Un país en remate, por Carlos Canache Mata

 

VenezuelaOposición

 

La MUD rechazó, en su comunicado del 13 de este mes, no solo la intervención cubana y la amenaza militar de cualquier potencia extranjera, sino que también condenó, a propósito de la soberanía e independencia del país, “el entreguismo de nuestros activos en las horas más difíciles de los venezolanos” y sentenció que “el remate de los activos y las facturas petroleras es sólo una muestra de cómo esta dictadura ha permitido que otros países se beneficien en perjuicio de los venezolanos”.

En relación al remate de activos, con grave daño al patrimonio público, que, en ansiosa búsqueda de divisas, ha venido ejecutando la dictadura de Nicolás Maduro, ha sido muy publicitado el referente a unos bonos de PDVSA. Fue The Wall Street Journal, en su edición del 28 de mayo pasado, quien primero informó que la firma estadounidense Goldman Sachs había comprado por 865 millones de dólares bonos de PDVSA valorados en 2.800 millones de dólares, en poder del BCV, como parte de pago de una importante deuda.

La Academia Nacional de Ciencias Económicas, en comunicado público del 31-05-2017, lapidó esa operación así: “Ante la creciente penuria de divisas, el gobierno, en vez de corregir sus erradas políticas, ha privilegiado sus necesidades inmediatas, hipotecando (caso Citgo, CCM) o rematando activos públicos a altísimas tasas de descuento”. Además, con la venta de bonos a Goldman Sachs, se convirtió una deuda intergubernamental en deuda externa, que en los años 2020, 2021 y 2022 deberá pagar completa, más intereses, PDVSA. Hace unos días, se informó que PDVSA negocia en secreto con la empresa rusa Rosneft, a cambio de un nuevo préstamo, nueve proyectos petroleros,  posiblemente en condiciones ventajosas para el lejano amigo.

Es conocida la suerte de facturas petroleras con islas del Caribe, subsidiadas o pagaderas en especie, no inspiradas en razones de solidaridad internacional, sino para garantizar votos favorables en la OEA y otros organismos internacionales.

Este país en remate evoca a aquella “república en venta”, mencionada por Rómulo Betancourt en su obra “Venezuela, política y petróleo”, al haberse entregado parte de subsuelo nacional a consorcios extranjeros petroleros por la dictadura de Juan Vicente Gómez.

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