Rodríguez Torres a la parrilla, por Pedro Pablo Peñaloza

El presidente Nicolás Maduro anuló los informes epidemiológicos, los balances del Banco Central de Venezuela y los avances del Instituto Nacional de Estadística, y ahora crea un nuevo indicador serio, responsable y profesional: los restaurantes del este de Caracas. “Vete a los restaurantes del este para que veas la crisis humanitaria”, recomendó el mandatario a un periodista. En el inventario de los hospitales no tendrán alcohol, pero en Las Mercedes queda, mínimo, una gran reserva. Mientras la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) arroja piedras a su techo de cristal, Maduro invita alegremente a zambullirse en las rocas. “Manden una cámara a los restaurantes de Altamira para que vean la crisis humanitaria a las 7 de la noche y las garrafas de whisky que pasean por ahí”, desafió el líder de la revolución socialista. ¡Salud!, prioridad del régimen.

El general en jefe, Vladimir Padrino López, no recorrió el este. Se quedó en el centro y confiesa que ha visto. “He visto como algunas agrupaciones que se hacen llamar colectivos, blandiendo sus armas de guerra, con capuchas, han malinterpretado el mensaje del empoderamiento del poder popular”, lamenta el ministro de Defensa. Difícil que los jóvenes de los fusiles y las pasamontañas no sean víctimas inocentes de la confusión, cuando alcaldes y ministros los saludan cariñosamente. Experto en teoría revolucionaria, el alto oficial advierte que se trata de “una mala interpretación de lo que es el poder popular”.  También existe una agrupación que se hace llamar Fuerza Armada Nacional que debería tener el monopolio de las armas de guerra, pero ese es otro debate conceptual. Mejor volver a las rocas de La Castellana y esquivar La Piedrita de Miraflores.

El capitán mira hacia dentro. Tras la detención de su amigo, el mayor general Miguel Rodríguez Torres, Diosdado Cabello publica un tuit citando a Hugo Chávez. “Para nosotros no hay ‘vacas sagradas’”, dice. Ni tampoco profanas, según la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga) que denunció en febrero la caída de la producción. Quizás por eso en su programa semanal el constituyente advirtió a la oposición que “si me pasan la mano, se la muerdo”. Hay hambre. Recordando la frase de Bolívar, Cabello asegura que “la amistad tiene en mi corazón un templo y un tribunal”. Y si lo dirige el magistrado Maikel Moreno, Rodríguez Torres terminará en la parrilla. “Vete a los restaurantes del este de Caracas”, ordenó el comandante en jefe. Tiene razón, allí vuelan las vacas sagradas.

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