2018: Superar el colapso de Venezuela, por Roberto Patiño

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Comenzamos el año en medio de un colapso evidente de nuestro país, en el que se ven afectadas todas las instancias de la vida nacional. La difícil realidad en la que nos encontramos tiene sus razones en la imposición violenta del modelo empobrecedor y destructivo del régimen de Nicolás Maduro y la brutal crisis que este fomenta, manipula y aprovecha.

En lo político, la oposición democrática busca la posibilidad de elecciones presidenciales en este año para lograr un cambio de gobierno e implementar medidas urgentes a la emergencia venezolana. Pero el régimen también intenta llegar a estas elecciones manteniendo el sistema fraudulento con el que ha pervertido las vías electorales. Sistema que ha coaptado al aparato del Estado, apoyándose en herramientas de control social, clientelismo, opresión y hostigamiento a la población.

Venezuela viene de un 2017 en el que las esperanzas de cambio expresadas en protestas multitudinarias y eventos democráticos como el del 16J, se vieron contrarrestados por la represión sangrienta del Estado y la violencia de grupos afectos al gobierno. El régimen impuso una Asamblea Constituyente en condiciones de ventajismo, fraude, e ilegalidad, que se mantuvieron en las elecciones regionales y municipales. El 2018 se inicia con amenazas, represión, chantaje y propaganda por parte régimen dictatorial enceguecido que estimula un contexto de gran conflictividad y deterioro. Con protestas y saqueos debidos a la crisis alimentaria, de servicios y salud, en medio del agudizamiento del cuadro hiperinflacionario que va devastando las condiciones de vida los venezolanos.  

El ánimo nacional es de tristeza, desesperanza y angustia. Todos reconocemos la enorme gravedad de la situación, en la que vemos peligrar el destino mismo del país. Tenemos conciencia de que vivimos un momento definitorio, de opciones extremas, entre el bienestar o la miseria, la libertad o el totalitarismo, la vida o la muerte. Pero quizá uno de los aspectos más difíciles de la encrucijada histórica que atravesamos es que nos obliga como sociedad a mirarnos frente al espejo y evaluarnos con la mayor sinceridad.

En nuestro caso, la crisis nos ha forzado a replantear formas de participación de nuestra cultura política como la manifestación multitudinaria o el evento electoral. Modos de actuar que asumíamos incuestionables y que ahora debemos revisar ante un régimen de características inéditas como el actual, para buscar nuevas alternativas de involucramiento y activismo político. También, se han visibilizado taras y problemáticas profundas de la sociedad venezolana como la desigualdad y la exclusión social, que han sido aprovechadas de manera criminal e irresponsable por el poder, vulnerándose las bases de convivencia y solidaridad indispensables para la cohesión del tejido social.

La superación del régimen de Nicolás Maduro y la reconstrucción del país desde el actual estado de destrucción y crisis, serán posibles en la medida que asumamos este proceso de profunda toma de conciencia y reflexión para emprender el cambio. Abordar el reconocimiento de nuestros problemas con sinceridad y valentía en orden de activar los aspectos más elevados de nuestra naturaleza y actuar en consecuencia.  

Hemos podido ver un ejemplo de esto en nuestra experiencia programas como Alimenta la Solidaridad, cuyas dinámicas se contraponen positivamente a las de mecanismos de control y chantaje gubernamentales como los CLAP. Con Alimenta el problema de la crisis alimentaria se asume como una tragedia que puede ser abordada desde la organización y participación activa de las personas. Una causa común en la que podemos reconocer al otro y vincular a vecinos, voluntarios, organizaciones y empresas, a través de redes de apoyo, generando un verdadero encuentro de distintos actores sociales.

Por el contrario, vemos las consecuencias nefastas de la visión excluyente y divisoria en planes como el CLAP, en los hechos que en días recientes se generaron a partir de las manifestaciones por la falta de entrega de bolsas de alimentos y perniles en distintos puntos del país. A la violencia del Estado, que tomó la vida de una joven embarazada el 31 de diciembre, se sumó la criminalización, desde el gobierno, de países extranjeros y grupos opositores, así como el estímulo al odio de grupos como la comunidad portuguesa venezolana. De forma igualmente negativa, se mostró el lado más oscuro de las personas en comentarios en redes sociales que estigmatizaron, de manera peyorativa y degradante, a los manifestantes.

Lo anterior muestra la perversidad de un modelo que impulsa una serie de antivalores para promover la fragmentación social y mantener un control opresivo, dependiente y criminal de la sociedad. Pero también, nos alerta acerca de los graves problemas que de manera crónica nos vienen afectando como pueblo y que debemos asumir y superar entre todos, para posibilitar un proyecto de país de bienestar y futuro.

En 2018, impedir la continuidad del colapso nacional dependerá de nuestra decisión de afrontar las emergencias de lo inmediato y los enormes retos de lo futuro desde el reconocimiento, el encuentro, la solidaridad y la participación. De asumir el cambio, como individuos y como sociedad, no desde nuestras sombras sino desde nuestras luces.  

 

@RobertoPatino

Coordinador de Movimiento Mi convive

Miembro de Primero Justicia

robertopatino.com

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