Almagro y Felipillo, por Luis Fuenmayor Toro

Mucho antes de que se definieran las actuales candidaturas presidenciales, antes de que se fijara la extraña fecha electoral, me referí públicamente y condené la injerencia en nuestros asuntos de varios personajes de la política internacional, cuyos desempeños no los avalaban para servir de maestros consejeros, ni mucho menos para dirigir nuestra política. Una cosa es la solidaridad que se tenga con el pueblo venezolano, desprovisto por la mafia gobernante de lo básico indispensable para vivir, amén de muchos otros servicios requeridos por toda sociedad contemporánea, y otra, muy distinta, es el tutelaje a que se quiera someter a un pueblo lleno de necesidades. Lamentablemente, algunos connacionales parecieran sentirse muy a gusto de estar bajo las órdenes de extranjeros y actúan impulsando, en forma descarada y antinacional, hasta invasiones militares.

Rechazan a Maduro, entre otras cosas por supuestamente ser colombiano, pero contradictoriamente celebran las opiniones e intervenciones de Uribe y de Santos, comprobadamente colombianos. Otro tanto hacen con el uruguayo Almagro, pero no con el boliviano Evo Morales, y con el español Felipe González, simpatía esta última que no extienden a su compañero de partido Rodríguez Zapatero. Y sus seguidores, prejuiciados y fanatizados por la polarización, incapaces de pensar aplauden sin averiguar ni escudriñar más allá, comportándose en forma idéntica a las focas progubernamentales de quienes dicen querer diferenciarse. Les molestará que diga estas verdades, pues muy en el fondo saben que tengo razón.

Rafael Marín, luchador político social demócrata del grupo “Soluciones”, que incluye a Claudio Fermín, desenmascaró a Felipe González y su crítica grosera y racista contra la candidatura de Henri Falcón, a quien llamó ser el “taparrabos” de Nicolás Maduro. Y no es por defender a Falcón que escribo al respecto, él se puede defender solo; es para dejar clara la clase de persona que es este líder del PSOES, quien parece tener todavía el espíritu colonialista español presente, que nos considera tan primitivos como cuando Colón llegó a estas tierras, por lo que puede erigirse en juez y ductor de nuestras conductas; nuestro primitivismo no nos permite decidir por cuenta propia, requerimos de la autoridad del colonialista. Los pueblos primitivos están constituidos por seres humanos, independientemente de que usen taparrabos como única prenda de vestir.

Felipillo, como muchos lo llamaban irónicamente, apoyó la participación de socialistas, democratacristianos y comunistas, en las elecciones chilenas para la salida de Pinochet, a pesar de estar organizadas por el Ministerio del Interior de aquella tiranía, donde las libertades, la represión y los muertos eran muchísimo mayores que en la Venezuela de Maduro. No habló de “taparrabos” entonces, para calificar la participación de esos partidos en la búsqueda de una salida a la criminal dictadura. En el caso de Almagro, es Mario Villegas quien en un artículo nos recuerda su chavecismo duro, demostrado como Canciller con declaraciones babosas y adulantes de Chávez, en aquel momento vivo, y luego, desde la misma Secretaría General de la OEA, glorificándolo ya muerto.

Son muchos los farsantes en nuestra política nacional, latinoamericana y mundial. Desenmascararlos, para que no nos confundan, es un deber patrio y ciudadano.       

  

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