¡Gente común y extraordinaria!, por Carlos Dorado

 

Resiliencia

En mi artículo anterior, hablaba de la gente mediocre; pero hoy les quisiera hablar sobre un joven común y corriente de 22 años de edad, al cual hace 12 años, el atentado terrorista del 11 de marzo en la estación de Atocha (Madrid), le cambió la vida, pues sus padres estaban entre las víctimas; siendo uno de los cuatro huérfanos que perdieron a su mamá y a su papá.

Una tragedia llena de un profundo dolor y tristeza, que serían suficientes para que un niño de apenas 10 años, se sumase en la depresión, la rebeldía, y cayese en una espiral degenerativa a nivel social. Sin embargo; la fortaleza de este joven, criado por sus tíos, y que actualmente cursa una doble carrera (Derecho y Administración de Empresas); y la forma de enfrentar este grave acontecimiento, es de gran inspiración para todos aquellos que están lejos de una tragedia de esta magnitud, y digno de admirar por el optimismo y valentía con los que enfrentó dicha tragedia.

“He llorado cuando me lo dijeron, y en otra oportunidad más. El lunes siguiente agarré mi morral y me fui al colegio. Decidí mirar adelante, no estancarme en el dolor. Cuando la psicóloga del colegio me llamaba, me ponía a jugar con la pelota, “ahora voy”….fui sólo unos días a verla, ya que me veía capaz de ir hacia adelante solito. Quizás por lo que le pasó a mis padres, tengo interiorizado que hay que vivir la vida. Mirar el futuro con entusiasmo. Soy puro nervio, si en un día no hago veinte cosas, no me siento tranquilo”.

No quiso nunca participar en los eventos aniversarios que en estos casos hacen para las víctimas de tan importante tragedia, y tampoco pertenece a ninguna asociación de las que se formaron con ocasión del evento. Ni siquiera, siendo un  joven adolescente quiso ir a Euro Disney, ni a otras actividades, que organizaron para animar a quienes perdieron a sus padres; y sólo en una ocasión ha visitado el monumento de Atocha, en memoria de las víctimas de dicho atentado.

“Respeto mucho que las víctimas quieran asistir a actos y demás, pero yo pienso distinto: ¡Cuanto menos drama mejor! Lo que más rabia me da, es que siempre iban al trabajo en carro, pero ese día casualmente estaba en el taller. Sin embargo, no me detengo a pensarlo. Sólo lo saben mis mejores amigos. Si me preguntan por la tragedia, cambio de tema. Prefiero ver el futuro con optimismo, haciendo lo posible para que el mío, cada día sea mejor”

Aunque parezca un absurdo, y nadie quisiera pasar por una tragedia, pero si el destino nos la juega, puede llegar a ser el mayor de nuestros bienes, siempre que lo tomemos de una manera que nos permita crecer ¡La verdadera tragedia es todo lo que muere de uno con la tragedia; pero para uno la vida continúa!

Hay que tener fuerza, coraje y mucha confianza en uno mismo, para mirar al miedo de la tragedia, y poder decir con orgullo: He sobrevivido a este infierno, y he logrado por mí mismo hacerme más fuerte.

¡Qué coraje hace falta en determinados momentos de la vida, para sobrevivir a la tragedia, y elegir seguir viviendo! Y cuando este ejemplo viene de un muchacho común y corriente, sin lugar a duda que es muy inspirador; y sobre todo, porque ello lo consiguió solo y sin ayuda, partiendo de cero y en base a coraje, y a unas ganas tremendas de vivir con el futuro, abandonando el pasado.

¡Gente común y extraordinaria! Como solía decirme mi madre: “Carlos, la grandeza y el amor son como los perfumes, quienes los llevan, apenas los sienten”.

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