La dinámica del cambio político (actual), por Antonio José Monagas

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La política es mucho más complicada de lo que pareciera. Su complejidad explica la diversidad que colman sus incidencias en virtud de lo que en su entorno acontece. No sólo como razón de los cambios que su naturaleza engendra. También, como consecuencia de los cambios que afectan su esencia. Esto, en el ámbito de la política entendida tanto como proceso, que como coyuntura capaz de articular condiciones. Pero también, con la fuerza para provocar la desarticulación entre contextos o situaciones.

Es así como la teoría política justifica explicaciones contenidas en todo fenómeno social que acucia la movilización de factores, recursos o criterios políticos. Así lega a hablarse de “fuerzas del cambio” y “tiempos del cambio”. Aunque ello apunte a considerar el cambio como centro de todo análisis que pueda preciarse de la importancia que reviste el ámbito en el cual se suscitan los cambios toda vez que tocan los intereses y necesidades como determinantes del sentido y carácter de la política.

Esto da cuenta que toda movimiento, bien induzca fuerzas suficientes para causar una conmoción o el ordenamiento de un proceso afectado por cualquier tipo de alteración, se halla sujeto a reglas, postulados, preceptos, normas u obligaciones que lo definen de cara a las factores que inducen, controlan o desvirtúan su compostura, textura o estructura.

Sin embargo el problema que termina haciendo crisis de tal contingencia, bien puede potenciar una crisis de gruesa envergadura. O podría reducirla a su mínima expresión a pesar de que no siempre los esfuerzos terminan orientándose hacia una dirección que comprometa la superación del problema. Particularmente, por la misma confusión que se depara de la confrontación entre posturas o enfoques propios de la situación en cuestión. Más aún, cuando actuando al margen de lo que explica la teoría política a este respecto, actúa apegado  a emociones o impulsos que desdicen de un análisis político de las decisiones en juego.

La situación política venezolana, incurrió en tan grave error. Justamente, derivado de un manejo precario del concepto de política. Fundamentalmente, de política de gobierno al solaparse la ideología que prima el proyecto de gobierno, con las pasiones políticas concebidas como razones del proselitismo usualmente ejercido y activado. Es decir, razones que brotan de lo visceral u hormonal que hay en todo ser humano cuando deja abatirse por la responsabilidad o las exigencias de los acontecimientos que trazan la dinámica política. Más precisamente, la dinámica del cambio político que caracteriza cualquier realidad en la que el hombre suscribe sus decisiones y acciones. De ahí que tales condiciones dieron justificadas razones a Aristóteles para que, siglos a.d.J. advirtiera que en el plano social, el hombre se comporta en función de lo que sus intereses o necesidades inciten en su vida con el fin de satisfacer apetencias de toda índole.

Es cuando por la premura o la incertidumbre que motiva sus determinaciones, puede verse arrastrado a actuar de espalda a la lógica con la cual adquiere razón la política y su ejercicio. O también, dado lo apesadumbrado o exasperado que pueda sentirse. Sin embargo, en ambos casos incurre en el mismo problema por cuanto yerra al momento de elaborar y tomar las decisiones que pudieran extraerlo del abismo bajo el cual proyecta su devenir.

Es cuando el individuo se maneja desde razones que rayan con el egoísmo, la envidia y el odio. Sentimientos éstos avivados, naturalmente, por el desconocimiento o ignorancia que en política lo sumergen en las oscuras aguas de la incompetencia. O lo extravían en el laberinto de la inconciencia. Ambas situaciones, terminan ahogándolo ante su propia existencia. En ese momento, la situación lo abate hasta hundirlo en la confusión y la ignorancia.

Es el problema que tienen sumido a los afectos de la revolución bolivariana. O sea, en el sumidero por donde drenan inmundicias y desechos líquidos. Por eso no han comprendido los avatares que movilizan la política obligándola a mutarse según las condiciones o coyunturas por las que atraviesa en su curso hacia objetivos calculados con o sin razón alguna. Pero propósitos éstos que muchas veces se ven envueltos en dificultades inaccesibles por canales que no son formulados desde la política. Pero sí,  desde la politiquería.

Es el problema que afecta toda situación que tiene lugar en espacios alterados por proyectos políticos que no responden a objetivos mancomunados. Sino a intereses personales o focales. Es el problema que tiene entrampada a Venezuela, políticamente hablando. Es lo que define o termina embrollando la dinámica de la política a instancia del modelo político que el alto gobierno se ha empeñado en imponer a punta de opresión y represión. Todo en respuesta de lo que, por encima de imposiciones sociales y condiciones económicas, establece la dinámica del cambio político (actual).

@ajmonagas

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