Antipolítica y contrapolítica por Antonio José Monagas

Si bien la política configura la dinámica a partir de la cual se moviliza la sociedad apostando a la participación de intereses sociales y económicos toda vez que ésta busca redimirse de pesadas connotaciones, la antipolítica representa lo contrario. Es decir, la desmovilización de aquellos factores que motivan el encuentro de todos alrededor de objetivos mancomunados. No obstante, debe explicarse que tal desmovilización o parálisis de todo cuanto redunda en beneficio del desarrollo económico y social, entendido éste como necesario apalancamiento nacional, tiende a congelar toda una sociedad ante el tiempo histórico y el espacio político delimitado el mismo por la ética pública.

 

Muy a pesar de lo descrito arriba, la primigenia noción aristotélica de política, comenzó a desdibujarse del plano sociológico hasta llegado el momento en que, estudiosos de la teoría política como Maquiavelo, Durkheim, Durberger, Hobbes, Schmitt, Weber, entre otros intelectuales, reforzaron la concepción de política. Esto incitó la aparición de nuevos conceptos que, a su vez, se vieron renovados por la incursión de variables teóricas que, como novedades epistemológicas, no sólo exacerbaron la interpretación que sociológica y culturalmente, recibió el concepto de política. También, exaltaron lecturas de un nuevo concepto de política entonces alineado con conceptos prestados de la teoría económica y de la teoría social.

 

En consecuencia, resultó algo inmediato la construcción de una remozada teoría política que, en sus fundamentos, dejó ver una serie de relaciones, precisamente, con la economía y la sociología. Por tan fundamental razón, el concepto de política que logró armarse, se articuló a un mundo pluridimensional capaz de comprender las necesidades de una sociedad que, políticamente, requería del concurso de otras ciencias que coadyuvaran a consolidar su visual del discurrir político.

 

Así, el concepto de política comenzó a imbuirse en toda explicación y justificación de la modernidad que, de manera particular, inicia la primera revolución industrial con la aparición del vapor como recurso de movilidad industrial.

 

Igualmente, dicho concepto comienza a cotejarse frente a transiciones teoréticas y metodológicas provocadas por seguidos cambios de paradigmas que ocurren como resultado de la Revolución Francesa. Especialmente, toda vez que la susodicha insurrección trae consigo la concienciación del concepto de “libertad”, y del de “democracia representativa”, fundamentalmente. Justo en el curso de los siglos posteriores, saltaron a la palestra otros conceptos que le abonan importancia al de “política”. Conceptos como el de “ciudadanía” y el de “soberanía”, le agregaron valor al concepto de política.

 

Sin embargo, la misma dinámica que sus efectos despertaron en gobernantes y dirigentes con escasos conocimiento del ejercicio político del poder, los convirtió en verdugos de su misma causa. Esto devino en problemas inducidos por distorsiones del significado de política que, con el vaivén de los años, lo disociaron de su más elaborada ordenación dialéctica.

 

De hecho, el siglo XX fue testigo de la consternación que el referido descarrío ideológico marcó en el plano del activismo político. Muchos gobiernos, hicieron los ajustes que mejor consideraron lo cual redundó un crasos inconvenientes que se reflejaron en programas de gobierno diseñados a instancias de intereses personalistas. Desde luego, los años postreros del siglo XX, se convirtieron en laboratorios de prueba para experimentar modelos políticos y económicos cuyos resultados torcieron el rumbo que la historiografía venía estampando como signo de esfuerzos de cimentación de libertades y derechos. Pero también esos mismos años, constituyeron espacios para dar cuenta de serias contradicciones que motivaron serias protestas populares.

 

La repercusión de los susodichos reclamos, elevados en lo alto del horizonte sociopolítico de naciones donde lograron establecerse esos modelos políticos y económicos que desgarraron la soberanía nacional, terminó descuadrando objetivos de gestión pública que pudieron haber llegado a ser referencias de desarrollo económico y social. Precisamente, los problemas que entonces se atravesaron, abatieron tendencias que venían actuando como proyectos nacionales.

 

Es así como sucumbieron importantes procesos políticos que, en principio, depararon propuestas gubernamentales desde el contexto fáctico y doctrinario de los partidos políticos. Es entonces cuando la antipolítica adquiere el cuerpo necesario cuyo ímpetu ideológico desencajó la actuación de partidos políticos que venían fungiendo de vinculantes entre ciudadanía y gobierno. Por otro lado, irrumpió un fenómeno que no fue debidamente registrado.

 

Surgió en paralelo, la contrapolítica. O sea, quienes en contravención con la oferta gubernamental que procesos eleccionarios exponían, se dedicaron a abdicarse del ámbito político que revolucionaba los espacios públicos. Todo ello, con la alevosa intención de desubicar la oferta política del ideario y expectativas de comunidades que, por la precariedad de su cultura política, entregaban denodados esfuerzos al programa ofertado. En consecuencia, puede hablarse de la relación de actitudes políticas por cuyos efectos, la política se vio forzada a recomponerse en términos de su concepción e implicaciones. Por tanto, para entrelazar la concepción de política con su ejercicio y complicaciones surgidas, vale hacer referencia a la incidencia que, desde entonces, ha tenido la presencia de antipolítica y contrapolítica.

 

@ajmonagas

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