los Castores que “Había que seguir en la lucha porque apostaba a un mejor futuro. Tengo mis esperanzas puestas en que el país va a cambiar porque los venezolanos no nos merecemos esto. Mi pana estoy destrozado porque mi familia se desintegró, pero algún día nos uniremos de nuevo”, haciendo referencia a sus dos hermanos que habían migrado para Argentina y Chile.

Ellos conversaron cerca de 10 minutos y se despidieron. Alberto cruzó hacia la estación de gasolina para continuar en la protesta. Minutos más tarde, a las 12:30 del mediodía se escucharon unas detonaciones. Nuevamente los manifestantes corrieron a resguardarse de la lluvia de perdigones. A Diego no le dio tiempo y lo impactaron en el pecho. Unos conocidos se dirigieron a Alberto y le gritaron. “Vente, vente que hirieron a Diego”. Cuando cruzó los paramédicos lo tenían entre sus brazos. El joven había apretado la mandíbula. Su gesto se confundió con una sonrisa, pero era la expresión de dolor que fue captada en una fotografía que ahora es tendencia en las redes sociales.

A él lo llevaron al ambulatorio Rosario Milano, pero por la gravedad de la herida lo refirieron a la Policlínica El Retiro, donde falleció. Un técnico forense de la morgue de Los Teques informó que lo impactó una metra. Su cuerpo también tenía otras lesiones de perdigones en el glúteo derecho y en un pie. Dos horas más tarde, el ministro para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Reverol, confirmó que se trataba de una metra de plomo que había sido disparada de un cartucho de perdigón.

Alberto hablaba con dificultad, le costaba hablar de su amigo y recordarlo como alguien que ya no está. Tenía 25 años conociéndolo, desde que entró en la agrupación Scout. “Tenía espíritu conservacionista y aventurero. Por eso estudio Biología y se especializó en reptiles. Él quería seguir trabajando aquí. Después que su papá murió de cáncer, se fue a Europa, pero solo duró año. Volvió porque nada como vivir en Venezuela, pese a las dificultades. Murió aquí, en su tierra”, expresa Alberto.

En horas de la tarde del miércoles, cuando funcionarios del Cicpc realizaban el trabajo criminalístico en el lugar donde cayó Arellano, fueron atacados con perdigones y lacrimógenas por la GNB.

 

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Sigue la guerra

San Antonio de Los Altos continuó la batalla. No se amilanó, sus vecinos, así como los de Carrizal y Los Teques no durmieron. Los tres municipios de los Altos Mirandinos amanecieron como si había ocurrido una guerra. Los postes y avisos de señalización derribados, troncos de árboles, pedazos de barandas y trozos de brocales atravesados en medio de las arterias, pasarelas incendiadas. Negocios con las santamarías abajo y otros saqueados. La frutería Kanawat 2007, ubicada en el Centro Comercial Paseo Mirandino. Este miércoles al mediodía sus trabajadores recogían los vidrios y limpiaban los restos de la arremetida. Se llevaron hasta los dos sacos de maíz que habían sido colocados en un rincón. Los mostradores fueron destrozados con una pata de cabra, la misma que usaron para forzar la Santamaría.

Mientras limpiaba lo que quedó del negocio, uno de los dueños relata que los funcionarios de la Guardia Nacional habían participado en la acción vandálica. “Eso fue una turba proveniente del barrio El  Vigía. Estaban encapuchados y arrasaron con las frutas y hortalizas. Los funcionarios también cargaron sus guacales. Eso fue lo que nos informaron los vecinos a la 1 de la madrugada”, detalla el comerciante. Ese es el tercer local en ese centro comercial que saquean desde que se iniciaron los conflictos hace más de 40 días.

 

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Heridos a granel

Los centros de salud privados están abarrotados de personas heridas de perdigón. La mayoría de ellos fueron referidos del hospital Victorino Santaella. No hay recursos, ni personal para asistirlos. De acuerdo con cifras preliminares de Polimiranda, entre el martes y el miércoles fueron contabilizados 25 lesionados con perdigón y otro de proyectil en los disturbios de San Antonio, que luego fue confirmado por el gobernador de Miranda, Henrique Capriles .El cierre de vías continúa. Los manifestantes afirman que no van a ceder hasta que la dictadura caiga.

 

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