Ensombrecido en la oscuridad, por Antonio José Monagas

Cuando una ideología caduca, las realidades son asaltadas por la consternación que infunde no sólo la confusión de un discurso sin contenido. También, el afán de poder enquistado entre zarzales de arriesgado veneno. Pero ejercido mediante la represión propia de toda neo tiranía. Tan patética situación es característica de todo gobierno perdido entre ideales subversivos y propuestas sacadas de un historial delincuencial capaces de promover un desconcierto en todos los ámbitos de la vida pública.

Bien vale iniciar esta disertación, advirtiendo las consecuencias que derivan de hechos urdidos a la sombra de un ejercicio de gobierno claramente ensombrecido. Particularmente,  como resultado de estar embadurnado del más pérfido resentimiento. Sus secuelas son representativas de una resonancia histórica, aunque inmutable componente del cotidiano devenir que sobrelleva una sociedad cuando la resignación y el enredo político enganchan sus fuerzas y esperanzas democráticas.

Lamentablemente, esto habla del caso Venezuela. Un caso que si bien es contrario a lo que hechos pretéritos, en términos del desarrollo económico y social alcanzado, marcaron, es demostrativo del premeditado desorden que establecen objetivos pronunciados por el alto gobierno a manera de convocatoria hacia un Estado equívocamente “socialista”. Porque responde a un socialismo elaborado a imagen y semejanza de lo que yace bajo la proyección de un Estado “errado”.

Así, el gobierno central tiende a justificar las contrariedades que su manejo sustenta cuando, por ejemplo, apuesta a configurar un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” tal como lo expone la Constitución Nacional en su artículo 2. Pero jugando al papel de encubridor de delitos. Así como de traidor ante pronunciamientos forjados a la sombra de principios adoptados literalmente del más regio “bolivarianismo”. Lo cual no es otra cosa que un burda estafa de desmedido alcance.

Lo que refiere los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, conocidos como CLAP, retratan el significado exacto de lo que el populismo (demagógico) puede llegar a distorsionar. Más, si se advierte que su razón de ser desencaja lineamientos de política económica que exalta el articulado correspondiente: De los Derechos Económicos. Fundamentalmente, el acogido en los artículos 113, 114 y 117. Preceptos éstos que realzan libertades que puede disfrutar todo venezolano cuyo desempeño laboral se dirija a valorar el esfuerzo de su trabajo por encima de lo que el Estado venezolano pueda confiscarle o sustraerle como consecuencia de medidas impositivas que tiendan a contrarrestar sus derechos económicos individuales o colectivos.

La pretensión de hacer de estos CLAP, unidades particularmente de acción política, supuestamente preparadas para la distribución organizada de alimentos en las comunidades, que garantice el abastecimiento seguro de rubros básicos en sectores populares de la población nacional, se vio transgredida por la precariedad y sectarismo de un partido de gobierno convulsionado y dividido en gruesos toletes dominados por el egoísmo y la envidia “revolucionaria”. Esto hizo que los CLAP se  convirtieran en un vulgar misterio sólo conocido por los magos encubiertos y al servicio de la encumbrada política gubernamental.

Lejos de instituirse estos CLAP como supuestos mecanismos para combatir la escasez de alimentos y la crisis económica que agobian al país luego de dos años de agudos problemas surgidos en el curso de los problemas inducidos por la crisis en desarrollo, devinieron en formas de exclusión, manipulación y sectarismo. De ello se ha aprovechado el gobierno nacional, para gravar deudas políticas y fraguar acusaciones inventadas a la penumbra de la medianoche, entre cobardías, tinieblas y pasiones diabólicas.

El modelo según el cual el alto gobierno ha intentado vender su mentado y manido “socialismo del siglo XXI”, no es sino la razón más ingenua de la cual se ha valido para forjar una engorronada economía que sólo ha servido de constructora a su aterrador estilo de gobernar. Estilo éste que acusa formas subversivas de destruir todo lo que se asocia a conceptos y praxis relacionadas con libertades, derechos y democracia. Así acentúa ejecutorias que apuntan a desmoronar valores de igualdad, dignidad y de respeto a la persona.

Los CLAP, además de ser una expresión contraria a lo que sus siglas denominan, es uno de esos mecanismos, entre otros, utilizados para forjar la concepción virtual de una realidad bajo la cual están desnudas condiciones representativas de un poder que enmascara las realidades. De esa manera, justifica los fraudes que en lo político y lo económico comete el gobierno venezolano con descarada impunidad e impudor. Así puede decirse que estos CLAP son un vulgar mecanismo de corrupción disfrazado de “eficiente” agente contra la mal llamada “guerra económica”.

Ahora con la aprobación de una ley que le otorga rango y valor a los CLAP, por parte de la ilegítima e inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente, el nivel de corrupción en las filas gubernamentales, por causa de la discrecionalidad con que se manejan sus procesos, engrosará aceleradamente. De manera que sumado a la suspicacia que despierta el hecho de asociar los CLAP a las exigencias que aplica al “carnet de la patria”, la exclusión que incita  la descomposición social y la perversión política, dará como resultado situaciones que conducirán rápidamente a consolidar un país ensombrecido en la mediocridad.

@ajmonagas

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