Enredo ideológico-conceptual, por Antonio José Monagas

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Hacer proselitismo, no es nada complicado. La idea es animar la actitud necesaria para que el discurso se convierta en canal de aceptación de ideas expresadas. Incluso, hasta vacías de fundamentos. Pero además, para que lo manifestado alcance el propósito esperado, se necesita que la arenga se vea acompañada de ciertas actitudes que sensibilicen al prosélito o persona objetivo de la cháchara. En fin, pocas o ninguna son las razones necesarias que requiere la apertura del cauce ideológico que puede forjarse a partir de la palabra expuesta. No importa si el discurso prueba la exactitud conceptual de lo dicho. Lo que interesa desde un primer instante, es “marear” con un lenguaje político desaforado a quien puede aguantar tanta verbosidad sin respirar entre frase y frase.

Es lo que el actual régimen hace sin atender y entender los problemas que tanta promesa junta y sin razón de peso alguna, confunda o no a quien por inculto, iluso o sin oficio, pueda prestar o regalar su tiempo. Es precisamente lo que adelanta el gobierno central apoyado en la hegemonía comunicacional de la cual se vale para engatusar, engañar o adormecer con el perverso fin de imponer sus mentiras.

El proceso electoral encaminado a fraguar el fraude político para lo cual el régimen inventó sin justificación alguna la fatua y absurda idea de formalizar una Asamblea Nacional Constituyente, lo tiene ocupado en radiar y televisar diariamente la voz e imagen de todos los aspirantes a jugar al papel de “constituyentistas” al margen de lo cantinflérico de sus discursos. Las promesas expuestas por estos candidatos de bulto, se distancian no sólo conceptualmente de lo que los altos gobernantes saben que harán. Más, cuando lo que mueve los intereses e intenciones que volcarían en un nuevo texto “constitucional”, son preceptos que pondría a estos funcionarios de marras fuera del alcance de la justicia, de auditorías o de investigaciones y exámenes que indaguen la verdad con base en criterios de elemental honestidad, transparencia jurídica y de consistencia hermenéutica.

Ni siquiera hay un mínimo acuerdo que deje ver alguna medida de ordenamiento discursivo entre las arengas pronunciadas al voleo por estos advenedizos de la política gubernamental. Pero lo peor de todo, es que los altos dirigentes en nombre del partido de gobierno que asumirán el control de la hipotética Asamblea Constituyente, manipularán -a su entero y grosero antojo- a tantos principiantes de lides legislativas. Y, por supuesto, con el único fin de cuadrar el desmantelamiento de la República a imagen del militarismo traidor que tiene tomado al país.

Así que el marco legislativo pretendido por esta onda de ilegitimidad e ilegalidad, valiéndose del poder que “por ahora” vulgarmente usufructúan, conculcaría más libertades y derechos civiles que los que hasta el momento, con reducida y apretada holgura, disfruta el venezolano. Aunque jamás, tan ortodoxo proyecto vulneraría las esperanzas de una sociedad que tanto como resistente, es insistente, corajuda y perseverante. Aún cuando todo lo que adversa tan fortalecido sentimiento, sea la utópica tramoya sobre la cual el régimen depara sus engaños. Por eso le interesa sostener el pensamiento de sus inicuos seguidores en medio de un demagógico y arriesgado enredo ideológico-conceptual.

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