¡Las ventajas de las adversidades! por Carlos Dorado

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El problema no es un problema, si estás dispuesto a buscar la solución y asumirlo como algo necesario, precisamente para encontrar esa solución. Joseph Renan decía: “Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca estériles”. Lo que llamamos problemas en un momento dado, no nos damos cuenta de que son lecciones y soluciones para el futuro.

Recuerdo cuando siendo un niño, llegué con mis padres a una pensión en la Parroquia del Cementerio. En ese momento representaba todo un problema para nosotros el estar en un ambiente extraño, solos, sin recursos y sin familia. ¡Era una gran adversidad!, pero fueron precisamente esos tiempos los que me permitieron vivir situaciones que fueron los principales maestros para el futuro. ¡Es en el centro de las dificultades en donde precisamente está la oportunidad!

La adversidad lejos de ser una desgracia, es una dicha siempre y cuando se enfrente con fortaleza, y es precisamente enfrentándola que se descubre la verdadera naturaleza de una persona. Es algo así como un huracán que se lleva por delante todo aquello que se puede llevar, pero lo que queda es lo que realmente importa; y lo que indica quiénes somos de verdad, y de qué estamos hechos. ¡Sufrirla con fortaleza es la base de un futuro mejor!

Esas adversidades son las que te van haciendo el callo, y te ayudan a crecer. Sin embargo, en ese momento crees que te están destruyendo poco a poco; pero sin darte cuenta de que lo que está haciendo es construyéndote lentamente, fortaleciendo tu mente, reafirmando tu personalidad, forjando tu carácter. ¡Sin adversidad, los logros simplemente no existirían!

Pero la adversidad es solitaria y no le gustan las ayudas. Tenemos que enfrentarla solos, sin pensar que alguien más va a venir a salvarnos. No requiere preocupación, sino ocupación, actuación y fortaleza. No le gusta la suerte, ni desaparece por arte de magia y odia a los perezosos, cobardes y pesimistas que se quejan continuamente de ella, castigándolos con frustración y resentimiento.

La adversidad nos ayuda a vivir, pues cuando nos deja de acompañar es porque seguramente estamos ya muertos. Todos debemos acostumbrarnos a que en muchos momentos de nuestra vida perdemos y fallamos al intentar conseguir nuestros sueños. Tomamos decisiones de las cuales nos arrepentimos, e intentamos dar el máximo y nos quedamos cortos una y otra vez. ¡No es importante lo que perdemos, sino esa la fortaleza con la que volvemos a buscar lo perdido!

La adversidad descubre soluciones a problemas que el confort y la comodidad crearon, y es en tiempos de grandes crisis cuando la gente se vuelve creativa y toma iniciativas para salir adelante. Sin embargo, todos buscamos la comodidad y despreciamos las adversidades, sin darnos cuenta de que es la comodidad la que nos frena, la que nos desincentiva, la que da dosis temporales de bienestar, mientras nos lleva irremediablemente a los brazos de la adversidad.

Por eso no es bueno dramatizar sobre las cosas negativas que nos trae la adversidad, ya que la mayor parte de las adversidades no son ni muy malas, ni terribles; y este convencimiento profundo es el secreto para enfrentarlas, mantenido la calma y reservando sus fuerzas para vencerlas sin perder tiempo y energía en quejarse de ellas. ¡La adversidad trae confort, el confort trae adversidad!

Un justo equilibrio entre adversidad y comodidad, quizás esa es la mejor receta para la felicidad y el progreso…como todo en la vida.

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