Implosión autoritaria y transición democrática, por Jesús M. Casal H.

venezuela-democracia

La represión brutal contra manifestantes fue el punto de partida de un declive profundo de la aceptación popular y de la legitimidad del gobierno. A ello se sumó el deterioro económico, la generalización de los hechos de corrupción y de las evidencias de su comisión, así como las graves violaciones a derechos humanos perpetradas contra disidentes y, muy especialmente, el cercenamiento de la libertad de expresión, por medio de mecanismos perversos, usualmente indirectos y encubiertos, basados en presiones u operaciones veladas de ocupación contra la prensa libre, ofrecimientos de ventajas a los medios dóciles y una política comunicacional oficial hegemónica. Antes, el forzamiento de la legalidad llevó a hacer admisible una segunda reelección inmediata, que la Constitución no contemplaba. En ese contexto se desarrolla una Mesa de Diálogo apoyada por organismos internacionales, que logra algunos avances y sirve de testigo de excepción a la caída del régimen autoritario.

Paralelismos

Son variados los paralelismos con la realidad venezolana que podemos hallar en este esbozo de la fase culminante del régimen de Alberto Fujimori en Perú, como también las visiones sobre el futuro que a partir de allí es posible tejer.

Fujimori había sido reelecto en la presidencia el 28 de julio de 2000 -por segunda vez- en medio de denuncias de fraude y de protestas ciudadanas. La oposición contribuyó en parte a su victoria por la división de candidaturas en la primera vuelta, pero el factor principal de ese triunfo fue el ventajismo oficial, con campañas de demolición moral contra los adversarios políticos y fraude a gran escala que llevaron a la comunidad internacional a no avalar los resultados finales. Fujimori ganó una presidencia desprestigiada y cargada de inestabilidad política, y la oposición, pese a errores como el apuntado, asumió seriamente su compromiso con un cambio democrático. Ya la sociedad civil había dado demostraciones de madurez ciudadana al haber adoptado una postura vigilante y crítica a lo largo de la campaña electoral y de las elecciones, que tuvieron segunda vuelta. Mención especial merece la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, que conjugó los esfuerzos de las más importantes organizaciones no gubernamentales del país frente a los abusos autoritarios, antes y durante el periodo electoral. Tras la renuncia del mandatario, que no fue aceptada, y su destitución acordada por el Congreso en conformidad con la Constitución, se desarrolló una exitosa transición hacia la Democracia que sentó desde entonces sus fundamentos en el campo político, constitucional y económico-social.

Moderación y determinación

Antes de esa vacancia presidencial, partidos políticos opositores habían tomado una decisión trascendental al respaldar en el Congreso la designación de Valentín Paniagua, hombre moderado y crítico a la vez del gobierno, como Presidente de ese cuerpo legislativo, lo cual lo colocó en la línea de sucesión a la Presidencia después de los Vicepresidentes, quienes al renunciar junto con Fujimori despejaron la vía para la juramentación de Paniagua como Presidente del Perú, para un gobierno de transición centrado en promover la convocatoria de nuevas elecciones. Los debates que surgieron sobre la transición constitucional, en virtud de los planteamientos dirigidos a restablecer la Constitución de 1979, anterior a la que elaboró el congreso constituyente fujimorista en 1993, fueron abordados con sensatez y sentido práctico, pues prevaleció la idea de evitar un paréntesis constituyente de probable inestabilidad y de modificar paulatinamente el texto de 1993, ello aunado a la interpretación constitucional favorable a la Democracia y los derechos humanos que llevaría a cabo un verdadero Tribunal Constitucional. Estas circunstancias fueron el germen del Acuerdo Nacional, como espacio plural para la definición de políticas públicas comunes en los diferentes ámbitos del quehacer estatal, cuya significación se proyecta hasta el presente.

Claves de una transición

Organización y vigilancia de la sociedad civil, perseverancia cuando todo luce perdido, diálogo para la transición y no para la perpetuación, unidad superior de los demócratas, desprendimiento ante situaciones que ponen en entredicho la posibilidad misma de un porvenir democrático, postergación de controversias que resten energías y enajenen voluntades en el momento preciso en que hay que salir del pantanoso atasco autoritario, y respaldo internacional son algunas de las claves que cabe extraer de aquella experiencia y que, salvando las distancias entre los respectivos procesos, podrían ser de utilidad para Venezuela.

[email protected]

Enviar Comentarios

Entradas relacionadas