Cuando digo soy quiero decir … por Andreina Muñoz-Tébar A.

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Goebbels, el nefasto líder de la Propaganda Nazi, postulaba como principio principal la simplificación. La Idea única repetida incansablemente a quienes consideraba masas fáciles de convencer sin mucho esfuerzo mental. En este repudiado personaje de la historia el régimen ha basado su actividad propagandística, desviando una suma multimillonaria a diversos asesores extranjeros que, a futuro, debemos considerar como “Los publicistas de la Tiranía”. Bien podríamos otorgarles otras etiquetas si tomamos en cuenta la cantidad de enfermos en el limbo por falta de tratamiento. Se me ocurren los siguientes: “Cómplices de la muerte” “Ejecutores de la Desidia” “Mercaderes de Vida”.

Y producto de ese y muchos otros principios Goebbelianos surge la pieza, con todo y canción, que titula el artículo. Una “Lealtad sumisa e ignorante” que pretenden sembrar en la población que aún hoy les sigue. Algunos por miedo a perder un quince y último que reciben como empleados públicos, monto que acaso les alcanza a un primero de cada mes. Otros por subsidios que antes no recibían; antes se velaba por el trabajo como derecho, y ahora la Dependencia es la Esclavitud del siglo XXI. Un pequeño grupo, definitivamente más radical, recibe regalos por mantenimiento a un Régimen que amasa fortunas que multiplican las dádivas que les otorgan de manera exponencial. Y sí, todavía perdura un grupo engañado;  trabajadores de la poca empresa privada que resta en el país, desempleados o nuevos empleados intencionales producto del desastre económico (bachaqueros, gestores de mil  un trámites, colectivos, etc.), que se enganchan con el discurso “planificado y ficticio” de la guerra económica, resultando soldados arruinados en una tropa comandada por multimillonarios disfrazados de socialismo.

Y suena la canción hasta el cansancio: “Cuando digo soy quiero decir Somos”

Y te pregunto, ¿Puedes de verdad equiparar tu hoy con el hoy de quienes pagaron con tu dinero esa cancioncita?

Te digo quién soy y tú me dirás si en realidad “somos”. No pretendo escribir sin conocer tu realidad, pero sí te invito a pensar en quién eres, qué vives, qué padeces … para comparar luego con el “somos” que te venden.

Yo soy una trabajadora, creativa, madre. Yo soy un conductor de transporte público. Yo soy una abogado en el SENIAT. Yo soy una madre cocinera del barrio. Yo soy una doctora del Hospital Vargas. Yo soy una empleada doméstica. Yo soy el Guardia Nacional que obligan a reprimir. Yo soy el Policía que teme por su vida ante tantos malandros. Yo soy el empleado de esa panadería a punto de cerrar por falta de harina. Yo soy la mamá de Jonathan muriendo por falta de un antibiótico. Yo soy una opositora queriéndome expresar libremente. Yo soy el trabajador que en vez de formarse cada día más para ascender profesionalmente tiene que marchar, y marchar y marchar. Yo soy el venezolano que tuvo que emigrar por temor a perder familia ante la inseguridad, el venezolano que se fue porque no tenía donde trabajar. Yo soy la mamá, la esposa, el hijo de ese preso político producto de una justicia politizada. Yo soy la mamá del preso en Tocorón por un simple robo que observa cómo la cayapa judicial favorece al malandro porque apoya al régimen. Yo soy la vecina que no sabe qué carrizo prepararle a los hijos de almuerzo porque no consigue nada en el mercado. Yo soy el viejo con tensión alta sin remedio para controlarla. Yo soy el estudiante de medicina integral que se sabe mal formado en su especialidad.  Yo soy la madre de barrio que hubiese preferido una campaña anti-concepción a un subsidio que no da ni para dos pañales. Yo soy la internacionalista que sueña con la diplomacia bien ejercida y no el “malandraje  chantajeador”. Yo soy el trabajador del metro que entiende que para mantener el servicio hay que ajustarlo. Yo soy el conductor que quisiera peajes para mejores vías. Yo soy el empresario queriendo invertir sin temor a perderlo todo. Yo soy el comerciante que es rechazado por el consumidor por carero ante una economía de mercado “inteligente”. Yo soy el estudiante que debate distintos pensamientos. Yo soy el ecologista que pedirá respuestas inmediatas ante un derrame petrolero, un ecocidio minero. Yo soy el niño desnutrido. Yo soy el ingeniero formado para construir puentes y elevados que perduren. Yo soy el enfermo de cáncer, el enfermo de SIDA, el que tiene menos de dos riñones y que muere antes.

Cuando digo soy digo … somos venezolanos. Somos honestos. Somos trabajadores.

Y si esa pieza Goebbeliana es cierta, respóndeme entonces cómo es que hay dos Flores enjuiciados en Nueva York por narcotráfico (y los que no han caído). Explícame cómo puede alguien hacer fortuna “vendiendo cosméticos”. Pregúntate acerca del hoy y el futuro de tus hijos y compáralo con la realidad, la vida cómoda y sabrosa de esos que te repiten la canción.  

Si son capaces de decir “Cuando digo soy digo somos” ¿Por qué sus hijos no estudian en tu universidad? ¿Por qué ellos y sus familiares se atienden en clínicas extranjeras cuando se enferman? ¿Por qué razón invierten en casas y condominios en el imperio, en España, en Francia…  y tú esperando la visita de Barrio Adentro o un Ticket Sortario de la Misión Vivienda? ¿Por qué no salen de valientes, como tú, sin escoltas, sin camionetas blindadas, dos cuadras caminando en el barrio?

Cuando digo soy digo … Soy honesta. Soy demócrata. Soy venezolana. No me meta en un “somos” corrupto, tirano e inhumano.

¿Y tú? ¿Te dejas adjuntar ese “somos”?

@dremunoztebar

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