Los fantasmas que conviven en la oposición, por Francisco Olivares

Diálogo 2 Dic RD 4

Francisco Olivares para El Universal

Cuando todo parece perdido, cuando parece imposible salir de una situación compleja como la que vive actualmente Venezuela en la cual sus habitantes sienten que  los caminos están cerrados, siempre hay sectores que buscan salidas, que plantean opciones y no se paralizan ante lo que parece imposible.

La división de la oposición ha sido un duro golpe para los millones de venezolanos que han acompañado a su dirigencia en estos últimos años. Hay una realidad. Luego del triunfo en las elecciones parlamentarias y obtener el poder popular más importante del país después de la Presidencia, la oposición no logró capitalizar ese triunfo y pensó que habría una vía rápida para salir de Nicolás Maduro.

Se ofreció que en seis meses eso sería una realidad. Se pasó un año buscando las diversas vías que había en la Constitución mientras el país sufría las calamidades de la inflación y la escasez.

Cuando el Gobierno, arbitrariamente impidió el revocatorio e incumplió los acuerdos previos al diálogo, un sector de la oposición llamó a “la calle”. Llamado acatado aún por quienes no estaban de acuerdo.

Las grandes movilizaciones de calle con cientos de miles de seguidores fueron fuertemente reprimidas y ello devino en el cierre de calle. Esas acciones hicieron más vulnerable a los jóvenes y vecinos en sus urbanizaciones y barrios, con el resultado de 140 asesinados, cerca de 5 mil detenidos y cientos de heridos, algunos de ellos con consecuencias de por vida. Es decir el movimiento fue derrotado.

De esas acciones no hubo un balance colectivo dentro de la MUD, nadie se responsabilizó de lo ocurrido. ¿Sirvió o no ese sacrificio? ¿Qué había que hacer en adelante?

En este escrito no nos compete decir si fue correcta esa acción o no. Lo que queremos resaltar es que los partidos no actuaron como un cuerpo unido, como una organización que se enfrenta a un enemigo común muy poderoso, y que de cada actuación hace un balance de aciertos y errores para avanzar.

Al contrario, de allí en adelante la dispersión fue mayor. Se achacaron culpas y se estigmatizaron situaciones como “el diálogo” o “elecciones”. Ante el llamado a elecciones de parte del Gobierno, la realidad es que la oposición no estaba preparada y unida y si bien hubo fraude, al menos en Miranda y Bolívar, la maquinaria de la MUD no funcionó y hubo falta de vigilancia al menos en 30% de las mesas electorales. Igualmente hubo rivalidad por candidaturas en algunas regiones y apatía en algunos sectores ante el llamado a la abstención. En otras palabras, la oposición asistió débil y dividida.

De ese proceso tampoco hay un balance ni un diagnóstico de la Unidad. Por el contrario las diferencias se han agudizado y hay un sector importante que está llamando nuevamente a la abstención en las presidenciales y ataca el diálogo, en tanto que otro sector entiende la necesidad de negociar.

Hace poco tiempo un grupo de periodistas tuvimos la oportunidad de asistir a un seminario denominado: Venezuela, un encuentro por la paz y la convivencia” convocado por la organización “Expresión Libre” asesorado por una ONG con sede en Holanda, llamada International Media Support. (IMS). Se trata de una organización que ha trabajado en situaciones de crisis en el mundo ofreciendo herramientas para lograr acuerdos en partes en conflictos extremos.

La conclusión de quienes asistieron al seminario fue que la dirigencia venezolana es la que debería ir a formarse en esos talleres y asesorarse mejor para conquistar objetivos.

Uno de los casos que se destacaron durante el seminario fue la participación y asesoría de  (IMS) para lograr el histórico encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro durante la VII Cumbre de Las Américas en Panamá. Asimismo otros casos en situaciones de guerra que terminan en una mesa de negociación.

Para Venezuela no es factible una salida militar. Cuando un dirigente, como Antonio Ledezma, opta por el exilio es porque siente que es la única salida que encuentra. Pero detrás de él quedan decenas de millones de venezolanos que requieren de utilizar todas las opciones disponibles para producir un cambio.

Ejemplos como el de Argentina, Chile, Uruguay o Bolivia con dictaduras militares que parecían inamovibles, terminaron sufriendo descalabros internos que las llevaron a negociar salidas. En toda crisis siempre hay un detonante que abre la puerta, pero hay que estar preparados para pasarla.

Una de las premisas que se destacaron en el seminario al que hemos hecho alusión señalaba que para buscar ese pensamiento activo es necesario “mirar lo que tenemos y no lo que hemos perdido”.

El Gobierno cruza por una crisis muy profunda que tiene efectos internos que lo hacen  vulnerable. Ante ello se requiere de una dirigencia unida, con planes y estrategias asertivas. Las barreras no están en la negociación o en los procesos electorales o en “la calle” sino en cómo abordamos cada una de esas situaciones.

Twitter  @folivares10

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