Primero lo primero, por María Elena Arcia Paschen

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En los últimos meses la turbulencia del momento político y la extrema sensibilidad originada por las circunstancias de la vida diaria aunadas a la conflictividad general han hecho estragos personales en muchos de nosotros hasta el punto, en mi caso personal, de encontrar severamente autolimitada no la producción de ideas sino la forma de expresarlas en el intento de no irritar.

Pero resulta que en esa  decisión “involuntaria” únicamente he logrado mantener amarradas  con cuerdas muy apretadas opiniones, comentarios, visiones, que en estricto apego a la libertad de expresión no son sino sólo eso, manifestaciones personales de mi posición en un momento concreto frente a hechos específicos, que pueden o no cambiar pero que son la fotografía de un instante.

Resulta que fui víctima de mi propia autocensura, de lo que me arrepiento enormemente. Mi intención nunca ha sido satisfacer a todo el  público ni agradar a la galería sino tratar de pensar e inducir a otros a pensar “out of the box”, cosa que en estos días no sólo es indispensable sino que diría yo obligatorio si tratamos de buscar soluciones a la situación actual que, como pareciera estarse comprobando, por el “método tradicional” no se han encontrado.

Lamentablemente lo único estable en estos momentos en el mundo es el conflicto, entonces es desde el conflicto que estamos obligados a pensar soluciones y crear.

La innovación en el último milenio ha sido impulsada por el conflicto, no por gente filosofando en oficinas de paredes blancas, citando al historiador escocés  Niall Ferguson profesor en Harvard, Stanford y Oxford, sino por la gente que está buscando soluciones a sus problemas diarios procurando mejorar la calidad de vida. Esto me ha obligado a pensar ¿que es lo primero, recuperar la democracia extraviada o mejorar la calidad de la vida de la gente? Pregunta que seguramente nos podría plantear un enorme conflicto ético, pero que en mi opinión personal nos obliga a escoger entre 2 valores no excluyentes en el largo plazo: ¿para tener democracia necesitamos estabilidad o necesitamos estabilidad para tener democracia?

Esta no tan pequeña disyuntiva pudiera tener una fuerza indescriptible para generar grandes cambios por lo que el orden en  el cual las manejemos será crucial y aquí es donde me propongo hacer un planteamiento, que seguramente para algunos será peor que “escandaloso” sobre el cual he estado reflexionando ya que significa un cambio de paradigmas en la forma de enfrentar el conflicto que estamos viviendo.

Dejemos atrás el esfuerzo en buscar la salida ante tempus de quienes nos gobiernan -mas de facto que de jure – y propongamos una cruzada común para solucionar los problemas de la gente lo que pudiera permitir lograr los siguientes resultados:  1. Demostrar que nos importan más las personas que nuestras posturas ideológicas, resentimientos, heridas, etc 2. Iniciar un proceso de alianzas estratégicas (todos somos necesarios) para buscar soluciones concretas a asuntos económicos y sosciales de extrema sensibilidad. 3. Empezar un desmontaje progresivo de la intolerancia, el odio y de la superioridad moral de unos sobre otros. 4. Mejorar la precaria situación económica y social de la mayoría que clama porque nos ocupemos de ellos. 5. Reorientar las energías y esfuerzos comunes- no ya a atacarnos y defendernos políticamente- sino a buscar puntos de encuentro que nos permitan reentablar la comunicación perdida que tanto daño nos ha hecho como sociedad, algo así como un “alto al fuego”. Obviamente este proceso requeriría de compromisos paralelos para ir desandando de forma progresiva, entre otras cosas, posturas radicales, acciones “extra legem”, muestras de intolerancia teniendo como norte el reencuentro por el bienestar de todos.

En este conflicto no hay ni pueden haber vencedores ni vencidos y ésto es algo que debemos entender y pregonar y con ésto no quiero decir que vamos impedir que la justicia actúe, sin embargo  tendremos que ser muy cautelosos para evitar convertirnos en vergudos justicieros y alejar la reconstrucción…

Si nos centramos en atender las necesidades de la población de forma CONJUNTA pudiéramos reengranarnos como sociedad, reconociendo nuestras diferencias, admitiendo nuestros errores, y de esta forma ir sembrando las bases para poder reconstruir el país recuperando los valores democráticos extraviados. Es el momento de la realpolitik de los ciudadanos en las regiones, estados y municipios del país que habitan y sufren, allí deben enfocarse entonces nuestros esfuerzos!

 

@malarcia

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