Muy difícil… por Gonzalo Himiob Santomé

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Sentarse a pensar en Venezuela, para escribir unas líneas que, de alguna manera, al menos para uno mismo, le den sentido a la locura que estamos padeciendo es cada vez más difícil. Mucho más si lo haces después de llegar del automercado. Créanme que las primeras palabras que mostraba el monitor cuando comencé a escribir esta entrega no eran aptas para “horario todo público”. Las borré apenas las vi en la pantalla, por respeto a mis lectores y porque caí en cuenta de que las madres de los personajes mencionados en esas primeras líneas no tenían la culpa de lo que sus hijos nos han hecho. Para echar el cuento corto, fueron cuatro bolsitas o, mejor dicho, el equivalente a cuatro bolsitas de automercado que me tuve que traer a casa en una caja rota, porque ya ni bolsas plásticas hay, que me salieron en casi medio millón de bolívares, las que me pusieron en ese tan particular estado de ánimo.

Y en serio, a excepción de los dos paquetes (de cuatro rollos cada uno) de papel toilette que me traje, porque ya en casa estábamos en alerta roja (o marrón, según se vea) por los que la gente literalmente se peleaba a dentelladas porque ya son artículos de lujo, no compré nada que pudiera considerarse un exceso o una exquisitez. Queso y jamón para la semana, unas salchichas y unos nuggets para mis hijos, un paquete de pan cuadrado y otro para perros calientes, refrescos y un jugo. Nada más. La gracia me salió, como ya dije, en casi “medio palo”, como decimos acá, y además tuve de nuevo que presenciar el espectáculo bochornoso, ese que los políticos y los gobernantes no ven porque cuando salen a la calle es para montar sus shows en sus espacios controlados de confort, en el que nos han convertido los experimentos económicos, dislates más bien, de los últimos lustros: Bachaqueros comprando toda la existencia de lo que más o menos se consigue, para venderla más cara vaya usted a saber dónde, cajeros cuadrando su coima por haberles avisado que había llegado tal o cual producto, señoras dejando la mitad de sus mercados en la caja porque no podían pagarlos completos, uniformados cargados de mercancía que no hacen cola y que además te miran como si estuvieran haciéndote el favor de no meterte preso y, no faltaba más, el “vivo bobo” que pretende colearse en las taquillas preferenciales con la excusa de que su tiempo es más importante que el de todos los demás.

En fin…

Como es mi costumbre, tras borrar mi solitaria catarsis, decidí revisar las noticias de la semana buscando otro tema sobre el cual discurrir. Esta semana ocurrieron muchas cosas muy interesantes por supuesto. Si eso es bueno o malo, no lo sé, pero Venezuela es un país en el que cada día surge, para quienes tenemos la vena de articulistas, un sinnúmero de tópicos sobre los cuales vale la pena expresarse. Digo, si tienes por supuesto las tripas para hacerlo sin que se te vuelen, como me pasó con la factura del automercado, los tapones. De los que son los temas de los que me ocupo regularmente, destacan dos en particular: La aprobación en la ANC de la “Ley Contra el Odio” y, después, la “reedición”, el “replanteamiento”, el “relanzamiento”, la “continuación”, o como lo quieran llamar, del “diálogo” entre el gobierno y un sector de la oposición.

Sobre la “Ley Contra el Odio” ya había escrito hace relativamente poco (ver “La ley y el odio” en www.runrun.es del 3/09/17). No hay sorpresas y ya había advertido mucho de lo que ya hoy se ha concretado. No solo se trata de una supuesta “ley constitucional” que como figura normativa no aparece en ningún artículo de nuestra Constitución, no solo debe ser tenida como nula porque la ANC no tiene facultades para aprobar leyes, sino en todo caso para reformar nuestro ordenamiento jurídico cambiando nuestra Constitución; no solo es innecesaria, pues los “delitos” que prescribe ya eran parte de nuestra legislación penal, sino que además tiene un objetivo imposible de cumplir, porque no hay ley que pueda condicionar ni limitar las emociones humanas (y el odio es una emoción, negativa, pero una emoción a fin de cuentas). Pero ahora, además, visto el “producto terminado” de esos debates que nunca fueron, solo queda añadir que no estaría de más que los constituyentistas o sus asesores tomaran un curso básico de derecho penal (iba a decir también que de ortografía y redacción, pero mejor no digo más, no vaya a ser que digan por eso que “los odio” y me metan preso) puesto que los tipos penales incluidos en esa “ley” están muy mal formulados, al punto de que las “agravantes” del delito de “instigación al odio” son los mismos elementos que componen tal delito, de manera que dicho delito será siempre agravado y, en consecuencia, se impondrá siempre (porque no dudo que los jueces van a correr presurosos a aplicarla) a quien lo cometa una pena mucho mayor de la que eventualmente le correspondería. También cabría añadir que la “ley” es en extremo, y deliberadamente, imprecisa, poco clara y difusa, lo que sin duda le abrirá la puerta a cualquier cantidad de interpretaciones sesgadas y subjetivas, ese vicio que en derecho penal se llama “decisionismo”, que la revelarán no como un instrumento al servicio de la “paz social”, sino como uno al servicio del abuso y de la represión de la crítica y del pensamiento disidente.

Del “diálogo” hay poco más que decir. Espero que, como ha sucedido antes, esta nueva intentona no implique el aumento de presos y de perseguidos políticos, o suponga concesiones que, a la larga, resulten peores como remedio que la propia enfermedad. Ha sido así históricamente (y en el Foro Penal tenemos las estadísticas que lo demuestran) porque, hay que decirlo, aunque duela, tanto un bando como el otro a los presos políticos los han instrumentalizado para el cumplimiento de sus muy particulares proyectos, y los tratan como fichas de canje que se ponen sobre la mesa durante un juego que siempre, siempre, se juega con cartas marcadas. Me tomé el tiempo de revisar todo lo que sus promotores han dicho hasta ahora sobre el que será el próximo encuentro en República Dominicana y solo me quedaron claras tres cosas: Primero, los opositores que se prestan al “diálogo” están empeñados, casi a niveles sospechosos, en afirmar que “esta vez la cosa es diferente”, sin aportar en realidad, más allá de la mención de nuevos intervinientes, otros elementos que permitan concluir eso. Segundo, la prioridad absoluta de los políticos opositores es el tema electoral. O sea, básicamente lo que les afana es que se les permita seguir en su juego en condiciones en las que ellos puedan acceder a sus cuotas de poder, por mermadas que sean y sin importar que, mientras esté en funciones la ANC, nada de lo que se logre pasará de ser un cascarón vacío. En tercer lugar, mencionan la crisis humanitaria y a los presos políticos como parte de la agenda, pero de nuevo se erigen como los máximos y únicos intérpretes de esas realidades y como los únicos interlocutores válidos sobre estos temas, sin tener ninguno, ni en un lado ni en el otro, el conocimiento técnico y la experiencia que se necesitan para tratar con propiedad estos temas. Dicen, eso sí, que están dispuestos a mostrar apertura, a consultar e involucrar incluso a sus más acérrimos detractores, pero salvo muy contadas excepciones, sus hechos y acciones, que se los digo yo, están a años luz de esas manifestaciones de voluntad que, hasta ahora, son simple logomaquia.

Mientras tanto, mientras todo esto y mucho más pasa, muchos venezolanos tenemos que contentarnos con llevar a nuestras lo que se pueda y lo que medio se consiga para sobrevivir. Mientras tanto, miles de perseguidos y exiliados políticos, y cientos de presos, esperan en la oscuridad de su tragedia una justicia que no llega. Mientras lees estas líneas un niño muere desnutrido o porque sus padres no lograron obtener las medicinas que necesita. Mientras tanto, hoy el precio de las cosas será uno, pero mañana será otro. Mientras tanto, el hampa sigue haciendo de las suyas y además ahora tendrás que cuidar lo que lees y escribes, pues cualquier “iluminado” puede decidir desde sus tripas que por expresar tus opiniones estás “instigando al odio”.

Venezuela está difícil. Muy difícil…

@HimiobSantome

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