De los bolcheviques a los bolichicos: 100 años de la Revolución Rusa
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De los bolcheviques a los bolichicos: 100 años de la Revolución Rusa

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El Gobierno dio inicio formal a la celebración del centenario de la Revolución de Octubre de 1917. Según los organizadores, la línea que marcará el curso del año de jubileo socialista será: De Lenin a Chávez, de la Revolución Bolchevique a la Revolución Bolivariana. Sin embargo, desde el Partido Comunista de Venezuela afirman que tras 18 años de brega, la revolución socialista en Venezuela sigue siendo un tema pendiente. Siendo así, ¿qué legado reivindica entonces el Gobierno? 

 

Por Gitanjali Wolfermann @GitiW

 

 

Había unas 100 personas congregadas en el sala de lectura del Archivo General de la Nación, ubicado en el Ministerio de Cultura, el jueves 23 de marzo a eso de las 10:30 a.m. Estaban allí para dar inicio a los eventos que durante todo el año, marcarán las conmemoraciones organizadas por la Comisión Presidencial para la Conmemoración del Centenario de la Revolución Rusa, creada por el presidente Nicolás Maduro en noviembre de 2016.

Comisión centenario revolución rusa

Los asistentes se dispusieron a abrir el acto en el que celebraban la vida y obra de Gustavo Machado, símbolo del comunismo venezolano del siglo XX, entonando el himno de la Internacional Socialista. “No tenemos el audio, ¿cantamos a capela?”, dijo Pedro Calzadilla, presidente del Centro Nacional de la Historia y secretario de la Comisión. Hubo risas, mas nadie cantó.

 

Homenaje a Gustavo Machado AGN

 

Calzadilla aprovechó entonces para informar que la Comisión fue creada para “impulsar las acciones del gobierno bolivariano durante 2017 para conmemorar tan importante evento, uno que significó la ruptura del siglo XX en dos y marcó la entrada a una nueva etapa. La línea de esta conmemoración es De Lenin a Chávez, de la Revolución Bolchevique a la Revolución Bolivariana”. Explicó, además, que los festejos incluyen la realización mensual de eventos culturales, científicos y políticos para exaltar a las figuras clave del comunismo venezolano. Los actos concluirán en noviembre con un “gran encuentro internacional”.

La socióloga María Elena Lovera Machado, nieta del homenajeado, fue la oradora de orden y en una disquisición que la llevó a repasar durante más de una hora los 100 años que separan la revolución rusa de su par venezolana, soltó una frase que llevó a los presentes a asentir en unanimidad: “Nos estamos quedando solos”. Luego argumentó que debían asumir la responsabilidad de formar a la generación de relevo, a los camaradas del futuro.

 

Archivo General de la Nación 2

De izquierda a derecha: El director del diario Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, el expresidente de la Asamblea Nacional, Fernando Soto Rojas, la socióloga María Elena Lovera Machado, la exdiputada María León y el presidente del Archivo General de la Nación, Pedro Calzadilla | Foto cortesía de la página del Archivo General de la Nación

 

Tras 18 años de prédica socialista, cabe preguntarse cuál es el legado de la primera revolución proletaria del mundo y qué reivindicaciones puede acreditarse la versión bolivariana. Runrunes entrevistó a tres dirigentes políticos afines a partidos de izquierda, a saber, Carlos Aquino, Américo Martín y Pompeyo Márquez, para dar respuesta a las interrogantes. A continuación, presentamos sus reflexiones.   

Carlos Aquino: “En Venezuela no se ha producido ninguna revolución socialista”

El miembro del buró político del Partido Comunista de Venezuela sostiene que hay muchísimo que reivindicar de aquella Revolución de Octubre de 1917. “Todas las fuerzas revolucionarias del mundo conmemoramos este centenario. En primer lugar, hay que recordar que se trata de la primera revolución de carácter socialista en el mundo, eso ya justifica la celebración. Marcó una nueva era histórica de la humanidad, el tránsito del capitalismo al socialismo. Además, la experiencia de esos 70 años de revolución socialista deja mucho que reivindicar, por ejemplo, en cuanto al derecho de las mujeres y de los trabajadores. Consideramos que el gobierno, que levanta aunque sea discursivamente banderas de solidaridad y vocación social, tiene que sentirse reflejado en los principios de la revolución rusa”.

—¿A qué se refiere con “solo discursivamente”?

—Porque no siempre el discurso que ha habido durante estos 18 años se ha correspondido con la práctica concreta y real del comunismo. Muchas veces se ha expresado que este es un gobierno obrerista pero en la práctica ha habido muchas acciones que han afectado directamente a los trabajadores y no se les ha respaldado es aspectos que aunque estén en la ley, no se cumplen en la práctica. Por ejemplo, desde instancias como el Ministerio del Trabajo. La revolución socialista de octubre de 1917 fue una revolución genuina que derrocó el régimen por la fuerza y la insurrección del pueblo. Eso no es lo que ha ocurrido en Venezuela, por eso nosotros no empleamos la denominación de “revolución” para lo que ha ocurrido aquí.

—¿Y qué es lo que ha ocurrido aquí?

 Se clarifica por algunos aspectos, en primer lugar, el problema del poder, que para los comunistas en un tema fundamental, no ha sido resuelto en Venezuela. Lo que ocurrió en 1999 es que llegó un hombre progresista, demócrata, de avanzada, a la presidencia, se llegó al gobierno, pero no se conquistó el poder porque se llegó dentro de todas las estructuras del estado burgués, es decir, no hubo una ruptura revolucionaria. ¿Ha habido cambios y avances políticos? Sí, pero dentro de los límites que permite el estado burgués capitalista. Lo que se precisa para seguir avanzando es una ruptura con ese sistema. Hoy en Venezuela, con la crisis del sistema dependiente de la renta petrolera, se pone en evidencia que no se ha roto con el sistema capitalista y por ende tenemos esta crisis. Reconocemos que a partir de 1999 ha habido importantes avances, pero el problema central de fondo persiste. La revolución socialista en Venezuela sigue siendo un tema pendiente.

—¿Por qué tras 18 años no se ha avanzado?

—Ha tenido que ver con dos aspectos, el primero, que el máximo liderazgo del proceso bolivariano no ha tenido claridad conceptual ideológica de hacia dónde y cómo debía avanzar. Tenían la concepción de ir avanzando paulatinamente con reformas sociales que llevarían eventualmente al socialismo. El segundo aspecto tiene que ver con la debilidad desde los sectores revolucionarios, con su falta de organización y unidad con la clase obrera. Los trabajadores no han logrado estar a la vanguardia del proceso. Nosotros, como fuerza revolucionaria, no hemos podido dar ese salto.

 

 

—¿Será que el interés no era hacer la revolución sino enriquecerse?

— Justamente, como el proceso ha estado a cargo de sectores medios que no son verdaderamente revolucionarios, al manejarse dentro de las estructuras corruptas y corruptoras del sistema capitalista, muchos han sucumbido a las mieles del sistema y del poder. Así, han ido divorciándose de la vida que tenían y del común, les fue gustando esa vida y se fue constituyendo un nuevo estamento de la burguesía (Aquino prefiere no llamarla boliburguesía), la cual pasó a competir con las viejas clases. ¿Eso quiere decir que todos los que participaron en ese proceso entraron en esa tónica? Pensamos que no, nosotros no concebimos que la idea de Chávez era llegar al gobierno para enriquecerse, pero había un conjunto de sectores en torno a él que tenían indudablemente otra concepción.

 

 

 

Américo Martín: “Es muy típico del Gobierno celebrar fracasos”

Quien fuera expulsado de las filas de Acción Democrática por su postura radical, situación que lo llevó a fundar el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, dice de entrada que “es muy típico del Gobierno celebrar fracasos”, de allí que no le sorprenda que se haya creado una comisión presidencial para organizar el año del jubileo socialista. El abogado y coautor del libro Socialismo del Siglo XXI ¿Huída en el laberinto? argumenta que sí hay paralelismos entre ambas revoluciones, pero no precisamente en cuanto a reivindicaciones a la clase trabajadora, sino en la noción de sacrificio del pueblo para sostener las banderas de la revolución.

—¿Qué significó la Revolución Rusa?

— Si algo puede decirse de la Revolución Rusa de 1917 es que terminó siendo un fracaso monumental desde el punto de vista económico, social y político, amén de un retroceso en el orden de la creatividad democrática. Casi todos los líderes europeos han declarado, luego de la caída del Muro de Berlín, que aquello nunca tuvo ningún sentido. El triunfo de la Revolución Rusa se debió a condiciones especialísimas, una de ellas, el resultado de la Primera Guerra Mundial, tras lo cual el pueblo ruso clamaba por regresar a la paz y poner fin a las privaciones propias de la guerra.

En Rusia, en condiciones más o menos normales, nunca hubiesen podido cuajar los postulados de Lenin, quien en efecto era un gran líder, pero también era un hombre dramáticamente equivocado. Él asumió el marxismo con un dogmatismo que ningún ser racional lo hubiera hecho, y al hacer eso se enfrentó a los marxistas más inteligentes de su época. Él rompió con la socialdemocracia y a punta de medidas de fuego se eternizó el comunismo en el poder durante 70 años. Al final el modelo reveló su debilidad: la URSS cayó sin disparos, sin misiles y a manos de sus propios líderes.

—¿Qué paralelismos, si alguno, pueden verse entre la revolución bolchevique y la bolivariana?

— Desde el punto teórico el chavismo no es nada, es un errar constante, pero Chávez se dio el lujo de contar con ingentes recursos económicos que le permitieron hacer ensayos. Aquí no ha habido comunismo, políticamente esto es una dictadura con un partido único, económicamente es un sistema estatista de controles donde el Estado predomina sobre el mercado. ¿Qué tienen en común? El fracaso que recayó sobre la gente.

La lista de fracasos se pierde de vista. La idea de las cooperativas para reemplazar la producción capitalista fracasó; la idea de las comunas para reemplazar el ordenamiento geográfico territorial también fracasó; las expropiaciones fracasaron; las empresas de producción social fracasaron porque en el fondo no partían de un modelo socialista sino de un modelo estatista de controles. Tanto allá como acá, el gobierno trabajaba en función del muy corto plazo y por eso acabaron con todo. Los huevos, el pan, la gasolina…

Paralelismos hay muchos, entre ellos, la necesidad de ambos por exportar la revolución más allá de sus fronteras. Los comunistas parten de la premisa de que la revolución no puede hacerse en un solo país. El desarrollo de la industria pesada sacrificando los bienes de consumo, es decir, tener cañones en lugar de mantequilla, es otro punto en común. El comunismo se apoya en el sacrificio del pueblo. También están las paranoias. Stalin vivía con el terror de que lo iban a matar y eso lo llevó a desterrar y matar disidentes. El fortalecimiento del estado vigilante es otra coincidencia. Stalin acabó con la crítica por la vía de la censura y la amenaza, procuró lavarle el cerebro a la gente y aquí también buscan controlar lo que los venezolanos piensan y dicen de Chávez.

Otro punto importante es la pérdida de alianzas externas. En la URSS se produjeron rebeliones como la de Los Tulipanes y la de Terciopelo, y en el caso venezolano, el predominio de los derechos humanos ha cohesionado a la comunidad internacional a favor del retorno a la democracia.

—¿Qué legado celebran entonces?

— Dos cosas: el fracaso de aquel modelo, que no quieren admitir, y el monumental fracaso del chavismo. Claro, está la tesis de que el modelo no fracasó porque esto no ha sido realmente comunismo. Naturalmente que ese argumento nunca podrá rebatirse del todo, pero el socialismo, que en términos prácticos se aplicó desde 1917 y lleva más de 100 años aplicándose con cientos de variantes en muchos países, ha sido un fracaso en todas las versiones. En ninguna parte del mundo ha funcionado en más de 100 años.

 

 

Pompeyo Márquez: “Se ha intentado convertir un vulgar capitalismo de Estado en una revolución socialista”

De los 100 años que separan la revolución Bolchevique de la Bolivariana, Pompeyo Márquez ha vivido 95. Político, militante comunista durante buena parte de su vida, defendió los ideales del marxismo desde diversas instancias, entre ellas, el Congreso de la República. Fundó el partido Movimiento al Socialismo y ejerció funciones diplomáticas. Su oposición al gobierno de Chávez y ahora al del Maduro la hace manifiesta a través de la columna que mantiene en el diario Tal Cual.

—¿Le parece pertinente realizar esta conmemoración, dado el contexto económico que vive el país?

— Desde el punto de vista histórico es pertinente hacer el balance de lo que se consideró la primera revolución proletaria del mundo en octubre de 1917. Lo que no sería pertinente es invertir los menguados recursos del Estado, azotados por el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción por parte de esta cúpula militar, que intenta aplicar un modelo fracasado.

Esa revolución trataba de derrocar una dictadura sangrienta y un imperio como el zarista. Ese movimiento había tenido un antecedente en el intento fallido de revolución el año 1905. Sin embargo, a quien se le consideró como uno de los genios del siglo XX, Vladimir Ulianov Lenin, después de la derrota escribió su obra “¿Qué hacer?” y se planteó crear una maquinaria revolucionaria, el partido bolchevique que luego tomaría el poder.

Sin lugar a dudas, como escribió el periodista norteamericano John Reed (1887-1920) en su obra Diez días que estremecieron al mundo, esa revolución dividió radicalmente al mundo de entonces entre las revoluciones llamadas proletarias y el tipo de revolución con inspiración norteamericana. La trascendencia de aquel movimiento, que no tenía precedente en la historia, radica en que tenía una característica muy especial: se trataba de un movimiento que por vez primera se planteaba en los términos clasistas, la revolución proletaria, a diferencia de las revoluciones que se hacían en aquel mundo naciente y ya en desarrollo como era el capitalismo.

—¿Cuál es el legado y reivindicaciones de la Revolución Rusa que valdría la pena celebrar en Venezuela?

— Cien años después lo que tenemos que balancear son los efectos de ese tipo de revoluciones que ya se dieron en otras partes del mundo, por ejemplo en China y en Cuba, las cuales vinieron a completar el llamado “mundo comunista” enfrentado al “mundo capitalista”.

Cito el libro del profesor estadounidense Grover Furr, titulado Kruschev mintió, referido a las denuncias del líder del Partido Comunista de la Unión Soviética durante el XX Congreso de esa organización, realizado en febrero del 1956, y que versó sobre los llamados “crímenes de Stalin”.

Salí clandestino del país en enero de ese año para asistir a ese evento en representación del PCV y allá me encontré con el camarada Luis Emiro Arrieta, quien estaba en el exilio. Una de las mayores conmociones en mí, después del informe de Kruschev, fue conocer las Memorias de Gorbachov donde reivindica a Kruschev. En ellas estampa una frase, que para una persona como yo que comenzó a leer marxismo a los 16 años, fue devastadora: “En la Unión Soviética nunca hubo socialismo”.

Esa conclusión del propio Gorbachov con respecto a la Unión Soviética podríamos extrapolarla a estos casi 18 años de “socialismo del siglo XXI” en Venezuela donde tampoco ha habido ni el asomo de socialismo. Aquí se ha intentado convertir un vulgar capitalismo de Estado en una “revolución socialista”  donde unas “misiones” y una “nueva institucionalidad” desbaratan la institucionalidad “capitalista” reduciendo todos los poderes al Ejecutivo. En definitiva estamos en una reproducción del viejo caudillismo del siglo XIX con otro ropaje.

—Historiadores, entre ellos Courtois y Werth, en El libro negro del comunismo, hablan de que el comunismo dejó más de 20 millones de muertes en la Unión Soviética, además dan cuenta de la destrucción económica que dejó ese modelo. ¿Hay algo que podamos aprender de ese legado?

— No se trata de hacer una comparación meramente aritmética entre ambos fenómenos sociales. A fin de cuentas, tras el derrumbe del muro de Berlín en 1989, el desplome de la Unión Soviética y el fracaso del modelo cubano en la isla y en Venezuela, quedó evidenciado que el sistema democrático es la vía para alcanzar el progreso de la humanidad. En el caso venezolano, con todas sus imperfecciones, ese sistema democrático permitió durante 40 años los avances de nuestra Patria, hoy sumida en la mayor de las crisis por una cúpula militar con un ropaje civil que ha cometido toda clase de tropelías contra el pueblo y sus derechos civiles, políticos, sociales y económicos.

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