¿Por qué florece tan intensa la corrupción en esta dizque revolución? por Damián Prat C. @DamianPrat

Corrupcion (1)

Ya hoy son pocos los que lo niegan.  Nunca antes en Venezuela la corrupción alcanzó niveles tan gigantescos.    Es a ratos tan grotesca, tan extendida, tan impune y de proporciones tan grandes que toda corrupción del pasado a la que alcance nuestra memoria queda como “cosas de niños de pecho”.  Un solo escándalo, cualquiera de los mas nombrados, era en el pasado la “marca” para cualquier gobierno.  Ahora son tantos de esa y mayor magnitud que necesitas hacer una lista de los mas importantes para hacer la etiqueta de estos 14 años.  Algún gobierno en el pasado fue recordado por el caso “Sierra Nevada”.  Otro por “Recadi”. Y así. Hoy la lista es tan extensa –y de casos cada uno 8, 10  o 20 veces del monto de aquellos-  que para hacer la lista debes escoger.

Veamos algunos.  PudreVal y sus 140 millones de kilos de comida podrida. Incluso en Argentina descubrieron que muchas compras fueron hechas con alimentos casi al borde de vencimiento pero pagados como “nuevecitos”.  ¿Quién fue castigado?  Nadie. Y mucho menos los “grandes peces gordos” de Pdvsa y la ministra cubana que manejaba el Cenbal.   Cadivi y el “cadivismo” (Maduro volvió a “escupir para arriba”) que según la fugaz presidenta del BCV y según “el prócer”  Mario Silva, se otorgaron 20 mil millones de dólares a empresas “rojítas”  de maletín.  El “cártel del hierro” con la ventas irregulares de millones de toneladas de mineral de hierro (y briquetas) a intermediarios boliburgueses “de maletín”.  La “mafia de las cabillas” que controló la venta y contrabando de cabillas por unos 3 años. Dos casos descubiertos ern EEUU:  la estafa del Bandes y la estafa del Fondo de Pensiones de Pdvsa.  ¿Castigados?  Solo allá por violar leyes de allá. ¿Aquí? Ni se investiga.  El “maletín de Antoninni” con sus 800 mil dólares en un vuelo oficial de Pdvsa. Los 18 expedientes de la gobernación de Miranda en tiempos de Cabello.  Los “boli-chicos” y las compras de plantas termoeléctricas por una empresa “de maletín” aprovechando la “emergencia”.  Las Termoeléctricas de Sidor.  Los 500 millones de dólares en el banco ruso de El Líbano.   El CAAEZ, La Vueltosa, repotenciación de Macagua I.  ¿Verdad que faltan muchos escándalos mas en la lista?  Y todos son casos enormes, porque los casos medianos y pequeños necesitarían un periódico completo.

Ahora.  ¿Por qué?   ¿Qué explica ese torrente gigantesco de corrupción?. La mas grande de nuestra historia en un gobierno que dice ser “revolucionario”, habla de “socialismo” (incluso en términos de moralidad), hace mucha “cháchara”  acerca del “hombre nuevo”. Un gobierno cuya génesis fueron dos golpes de estado en 1992, sangrientos sí, pero que trataban de justificarse en “estar hartos de la corrupción”.

A éstas alturas, parece obvio que los grandes jerarcas de la “robo-lución” viven de la impostura.  Hacen lo contrario de lo que pregonan.  Su praxis es diametralmente opuesta a su discurso.  No solo acumulan riquezas, usualmente groseras riquezas, y viven en la opulencia, sino que usan con descaro los bienes públicos para mantener su maquinaria política. Sin embargo, la pregunta va mas allá.  ¿Cómo ha sido posible todo esto?.

La respuesta está en tres elementos claves:  1.-  La casi total falta de transparencia que dificulta enormemente el escrutinio público.  2.-  La ausencia de instituciones del estado (que no del gobierno) que deberían garantizar el equilibrio de poderes, la investigación y las sanciones.  3.-  La feroz campaña de descrédito, hostigamiento, amenazas, expedientes judiciales, multas, cierres contra quienes denuncian e investigan para mostrar pruebas, es decir, contra medios de comunicación, periodistas, ONGs, dirigentes sociales, políticos, parlamentarios e incluso contra quienes desde dentro del oficialismo se atreven a denunciar.

El gobierno, con la excusa del “ataque de los medios”, ha construido un enorme “latifundio” de televisoras (7 nacionales y (¿?) regionales), 700 emisoras de radio y no menos de 5 periódicos los cuales, siendo del estado (es decir, de todos) son usados como arietes de propaganda y tienen censura total a las denuncias, a las protestas (políticas o sociales) y los reclamos. Ocultan todo. Censuran todo.  No contentos con eso, han logrado, con amenazas, multas y con el “ejemplo” de los cierres de radios y televisoras que otra enorme cantidad se autocensure.  Y a los pocos medios que resisten no solo se les hace un cerco económico, hostiga y amenaza, sino que le inventan con total descaro expedientes judiciales “por desestabilización”, les lanzan violentos ataques para sembrar odio y les crean un órgano “legal”  de censura que considera que hay un “enemigo interno”.  Fascio.

La falta de transparencia informativa le pone mil trabas a que el pueblo conozca los contratos externos e internos. Ni siquiera son llevados a la AN. Violando lo que expresamente señala la Constitución, los entes públicos guardan “bajo siete llaves”, informes y contratos.  Ahora, en el sector eléctrico así como con el nuevo Cessap se  pretende considerar delito “informar de lo que pueda ser considerar de la seguridad nacional”.  Excusa militarista histérica para darle mas cancha libre a la corrupción. Todo eso es un caldo de cultivo perfecto para que los corruptos actúen a placer.  Para lograrlo,  argumentan hasta los extremos de la histeria “la defensa de la revolución”, los “planes desestabilizadores”  y la gigantesca máquina de propaganda pagada con dineros públicos.  Detrás de esa “cortina” los negocios de la corrupción florecen y se reproducen a placer.  Si a eso se le suma que las instituciones destinadas a equilibrar, a investigar, a sancionar, son controladas férreamente por obsesivos militantes, el resultado no es otro que el aumento de la gran corrupción.  La impunidad es un multiplicador del delito.  He allí las causas principales por las que la corrupción ha crecido, se ha multiplicado, ha hecho metástasis  en todo el cuerpo político del estado y el gobierno.  Solamente con tener información libre, con acceso total a la información de los entes públicos. Teniendo un Parlamento abierto y teniendo Contraloría, Defensoría, Fiscalía  y Poder Judicial no controlados, el delito de la corrupción se reduciría  hasta convertirse en “casos aislados”

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