El poder de la no violencia, por Roberto Patiño

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La protesta y la manifestación que han signado los últimos ochenta días de la realidad nacional, son la expresión de descontento  y la exigencia de cambio y soluciones que reclama la inmensa mayoría del país. Lo que comenzó como un rechazo a la ruptura del hilo constitucional se ha transformado en una expresión mayoritaria de reclamo frente a la situación de crisis que el régimen propicia para su beneficio y el de la cúpula que lo lidera.

En la actualidad hay un reconocimiento generalizado de los venezolanos de que la permanencia del régimen y su modelo atenta directamente en contra de sus necesidades y el futuro del país. Y hoy en las calles se materializa ese reconocimiento.

La protesta ha sido reprimida con brutalidad por el gobierno, que ha buscado criminalizarla, asociando a los marchantes a complots y grupos desestabilizadores. Pero grandes sectores del país protestan en comunidades, urbanizaciones y localidades lo que ha forzado al régimen a criminalizar al mismísimo descontento. A criminalizar a la gente.

Hemos visto como grupos paramilitares y sobre todo la GN, hostigan a civiles en ataques y redadas a edificios y comunidades, al igual que un ejército invasor.  Lo sucedido el miércoles pasado en la urbanización Los Verdes, en El Paraíso, es una muestra de esto. ¿Son los residentes de Los Verdes miembros de una fuerza insurgente?  ¿Esos hombres y mujeres, jóvenes y niños, profesionales, trabajadores y estudiantes, pertenecen a una banda terrorista?  No. Son, como el resto de los venezolanos, víctimas de un grupo violento que, para permanecer en el poder, ha decidido someter a la población a sangre y fuego, aterrorizando, hiriendo e incluso matando.

Con la implantación de la constituyente, el régimen conduce al país a una confrontación violenta entre gobierno nacional y población civil, a una aberración moral e histórica sin precedentes. Al verse imposibilitados de ganar una elección, declaran la guerra al pueblo. Ahora los venezolanos nos enfrentamos  a un aparato represor y bélico, que ha causado la muerte de más de setenta  personas, hiriendo y deteniendo ilegalmente a más de un millar más, y que actúa con la mayor impunidad, apoyado por instituciones de un Estado secuestrado.  

Creemos que se abre una nueva etapa en la protesta en el que debemos rechazar las vías violentas frente al proceder criminal establecido por el gobierno y que tanto dolor y humillación está causado al país. Es muy profundo el daño a la convivencia y las heridas que en la sociedad está causando el uso de fuerzas policiales y militares para reprimir a la población, así como los actos violatorios de derechos humanos que cometen impunemente desde funcionarios públicos hasta grupos paramilitares. Y no puede negarse el reclamo que invade a muchos de enfrentar esta violencia con una similar, o aún mayor, para poder imponerse al gobierno.

Ante esto señalamos que, más allá de consideraciones éticas y morales fundamentales, los escenarios violentos solo tienen como consecuencias la continuidad de la dictadura, el desgaste de la protesta y la permanencia de la conflictividad. Están siendo implementados por el núcleo más radical del régimen que busca argumentos para establecer estados de emergencia y tener bases con las que llevar a cabo acciones como la de la constituyente para “recuperar la paz y la normalidad en el país”.  También busca fortalecer la narrativa de “defensa ante grupos terroristas y desestabilizadores”, que actualmente desarrolla y que estigmatiza desde manifestantes hasta amplios sectores de la población general. Recordemos los hechos sucedidos recientemente en Turquía, en las que revueltas violentas y armadas fueron aprovechadas por Erdogan para implantar un régimen autoritario.

Creemos que debemos actuar desde la no-violencia sin ingenuidades ni falsos optimismos, ya claros ante la brutalidad y estrategias bélicas usadas por el régimen, potenciando los aspectos fundamentales que dan fuerza a la protesta: la diversidad y contundente mayoría de toda una población que rechaza al gobierno y su modelo, el carácter nacional, espontáneo y continuo de la manifestación, y la exigencia general de soluciones inmediatas a los graves problemas de la crisis, impulsada por el madurismo.  

Las realidades de hostigamiento, desventaja y uso de fuerza armada por parte de un Estado opresor, que estamos enfrentando han sido experimentadas por distintas sociedades en el mundo y en ellas ha sido fundamental la aplicación de estrategias no violentas para sostener la lucha y obtener resultados exitosos. Desde el movimiento de derechos civiles en EUA hasta la lucha contra el Apartheid, la lucha no violenta permitió sumar sectores nacionales e internacionales al reclamo e implementar acciones que pudiesen contrarrestar la superioridad armada del orden opresor. Los ejemplos del movimiento Solidaridad contra la dictadura comunista en Polonia o del movimiento Otpor contra el régimen autoritario de Milosevic en Serbia, también nos muestran la efectividad de la lucha no armada, en el logro de condiciones que posibiliten no solo la salida de sistemas dictatoriales sino la gobernabilidad posterior y la implementación de medidas para la recuperación y rescate del país.

La estrategia de la no violencia nos permite captar a los sectores descontentos y traicionados frente al sectarismo y la división auspiciados por la dictadura. La ruta violenta hacia la constituyente en la que se ha enrumbado el núcleo radical del régimen, es una amenaza que los sectores democráticos y moderados dentro del chavismo y el gobierno, están reconociendo. Las actuaciones de la fiscal general, así como los pronunciamientos de magistrados del TSJ dan cuenta de ello. Incluso la renuncia al mando del Consejo de Defensa de la Nación del general Alexis López Ramírez, habla del desencuentro interno frente a la catástrofe dictatorial y llama la atención sobre las repercusiones de ese gesto no violento de un hombre formado para las armas. La lucha no violenta da argumentos, y crea las condiciones necesarias, para que sigan sucediendo y sean aprovechados este tipo de actuaciones.

La protesta va a seguir. Expresa el reclamo popular contra del régimen, y el rechazo a la tragedia de someterse a su modelo criminal.  Es nuestra voz, que ya no puede ser acallada. La no violencia es fundamental para que esa voz sea más fuerte, se reproduzca en todos los rincones del país y logre materializar los cambios que con tanto sacrificio, valor, y coraje está exigiendo.

 

@RobertoPatino

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