Desde hace semanas existe en la agenda de medios la discusión sobre el rol e impacto de los indecisos en los venideros comicios electorales del 7 de Octubre. Ya se han pronunciado dos referencias obligatorias en la generación de opinión pública. Por una parte, Luis Vicente León destaca la importancia de los indecisos y por la otra, Oscar Schemel indica que los indecisos no decidirán. Luego de revisar ambos planteamientos considero respetuosamente que debo colocarme un paso por detrás del momento analizado y referirme a la indecisión como un fenómeno político a dos tiempos.

Le indecisión como la situación descrita al no tener una opción definida no es necesariamente la diatriba entre Hugo Chávez y Henrique Capriles, y por lo tanto plantear de manera simplista que los electores sin candidato se debaten exclusivamente entre los atributos diferenciadores de las dos opciones principales esconde, con intención o de manera ingenua, la verdadera indecisión del 7O: ¡Votar o No Votar!

Este dilema existencial, aparentemente inocuo, representa la tragedia de al menos dos millones y medio de trabajadores públicos, quienes se pueden sentir prisioneros del sistema, de la figura perversa que los insertó en el gobierno en calidad de clientes, y no en la sociedad en calidad de ciudadanos. La situación descrita en muchos casos impide el libre albedrío del empleado público para su participación política ya que forman parte de los rebaños alienados que deben firmar listas al abordar con su franela roja los autobuses de la campaña electoral oficialista. Para estos venezolanos, tal vez la política les muestra su peor rostro ya que los han convertido en esclavos de un status quo donde representan a la masa que garantizaría la tiranía de una mayoría secuestrada en un entorno de pobreza donde la opción de la renuncia los arrojaría al abandono material y político, a la ignominia ciudadana, a ese limbo que ninguno quiere transitar.

Tanto terror se sostiene en la manipulación descarada que se construye alrededor del secreto del voto, vendiendo la tenebrosa idea de que la voluntad del elector puede ser registrada e identificada a posteriori o manipulando el reglamento electoral para permitirle a “comisarios políticos” “asistir” a los votantes para validar en calidad de testigos la voluntad coartada.

Por eso, me uno a los venezolanos que gritamos a los cuatro vientos que este proceso es secreto y no representa riesgo alguno al elector expresar libremente su voluntad política en las urnas el próximo 7 de Octubre, e invito a todos los que tengamos acceso a los medios de comunicación a encarar el verdadero fraude electoral que se perpetra en las mentes de quienes sienten el temor ante la falaz amenaza de sectores oficialistas.

Al desmontar esta situación entonces podemos comenzar a plantearnos la indecisión entre candidatos y fórmulas, porque en este momento muchos se manejan alrededor de la duda, y el candidato del gobierno sabe que el fantasma del 2007 merodea Octubre, y trata de desmontar la abstención de los suyos que lo hizo perder la consulta refrendaria para la modificación del texto constitucional. Trabajemos nosotros entonces en desmontar la posible abstención de quienes desean un cambio pero temen las consecuencias.

Venezuela requiere oxigenar su democracia y solamente nosotros podemos hacer esto posible. El verdadero liderazgo no lo ejercerán los candidatos. Lo ejerceremos los ciudadanos libres de ataduras, producto de la manipulación de dictaduras incipientes con legitimación de origen democrático. Seremos los líderes del futuro porque seremos los agentes del cambio que experimentará Venezuela a partir del 7 de Octubre de 2012.

Amanecerá y veremos…

 @greyesg