Diálogo o estrategia

 

Mientras los cancilleres estén por acá, todos serán mansos corderos

Al escribir esta entrega, no se sabe cuál será la suerte de la Mesa de Diálogo entre Gobierno y Oposición. Los facilitadores internacionales, deben estar arribando a Caracas para tratar de destrancar el juego. Independiente de su gestión, es imperioso hoy ocuparnos del tema. Comencemos por lo más elemental, los gobiernos revolucionarios y autoritarios, no asumen posiciones de diálogo con sus adversarios a quienes ven como enemigos, a menos de que exista una crisis monumental. El diálogo como reconocimiento de una anormalidad en la gobernabilidad, no es bien recibida pues indica que hay un gobierno en peligro. Pero en la medida en que el mismo diálogo y la represión han dado cierto grado de estabilidad, comienza a extinguirse el estado de necesidad, se envalentonan los duros y lo que queda es puro show. Eso explica que algunos voceros oficiales destruyan la posibilidad de una Ley de Amnistía; o que se nieguen los avances sobre la posible liberación de Simonovis; o que haya traspiés sobre la renovación de los poderes públicos y ni hablar de la represión. Esta actitud gubernamental, digamos que esta suerte de viveza oportunista, es en el fondo una estupidez que puede empeorar las cosas. El diálogo no puede ser una estrategia, sino una convicción con disposición a ceder, y eso es precisamente lo que brilla por su ausencia.

Ante este estancamiento, es decir de reunirse para no avanzar, la MUD ha dicho que suspende el diálogo, al menos hasta que los cancilleres facilitadores de buena fe, lo destraben. Es posible que para esta fecha ya eso ocurriera o esté en vías de solución. Pero lo cierto es que ese solo anuncio de la MUD ha sido celebrado por las puntas. No había que ser brujo para saber que el diálogo podía ser una burla estratégica, pero ahora que las omisiones lo ponen de bulto, el escenario que podría plantearse es que ese fin del diálogo represente el inicio de otra etapa mucho peor, simplemente un semáforo en verde. Como bien lo dijo el experimentado diputado Edgar Zambrano, “esto se lo llevaría el diablo”. Me cuesta creerlo, pero tan contundente afirmación nos hace preguntar ¿y eso no será lo que quiere el Gobierno? Sería insólito, pero a estas alturas ya nada debe sorprendernos. Eso sí mientras los cancilleres estén por acá, todos serán mansos corderos.

Juan M. Raffalli A.

@juanraffalli

El Universal

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