El fanatismo es como el amor, inexplicable, arbitrario, sublime a veces, otras doloroso…

Soy fanática de los Leones del Caracas desde que nací.

Hija y nieta de caraquistas, ni siquiera tuve una opción diferente, en mi casa “se habla caraquista†y punto.  Podría decirse que fue como un matrimonio pactado, a la vieja usanza, pero del que no puedo quejarme porque hay amor, mucho y verdadero.

En cambio mi decisión de ser fanática de los Orioles de Baltimore si fue una decisión que corrió por mi cuenta, tenía 12 años cuando se dio el flechazo hasta el sol de hoy.

Corría el año 1979 y los Piratas de Pittsburg trascendieron a la Serie Mundial luego de despachar a los Rojos de Cincinnati, que era el equipo de muchos niños ya que jugaba David Concepción, el mejor short stop de su época. Por la Liga Americana fueron los Orioles.

En los Piratas jugaban dos magallaneros (detestados por mi), Ken Tekulve y Dave Parker, así que no tuve la menor duda en que ligaría a los Orioles, que tenían a Rick Dempsey como receptor. Dempsey había jugado para el Caracas, de manera que yo veía aquella Serie Mundial desde mi particular visión caraquista: son los Piratas del Magallanes y los Orioles del Caracas.

Los Orioles perdieron una Serie increíble, de la que seguro escribiremos por aquí, pero se ganaron mi amor para siempre.

He sido muy feliz, como cuando fuimos campeones en 1983. Uno de mis peloteros más admirados es Cal Ripken (también escribiremos de él) el legendario número 8, el “Iron manâ€, a quien pude ver desde que llegó en 1982 y hasta el día de su retiro.

He sufrido mucho, a veces demasiado, últimamente no han hecho otra cosa que llegar detrás de la ambulancia…pero así es el amor es así ¿no? En las buenas y en las malas…en las derrotas y las victorias…