Globovisión por Gabriel Reyes
Todas las piezas comienzan a cuadrar en un rompecabezas ilógico, en una suerte de realidad distorsionada, en esta tragicomedia que pretende perpetuarse en el poder. Tal vez, hace algunos años, los mensajes eran inconexos y su relación no era algo natural, pero hoy pareciera que todo cuadra, y sin lugar a dudas, se incorporarán nuevos elementos que decorarán el abuso sistemático a la democracia más vergonzoso que recuerde nuestra historia.
“El canal de los venezolanos”, ese que durante todo el dÃa y toda la noche, con señal libre a casi todo el territorio nacional, y que sin control ni censura de ningún ente regulador insulta, veja y destruye imagen y reputación de quienes disienten del gobierno, es el canal de quienes el presidente considera “venezolanos”. Tal vez por esto, la gestión sesgada que hace a la información, la exclusión sistémica que hace a los voceros de la oposición y la licencia para la descalificación reiterada de quienes no comparten esta manera de conducir los destinos del paÃs, es algo “exageradamente normal”.
El otro canal, el que desde una señal castigada por reiteradas medidas llega por señal libre solo a Caracas y Valencia, y cuyo “rating” es de un dÃgito, siendo aparentemente su “target” las clases A, B y C, siempre ha representado una amenaza polÃtica al gobierno porque no ha cambiado su lÃnea editorial. En ella, se refleja el espÃritu que debe guiar a todo medio de comunicación en democracia: la verdad, la denuncia libre del ciudadano “de a pie”, la exigencia al gobierno en la rendición de cuentas claras al paÃs, la promoción de la participación polÃtica como elemento fundamental de nuestro capital social, la información oportuna, el debate plural de las ideas.
Hoy entendemos que ese canal no es considerado positivamente por el gobierno porque su audiencia está representada, en su inmensa mayorÃa, por quienes no somos reconocidos como venezolanos por el ciudadano presidente de la República. Entonces los derechos individuales y colectivos reflejados en nuestra Constitución Nacional, tales como el derecho a la libertad de expresión y el derecho a estar informados, son aparentemente exclusivos a “esos” venezolanos y no para los pretendidos “apátridas”, quienes por cierto, todos los dÃas crecen más en número y en actitud, cansados de la estéril diatriba que ha agotado los espacios de esperanza de un paÃs en paz y armonÃa.
La medida dictada, que ataca de forma despiadada al canal considerado de los “no chavistas”, representa un error estratégico de dimensiones infinitas, ya que coloca su marca en el tope de la atención colectiva, permite la construcción de agenda de medios y agenda pública en torno al tema y obliga a quienes ven en la desproporcionada actitud un abuso del fuerte sobre el débil un factor importante que convierte a indiferentes polÃticos en militantes de sus derechos amenazados.
El momento, medido en sentido de oportunidad, en el que se pretende “bajarle la santamarÃa” a Globovisión es el menos adecuado porque le demuestra a los venezolanos y al mundo, que de cara al comienzo de la campaña electoral para las elecciones presidenciales, que puede resultar peligroso e inconveniente que las imágenes del candidato que recorre Venezuela se muestren sin maquillaje, que el mensaje del candidato que lleva cambio y esperanza lleguen a quien no lo pudo o no lo quiso ver de cerca, pero que ante el poder de convocatoria logrado, reflexione si es verdad que hay un camino. Eso puede ser muy peligroso, porque dejarÃa a Venezuela cada vez con menos de esos “venezolanos” entregados a las promesas de quien después de 14 años habla del pasado pretendiendo ignorar los fracasos estrepitosos de una gestión mediocre y salpicada de los mismos vicios que le sirvieron de trampolÃn discursivo para acceder al poder.
¡Globovisión representa una ventana para todos! Significa una opción válida al latifundio radioeléctrico que pretende alienar al ciudadano en el contexto totalitario del “mensaje único”. Pero también es un espacio accesible a los oficialistas para exponer sus ideas, para contrastar el mensaje que reciben, como de hecho lo han realizado desde su lanzamiento al aire.
Venezuela es un paÃs mucho más grande que el microcosmos del discurso presidencial. Es un pueblo noble que se proyecta más allá de la pretendida clasificación de “chavistas” y “no chavistas”. Es una nación con una historia y con un gentilicio forjado en la lucha por nuestros derechos, por nuestras libertades, y la libertad de expresión y estar debidamente informados trascienden nuestras fronteras al ser Derechos Humanos Universales. No permitamos que el debate plural de las ideas, la información objetiva y la confrontación de las imágenes reales sean sometidos al abuso del ejercicio del poder polÃtico que pretende “vender el sofá” para evitar la infidelidad.
¡Amanecerá y veremos!













