CONTRAVOZ Leer realidades, por Gonzalo Himiob Santomé

 

Lo primero que hay que destacar es que en los resultados del 20M no hay sorpresas. Allá los que ahora juegan al ofendido y pretenden hacernos creer que fueron “engañados” tanto por el pueblo, que de todas las maneras posibles les avisó que no se prestaría a un fraude, como por el gobierno, que de todas las maneras posibles dio señales de que estaba preparando uno. Si las consecuencias de su irresponsabilidad no fuesen tan graves, si el daño que nos causaron no tuviese las proporciones que tiene, podrían los “ofendidos” perfectamente protagonizar una muy mala comedia, pero fueron ciegos e irresponsables (y eso si damos por buenas sus intenciones ya que, si no fue así, los motes que les tocan son otros muy diferentes) y la verdad, la única verdad, es que sirvieron perfectamente a los propósitos de quienes no buscaban más que perpetuarse en el poder, tal y como lo han dicho tantas veces, “como sea”.

De todo esto, lo único positivo es que, al menos a corto y a mediano plazo, el futuro político de esos tontos útiles es nulo. Por eso no veo la necesidad de gastar más letras en Falcón o en Bertucci, ni mucho menos en sus tardíos y hasta ofensivos lagrimeos, así que dejémoslo así, por ahora.

¿Qué pasará ahora? Más allá de que la situación en general seguirá igual, o peor, es difícil saberlo. Tanto quien suscribe como muchos otros advertimos que uno de los peores males a los que nos enfrentábamos era que ni desde el lado de quienes llamaban a votar, ni desde el de quienes promovían la abstención, se había planteado cuál sería la respuesta o la estrategia cuando pasara, el 20M, lo que pasó. No había “línea” alguna pautada desde el autocalificado “liderazgo” de cara a ninguno de los escenarios posibles, ni mucho menos de cara al más factible de todos, que fue el que en efecto se materializó. Esto revela que más que una crisis de liderazgo lo venezolanos padecemos una absoluta ausencia del mismo. Sobre esto hay que sentarse a pensar con seriedad.

Esta realidad hay que leerla correctamente, y debe llevarnos a una profunda reflexión, porque los resultados y los escenarios eran previsibles y no había motivo alguno para no adelantar o preparar las estrategias a seguir en caso de que ocurriera lo que ocurrió. Pero nadie en el liderazgo político opositor, que es al que le correspondía preparar el camino, dijo “ni pío”. Esto nos permite concluir que si las cosas han llegado a este punto no solo ha sido porque tenemos un gobierno como el que tenemos. También son responsables de este desastre los que, por pasar la mayor parte de su tiempo pescueceando y pensando en sus cuotas y en sus propios intereses, desde la “oposición” también han puesto, por acción o por omisión, obstáculos en nuestro camino hacia la libertad.

Sin embargo, no todo son malas nuevas. Lo ocurrido el 20M sitúa al gobierno en una posición muy delicada y muy débil. Decenas de naciones, varias de ellas de las más influyentes en la escena mundial, desconocen los resultados de este evento electoral, y después de que a los demás gobiernos les lleguen las cifras reales de la participación ciudadana en la jugada del 20M en Venezuela, y los datos e informaciones sobre qué fue en realidad lo que pasó, solo cabe esperar que, así sea para proteger sus propios intereses, se sumen estas otras naciones a dicho desconocimiento internacional. Esta realidad hay que leerla con todas sus letras: Hoy, para muchas naciones del mundo, Maduro, le guste o no, ya no es presidente, es otra cosa. Es la consecuencia de haber jugado posición adelantada, realizando las “elecciones” anticipadas cuando no correspondía, negándose espacios de maniobra y meses cruciales de permanencia “legítima” en el poder que habría podido emplear para ceder y para enderezar las cargas y que ahora, por sus propios actos y por su propio empeño, ha perdido de manera “irreversible”.

También está claro, clarísimo, el mensaje de la ciudadanía. Seguimos siendo profundamente demócratas, pero es precisamente por eso que entre el 80% y el 70% de los electores, según a quien se le crea, se quedó en su casa. Si algo ha “desnudado al rey” en esta nueva arremetida ha sido precisamente la innegable e inmensa abstención, la misma que ni siquiera unas cifras oficiales maquilladas pudieron ocultar. La mayoría de los venezolanos no cree que en nuestro país estén dadas las condiciones para que los votos se cuenten o cuenten, para que nuestra voluntad se exprese libremente a través del sufragio, y a eso la única lectura, nacional o internacional, que se le puede dar, lo único que significa para propios y ajenos, es que la mayoría siente que en Venezuela votar no vale la pena ni tiene sentido, o lo que es igual, que en Venezuela no hay democracia.

Las implicaciones de esta última conclusión están por verse, pero lo cierto es que no son buenas las noticias para la hegemonía. No estamos en la década de los sesenta del siglo pasado ni vivimos en una isla cuya única importancia estratégica es que está muy cerca, casi a “tiro de piedra” del “imperio”. En un mundo que es cada vez más pequeño, en el que la tecnología permite que todo se sepa en tiempo real y en el que las naciones interactúan y se relacionan continuamente, que se te cierren las puertas de tantos países y se limite tan drásticamente tu radio de acción es muy delicado, sobre todo si estás al mando de la nación con las reservas petroleras más grandes del mundo (eso por solo mencionar una de nuestras importantes riquezas naturales) y que sirve además de bisagra y de puente de enlace entre el norte y el sur de las Américas. Si a eso le sumas que nuestros gobernantes recientes han destruido nuestro aparato productivo a todo nivel, lo que nos hace definitivamente dependientes de otros países, el panorama para Maduro, luego del 20M, no luce para nada alentador.

Es el tiempo entonces de leer bien las realidades, para adaptarse a ellas desde su comprensión plena y honesta y, por encima de todo, ponderando cabalmente al Leviatán contra el que se alzó el 20M nuestro silencio y nuestra ausencia abrumadora en cada centro de votación, valorando con justicia el mensaje claro y contundente de la ciudadanía y también lo que será, sin dudas, la parte más escabrosa y difícil de los que pueden ser, si nos unimos en propósitos y método, los días finales de los tiempos de mayor oprobio y oscuridad que ha conocido Venezuela.

 

@HimiobSantome

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