La piedra y el hombre, por Carlos Dorado

2018

 

Entre todos los mensajes de felicitación que recibí por el año nuevo, hay uno que me llamó la atención. Su título: “La piedra y el hombre”, y decía: “El distraído tropezó con ella, el violento la utilizó como proyectil. El emprendedor construyó con ella. El campesino cansado la utilizó de asiento. Drummond, la poetizó. David la utilizó para derrotar a Goliat, y Michelangelo le sacó la más bella de las esculturas. En todos los casos la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre. Este nuevo año es el mismo para todos; pero depende de nosotros lo que hagamos con él”.

Mi madre, solía decirme: “Carlos ayúdate, que Dios te ayudará”. Como aquel que quería ganar la lotería, pero nunca la compró. Todos tenemos un potencial y una fuerza creadora que nos puede llevar a lo mejor de nuestro mundo, pero también a lo peor. Buscar lo mejor de cada uno, y alejar lo peor, deberían ser lecciones a aprender desde nuestros primeros pasos.

El ser humano tiene un cerebro distribuido en partes; una de ellas es la parte consciente que utilizamos constantemente a través del uso de los sentidos, y es la que hace una “lectura” sobre la realidad que nos rodea, y nos lleva a tomar decisiones de lo que queremos y lo que no queremos.

Pero hay otra parte de nosotros: El subconsciente. Esa parte que realiza funciones que no se ven, no se tocan, pero que están ahí; como el sueño, el flujo sanguíneo, los sentimientos, las emociones, la influencia de los alimentos en nuestra salud, etc. Este subconsciente realiza funciones seguramente más complejas que las dictadas por el consciente. El hecho de que no podamos verlas o palparlas, no significa que no existan.

Lamentablemente, nadie nos enseña a tener una actitud positiva, a creer en nuestros sueños, a perseguirlos utilizando lo mejor de nosotros mismos. Más bien los medios de comunicación nos bombardean por un lado, con noticias nefastas y violentas, crisis, ataques terroristas, corrupción; y a la vez nos sobrecargan con publicidades de carros, teléfonos, lujos, vacaciones.

Nos llevan a un sentimiento de pesimismo, donde el futuro siempre va a ser peor que el presente, y donde le destruyen la autoestima a la mayoría que no puede lograr todos esos bienes materiales que supuestamente todo triunfador debería tener. ¡Inducen a la hostilidad, en un mundo per se muy hostil!

Cada uno es arquitecto de su propia vida, y lo primero es estar preparado y creer en uno mismo, para poder construir una buena vida. Tenemos que comenzar por conocernos, y descubrir dónde están nuestros problemas para mejorar (sin engañarnos), y así sacar todo el potencial que tenemos, con mucha autodisciplina, trabajo y pasión. ¡Así, sólo será una cuestión de tiempo!

Pero también debemos buscar el buen ambiente, y a la gente positiva que también lucha y cree en lo mejor de sí misma. Que tengan sueños y que crean en un futuro mejor. Pero sobre todo, la persona adecuada a tu lado que te ayude, que te impulse, que crea en tus sueños como algo posible, y no esas personas tóxicas, envidiosas, que no dejan que sueñes, y menos aún que los logres. ¡Esas personas que todo el tiempo te están llevando al desánimo y apostando a tu fracaso!

Por eso la actitud con que trabajemos esa “piedra” en este 2018 será la que determine nuestro éxito, sin olvidar en todo momento, que hay  muchas variables jugando al mismo tiempo, y cada vez que una de ellas tenga un peso exagerado en la ecuación, terminará por destruir el resultado.

[email protected]

Enviar Comentarios

Entradas relacionadas