11 PARA LOS 11
El Caracas Fútbol Club levantó la copa número 11 de su historia en el hogar de sus rivales acérrimos, Deportivo Táchira, el estadio de Pueblo Nuevo, también llamado “templo del fútbol”
El domingo antepasado, en el partido de ida, los Rojos de El Ávila sólo necesitaron 1 gol para ganar. Aunque esa victoria fue celebrada en grande, el compromiso en San Cristóbal parecía cuesta arriba.
El escenario de Pueblo Nuevo comenzó a llenarse desde muy temprano de aurinegros, la barra roja iba en camino.
Comenzó el partido con los gritos de una apabullantes de la retadora hinchada tachirense y unos colorados que no quedaban atrás a pesar de la inferioridad numérica. (sólo les dieron mil puestos).
No habían transcurrido 15 minutos cuando Gabriel Cichero pateó el balón a 25 metros del área para incrustarla en la arquería de Manuel Sanhouse. Se prendió la fiesta roja y casi de inmediato como para desconcertarlos más, vino “La Pulga” Jesús Gómez y sumó el segundo. Pueblo Nuevo enmudeció por fracciones de segundo, hasta que saltó la barra roja en celebración exultante.
Ahora quien la tenía cuesta arriba era el Táchira…
A estas alturas del juego, desbordados en elogios, los expertos pedían ver la repetición de televisión confesando no poder describir las belleza de los dos tantos.
Javier Villafraz descontó uno con balón parado, pero los aurinegros debían hacer 4 goles para voltear el marcador global, contra un Caracas que no parecía dispuesto a concederle nada a sus contrarios.
Sin embargo el tanto del local devolvió el ánimo al concreto. No les duró mucho.
Cuando Castellín anotó el tercero las tribunas y gradas comenzaron a vaciarse y hubo episodios violentos muy lamentables de los que haremos referencia en nota aparte.
El Caracas sumó el de la indiscutible goleada con tanto de Alejandro Guerra, nada qué hacer, al Táchira le fue tan mal que ni con penal pudieron concretar el segundo, en cobro de Villafraz que paró Renny Vega.
Terminó el encuentro y los Rojos eran los ocupantes de Pueblo Nuevo, en la grama celebraba el equipo y la barra deliraba en la gradería.
Había valido la pena la carretera de casi 14 horas para llegar a la casa del rival para venirse a Caracas de vuelta con la satisfacción de otra victoria, la undécima estrella de un equipo que parece que sólo sabe crecer.
Y esto último que voy a decir lo voy a decir sin hipocresía, espero que nadie se moleste. Confieso que ganar en casa del otro es lo máximo, como cuando los Leones le ganaron esta última final al Magallanes en Valencia y como ayer, cuando los Rojos del Ávila dieron la vuelta olímpica en el Templo del Fútbol, que por ese rato fue de ellos.















