Alfonso Carrasquel: El Cuentacuentos del campo corto
Muchas veces, cuando Concepción realizaba una gran jugada, papá aprovechaba para recordar al inigualable Alfonso “Chico” Carrasquel.
Si algo es verdaderamente una fortuna en la vida, es poder ser amigo de un Ădolo.
Aunque Alejandro Carrasquel habĂa sido el primer venezolano en jugar para un equipo de Grandes Ligas, seguido de JesĂşs “Chucho” Ramos, fue Alfonso “Chico” Carrasquel quien adquiriĂł dimensiones de super estrella.
HabĂa debutado en la pelota profesional en 1946 con el CervecerĂa de Caracas, el equipo de la capital que habĂa heredado el abolengo del Royal Criollos.
Al principio se le conociĂł como “El sobrino”, por su parentesco con Alejandro, pero tan rápido como un swing, desde el primer dĂa se instalĂł en el sentir caraquista. DebutĂł con jonrĂłn, inaugurando la lista de los batazos de vuelta entera en la historia de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.
Dos versiones se dan como válidas para explicar el apodo de “Chico”. Unos dicen que fue para diferenciarlo de su tĂo Alejandro y otros que el origen fue su hablar caraqueño, “chico pa´llá, chico pa´cá, oye chico…”.
Lo de “Fantasma de la Calle 35” se lo ganĂł en el Comiskey Park, que estaba en la calle 35 de Chicago. Cuando ya parecĂa que la bola iba a picar inatrapable, Alfonso salĂa como de la nada, como un espectro, para colgar un out.
Basta con ver las fotos de la Ă©poca para entender por quĂ©, además de ser el favorito de los fanáticos caraquistas, era tambiĂ©n admirado por las muchachas. Alfonso era alto, atlĂ©tico, buenmozo, con alegres ojos achinados y siempre sonreĂdo.
AĂşn no tengo claro si eso del “equipo de las caras bonitas” era por las mujeres bellas que iban al CervecerĂa o por Alfonso y algĂşn otro pelotero guapo, el “Chino” CanĂłnico tal vez.
El y mi papá se hicieron amigos cuando ya el Chico era un super estrella. Los presentĂł Miguel Sanabria, quien habĂa ideado, junto a otros egresados de la UCV, una forma de no alejarse ni de la Universidad, ni del beisbol. Entonces inventaron “La Caimanera de los miĂ©rcoles”, integrada básicamente por profesionales reciĂ©n graduados, que jugaban pelota. Sanabria era ingeniero, Luis Rivas era economista, papá mĂ©dico y asĂ, cada uno tenĂa su tĂtulo, pero ninguno quiso colgar los ganchos. Aun juegan miercoles y algunos sabados.
Miguel Sanabria, además de ingeniero, habĂa sido un destacado deportista, habĂa probado suerte en el profesional, tanto en beisbol como en fĂştbol. En el fĂşbol se le recuerda como “El Pez Volador; En el beisbol, jugĂł para el CervecerĂa y el Pampero. Con los spikes era agresivo y pĂcaro, no en balde le decĂan “el Caribe Sanabria”. Fue exaltado al SalĂłn de la Fama del Deporte de Venezuela.
No era mi tĂo biolĂłgico, pero siempre le llamĂ© “tĂo Miguel” porque como tal lo querĂa.
La Caimanera juega todos los miĂ©rcoles al medio dĂa, a menos que una causa irremediable se los impida y ha sido asĂ desde siempre, por eso era fácil que coincidieran comenzando la tarde, cuando terminaba la partida de los egresados y comenzaba la práctica de los profesionales.
Fue ahà donde papá conoció a “Carrasquelito”, quien nunca dejó de ser su favorito.
No recuerdo quĂ© edad tenĂa yo la vez que conocĂ al Chico, pero sĂ que en el desayuno siguiente le hablĂ© a papá de muchas de las anĂ©cdotas que me habĂa contado en menos de media hora.
Él era como un cuentacuentos, sus historias eran fascinantes, parecĂan irreales. Como habĂa sido uno de los mejores de su Ă©poca, sus cuentos involucraban nombres sĂłlo alcanzables para la mayoria de la gente, a travĂ©s de los libros o las pelĂculas, nombres como Willie Mays, Ted Williams, Joe Di Maggio, el presidente Harry Truman, quien lo mandaba a buscar para almorzar en su Rancho en Kansas City, Marilyn Monroe, Cesar GirĂłn…
Mi papá se reĂa sĂłlo cada vez que yo le referĂa un cuento que me habĂa contado y luego me decĂa que habĂa que creerle sĂłlo una parte, porque a Ă©l le gustaba exagerar. Lo cierto es que hasta el final, hasta el Ăşltimo dĂa que le escuchĂ© contar, siempre creĂ que si aquello no habĂa pasado tal como Ă©l decĂa, asĂ era como debiĂł ocurrir.
Contaba de la noche en la que fue a cenar con Joe Di Maggio y Marilyn, subĂa el hombro derecho hacia la oreja cuando recordaba la voz de la rubia susurrando en su oĂdo.
Como ya he escrito otra vez de todas sus memorias, la que más me gustaba oĂr era la de su primer uniforme de pelotero. En su humilde hogar de SarrĂa habĂa mucho afecto, pero poca plata, asĂ que cuando le tocĂł ponerse su primer uniforme, su mamá tuvo que hacerlo con la resistente tela de dos sacos de harina Gold Medal. Alfonso recordaba eso con tanto amor, se le quebraba la voz emocionado, porque de ahĂ inevitablemente recordaba otro uniforme suyo, el primero que le dieron cuando llegĂł a Vero Beach, hogar primaveral de los Dodgers.
Al final de esa primavera fue cambiado para los Medias Blancas de Chicago y de ahĂ en adelante la historia es conocida.
Fue el primer pelotero latino en un Juego de Estrellas, en una Ă©poca en la que la selecciĂłn corrĂa a cargo de los propios jugadores y Chico le ganĂł el lugar nada menos que a Phil Rizzuto, uno de los más emblemáticos Yankees de todos los Yankees.
No tenĂa facturas para nadie, no fue de guardar rencores, ni con la diabetes llegĂł a disgustarse.
Se saboreaba la vida recordando, por eso era tan buen conversador.
Nunca perdiĂł el humor, unas semanas antes del Ăşltimo inning, se enfermĂł y hubo que llevarlo al Hospital de ClĂnicas Caracas. AllĂ estuvo un par de dĂas antes de regresar a la casa. Desde allĂ hablĂł por telĂ©fono conmigo y me dijo: “LleguĂ© a tercera, pero no me empujaron, asĂ que nos vamos a extraining”.
HabĂamos resuelto que su partida la estaba “ompayando” el cubano Roberto “Musulungo” Herrera, cĂ©lebre ex-jugador del Caracas, que despuĂ©s se hizo árbitro y quien hasta hace unos años cantaba bolas y strikes en nuestra pelota.
Muchos juegos, muchos, cuando “Musulungo” estaba detrás del plato, terminaban en extrainings, asà que acordamos que él era el principal. Le dieron de alta.
EL 27 de mayo de 2005 me despertaron de la radio antes de las seis de la mañana, para que preparara una semblanza suya. Fue como me enterĂ© de que se nos habĂa ido.
Me contĂł su hermanita Maritza que se acostĂł a dormir contento, porque Freddy GarcĂa habĂa ganado y los Medias Blancas, dirigidos por Oswaldo GuillĂ©n, habĂan tenido un buen arranque.
TenĂa la placidez y la sonrisa de quien se fuĂ© de 4-4 o en todo caso, de quien no dejĂł pasar un pitcheo bueno…
Ese año, los Medias Blancas de Chicago ganaron la Serie Mundial por primera vez desde 1919. Oswaldo GuillĂ©n y sus muchachos acabaron con la “MaldiciĂłn de los Medias Negras” en una serie en la que pasaron cosas increĂbles, mágicas, casi todas en los alrededores de la segunda base.
Además, en la temporada 2005-2006, nombrada “Alfonso Carrasquel” en su memoria, los Leones del Caracas se titularon otra vez, despuĂ©s de 10 años, luego de ganar juegos que parecĂan imposibles.
En la Serie del Caribe celebrada en Valencia y Maracay, los Leones ganaron invictos. No habĂan ganado el Clásico desde hacĂa 17 años, “17”, como el nĂşmero de Chico. TambiĂ©n en esos juegos ocurrieron cosas extrañas, como la que sellĂł la victoria.
El Ăşltimo desafĂo fue contra los dominicanos. El juego estaba empatado en el noveno, con hombre en segunda. Henry Blanco conectĂł mal una bola que saliĂł en “inocente” flaicito al campo corto. Cuando parecĂa que el juego se irĂa a innings extras Manny Aybar se desubicĂł y recibiĂł la pelota con la cabeza, desviándola más lejos, hacia el jardĂn izquierdo. Nada que hacer, Alex González entrĂł con la de dejarlos en el terreno.
La “jugada” no deja de ser cómica, porque fue un juego de pelota que terminó con un cabezazo.
Se hizo inevitable pensar en el “Fantasma de la Calle 35”…



















