En Venezuela el que no tira flecha toca tambor o come paella, por Armando Martini Pietri

Derribo-de-Estatua-de-Colón

Día de la Raza es el nombre que recibe en la mayoría de los países hispanoamericanos las fiestas del 12 de octubre en conmemoración del avistamiento de tierra por el marinero Rodrigo de Triana en 1492, luego de navegar más de dos meses al mando de Cristóbal Colón a lo que posteriormente se denominaría América.

Fue creado a partir del siglo XX, inicialmente de forma espontánea y no oficial, para conmemorar, la nueva identidad cultural, producto del encuentro y fusión entre los pueblos indígenas de América y los colonizadores españoles, además de la valorización del patrimonio cultural hispanoamericano. Aunque el Día de la Raza es el más popular en la actualidad, el nombre oficial suele variar de un país a otro. En España es el Día de Fiesta Nacional o Día de la Hispanidad, además de la festividad religiosa de la Virgen del Pilar. En Estados Unidos es Columbus Day o Día de Colón, Chile, Perú y Argentina el Día del Encuentro de Dos Mundos.

La festividad originalmente conmemoraba el “descubrimiento” de América por parte de Cristoforo Colombo -en italiano-, decretada durante el gobierno de Juan Vicente Gómez como festividad mediante la Ley de Fiestas Nacionales de 1921. Pero este hecho no era del agrado de algunos políticos y pensadores de la izquierda venezolana, que consideraban que la celebración exaltaba el colonialismo en detrimento de la cultura y valores de los nativos originarios amerindios. El Presidente Chávez por solicitud de las organizaciones indígenas y con el apoyo del entonces Ministro de Educación Aristóbulo Istúriz, decreta el Día de la Resistencia Indígena el 12 de octubre del 2002, conmemorando la sangre derramada de los pobladores nativos de este territorio, que fueron víctimas de la violencia de los colonizadores españoles hace más de 518 años.

Los pueblos indígenas por su parte, tienen en el Gobierno un reconocimiento expreso de su rebeldía, que se traduce en el otorgamiento de derechos cercenados por siglos, en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, que contempla y reconoce a los aborígenes. Aunque nuestras tribus originales siguen abandonadas y en la miseria.

En aquellos tiempos coloniales más de 1 millón de venezolanos eran herederos directos de raíces precolombinas y a pesar de tener culturas e idiomas diferentes, las 28 etnias que siguen habitando en el territorio nacional han logrado consagrar sus derechos y por ende hoy tienen una participación en la llamada sociedad civil, no sólo como etnias originales, sino como parte de mezcla racial venezolana.

Violencia innegable, casi genocidio, que a lo largo del tiempo fue diluyéndose en la mixtura con los negros traídos de África y los españoles venidos de la península. Más de un venezolano es clara muestra de esa mescolanza, que, en el caso del género femenino, nos ha obsequiado con bellezas dignas de reconocimiento mundial y universal.

Lo malo de todo ese empeño en corrección histórica es que derrumba estatuas, pero no ejecuta derechos. A la imagen de Cristóbal Colón la tumbaron y encima le cortaron la cabeza, pero los estómagos indígenas siguen tan vacíos o más que siempre, señal extrema en las selvas amazónicas y las ardientes planicies goajiras de la incompetencia del socialismo castro-chavista, ahora cubano madurista.

Pero esos autóctonos no son simples excepciones, sino ejemplos de la tragedia de todo un país que proclama revoluciones, pero no es capaz de mejorar la vida diaria de sus ciudadanos de cualquier raza pura o mezclada. Los nativos en el sur venezolano al menos tienen la opción de cazar sus carnes y sembrar cosechas, los venezolanos del resto del país, salvo muy contadas excepciones, -bolichicos, asaltantes y bandidos del tesoro público, cómplices y testaferros-, hace años dejaron de contemplarlas en sus dietas cada día más miserables y unos pocos, carnetizados por un Gobierno que prioriza el control por encima del bienestar, pagan primero el privilegio manipulador y denigrantes de sus bolsas CLAP para recibirlas después, ligando que las humillantes no traigan algunos de sus productos podridos.

El riesgo de todo este desastre de politiqueros que primero piensan en sus “espacios” y después olvidan todo lo demás, es que la resistencia indígena que fue destruida con cañones, arcabuces, espadas, caballos y perros, hoy en día puede y se está convirtiendo, gracias a la perseverante incapacidad y desidia gubernamental, y tantos errores que nos rodean, en una nueva resistencia ciudadana por encima de fusiles, gases y garrotes.

Hoy advertimos alrededor una “paz” que es más bien una terrible forma de resistir, no apoyar a nadie y ser indiferente. Si pensáramos en las posibilidades de cambio, podríamos imaginar y soñar mejorías. Pero la torpeza política venezolana, como el perro viejo, late echado.

@ArmandoMartini

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