De revolucionarios a delincuentes, por Luis Fuenmayor Toro

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Hasta mayo de 2017, la Fiscal General Luisa Ortega Díaz era reconocida públicamente por el Gobierno como una funcionaria ejemplar. Su informe, en relación con las víctimas políticas de la mal llamada cuarta república, fue considerado un documento excepcional, en relación a la necesidad de hacer justicia en los casos de asesinados, lesionados, desaparecidos y otros delitos, ocurridos por las acciones represivas de los cuerpos de seguridad del Estado de ese período. Su esposo, el dirigente político Germán Ferrer, fue electo diputado a la Asamblea Nacional en las listas del PSUV, lo que significaba que el Gobierno lo consideraba una persona de respeto, digna de asumir la responsabilidad de una diputación de la República. Todas estas conjeturas se hacen sobre la base de un supuesto mayor, que considera que el Gobierno dizque revolucionario busca las mejores personas para su desempeño.

De acuerdo con las reacciones gubernamentales, luego de la denuncia hecha por  la Fiscal de la ruptura del hilo constitucional generada por unas sentencias espurias del TSJ, pareciera que el supuesto mayor referido antes no es cierto. De ser excelsa en su desempeño, Luisa Ortega paso inmediatamente no sólo a ser traidora del chavomadurismo, lo cual sin lugar a dudas sería una credencial de mérito, sino a ser una delincuente peligrosísima para la justicia y la moral venezolanas. Y toda esa actividad delictiva pasó inadvertida para el perspicaz de Diosdado, quien nunca supo lo que ocurría. Tampoco Mario Silva, ni los organismos de inteligencia, ni los periodistas mercenarios del régimen, se enteraron de la existencia de esa “gigantesca mafia” del Ministerio Público dirigida por la Fiscal. Es sólo luego de su separación de las acciones inconstitucionales del régimen, que vienen a darse cuenta.

Y tampoco la pegaron en la escogencia del diputado Ferrer. De ser una persona respetable para el Gobierno, hoy pasa a competir con los peores delincuentes del mundo. Por ser esposo de la Fiscal ya es culpable de la traición a la “revolución” y cómplice de los “delitos descubiertos”. Imagino que para Diosdado y los energúmenos que le hacen competencia, Ferrer ha debido presentar una demanda de divorcio inmediatamente después de las declaraciones de su esposa. Hoy, adicional a la campaña difamatoria les tiran al Poder Judicial encima y deciden llevarlos a prisión, comenzando con Ferrer, a quien el TSJ o la ANC le quitarían inconstitucionalmente su inmunidad parlamentaria. Esta gente es mala, me decía hace poco una persona muy cercana. Y eso es lo que piensa el común de la gente. El cuento de la traición ya no les funciona. Todos saben quiénes son los traidores.

El Gobierno repite, cada vez que tiene una defección, exactamente el mismo discurso: traidores, capitalistas, burgueses, corruptos, mercenarios, oligarcas y delincuentes. Su credibilidad es nula, pero si todas las acusaciones fueran ciertas, no se libraría de culpas, pues los acusados fueron parte de sus integrantes durante mucho tiempo.

Luis Fuenmayor Toro

 

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