Arranca el sexto mes del año. Tiempo de inscribir candidaturas presidenciales. Tiempo de análisis y de decisiones acertadas. Ambas campañas arrancaron temprano, una hace tres meses, la otra hace catorce años, una va recorriendo casa a casa llevando un mensaje de cambio y esperanza, la otra, se maneja por terceros y por vía electrónica, con esporádicas apariciones que más parecen actos de fe de vida que de campaña electoral. Pero, a partir de ahora, ¡la dinámica será diferente!

Es un hecho que el Presidente Candidato se inscribirá, en persona o con traslado, pero lo hará, y eso comienza por desmontar los escenarios del sucesor, al menos de cara al evento electoral. Es innegable que la estadía del candidato oficialista en Venezuela lo ha convertido en un hecho más real que especulativo. Apariciones fugaces, pero vendiendo esperanza y una fortaleza más allá de los cálculos de los fatalistas, pero con una frecuencia que pareciera corroborar lo expuesto por las fuentes más serias de este país. ¿Por qué el presidente acepta un nuevo reto que lo llevaría a un período de seis nuevos años?

Sólo existen tres escenarios posibles. Se curó y sigue en su carrera al futuro. Ese escenario no es seguro. Pareciera que, en sus propias palabras, sigue convaleciente. No se ha curado, pero tiene la esperanza de curarse en el futuro próximo. ¡Entonces no podrá hacer campaña como debe ser! ¿Seguirá el señor de los afiches dando mitines en parajes remotos como una suerte de vocero de la campaña? Servirán las imágenes de archivo para mantener viva la conexión emotiva de la mayoría de los venezolanos. Según el encuestador que hace poco daba a Rosales y ahora es devoto del presidente, esa conexión es indestructible. Me parece que no lo es y creo que el trabajo de hormiga del candidato que toca a la puerta de miles de hogares comienza a dejar la inquietud en propios y extraños de una labor titánica. El tercer escenario revela al candidato enfermo pero decidido a echar el resto, hasta que “el cuerpo aguante”.

En este dilema existencial se mueven dos corrientes de forma muy sigilosa. Una, que apuesta a la transición donde un vicepresidente no necesariamente el actual será asesorado por un Consejo Consultivo que negociará salidas que garanticen el menor costo político posible ante un eventual cambio en el orden de las fuerzas, y otra, perversa pero con una probabilidad mayor que cero y que comienza a dejarse sentir como una suerte de artilugio de viudas de febrero que se resisten a manejar la realidad como verdadera.

La presencia de Hugo Chávez, duela a quien le duela, mantiene unidos a los oficialistas y a los opositores. Los primeros por razones obvias y los segundos porque saben que con su presencia necesitan de la unidad para derrotarlo, pero sin él, comienza la pugna por mantener aspiraciones parciales en un ejercicio de miopía colectiva. Es aquí donde se mueven algunos reptiles, unos siempre rivales, otros cercanos pero conocidos, al candidato legítimo para jugar al nefasto escenario de apoyar al candidato oficialista apostando a su ausencia en un lapso menor a un año, vencido por la enfermedad que lo aqueja, y entonces, no hay Chávez ni hay Capriles, y comienza la rebatiña entre los sucesores escondidos y las viudas de febrero.

Por esto, me llama la atención que desde sitios comunes a sectores de la oposición se escuche que la candidatura de Capriles “no levanta”, que “no alcanza al otro candidato”, que “es muy difícil en tan poco tiempo”. La próxima vez que escuche este comentario, pregúntele al personaje en qué se basa para emitir tal afirmación y revise si en su entorno no existe la tentación a este macabro plan de conspiración para seguir jugando a las elecciones abiertas ignorando irresponsablemente el riesgo que significaría la ausencia del elemento que cohesiona a ambas tendencias.

Jugar a la ausencia es llamar al caos, y eso lo garantiza la fragmentación de ambos bandos y el desespero de algunos en no rendirle cuentas a la justicia local y global. La UNIDAD no es un término retórico, ni un adorno discursivo. Es una necesidad, un sentimiento nacional de quienes aspiramos que nuestras voces sean escuchadas, de quienes creemos que merecemos un país diferente, un futuro mejor. Por esto, debemos asumir con gallardía que el candidato es Capriles, y si no te gusta, entonces ganará Chávez, para gobernar por el resto de su vida, y quien tenga dudas, ¡que se arriesgue!

¡Amanecerá y veremos!

 @GReyesGÂ