La construcción de Venezuela: una tarea colosal, por Pedro Méndez

 

I

Primero lo primero

Más temprano que tarde y al menos en algunas de las etapas previas, desde ahora mismo, a nosotros, el pueblo venezolano amante de la libertad, del progreso, de la modernidad y de la democracia, se nos viene encima una tarea de dimensiones planetarias: la construcción de Venezuela. Y digo construir y no reconstruir pues quizá sea mucho más lo que quede por construir, que lo que podamos rescatar, no tanto en la obra física cuanto en la estructura administrativa, en el proceso económico, en la gestión y garantía de la seguridad de las personas y de la nación como un todo. En definitiva, en la construcción y ejecución de una nueva visión de país.

Pensando en el futuro, en las condiciones en las que nos toca comenzar y en las potencialidades que tenemos, esta visión podría proponer: una clase media grande y próspera, el negocio petrolero abierto, servicios de calidad para todos y el país descentralizado. Un proyecto factible y realizable en una generación, pero que podría ir dando resultados a la vuelta de unos pocos años.

Pero primero lo primero. Es esencial y urgente comenzar por construir y garantizar, un frente amplio fundado sobre la solidaridad entre los demócratas de verdad. Un frente competente, informado y bien comunicado, con unidad de comando y capacidad de reacción. Se nos puede estar haciendo tarde para este esencial e imprescindible requisito, y es necesario y honesto aceptar que aquí nos hemos venido equivocando. ¿Cómo conseguirlo? Está claro que la posibilidad de éxito pasa por que en las reuniones donde se planifican las más trascendentales decisiones, no puedan, no deban ser incluidos ni aceptados aquellos elementos que siguen siendo presa de las dudas y de las connivencias por acción u omisión con el régimen.

Después vienen muchas áreas de acción por tomar en cuenta y someter a una planificación rigurosa. Unas parecen evidentes para todos. Otras de las que apenas hablamos, pueden ser esenciales, entre ellas deschavización de nuestra cultura y nuestro lenguaje. Esto incluye derribar los mitos sobre las razones que explican la pobreza y por qué estamos como estamos, los nombres y adjetivos con los que nos llamamos a nosotros mismos, a nuestra Patria, el nombre y la verdadera historia de nuestra democracia. Darle respuestas modernas y desarrolladas a los fenómenos que el socialismo explica desde el resentimiento, las fábulas ideológicas que ya constituyen un fracaso planetario, y los complejos.  Podrá resultar una curiosidad comenzar por un hecho cultural, pero la verdad es que no son pocas las consecuencias haber sido, por más de 25 años, objeto de un bombardeo sistemático y de un lavado de mentes bastante exitoso, amén de los mitos y prejuicios que ya traíamos desde el pasado.

Por el contrario, debemos avocarnos a la reconstrucción de la confianza que quiso destruir el régimen mediante la lucha de clases y la polarización impuestas artificialmente. Confianza que es la base de otro elemento por fomentar: nuestra capacidad para asociarnos, para construir redes y tejido social que nos permita, por fin, resolver en las instancias medias de la sociedad todos los problemas que podamos sin tener que depender del estado. Asimismo, proteger a la familia. Que cada madre y padre puedan levantar a sus hijos y un hogar digno y propio, que permita a cada niño venezolano las condiciones necesarias de afecto, seguridad, nutrición y educación. Estas son las bases de la necesaria reunificación nacional.

Otra prioridad, será repensar y construir los nuevos sistemas y medios de seguridad, con énfasis en la reversión de la ruina en la que están dejando a las Fuerzas Armadas. Ruina que se refleja no tanto en su dotación y equipamiento, sino en valores, ética, disciplina, sentido del país, concepción de sí mismas y de las instituciones democráticas, cultura, instrucción, educación, salud y un largo rosario de carencias, cultivado y programado por los colonizadores cubanos y aceptado por una importante fracción de su oficialidad. Pero, sin duda, también debe ser repensado y dignificado todo el sistema de inteligencia, todas las policías y cuerpos de investigación.

Luego debemos repensar la educación, esa parte esencial e imprescindible en la Venezuela por hacer, pieza esencial de la que no queda mucho en pie. Quizá esta parte de la tragedia podamos reinterpretarla como una gran oportunidad para no volver a los vicios y limitaciones del pasado, y repensar la educación de la Venezuela de nuestros sueños, con la mente puesta en las conquistas de la educación de los países punteros en este arte. Poner como prioridad la educación y no tanto los intereses de los sindicatos, priorizar los sistemas de evaluación de los profesores y considerar opciones como los sistemas de vouchers para el financiamiento del costoso sistema educativo.

Repensar las instituciones, con énfasis y urgencia en el delicado estado de ruina en el que nos dejan el poder judicial, para evitar los vicios del pasado remoto, suprimir de raíz la podredumbre material y la corrupción moral en la que la sumió el transitorio régimen socialista. Darnos también un parlamento que sea realmente la casa de los ciudadanos, en el que dos cámaras puedan revisar los temas nacionales sin perder de vista las necesidades de las regiones y las ciudades. Y, al otro lado, en Miraflores, un Ejecutivo de venezolanos ilustrados, competentes y democráticos, capaz de organizar, promover y conducir la inmensa tarea de construir la nueva y reunificada Venezuela.

Y, claro, también, y con las urgencias técnicas del caso y a la medida de los recursos que irán llegando, acometer la descomunal hazaña de construir para nuestra Venezuela una casa nueva: sus ferrocarriles, metros, puertos, aeropuertos, autopistas, carreteras, vías de penetración y sistemas de agua y electricidad actualizados, con la mirada puesta en las tecnologías punteras, que asombran al mundo. Todo lo anterior como escenario propicio para una economía lanzada al futuro: la economía global, de los servicios y de la información, sobre la triple base de una agricultura pensada para los rubros en que somos competitivos, una industria moderna, coordinada con la industria petrolera y sus encadenamientos y una base de libertad para emprender, donde la formalidad esté al alcance de todos y la moneda realmente refleje el valor de nuestro esfuerzo.

II

Un proyecto para todos: una clase media próspera, el negocio petrolero abierto, servicios para todos y el país descentralizado.

Dados los pasos esenciales, podremos dedicarnos como generación a un proyecto de todos y para todos. Un proyecto de país pensado, en primera instancia, para que podamos incluir en la clase media, a unos 25 millones de venezolanos en los próximos 20 años, gracias a un crecimiento económico sostenido, a una moneda estable que permita el ahorro y a condiciones suficientes para que muchas y muy diversas pequeñas y medianas industrias contraten a millones de venezolanos. Una clase media con acceso a educación de calidad, con posibilidades de ahorrar, de tener una casa propia  y de retirarse con tranquilidad. Las lecciones de los países desarrollados son dos: que solo una clase media vigorosa puede darle estabilidad a un sistema democrático y a instituciones avanzadas y que son las pymes las que generan empleo en masa para todos, no las grandes corporaciones y mucho menos el Estado. No importa la desigualdad tanto como la movilidad y el hecho de que las mayorías tengan acceso a una vida digna.

Servicios para todos es una consigna posible en un país con recursos hídricos suficientes, no solo para el consumo humano, sino para la generación de gigantescas cantidades de energía eléctrica. Industrias ambas en las que se debe buscar fórmulas públicas y privadas según el caso, según aquello que sea más eficiente para entregarles servicios de calidad a la gente. Un país petrolero y un país con una base de infraestructura educativa y de salud mínima, sobre la cual se puede y se debe montar un sistema mixto público y privado de educación y salud para todos.

El negocio petrolero abierto para todos. El dilema no pasa por privatizar o no a PDVSA. “La industria” probablemente nunca vuelva a ser lo que fue, pero el dilema no es si debe existir o no; el gran reto es abrir el negocio petrolero para que otras compañías nacionales y extranjeras puedan invertir en condiciones de seguridad jurídica y libertad económica suficientes. Es además necesario que dejemos de renegar de nuestro petróleo, que asumamos con orgullo que somos un país petrolero y que más bien desarrollemos los encadenamientos que permitan impulsar numerosas industrias asociadas. Debemos y podemos llevar nuestra producción petrolera a unos 7 millones de barriles diarios en los próximos 7 a 10 años y prepararnos poco a poco para que, promediando la próxima generación, el petróleo empiece su declinar definitivo.

El país descentralizado. Un país en el que la solución de los problemas esté cerca de la gente, en el que todos podamos participar en la toma de decisiones, en el que el estado central dependa de las regiones y de la gente y no exactamente al revés. Aspiremos a un país descentralizado, aprendamos del camino recorrido en los noventa, que acercó las competencias a los municipios y estados y que dinamizó como nunca la dinámica del poder y la hizo más democrática y cercana a todos. Descentralizar significa repartir mejor la renta petrolera, disminuir la burocracia central, permitirle a las regiones que se encarguen de sus puertos, aeropuertos, autopistas, de la salud preventiva, de la educación y de la seguridad. Avancemos, hacia un sistema de tributación petrolera desconcentrada y hacia mecanismos en los que Caracas dependa de la provincia y no al revés. ¿Nos atrevemos?

Descentralizar para acercar las decisiones y soluciones a todos, ofrecer servicios de calidad para todos, abrir nuestra gran industria a todos y así construir una clase media grande y próspera base de una sociedad libre, digna y justa.

No será una tarea sencilla. De hecho, es titánica. Es una hazaña hermosa, irresistible y perfectamente posible, a partir de la voluntad, la energía, el talento y, sobre todo, la solidaridad de dos generaciones de venezolanos que en parte siguen en esta Tierra de Gracia, y en parte regresarán, llenas de ideas, saberes y proyectos, desde un exilio que nunca debió haberse producido. Es un proyecto para todos.

@pedro_mendez_d

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